Ciudad de México, ciudad lacustre

Por Mercedes Patthey.

“Vuelta a la Ciudad Lacustre” es un proyecto que propone la instalación de lagos artificiales en Ciudad de México. El plan fue elaborado a finales de los años noventa por los arquitectos Kalach y González de León, en respuesta a los problemas ambientales y urbanos que sufre la actual megalópolis. La capital cuenta hoy con una población de 8,8 millones, que se eleva a más de 20 millones si consideramos el total de la zona metropolitana. En consecuencia, la superficie de la conurbación bordea los 7.800 metros cuadrados, ocupando gran parte de la Cuenca de México y amenazando con extinguir lo que aún queda de su red de lagos. Si bien “Vuelta a la Ciudad Lacustre” apunta a resolver conflictos propios de la sobrepoblación, el proyecto alcanza una dimensión geográfica e histórica que busca reconciliar a la capital con la identidad de su pasado. La visión urbana y ecológica que plantea marca un reencuentro entre el ideal contemporáneo de sustentabilidad y el modelo arcaico de la ciudad precolombina.

A continuación se propone una breve revisión de la historia de Ciudad de México, en vista de la compleja relación que ha establecido con su entorno natural, a medida de su consolidación como ciudad capital.

EL VALLE DE ANÁHUAC

Anáhuac, que se traduce como “cerca de” o “rodeado de agua”, es la palabra náhuatl que designaba a uno de los cuatro valles de la Cuenca de México. De una red de cinco lagos, tres formaban parte de este valle: Texcoco, Xochimilco y Chalco. Se trataba de un complejo sistema acuífero de tipo endorreico, es decir, sin salida al mar. Los lagos se alimentaban de las lluvias y del deshielo, y se evacuaban por infiltración o evaporación, acumulando sal en algunos sectores.

Desde tiempos muy remotos, este territorio albergó a pequeños asentamientos humanos, propiciando un importante desarrollo agrícola. Hacia el año 1000 a.C. se aplicaba una técnica de labranza en base a “chinampas” o cultivos flotantes. En las zonas poco profundas del lago, se tendía una base de tejido vegetal, que servía de soporte a un cúmulo de material fértil, compuesto por légamo, desechos orgánicos y cenizas. Se obtenía así una porción suplementaria de suelo agrícola, con un sistema de regadío muy eficiente.

El éxito de este modelo, junto al desarrollo de la cerámica y del comercio, condujo a la aparición de sociedades teocráticas. En este contexto, la ciudad de Teotihuacán surgió como uno de los principales nodos políticos, culturales y económicos de Mesoamérica. Su apogeo tuvo lugar entre los siglos II y VII d.C. Posteriormente, la ciudad cayó en decadencia y perdió gran parte de su población, posiblemente debido a una prolongada sequía o a la sobreexplotación de recursos.

TENOCHTITLÁN

Varios siglos más tarde, llegaron a la región diversos pueblos del norte, entre ellos, los mexicas. El mito cuenta que su dios Huitzilopochtli los había enviado a peregrinar hasta descubrir una señal: sobre un nopal verían un águila devorando una serpiente. La promesa se hizo realidad en una isla del lago Texcoco, y fue ahí que fundaron Tenochtitlán, en el año 1325. Con el tiempo, la ciudad se convertiría en capital de un imperio, extiendo su poder por todo Mesoamérica hasta la llegada de los españoles.

Como lo ilustra su mito fundacional, Tenochtitlán obedece a un orden fuertemente religioso. Su trazado coincide con el arcaico rito de consagración que simboliza un imago mundi. Al centro, lo primero que se erigió fue el Templo a Huitzilopochtli (que luego se dedicó también a Tláloc). Esta pirámide, a modo de axis mundi, marcaba la conexión entre el cielo y la tierra, entre los mundos inferiores y superiores. En torno a él se extendía el recinto sagrado de la ciudad, en una gran plaza rectangular rodeada de una plataforma perimetral o “muro de las serpientes”. Al interior encontraban otros edificios notables como templos, una escuela de guerra y el juego de la pelota.

Desde el centro se desprendían cuatro ejes en dirección de los puntos cardinales. Por tres de éstos se abrían las calzadas principales de la ciudad, que se prolongaban con puentes hasta alcanzar las riberas opuestas del lago. Asimismo, existían acueductos que transportaban agua potable hacia la ciudad (el agua del lago era salada).

La ciudad se dividía en cuatro cuadrantes o “campan”. Éstos, a la vez, se subdividían en “calpullis” o barrios. Todo el trazado era una retícula ortogonal regular, donde cada manzana correspondía a un predio o a una unidad habitacional. El agua era el principal medio de transporte. Gran parte de sus calles eran en efecto canales, por los que circulaban en estrechas canoas. La ciudad se componía de construcciones livianas, en base a chinampas, que se iban rellenando con piedras y lodo.

La mayor obra hidráulica de los mexicas fue la construcción de un gran dique llamado Albarradón de Nezahualcóyotl. Éste servía para aislarse y controlar los niveles de agua durante las distintas temporadas del año. Aunque no pudieron escapar de ciertas inundaciones mayores, la agricultura se vio fuertemente beneficiada por esta construcción.

EL VIRREINATO

Los conquistadores españoles lograron vencer a Tenochtitlán al aliarse con los pueblos vecinos, ansiosos de rebelarse ante el imperio que los sometía. Su victoria se logró por la estrategia de sitiar la ciudad. Privada de alimento y de agua potable, y además, contaminada con enfermedades europeas como la viruela, la capital azteca cayó a los pocos meses, en el año 1521. Tras esta derrota, la bella imagen de la ciudad lacustre empezó a degradarse.

Si bien los españoles mantuvieron gran parte de la estructura urbana de la rebautizada Ciudad de México, el tipo de construcciones y su modo de vida rompió el equilibrio entre la ciudad y su entorno natural. Los elementos que se conservaron fueron el trazado ortogonal y las calzadas mayores. La plaza central del recinto sagrado se rebautizó como Plaza Mayor, y más tarde Plaza de Armas. Los edificios ceremoniales en torno a ella fueron sustituidos por la Catedral, la Universidad, el Ayuntamiento y el Palacio del Arzobispado, entre otros. Durante el transcurso del virreinato, el resto de la ciudad sería ocupado por construcciones pesadas y de mayor escala como conventos, hospitales y ostentosas viviendas.

En cuanto a las obras hidráulicas, se reconstruyeron algunos acueductos y diques, pero no el Albarradón de Nezahualcóyotl (que había sido derribado en un ataque a la ciudad). Esto ocasionó, por un lado, que al bajar el nivel del agua se formaran pozas de “aguas muertas”, foco de infecciones y pestilencias. Por otro lado, los españoles sufrieron recurrentes inundaciones, por lo que se consideró como imperativo el desecar definitivamente el lago.

Fue así como el primer desagüe artificial, el socavón de Nochistongo, se construyó durante la colonia, en 1607. Esta gran obra de ingeniería sirvió para desviar las aguas hacia otros cauces, hasta que fue clausurado bajo órdenes del virrey. La razón fue la de averiguar cuál era el volumen de agua que efectivamente llegaba a la ciudad desde el norte. El resultado, fue una inmensa inundación en 1629, que duró varios años, amenazando con hacer desaparecer la capital novohispana.

LA CIUDAD MODERNA

Después de esta experiencia desastrosa, no hubo vuelta atrás. Tras la independencia del país en 1823, la ciudad continuó su evolución hacia los ideales franceses y estadounidenses de ciudad burguesa y elegante. Junto a la abertura de paseos, alamedas y parques, se construyeron las primeras colonias residenciales que marcarían la expansión periférica de la ciudad.

Mientras tanto, con el dictador Porfirio Díaz en el poder, se llevó a cabo la construcción del Gran Canal del Desague entre 1866 y 1900. Esta obra se convertiría en un hito para la modernización de la ciudad. Sin embargo, no cesaron con esto las inundaciones. Incluso, a mediados de los 50s, se estimó que la ciudad había comenzado a hundirse, debido al peso de las construcciones y a la extracción de aguas subterráneas. Estos motivos habrían causado que el Gran Canal perdiese su declive y se volviese menos eficiente.

Los canales fueron cerrados paulatinamente, hasta que el último, el canal de La Viga fuera convertido en una gran avenida en 1938. La más drástica reducción del lago fue emprendida en 1967 con el Sistema de Drenaje Profundo de Ciudad de México, que por lo demás contaminaba los ríos con aguas servidas no tratadas. En esos mismos años, nació el Plan Texcoco, que consistía en la reutilización de aguas de deshecho para rehidratar la cuenca desecada. El proyecto logró concretarse en varias lagunas artificiales. La mayor de ellas lleva el nombre de su precursor Nabor Carrillo, y cuenta con una superficie de mil hectáreas. No obstante, el plan no logró obtener el mismo apoyo que el sistema de drenaje, y pronto se vio estancado por falta de financiamiento. Es esta la iniciativa que, años más tarde, sería retomada y reimpulsada por el proyecto “Vuelta a la Ciudad Lacustre”.

“Ahora sabemos que el regreso a la ciudad lacustre no sólo es una realidad, sino la única posibilidad de garantizar el futuro de nuestra ciudad… La recuperación hidrológica de la cuenca de México es, por así decirlo, el reencuentro de la ciudad con su geografía, con el origen de su historia y probablemente la única posibilidad de garantizar su futuro.”

Alberto Kalach, arquitecto (1)

 

(1) González de León, Teodoro; Kalach, Alberto (et al.). “Vuelta a la ciudad lacustre”. En: La ciudad y sus lagos. México: Clío, 1998.

 

BIBLIOGRAFÍA

Matos Moctezuma, Eduardo. Tenochtitlán. México: FCE, El Colegio de México, 2006.

González Aragón, Jorge. “Tenochtitlán. Conjunto Urbano Azteca”. En: Ciudades de América. N°001 (diciembre 1992). p.42

Benítez, Fernando. Historia de la Ciudad de México. México D.F.: Salvat, 1984.

González de León, Teodoro. Vuelta a la Ciudad Lacustre. En: Letras Libres (versión digital). Publicado en septiembre 2011. Disponible en < http://www.letraslibres.com/revista/dossier/vuelta-la-ciudad-lacustre&gt; 

Aréchiga Cordoba, Ernesto. El Desagüe del Valle de México, siglos XVI – XXI. Una historia paradójica. En: Arqueología Mexicana (versión digital). Volumen XII, N°68 (julio – agosto 2014). Disponible en <www.arqueomex.com/S2N3nDESECACION68.html>

Lago de Texcoco. En: Wikipedia. Disponible en: <es.wikipedia.org/wiki/Lago_de_Texcoco>

Vuelta a la ciudad lacustre. En: Wikipedia. Disponible en: <es.wikipedia.org/wiki/Vuelta_a_la_ciudad_lacustre>

Valle de México. En: Wikipedia. Disponible en: <es.wikipedia.org/wiki/Valle_de_México>

México D.F. En: Wikipedia. Disponible en:

<es.wikipedia.org/wiki/México,_D._F.#Conquista>

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4 respuestas a Ciudad de México, ciudad lacustre

  1. Hans Besser dijo:

    Me parece muy interesante poder trazar la relación de una ciudad tan antigua como México con su geografía. Al parecer los antiguos pobladores americanos siempre tuvieron claro cuál era el comportamiento de la naturaleza y evolucionaron durante siglos en sincronía con esta. Es de esperar que una cultura colonizadora, especialmente una que llega desde otro continente, no sea capaz de comprender cabalmente el lugar donde viene a emplazarse. Quizás los conocimientos acumulados por los pueblos americanos estaban a disposición de los españoles, en sus mitos e historias y en su geomancia. Sin embargo la diferencia cultural debe haber sido tal que habría sido imposible generar real comunicación entre ambas culturas como para mantener una continuidad en la relación que la ciudad tenía con su territorio. El desenlace es inexorable. Una ciudad por muy modernizada que esté no puede sostenerse en el tiempo haciendo caso omiso de su geografía. Creo que proyectos como el de “Vuelta a la Ciudad Lacustre” realmente pueden cambiar el rumbo de nuestras metrópolis si es que son tomados con seriedad y con la fuerza necesaria que requiere un proyecto de escala territorial. En el futuro cada ciudad podría ser radicalmente diferente. Cada ciudad podría ser una exacerbación del ecosistema urbano-geográfico y poseer una mitología propia e inconfundible.

  2. Bárbara Wellmann dijo:

    De acuerdo a un estudio realizado por la Organización Mundial de la Salud, la ciudad de México es la ciudad número uno en cuanto a contaminación atmosférica.
    Sin duda alguna una de las consecuencias de esta contaminación de la ciudad ha sido la gran expansión urbana que se ha producido en el último siglo, y ha tenido que desafiar la naturaleza de sus terrenos.
    El crecimiento urbano ha provocado la expansión del límite urbano y su gran consecuencia ha sido tener que drenar y secar los lagos de su geografía. Esta medida que pareciera ser una solución para la vida urbana ha sido también un problema para la contaminación ambiental.
    Las políticas urbanas de crecimiento no han sido clara en cuanto a temas ambientales. La preocupación por las ciudades sustentables es un tema que ha surgido últimamente, posterior a la expansión demográfica del siglo XX. Es probable que con las nuevas políticas y preocupaciones ambientales se pueda hacer de la ciudad un entorno natural y no un ataque de la ciudad a la naturaleza.

  3. Joaquin Cordua dijo:

    Como dice el arquitecto Alberto Kalach, la recuperación hidrológica de la cuenca de México significará el reencuentro de la ciudad con su origen y su historia, y permitirá certificar un futuro próspero.
    Una vez más las operaciones y soluciones vernáculas son las que mejor responden a las cualidades y restricciones propias del lugar y en este caso, de la ciudad.
    Estas soluciones creadas por el hombre son en respuesta directa a una experiencia de lugar, la cual es pensada a partir del conocimiento y ajuste en torno a un problema de lugar, ya sea el clima, condiciones topográficas o acciones naturales.
    “Vuelta a la ciudad lacustre” no es una idea nostálgica, sino un proyecto totalmente posible de realizar, el cual propone una infraestructura que vuelve a la planificación urbanística de la ciudad precolombina.
    Trata de un proyecto, que como el original, integrando la topografía existente y el problema de inundación, generaría una infraestructura hidráulica con un nuevo manejo del agua a través de la recuperación de los lagos.
    Como es de esperar se han propuesto soluciones paralelas a la “ciudad lacustre”, como la construcción de una enorme planta de tratamiento en Hidalgo. Este proyecto puede que también solucione el problema, pero ¿no podemos hacer algo mejor?
    Tal como sucedió con la llegada de los colonizadores y la imposición de un modelo de ciudad y de construcciones, lo mismo está ocurriendo hoy en día. La globalización ha alcanzado tal nivel y en muchos aspectos, que hasta los modelos y soluciones arquitectónicas están siendo replicables, casi como moda, en distintas ciudades del mundo, sin importar las diferencias culturales y climáticas que estas tienen.
    Estamos de acuerdo con que los problemas se repiten, pero ¿es correcto dar una misma solución sin respetar el lugar y su identidad?
    Debemos ser capaces de crear soluciones verdaderas al problema de lugar y no responder racionalmente con una solución estándar.

  4. Macarena Aspillaga dijo:

    Nunca había oído hablar sobre un caso como éste, en el que una ciudad tuviese que “reabrirle paso” al territorio sobre el que se implantó. Muchas veces me cuestioné cuánta incidencia tenía la mano del hombre en desastres naturales como los aluviones en medio de una ciudad, o las inundaciones. La contaminación es una señal más clara del mal manejo del medio natural, pero este ejemplo me parece sumamente ilustrativo de lo realmente invasivo que puede ser para un territorio cualquiera ser cubierto por una gruesa capa de hormigón.

    El diagnóstico que hacen los mexicanos me parece notable, más impresionante que las mismas soluciones que proponen, ya que el gran logro en esta iniciativa es haber reconocido un desequilibrio entre la urbe y su entorno, haber trazado el problema histórico y proponer una vuelta atrás.

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