Lo que esconde una fuente en Roma

Por Vicente Ebner E.

Decía Vitrubio en uno de sus postulados, “el agua es ciertamente necesaria, tanto para la vida en sí como para nuestras satisfacciones y para infinidad de usos diarios”[1] y si el urbanismo se plantea como el “conjunto de conocimientos y prácticas aplicados a la planificación, desarrollo y remodelación de núcleos urbanos, con que se pretende mejorar la calidad de vida de sus habitantes”[2] resulta difícil excluir el suministro de agua como una parte esencial de cualquier estudio del urbanismo.

Es imposible concebir Roma sin el agua como elemento planificador de ella. Desde su fundación ésta ha sido protagonista. Cuenta la leyenda que Rómulo y Remo, hijos de la Diosa Marte, fueron rescatados por una loba de las aguas del río Tíber para posteriormente fundar la ciudad. Mientras que los académicos afirman que el nombre de Roma deriva de Rumon, nombre Etrusco del río Tíber[3]. En cualquier caso, desde su concepción, la ciudad estuvo vinculada a las caudalosas aguas del Tíber, que nace en el monte Fumaiolo y atraviesa las regiones de Umbría y Lazio pasando por la ciudad de Roma y desembocando en el Mar Tirreno.

La mayoría de las ciudades romanas tenían en común que estaban asentadas sobre la ribera de un río caudaloso. En esta línea, cuando de planeaba una ciudad, se proyectaba dotarla de agua para todas sus necesidades. Esto requería captaciones de agua en cantidad suficiente y de buena calidad y con un nivel de altura superior al de la propia ciudad, para poder llegar hasta ella y distribuirla (el agua no sube cuesta arriba). Luego se debía establecer un sistema de conducciones, depósitos de decantación y distribución hasta los distintos puntos de uso. Finalmente se utilizaba un sistema de cloacas para evacuar aguas residuales. Todo el sistema anteriormente descrito, Plinio lo exponía de la siguiente forma: “Si alguien calculara cuidadosamente la cantidad de agua de los suministros públicos, baños, depósitos, casas, zanjas, jardines y villas suburbanas; y por la distancia que deben atravesar, los arcos construidos, las montañas perforadas, los valles nivelados; tendremos que confesar que nunca ha habido nada más maravilloso en todo el mundo”[4].

Roma dominará este recurso como ninguna otra cultura lo había hecho, mediante una amplia red de distribución. Pero antes de las grandes obras de infraestructura hidráulica, las primeras construcciones fueron depósitos, donde se acumulaban las aguas lluvias, que tenían propiedades más salubres que las aguas del río contaminado, misma razón por la que a la postre se buscaron fuentes de agua en las montañas de las afueras, por presentar esta condición más pura.

Fueron los acueductos los encargados del traslado del agua de las fuentes de las afueras a la ciudad, para suplir necesidades tanto higiénicas como industriales. Grecia ya había presentado acueductos en el siglo VI A.C., pero el verdadero desarrollo técnico de estos vendría de la mano de Julio César, cuando el imperio de occidente comienza a urbanizarse.

El acueducto llegaba a una red urbana de abastecimiento., desembocando en una gran cisterna llamada piscina limaria, donde se decantaba. Luego el agua se dirigía al Castellum Aquae, un redistribuidor de agua, para luego viajar por las tuberías a determinadas calles. Lo ideal según Vitrubio era que el agua estuviera dividida en tres esferas para su distribución: fuentes públicas, edificios públicos (termas) y por último fuentes decorativas, en ese orden. En caso de sequía se optaba por cortar el agua en la tercera esfera y así sucesivamente[5].

Roma llegó a presentar 11 acueductos, construidos entre el siglo IV A.C. y el III D.C., ante lo que Frontino, político del Imperio Romano declaraba: “compara todas las inservibles pirámides o bien las demás famosas e inútiles obras de los griegos con los muy necesarios acueductos”[6]. Pero todas estas obras sufrieron el desgaste del tiempo, quedando muchas inutilizadas hasta la llegada de Teodorico en 493, quien rehízo la administración de esta red de aguas, perdida durante el s. V.

El Estado Ostrogodo al mando de Teodorico “trató de mantener los sistemas de agua de la ciudad debido más a la importancia simbólica que a la funcional para la ciudad. De igual manera que Teodorico podría haber elegido teatros, anfiteatros o termas, para mostrar su relación con el mundo romano, Roma tenía una red de acueductos demasiado importante como para no aprovechar la oportunidad de legitimar su posición reparándola”[7]. Es interesante ver como desde la caída del imperio Romano, la red de agua de Roma toma un rol completamente distinto al original. Toda la red de agua, orgullo romano, toma un carácter simbólico de poder y grandeza más que un carácter funcional.

Si bien Teodorico intentó recuperar el sistema de aguas de gran complejidad que tenía Roma en el siglo I, no fue posible por el declive previo acumulado en siglos y la falta de recursos. Esto desencadenó un proceso de privatización que compensó la impotencia del poder central para mantener una red tan grande como la de Roma.

El control de los sistemas de agua lo asumió la Iglesia y tomó un enfoque nuevo hacia la comunidad cristiana y no hacia los ciudadanos. Luego del control bizantino en 554, los complejos termales no volvieron a funcionar ya que la demanda y distribución no era la misma y los baños comunitarios no iban con la predica de la Iglesia. La población de Roma ya se hallaba reducida y no necesitaba un complejo sistema de acueductos, como menciona el Papa Gregorio en 602, “los acueductos que quedan en pie estaban en muy mal estado y al borde de derrumbarse”[8].

A mediados del siglo XVI Roma todavía extraía una pequeña cantidad de agua del antiguo acueducto Aqua Virgo. Este acueducto construido por Marcus Vispianus Aggripa en el año 19 A.C servía ya solamente para proveer de agua a unas cuantas fuentes públicas. Por otro lado, existían algunas vertientes que alimentaban fuentes de carácter privado. En esta época, se construyeron cientos de pozos privados que eran alimentos con los ríos subterráneos que todavía fluían por debajo de la ciudad. Es por esta razón que los pocos acueductos que aun seguían en pie y las fuentes alimentadas por estos, entraron en desuso. La gente que no vivía cerca de las fuentes públicas o cisternas y que no poseían pozos privados –que era la mayoría de la población- , utilizaban el agua del rio Tiber a pesar de que estaba altamente contaminada.

Al perder las fuentes públicas su carácter funcional y ser reemplazadas por fuentes de carácter privado, se reafirma este proceso iniciado con los godos, donde los acueductos habían tomado un carácter más simbólico que práctico. Hacia el año 1570 Giacomo Della Porta, discípulo de Michelangelo, reflexiona acerca de la belleza inherente en la acción del agua en la piedra, lo que lo lleva a la creación de elegantes diseños propios de la arquitectura barroca, constituyéndose en la base para los posteriores trabajos de Bernini, el más famoso diseñador de fuentes. “Las fuentes urbanas comenzaron rápidamente a cambiar su fisionomía. Estas, empezaron a incluir diversos ornamentos y esculturas colosales en su centro, muchas veces del dios romano del mar, situado sobre un pedestal”[9].

Es así como en la actualidad, Roma se presenta como uno de los destinos turísticos mas solicitados, teniendo entre sus atracciones las fuentes de la ciudad. Estas fuentes fueron los puntos terminales de los acueductos de Roma antiguamente, teniendo un carácter funcional. Estaban ubicadas estratégicamente como fuentes públicas para entregar agua. Con la llegada del Barroco, las fuentes se transforman en obras de arte, pomposas muestras que simbolizan el poder de los Papas.

Las fuentes que el turista visita hoy en Roma como obras de arte, esconden una historia que ha acompañado a Roma desde su fundación. Son el vestigio de la ingeniería hidráulica romana, la cara visible de miles de kilómetros que hicieron posible que Roma contara con excedentes de agua y se transformara en una gran ciudad.

La fuente romana sintetiza tanto el trazado por acueductos que recibió la ciudad y que la fue configurando, junto con las diversas expresiones artísticas y tecnológicas que se sucedieron a lo largo de los años en esta ciudad.

 

[1] VITRUBIO, “De Architectura”, 8, 1: “Est enim (aqua) maxime necessaria et ad vitam et ad delectationes et ad usum cotidianum.

[2] http://www.wordreference.com/

[3] http://laantiguaroma.wordpress.com/

[4] – Malissard, Alain (1997). Los romanos y el agua: Herder Editorial, Barcelona

[5] Aqua: el abastecimiento de agua en las ciudades romanas

http://historicodigital.com/aqua-el-abastecimiento-de-agua-en-las-ciudades-romanas.html

[6] Frontino, De aquis Urbis Romae, Edición de C.E. Bennett, Loeb Classical Library, Cambridge, 2003 / 1925

[7] Espacios urbanos en el occidente mediterráneo (S. VI – VIII) / 267 – 274. El uso y el suministro de agua a la ciudad de Roma en el período ostrogodo: 476-552

[8] Espacios urbanos en el occidente mediterráneo (S. VI – VIII) / 267 – 274. El uso y el suministro de agua a la ciudad de Roma en el período ostrogodo: 476-552

[9] The waters of Rome; Aqueducts, Fountains and the Birth of the Baroque city, p.83-87

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2 respuestas a Lo que esconde una fuente en Roma

  1. Bárbara Schoepke dijo:

    Es interesante la manera en que se concibe la historia de Roma desde el agua como elemento planificador de ella, como es posible gracias a una gran red de distribución dominar este recurso y dotar a toda la ciudad de ella.
    ¿Cómo se forma esta gigantesca red hidráulica? El origen de la arquitectura romana se basa principalmente en lo que aprendían de cada conquista, es decir adoptaban parte de las nuevas culturas, algún método de construcción o planeación. Durante todo el tiempo de los saqueos y conquistas, los arquitectos Romanos renuevan sus tendencias constructivas y lo toman como propio, a lo que llamamos ahora “arquitectura romana”. Con todas estas influencias Roma pudo crear su propia “receta” constructiva, construcciones abovedadas, el uso del hormigón, además las dovelas y el importante uso del arco.
    El arco es uno de los elementos estructurales que más curiosidad han generado en la historia de la arquitectura, siendo el único elemento estructural de la antigüedad que permitía abrir huecos en los muros y cubrir grandes luces con ladrillos o mampostería. Es por esto la importancia de los romanos como quienes lo empezaron a utilizar en la obra civil, perfeccionando la técnica de construcción permitiendo su importante desarrollo.

  2. Joaquin Cordua dijo:

    Es importante destacar que el sistema de acueductos proviene antes que los romanos. Cerca del 700 a.C., Senaquerib, rey de Asiria, mando construir un acueducto que abasteciera de agua su capital, Ninive. Por la misma época, Ezequías, rey de Judá entre 715 y 686 a.C., aproximadamente, edificó a su vez un acueducto que llevaba el agua a Jerusalén. Pero el sistema de transporte de agua más extenso de la antigüedad fue quizá el construido por los romanos.
    Sin embargo su reconocimiento va más allá de sus grandes extensiones. Por un lado, como menciona bárbara, los acueductos fueron el resultados de un desarrollo ingenieril gigantesco que se reflejaba en dos grande elementos. En primer lugar el puente, un sistema de arcos que se adaptaba rítmicamente al terreno, manteniendo una pendiente inclinada, siguiendo así el principio de la gravedad, confiriendo al paisaje una grandiosidad y monumentalidad indescriptible; y en segundo lugar, el sifón, que llevaba el agua en caída brusca por una ladera del valle y en subida empinada por la otra, según el principio en el cual un líquido encerrado en una tubería o conducción asciende hasta su altura original.
    Por otro lado, el desarrollo de fuentes públicas de gran valor artístico, como menciona Vicente, con la llegada de barroco, las fuentes cambiaron de aspecto y comenzaron a ser escenografía, con diversos ornamentos y esculturas. Hoy en día, son uno de los atractivos más grandes de la ciudad.

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