Venecia: Laguna fangosa y arenosa que se hunde en las manos del hombre

Venecia ImagenPor María Jesús Fernández.

Todo territorio es conquistado, fundado y formado ciudad, porque logra reunir ciertas características propias que lo hacen deseable, motivando las ganas de habitarlo. Es decir, genera un interés, que recae en la mayoría de los casos, en sus cualidades geográficas y riquezas territoriales. Esto no despierta mayor sorpresa y suena como la historia común en la fundación de las ciudades en general.

Sin embargo, no todas las ciudades que actualmente existen sugieren pensarlas con esa lógica fundacional. Venecia fue en sus orígenes “…una laguna, de arena y de fango en la desembocadura del Po. Solamente los pájaros, que vivían en los islotes cubiertos de hierva malva, rompían con sus gritos el silencio nacarado”.[1] Esta descripción parece más bien la de un territorio inhóspito casi inhabitable que la de una futura ciudad consolidada, como lo es Venecia.

Cabe preguntarse entonces, si no fueron las riquezas territoriales, ni precisamente las cualidades geográficas las que promovieron el surgimiento de la ciudad de Venecia, ¿qué motivó la llegada a este territorio difícilmente accesible y habitable? ¿Cuáles son las consecuencias de habitar una laguna de arena y fango?

“En las tierras circundantes trabajaban los campesinos, se edificaban las ciudades, el Imperio Romano se extendía y después declinaba. La laguna los ignoraba a todos. El tiempo, para ella, no era sino lunas llenas, lunas nuevas y mareas siempre recomenzadas”.[2] En sus contexto cercano, siglo V d. C., el Imperio Romano caía en manos de los invasores germanos y de hunos. Fue precisamente este contexto de guerras lo que desencadenó la necesidad de habitar un territorio que de alguna manera los mantuviera alejados de los ataques de pueblos cercanos, el territorio elegido fue esta laguna fangosa, en que la tierra firme escaseaba y la vida era difícil, pero era un lugar en paz, seguro de la guerra. Es de esta manera, en que en el año 453 d. C., comienza la historia de Venecia. Sus cualidades geográficas dificultosas en su habitar, fueron precisamente las razones elegidas como oportunidades naturales de aislarse del contexto bélico de la época. Fuera de toda lógica racional y común de elección fundacional, Venecia surge como un núcleo aislado, rodeado de mar, capaz de brindar la paz buscada.

Queda a la vista, entonces, el papel fundamental que ha jugado la geografía del lugar en el proceso de formación de la ciudad. La laguna, desde que Venecia comienza a tomar forma en el siglo VII, se perfila como la transición entre el mar y la tierra firme, atravesada por canales que configuran verdaderos surcos que jerarquizan el territorio y que guiarán la manera en que se distribuirá la ciudad. Los primeros asentamientos en Venecia se localizaron precisamente en el surco mayor: el Canal Grande. De esta manera, Venecia se perfila como una ciudad de agua, en la que los flujos marítimos cobran mayor protagonismo que la tierra firme.

La formación urbana de Venecia, debido a sus particularidades, tampoco hace referencia a la manera común de formación de las ciudades, se debe adaptar a su condicionante geográfico: el agua. La mayoría de las ciudades se fundan a partir de un núcleo central y su desarrollo se produce en la expansión de ese núcleo. Al contrario, Venecia, se desarrolla a partir de múltiples núcleos localizados en las partes más firmes de las pequeñas islas que configuraban la laguna, por tanto, quedaban separadas entre sí por los canales de agua. El desarrollo urbano se produjo entonces, en base a células urbanísticas separadas entre sí, que adquirieron cierta autonomía en base a la plaza y la iglesia como elementos organizadores del lugar. Poco a poco, se densificó la ciudad y se ganó terreno hacia el mar, disminuyendo los anchos de los canales y avanzando desde el interior hacia el exterior en busca de expansión y crecimiento.

En el año 697 d.C. las construcciones comienzan a cobrar importancia y Venecia se convierte en territorio independiente bajo la denominación de ducado. Rivo Alto (Rialto) se configuró como el corazón de Venecia uniendo 118 islas con 400 puentes. Se realizaron más de 200 canales para drenar la tierra. La escasez de suelo firme obligó la construcción de un verdadero bosque de pilares sumergidos que se introducían en el suelo arenoso y sobre ellos se construían nuevas capas de pilares como cimientos para los edificios.

La relación del agua con el territorio es definitivamente, el mayor atractivo de Venecia y lo que configura su identidad. Sin embargo, lo mismo que la define es lo que la vuelve borrosa a ratos. Las inundaciones periódicas debido al fenómeno del “acqua alta” sumergen a la ciudad en los meses de noviembre a mayo a causa de las corrientes y los vientos. Lo primero que se sumerge es la Plaza de San Marcos, que es el punto más bajo de la ciudad. Si bien, ver este fenómeno como turista es algo espectacular y sorprendente, la ciudad se reciente y no piensa lo mismo. Ésta, se hunde más cada año, los cimientos se debilitan y las casas y edificios sufren los daños de la crecida anual de la marea. La última gran inundación fue el 4 de noviembre de 1966, los puntos más bajos de la ciudad quedaron cubiertos de agua metro y medio, más de 160.000 viviendas fueron consideradas inhabitables y la mayoría de los habitantes que abandonaron Venecia de manera temporal, nunca más regresaron. Si la condición de laguna en un inicio fue lo que motivó su ocupación, hoy es lo que la amenaza. El fango y la arena fueron un día condiciones suficientes para el desarrollo de una ciudad que escapaba de los conflictos bélicos cercanos, hoy esas condiciones sólo cooperan en su hundimiento. Sin embargo, aunque no se puede negar lo preocupante de esta condición y la necesidad de que las autoridades tomen cartas en el asunto, Venecia ha logrado mantenerse en pie por siglos de historia, gracias a obras que han permitido y mejorado la forma de habitarla y hacer del problema una oportunidad para poner en relieve la ciudad y convertirla en una de las más bellas del mundo.

Entonces, cabe preguntarse, ¿cuál es el verdadero problema de Venecia que amenaza con su caída?, ¿qué podría ser más fuerte que su geografía? La respuesta se encuentra en una simple conversación con sus habitantes: El Turismo.

La ciudad, el siglo pasado contaba con 174.000 habitantes y hoy quedan solo 57.000 habitantes. En oposición recibe más de 24 millones de turistas al año. Estas cifras consumen la ciudad y colaboran en la pérdida de identidad a su paso.

“- ¿Usted cree que Venecia puede morir?

  • Venecia ya está muerta. Digo que está muerta, porque ya no existe la verdadera Venecia. Los oficios, los negocios, los artesanos, los vecinos que ayudaban entre sí en una ciudad bellísima, tal vez, la más bella de todas… Antes, bajabas de tu casa y no hacía falta cruzar más de dos puentes para encontrar la panadería, la frutería, el carnicero. Ahora eso ya no es posible porque vivimos entre extranjeros, rodeados de gente que no conoces… El turismo desbocado ha matado el ecosistema de esta ciudad. Cada vez que un anciano muere, se muere un poco más Venecia, porque su lugar no será ocupado por un veneciano más joven, sino por un turista”.[3]

Este sentimiento de pérdida se suma a las cifras, en las que cada año en promedio, 1.000 venecianos abandonan la laguna a ciudades dormitorio cercanas. Más de setecientos departamentos del centro histórico han sido transformados en pensiones. “La gente escapa porque los únicos trabajos que ofrece la ciudad son de recepcionistas, camareros o para hacer la limpieza en los hoteles, mientras que hace sólo unas décadas eran artesanos del mármol, la piedra, el oro o el bronce los que sostenían la economía de Venecia”.[4]

El gran problema de Venecia es el hombre extranjero, que a su paso desgasta la ciudad e impide que su gente viva con tranquilidad y haga renacer la identidad de una ciudad en que desde sus inicios se configuró de una manera única sobre una laguna fangosa. La ciudad muere lentamente a la vista de todos. “El sonido del trabajo ha sido sustituido por el de una maleta de ruedas triscando trabajosamente entre los puentes. Ese es el nuevo himno de Venecia. La fuente de su riqueza y, al mismo tiempo, la canción de su derrota”. [5]

Es este el momento de preguntarnos, ¿qué es lo que busca un verdadero turista?, ¿máscaras falsas sobre la ciudad o ver la trasparencia de su cara real? Es tiempo de rescatar sus orígenes, de desenterrar su historia y sumergirse en su identidad para naufragar a vela abierta por los canales mostrando su verdadera faceta que sólo los mismos habitantes son capaces de transmitir. Es necesario volver a los comercios de barrio y a las actividades locales. Entregar una ruta turística que sea capaz de generar conciencia en los extranjeros de la fragilidad de la ciudad y de la imperiosa necesidad de proteger lo que a nivel mundial nos pertenece a todos, que es, la historia de las ciudades y las ciudades en la historia. Las autoridades deben ser las primeras en promover un turismo cercano en que exista una convivencia entre habitante y extranjero, valorando y manteniendo las riquezas que Venecia ofrece de manera innata por sus particularidades fundacionales y sus condicionantes geográficas.

En definitiva, es común pensar en la actual decadencia de Venecia como una consecuencia de su emplazamiento arenoso, fangoso y difícil de habitar. “Su misma existencia era una especie de desafío y, más que una ciudad única en el mundo, era el símbolo del acuerdo posible entre el hombre y la naturaleza, de un inconmovible amor de vida”.[6] Pero, la tecnología ha sabido responder ante las adversidades geográficas y ha mantenido en pie a la ciudad a lo largo de los siglos. Mantener viva Venecia desde el punto de vista ambiental es un reto posible y manejable, reequilibrar las corrientes del agua para disminuir el grado de salinidad que corroe posteriormente los cimientos de las construcciones, trazar un sistema de alcantarillado adecuado, idear sistemas para evitar las inundaciones exageradas, en fin, las soluciones a este tema son posibles. Si ha logrado sobrevivir siglos de historia, sorteando las adversidades geográficas, definitivamente, lo seguirá haciendo. Sin embargo, el verdadero problema radica en algo aún más difícil de solucionar, ya que involucra al hombre. El turismo muchas veces consume las ciudades y las convierte en ciudades vitrina, incapaces de sustentarse de otra manera, robándoles la historia detrás de ellas. Como señala John Ruskin, luego de su primer viaje a Venecia (1835): “la ciudad se está disolviendo como un terrón de azúcar”.[7] Pero ese terrón de azúcar no se está disolviendo precisamente en agua, sino más bien en las jabonosas manos de los turistas que surgen como masas espectadoras que entran a la ciudad y sólo buscan una foto en cada bello lugar, negando de alguna manera la historia que se encuentra detrás de esa foto. El turismo ha despojado la Venecia tradicional de artesanos y la ha sustituido por comercio industrial y en serie, nublando la vocación de la ciudad. Es necesario abrir los ojos y detenerse a mirar estos hechos con actitud proactiva, para impedir que pasen a nuestro lado y no seamos capaces de reconocerlos y hacerse cargo de ellos antes que el tiempo se haya agotado. Estoy segura que aún es el tiempo de Venecia.

Referencia imagen: Una cola de turistas para montar en las góndolas. / MARTIN PARR (HTTP://ELPAIS.COM/ELPAIS/2014/07/31/EPS/1406830600_168597.HTML)

[1] UNESCO. “Venecia”. Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Madrid, España, 1979.

[2] UNESCO. “Venecia”. Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Madrid, España, 1979.

[3] Entrevista a Tiziana Terzi, dueña de la funeraria Pavanello, en el distrito de Cannaregio. Fuente internet: Elpais.com/elpais/2014/07/31/eps/1406830600_168597.html

[4] Entrevista a Bruno Fillippini, asesor municipal sobre políticas de residencia. . Fuente internet: Elpais.com/elpais/2014/07/31/eps/1406830600_168597.html

[5] ORDAZ, Pablo. Reportaje “Muerte de Venecia”. 4 de Agosto, 2014, Italia. Fuente internet: Elpais.com/elpais/2014/07/31/eps/1406830600_168597.html

[6] UNESCO. “Venecia”. Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Madrid, España, 1979.

[7] RUSKIN, John. “Las Piedras de Venecia”. Versión al castellano, Editora Regional de Murcia, 2000, España.

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5 respuestas a Venecia: Laguna fangosa y arenosa que se hunde en las manos del hombre

  1. Carolina Briones dijo:

    Como se establece en la columna, Venecia es hoy una especie de parque de diversiones temático, deshabitado por venecianos – en dónde en los últimos años se ha evidenciado un decrecimiento demográfico exagerado – y colapsado de turistas. Sin embargo, el problema no son los turistas ni el turismo sino el tipo de “vacación” que se ha ofrecido. Como se establece en la columna “(… )ha despojado la Venecia tradicional de artesanos y la ha sustituido por comercio industrial y en serie(…)”. Una especie de turismo en dónde mientras más extranjeros hay, mejor: un conocido y popular turismo de masas. Y para aquellos dedicados al turismo, más turistas equivale a más ingreso en servicios de hotelería y restaurantes. El turista o “viajero”, por lo tanto, pretende sacar el máximo provecho posible por un corto período de tiempo, que incluso, la mayoría de las veces, se reduce a un par de horas. La compra rápida, eficiente y eficaz del souvenir y la “foto – postal” que hacen del viaje por Europa un “check” más en la lista de ciudades visitadas. Y luego, en la mayoría de los casos, la vuelta al viaje en crucero que pretende, sin más, recorrer la mayor cantidad de ciudades posibles en un corto período de tiempo y, en dónde Venecia es el destino favorito y anhelado por todos, siendo el puerto de salida o llegada de la mayoría de las cadenas de crucero italianas.
    Pero ¿cuál es el problema de que hoy Venecia se haya convertido en este parque temático? ¿Serán los mismos venecianos que dejaron de lado la verdadera identidad de una de las ciudades más bellas del mundo o fue este turismo de masas que termino por arrasar lo poco, bueno y verdadero que quedaba de Venecia?
    Esperemos que los pocos venecianos que quedan, una vez más se levanten como lo han hecho a lo largo de toda su historia y recuperen la Venecia de siempre.

  2. Bárbara Wellmann dijo:

    “El turismo muchas veces consume las ciudades y las convierte en ciudades vitrina, incapaces de sustentarse de otra manera, robándoles la historia detrás de ellas”. Estoy muy de acuerdo con la pérdida de la cotidianidad de la ciudad de Venecia, es cierto que es una ciudad que vive en torno al turismo, y su vida y cultura relacionada con la historia se ha desplazado hacia la nueva Venecia.
    De todas formas me parece que el turismo no debe ser visto como un enemigo que transforma a la ciudad en algo negativo, si no que por el contrario es un pilar fundamental para el mantenimiento de la ciudad. Como mencionaba María Jesús, el territorio de la ciudad de Venecia es un terreno fangoso y difícil de habitar. La tecnología ha sabido responder ante las adversidades geográficas pero este tiene un alto costo que es el turismo capaz de sustentar y mantener en pie a la ciudad.
    Venecia, ciudad construida sobre 180 islotes en una laguna abierta al mar adriático, y atravesada por 160 canales, ha sufrido durante los últimos diez años un alza en los niveles del agua. Este fenómeno es causado por las mareas y perjudicado aún más por el calentamiento global que a su ve provocan el progresivo debilitamiento de los cimientos de la ciudad.

    Se estima que dentro de los próximos 50 años el alzamiento del mar será entre 50 y 90 centímetros, lo que implica que Venecia terminará bajo las aguas. Para evitar esta gran pérdida de patrimonio se deben utilizar grandes obras tecnológicas de un alto costo que tiene que ser financiado por alguien para que se siga manteniendo; y es el turismo una gran fuente de ingreso que permitiría financiar esas obras.

    Reitero, no estoy de acuerdo que se transforme en una ciudad vitrina, pero sí que el turismo no debe ser visto como un hecho perjudicial, si no más bien un recurso que ha sido y será capaz de financiar la recuperación de las antiguas construcciones.

  3. Mercedes Patthey dijo:

    Parece paradójico considerar que dos de los factores claves en la consolidación histórica de la identidad de Venecia aparezcan hoy como sus principales amenazas. Si bien el intenso tránsito de personas atraídas por el turismo se muestra hoy totalmente incompatible con la delicada condición geográfica de la ciudad, esto no siempre fue así. Es más, alguna vez ambos factores se potenciaron para que Venecia se alzara como capital del intercambio comercial entre Europa oriental y occidental. Como plantea María Jesús, su ubicación le permitió garantizar tanto su independencia de los conflictos bélicos, como el dominio de rutas comerciales desde las orillas del Mar Adriático. La insólita ciudad, con su fascinante arquitectura y su ambiente cosmopolita, desde ese entonces pasó a formar parte del imaginario de los viajeros.
    Es efectivamente interesante preguntarse, ¿a qué se debe el desentendimiento entre estos dos aspectos? Podría argumentarse que el mundo de hoy se ha expandido, que la cantidad de visitantes es mucho mayor y que la ciudad simplemente no da abasto. Sin embargo, creo que es acertado cuestionar el aporte que el turismo, en su funcionamiento actual, representa para la ciudad. Si bien Venecia sigue siendo una ciudad de intercambio, este último se ha visto fuertemente empobrecido. Mientras el turismo siga desarrollándose como una mera práctica de consumo, sostenida por la añoranza y la fantasía, y mientras no se integre a una dinámica de contribución sustancial entre ambas partes, entonces no hará más que desgastar la ciudad. El turismo así entendido, sin duda, no es sustentable para Venecia.

  4. Manola Ogalde dijo:

    Desde hace ya varias décadas, hemos sido testigos del modo en que el turismo de masas ha producido una importante degradación de la complejidad urbana en las ciudades históricas (tal como menciona María Jesús), así como también a una “banalización” del paisaje urbano. Éste pasa a convertirse en una especie de vitrina para el disfrute de los turistas, dando lugar a una fuerte degeneración de las dinámicas sociales, culturales y productivas más auténticas de la ciudad. En este contexto, los tejidos históricos que han funcionado como organismos vivos durante siglos, han pasado a convertirse en una especie de “biotopos vacíos, llenos de oficinas y de turistas, pero donde fracasa la relación habitante- espacio construido.” (Pérez Cano, 2001) Ciudades como Venecia son presionadas culturalmente para que se “tematicen” (como un parque de atracciones) y se “musealicen” (sean embalsamadas en su imagen histórica). (1)
    En mi opinión, el fundamental problema es que muchas veces estos procesos son camuflados por la idea de “patrimonialización”. En realidad, “la oferta de ciertos valores abstractos para ser consumidos por un turismo de masas (…) está modificando los perfiles de numerosas ciudades (…)” (Delgado, 2002).

    Sin embargo, es evidente que el turismo no es algo que se pueda simplemente prohibir. Por el contrario, el principal reto tiene que ver con la integración de la función turística con la estructura social y productiva de una ciudad. De este modo el turismo puede ser un verdadero aliado para la recuperación urbana de un lugar histórico en degradación, como indica Bárbara en su comentario.

    Ahora bien, ¿es esto posible? ¿Y cómo? A mi juicio, en ciudades como Venecia los procesos turísticos deberían ser integrados a los sistemas de ordenación y planificación urbana y territorial. Una vinculación más estrecha entre el desarrollo turístico- comercial privado con el planeamiento urbano público y el desarrollo social de una ciudad, permitiría construir una relación de complementariedad más sana y provechosa entre los turistas, los ciudadanos y el paisaje urbano.

    1.BELTRÁN, Francisco. Ciudades Souvenir. Turismo y ciudad EN: http://revistaplaneo.uc.cl/wp-content/uploads/Ciudades-Souvenir_Francisco-Beltran-Valcarcel2.pdf

  5. Como indica muy claramente la columna de María Jesús, en Venecia existe un problema gravísimo de turismo desmedido. Este es el turismo en masas, que se enfrenta a la ciudad no como a la materialización de una cultura, sino como una serie de fotos que tomar y lugares que visitar. Gracias a él, muchos ciudadanos pasan a sentirse aislados de su propio territorio. Esto eventualmente causa sentimientos de recelo y frustración entre la población local y los visitantes temporales, cuando idealmente el turismo debería presentarse como una situación positiva que fomenta el intercambio y aprendizaje cultural, y no un diluyente de la cultura local que amedrenta a los auténticos habitantes de una ciudad.
    Estando completamente de acuerdo con las anteriores afirmaciones, creo que a pesar de que el turismo se presenta como un agravante de la situación de hundimiento de la ciudad de Venecia, existen dos otras causas importantes. La primera, evidentemente, es la decisión de fundar una ciudad en terrenos poco óptimos. A pesar de que por razones históricas que son muy bien explicadas en la columna tiene sentido que lo hayan hecho, era de esperar que en algún momento se tuviese que pagar el precio por fundar una ciudad en lo que esencialmente era una laguna fangosa, falta de tierra firme. La segunda es el rol que el calentamiento global tiene sobre la subida del nivel de agua: aunque se lograse disminuir considerablemente la cantidad de turistas, ya es muy tarde para revertir completamente los efectos del calentamiento global sobre la ciudad. Es cierto que la ciudad se hunde; 2 milímetros al año, pero también es cierto que los niveles de agua suben la misma cantidad. Debido a esto, en mi opinión la ciudad de Venecia necesita planificar de mejor manera como controlar el turismo y la calidad de este, para así poder integrar estas ganancias considerables a un plan de ingeniería que efectivamente resuelva los problemas de niveles de agua.

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