Nuestra ciudad, ¿un museo a cielo abierto?

Merecedes Patthey Mural INTEGRACION - de SETH - en Museo Cielo Abierto San MiguelPor Mercedes Patthey.

Durante el próximo mes, se exhibe una serie de fotografías montadas en los paraderos de buses de Transantiago. La iniciativa se enmarca en las actividades del Mes de la Fotografía, convocado por el Consejo de la Cultura y de las Artes. En esta ocasión, el espacio público de la red de transportes se suma a los espacios expositivos convencionales de la ciudad, museos y galerías de arte, en la voluntad de acercar la cultura a la vida cotidiana de las personas. En palabras de la Ministra de Cultura, Claudia Barattini, este tipo de intervenciones permitiría “humanizar” estos lugares, en donde los habitantes de las grandes ciudades invierten gran parte de su tiempo. Sostiene que la cultura es un derecho ciudadano, y que el arte puede aportar un momento de reflexión, de alegría y de entusiasmo a las personas.

Paralelamente, otra propuesta de intervención artística se está llevando a cabo, también en los paraderos de Transantiago. Se trata de un proyecto lanzado en el 2012 por el Directorio de Transporte Público Metropolitano y la consultora Ciudad Color. “Tus Ideas en tu Paradero” plantea un proceso participativo junto a los vecinos de cada lugar. A través de la acción directa de los usuarios, por medio de pinturas y mosaicos, se busca reforzar la integración de la comunidad y su sentido de pertenencia hacia la infraestructura de transportes.

Ocasiones como éstas parecen proliferar en los últimos tiempos, si consideramos además los festivales de intervenciones urbanas como “100 en un día Santiago” o “Hecho en Casa”, que este año se celebran por segunda y tercera vez, respectivamente. ¿A qué responden estas iniciativas? Queda claro que existe un vivo interés por parte de la ciudadanía con respecto a su capacidad de incidencia en el aspecto visible de los espacios públicos. Hay ganas de intervenir, de expresarse, de dejar una huella, de embellecer, de “humanizar” esos espacios de uso masivo y cotidiano. Por sobre todo, estos múltiples arranques parecen agruparse bajo la bandera de la “reapropiación” de la ciudad.

Cabe entonces preguntarse, ¿cuál es esa condición tan deplorable de los espacios públicos que incita a querer cambiarlos radicalmente? El concepto de la reapropiación da a entender que estamos frente a una tierra de nadie, a un territorio perdido. Sin embargo, las calles de nuestra ciudad son el contrario de eso. Están saturadas de nosotros mismos. Desde los reflejos y las luces hasta los grafitis, desde los afiches publicitarios hasta los murales, todo es producido por nosotros y para nosotros.

Al momento de exponer una obra de arte al aire libre es necesario primero realizar una limpieza del entorno, para no correr el riesgo de la indiferencia total del ojo ante un objeto reabsorbido en la banalidad. Pero, ¿qué legitima la presencia de una cosa por sobre la otra? Pocas manifestaciones son tan explícitas, en su voluntad de apropiación, como un tag o un grafiti en la pared de un edificio público. ¿Qué es más representativo de nuestras costumbres, que la basura acumulada en la calle? ¿Qué nos interpela más, un mural o un afiche publicitario?

El desorden de la ciudad es una consecuencia natural, producto de la superposición de miles de voluntades. A pesar de ello, el resultado se escapa de todos y vuelve explícitos los disensos por sobre los consensos. Antes de querer intervenir, limpiar u ornamentar los espacios públicos, es necesario afinar el ojo para llegar a leer la enorme carga de información que soportan. Sólo ante esto es posible adoptar una actitud reflexiva y crítica sobre lo que merece su lugar en el espacio público.

Imagen: Integración, de Seth. Mural Museo Cielo Abierto San Miguel.

Fuentes:

http://www.cultura.gob.cl/ministra/exposicion-con-fotografias-de-todo-el-pais-llega-a-60-paraderos-del-transantiago/

http://www.cultura.gob.cl/eventos-actividades/consejo-de-la-cultura-celebra-el-mes-de-la-fotografia-con-charlas-muestras-y-una-importante-visita-internacional/

http://www.transantiago.cl/es/noticias/exposicion-con-fotografias-de-todo-el-pais-llega-a-60-paraderos-del-transantiago-.html

http://www.transantiago.cl/es/noticias/mtt-lanza-segunda-etapa-del-proyecto-tus-ideas-en-tu-paradero.html

http://www.plataformaurbana.cl/archive/2014/07/30/tus-ideas-en-tu-paradero-apropiacion-de-paraderos-de-transantiago-mediante-arte-urbano/

http://hechoencasa.cl

http://www.100en1dia.cl

 

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11 respuestas a Nuestra ciudad, ¿un museo a cielo abierto?

  1. Macarena Aspillaga dijo:

    La ciudad es entendida como un organismo generado por la interacción entre personas. Es el resultado de la aglomeración de actividades en un espacio físico común, donde cada entidad, del orden que fuere, participa en un intercambio infinito con los demás actores que la habitan. La urbe es la materialización, hecha calles y edificios, de las relaciones dentro de una sociedad. Nacen como lugares de intercambio comercial, para favorecer el encuentro, se fundan a partir de esa lógica.

    “El espacio como producción social, como relación dialéctica entre sociedad y naturaleza, posee connotaciones sobre las formas en las cuales los grupos sociales tienen pertenencia al mismo. No es, pues, una dimensión vacía a lo largo de la cual los sectores sociales se estructuran, sino que posee un papel en la constitución de sistemas de interacción. Existe un carácter interactivo entre la sociedad y el espacio, constituyendo un foco central de investigación la interconexión entre las relaciones sociales y estructuras espaciales.” (1)

    Lo anterior queda reflejado materialmente en el lugar donde transcurre. Finalmente, una ciudad se construye y se transforma según las dinámicas sociales que la pisan, que se viven sobre ella. Pero así como la sociedad dibuja la ciudad, también la forma en que se configura el espacio físico posee gran poder sobre las personas que lo habitan, es decir ambos agentes se influencian mutuamente. “El espacio es el medio a través del cual las relaciones sociales se producen y se reproducen; no hay meramente divisiones sociales distribuidas en el espacio, sino que la forma de la misma división social es influenciada por el hecho de estar localizada en el espacio. Es decir, que éste es condicionado y a su vez, condiciona.” (2) De ahí que la discusión que plantea Mercedes sea tan interesante.

    (1) GREGORY, D y URRY, J. “Social relations and Spatial Structures”, Londres 1985, MacMillan.
    (2) MASSEY, Dorin. “New directions in space”, En “Social relations and Spatial Structures”, Londres 1985, MacMillan.

  2. Me parece interesante citar a Kevin Lynch en “La imagen de la ciudad” al mencionar que “Nada se experimenta en sí mismo sino siempre en relación con sus contornos, con las secuencias de acontecimientos que llevan a ello y con el recuerdo de experiencias anteriores. Así establecemos vínculos con partes de la ciudad y su imagen está embebida de recuerdos y significados.” La ciudad es precisamente eso, un componer ciudadano que hace referencia a la historia y a lo que cada uno puede aportar de ella. No existe ciudad sin historia, como no existe ciudad sin personas que la habiten. Las personas son las que en su dinamismo activan la ciudad y la transforman constantemente en razón de sus actividades. Es necesario y urgente, dejar que las personas se apropien de la ciudad y que no haya ningún espacio en que sus habitantes cercanos no lo sientan suyo. Creo, que ahí está la clave. La ciudad debe ser hecha para y por las personas. Debemos evitar que la ciudad se piense como una megaestructura compacta y proyectualmente aislada del que debe ser su mejor amigo: el hombre. Porque en el momento en que esto sucede, la ciudad se vuelve impropia y pierde todo sentido de existencia. La ciudad va de la mano del hombre y debe estar a su servicio, en ningún caso de manera contraria.
    Considero muy interesante el tema y muy positivo que se abran las instancias para que con pequeños gestos se haga comunidad. Las personas en general no esperan en sus barrios grandes infraestructuras que deslumbren con su arquitectura, ellas esperan proyectos que desde su pequeñez, abran grandes puertas a la revitalización y mejoramiento de sus barrios, para que la vida en comunidad sea más amena. Creo que el arte es uno de los caminos que genera encuentro y a su vez abre paso a la identificación de barrios y al querer formar parte de ellos.
    Como Kevin Lynch anuncia: “No somos solo espectadores sino actores que compartimos el escenario con todos los demás participantes”. La ciudad es la obra y todos nosotros los actores, de los cuales depende que tenga un final feliz.

  3. Constanza Domínguez dijo:

    Interesante la visión que se tiene de la ciudad, situando El ARTE como ordenador urbano, el arte entendido como esa vibración interna que nos mueve, que nos permite comunicar y materializar nuestras ideas y sentimientos para plasmar, protestar, disfrutar, gozar, educar y un sinfín de motivos que definen nuestras vidas y como nos relacionamos entre nosotros.

    Entender la ciudad desde el arte es un principio básico que debería regir en cualquier sociedad, teniéndolo como motor inicial para planificar la vida y la forma en que queremos habitar nuestras ciudades, entiendo el ARTE no solo como una pintura expuesta en un museo o una escultura instalada en un parque, si no que el ARTE en todas sus manifestaciones.

    El novelista ruso León Tolstoi plantea el significado e importancia del arte “¿Preguntáis lo que es el arte? ¡Grave pregunta! ¡El arte es la arquitectura, la escultura, la pintura, la música y la poesía bajo todas sus formas! (…) el arte significa el modo de transmisión de todos los sentimientos posibles, y sólo es arte serio aquel que transmite a los hombres sentimientos que les importa conocer (…) El arte no es una alegría, ni un placer, ni una diversión; el arte es una gran cosa. Se trata de un órgano vital de la humanidad que transporta al dominio del sentimiento las concepciones de la razón “ (1)

    Ahora bien, “crear” nuestras ciudades a partir del arte, significa entregarle espacios para el arte (en todas sus manifestaciones) tanto en el espacio público (que debe ser su lugar por excelencia) sino que también dentro de la arquitectura, la cual debe acoger y reservar el lugar para emplazar desde su génesis, las obras de arte que nos ayudarán a mejorar y complementar la obra arquitectónica en sí misma.

    (1) http://www.ciudadseva.com/textos/teoria/opin/que_es_el_arte.htm

  4. Manola Ogalde dijo:

    Me parece muy interesante la columna de Mercedes ya que en cierta forma pone en crisis la validez o legitimidad de las intervenciones que buscan “embellecer” espacios urbanos, particularmente por medio de la inclusión de representaciones artísticas que de algún modo son “artificiales” y resultan “ajenas” al carácter de los espacios ya existentes. Sin embargo, me parece que ciertas afirmaciones tienden a ser cuestionables, sobre todo aquellas que sobreestiman condiciones espaciales consideradas universalmente como negativas. Me llama la atención, por ejemplo, cuando afirmas “¿Qué es más representativo de nuestras costumbres, que la basura acumulada en la calle?”. Si bien comprendo que los lugares están siempre cargados de elementos que definen su identidad y el carácter de sus habitantes (y que éstos deben recogidos con sensibilidad en las intervenciones urbanas), creo que relativizar de ese modo resulta confuso, e incluso, peligroso. Un graffiti puede ser un acto de apropiación natural y espontáneo, pero el arrojar basura es a mi juicio todo lo contrario: es nítida expresión de falta de identificación con el lugar sobre el que se está parado.

    Si bien es probable que todas las conductas sociales sean susceptibles de ser estudiadas encontrando un interés y valor en ellas, me parece que hay un consenso universal en afirmar que un lugar limpio es mejor que uno sucio, o que un ciudadano ordinario se sentirá más a gusto en un espacio ordenado y “bello” (entendiendo esto desde el contexto socio-histórico en que se inserta). Bastaría con agarrar una muestra considerable de las personas “afectadas” por estas intervenciones artísticas en su entorno, y preguntar a cuántas de ellas les parecen apropiadas o agradables… Dudo que hayan demasiadas que se opongan a ellas. ¿Y quiénes mejor que ellos pueden decir si se identifican o no con el lugar que habitan?

    Finalmente, en referencia a la frase “Antes de querer intervenir, limpiar u ornamentar los espacios públicos, es necesario afinar el ojo para llegar a leer la enorme carga de información que soportan”, me gustaría recalcar el enfoque de nuestra disciplina. Gran parte de nuestra tarea como arquitectos no es sólo identificar los elementos que definen un lugar y recogerlos en nuestras intervenciones, sino que también saber discriminar aquello que es valioso de lo que no. De este modo, nuestras intervenciones podrán poner en valor aquello que es de interés y transformar aquello que no lo es. No se trata de borrar lo que existe, sino de ordenar o traer a la luz lo mejor de él ( o de francamente crear en “lugar” allí donde no lo hay). Y creo que esto no es algo tan subjetivo como podría parecer. Por el contrario, la arquitectura se preocupa de medir y sistematizar estos problemas constantemente.

    Un espacio no por ser “auténtico”, es un buen lugar. Y no todos los espacios poseen una identidad real, capaz de generar vínculos de apropiación potentes con las personas que los habitan. En este contexto, me parece que el arte, por muy “artificial” que sea el modo en que aparezca, es tal vez un lenguaje universal legítimo, a través del cual es posible dar sentido a lugares que hoy son en realidad “tierra de nadie”.

  5. Hans Besser dijo:

    Creo que el punto de la columna es justamente relativizar la condición simbólica de la ciudad. Y cuando se pretende relativizar un ámbito como este, donde coexisten millones de interpretaciones efímeras, lo peor que se puede hacer es plantear, como lo hace Manola, que se trata de poner en “crisis la validez o legitimidad de las intervenciones que buscan “embellecer” espacios urbanos”. Debe dejarse un espacio para la reflexión antes de caer de bruces sobre los discursos moralizantes. Puesto que es fácil poner un problema sobre la mesa, descuartizarlo y reordenarlo según nociones básicas de la moral colectiva.

    El tema de la basura, por ejemplo, es algo especialmente delicado. El término en sí mismo es totalmente impreciso. Como dice el proverbio, la basura de uno es el tesoro de otro. Basura es en realidad la relación que establece un individuo con ciertos materiales de su entorno que no le aportan ningún beneficio. Es una relación subjetiva. Como entonces en una ciudad en que se admite la diversidad puede establecerse una noción fija de lo que constituye o no basura. Existen lugares en que incluso la basura inerte, aquella que bajo ningún punto de vista podría poseer utilidad, es interpretada por la gente como símbolo de su presencia y por tanto mantenido como ornamento de su territorio. La basura puede por lo tanto ser una apropiación natural y espontanea del territorio.

    El problema que se plantea queda patente cuando se analiza el ímpetu por la reapropiación:
    “El concepto de la reapropiación da a entender que estamos frente a una tierra de nadie, a un territorio perdido. Sin embargo, las calles de nuestra ciudad son el contrario de eso.” Esta situación paradójica es mucho más compleja que si un espacio es bueno o malo o bello o limpio o auténtico o artificial a los ojos de un arquitecto. A mi parecer esta situación es evidencia de que la cultura urbana, con todas sus herramientas de apropiación vive por encima de la ciudad, sin tocarla. La ciudad (vereda y calle) se ha vuelto por definición tierra de nadie, y por ello el acto de botar basura u otro acto despreciativo es justamente un acto natural y espontáneo de reconocimiento del individuo con esta tierra de nadie. Hemos aprendido las reglas de la ciudad a partir de la cultura, ignorando muchas veces el espacio que tenemos frente.

  6. Es evidente que esta forma de representación se ha extendido a más comunas de la ciudad. Sin embargo, estas prácticas no son algo reciente. Por ejemplo, hace más de una década comenzó en Puente alto un proyecto de mosaicos diseñados en conjunto con los vecinos, este proceso se retoma el 2012 para convertirlo en la obra artística más grande de Chile. Interviniendo el metro como principal acceso a la comuna, colegios, consultorios y plazas con motivos que rescatan la identidad local, geografía circundante y flora y fauna del país. De esta manera, se va creando una red artística urbana basada en valorizaciones sociales. Otro ejemplo, es la fundación Mi Parque, donde existe también una voluntad artística de parte de la fundación para relacionar el arte con el verde urbano, donde, además de construir plazas se hacen murales de participación familiar y se intervienen también los mobiliarios.
    Este tipo de prácticas ciudadanas refuerzan una identidad y reconocen una cultura material que favorece la comprensión acerca de que las cosas materiales producidas son reflejo de normas sociales y conductas urbanas. Una vez incorporados estos elementos artísticos, pasan a ser parte del patrimonio y al relacionarnos con el patrimonio urbano, estamos aludiendo a algo que sentimos como propio y lo traspasamos a la memoria colectiva. Por ello, es lamentable que no siempre se destinen recursos para este tipo de actividades, que pueden ser un desahogo a la cotidianidad. Si la ciudad estuviera sobrecargada de este tipo de información, no sería un problema, sino una contribución a la felicidad.

  7. Pedro Coutinho dijo:

    Las distintas formas de apropiación del espacio de las múltiples personas que habitan en la ciudad representan, sin cualquier duda, una de las grandes condicionantes para un arquitecto que dibuja un espacio público. Además del enfoque en la función, proporción y busca de belleza de los espacios, es esencial al arquitecto intentar antever como las personas se apropian de ellos, es decir, como las personas van hacer de eses lugares sus propios lugares.

    En la introducción a “Los Hechos de la Arquitectura” (1), Alejandro Aravena presenta el caso del nuevo aeropuerto de Santiago, dónde las personas descubrieran lugares dónde podrían prolongar el saludo a sus familiares y que quizá fue algo que escaparía a los arquitectos en su proyecto. Eso demuestra el descalce que puede existir entre lo que se idealiza y lo que ocurre de verdad. Esa es una distancia que el arquitecto sólo acorta se observar bien la realidad, se experimentar de verdad los movimientos de las personas en el lugar y se recorrer ese mismo espacio de forma intensa. Solamente de esa forma se puede hacer angosta la distancia entre “realidad y proyecto” (2).

    De hecho, el arquitecto no alcanza la autoridad de controlar la forma de apropiación de los espacios, pero cual será la mejor actitud ante el proyecto de espacios públicos: ¿Idealizar espacios de forma imparcial, permitiendo que las personas construyan parte de ellos, es decir, garantizar que el proyecto no define todas las condicionantes de acción, pero construye la libertad para que eso se haga naturalmente? ¿O hacer con que eses espacios transmitan, de forma inequívoca, las acciones que se desean en ellos, considerando un fracaso se tales acciones no se tornen una realidad?

    (1) FERNANDO OYARZUN, ALEJANDRO ARAVENA y JOSÉ QUINTANILLA, Los Hechos de la Arquitectura, Ediciones ARQ. Santiago de Chile. p.13, 14 y 15
    (2) FERNANDO OYARZUN, ALEJANDRO ARAVENA y JOSÉ QUINTANILLA, Los Hechos de la Arquitectura, Ediciones ARQ. Santiago de Chile. p.14

  8. Isidora Mujica dijo:

    Creo que el arte debe estar en todos lados, y mejor todavía, si es en lugares tan cotidianos, como son las plazas, universidades y colegios, paseos y avenidas, edificios, restaurantes etc. Y ¿por qué no? ¿Acaso no lo hemos visto ya? En un parque de esculturas, en un avión pintado por Calder, en maletas, vajillas pintadas por Benmayor, en el hall de entrada del banco Itau con diversas exposiciones, algunas de muy buena calidad, el mismo caballo de Francisco Gacitúa a la entrada de la Dehesa aludido en otro comentario, en la entrada del cerro Santa Lucía, diversos monumentos urbanos, como el de Schneider en las Condes, el de Vicente Huidobro y Gabriela Mistral en Américo Vespucio, sólo para mencionar algunos. Todos ejemplos de arte irrumpiendo audazmente espacios público de mucha afluencia, que no lo busca intencionalmente como el que va a un museo, sino que se topa, casi accidentalmente con una manifestación artística y que le imprime humanidad, historia y sensibilidad a un contexto que de otro modo sería sólo utilitario. ¿Qué más propiamente humano que el recuerdo y la emoción?

    Por lo tanto, si se trata de una obra de arte en un paradero de micro, bienvenida! Sacar al transeúnte y usuario del Transantiago de la vorágine de la vida urbana para mostrarle un sentimiento hecho dibujo o una denuncia o llamado de atención a través de una expresión artística. ¿O acaso es mejor un afiche publicitario?, que es más bien una contaminación visual que un aporte.

    Si el trabajo artístico es reflejo de la comunidad que lo acoge o es una expresión de personas de realidades diversas y distantes, creo que no es lo relevante. Ambas pueden ser un aporte y no debieran ser excluyentes. Puede haber espacio para todos, diversos proyectos y programas, diversos espacios a utilizar. Y como dice Mercedes hay una necesidad de “humanizar esos espacios de uso masivo y cotidiano”.

  9. Mercedes Patthey dijo:

    Quisiera referirme nuevamente al tema de la apropiación del espacio público. Insisto en que, en mi opinión, tal como no existe el espacio ‘privado’ en su cabalidad, tampoco existe un espacio que sea tan público como para ser llamado una ‘tierra de nadie’. Me parece que este anonimato en las ciudades simplemente es una manera de eludir la responsabilidad y el impacto que cada persona puede tener sobre el espacio que ocupa. Cada manifestación que se materializa en la ciudad, sin importar su origen, ni su meta, ni el procedimiento por el cual fue realizado, es fruto del acto consciente de una persona. Sin embargo, los criterios de validez que juzgan estas manifestaciones suelen basarse en categorías impersonales, supuestamente superiores y objetivas, como un canon estético, un modelo económico o una política urbana. El hecho de relegar el dominio del espacio público a estas esferas abstractas pretende darnos las herramientas para controlarlo y conducirlo hacia algo mejor. Paradójicamente, es esta misma metodología que aleja el espacio urbano de las personas y del sentido común con el que éstas actúan sobre él.

  10. Juan Pablo Aguirre dijo:

    Los Espacios expositivos dentro de la urbe no solo aportan un momento de reflexión y alegría a los ciudadanos, sino que debiesen constituir fuentes de información libre a través de las cuales los ciudadanos forman puntos de vista, generen opiniones y discusiones y a través de los cuales la voz de los ciudadanos se exprese libremente.
    Más que medir la capacidad de incidencia de la ciudadanía dentro de los espacios públicos, por medio del arte, considero que es más importante medir la calidad de esta incidencia, es una incidencia real? Son espacios de expresión verídicos o lo suficientemente controlados como para alejarse de la esencia libre del arte? Las expresiones artísticas deben ser lo suficientemente participativas para que sean así realmente capaces de sostener la cultura y la idiosincrasia de una comunidad, cultura, pueblo o país.
    Los ánimos de reapropiación no siempre provienen de una condición deplorable de los espacios públicos si no que por el contrario, espacios públicos muy controlados y diseñados generan una desvinculación con la realidad social que muchas veces es descontrolada e impredecible. Los espacios públicos deben dar lugar a su propia metamorfosis a manos de los usuarios. Es necesario considerar los espacios públicos como elementos orgánicos, sensibles al uso cotidiano, mutables y re diseñables.
    Las obras de arte al aire libre constituyen una forma de apropiación de dichos espacios en la medida en que los anhelos e ideales de una comunidad se ven reflejados en estas obras. Es así como los límites territoriales de un individuo comienzan a extenderse hacia fuera de sus casas, “mi propiedad no acaba en mi puerta sino que se extiende hacia afuera”, veo mío aquello que antes era tierra de nadie por lo que aumentan los cuidados y preocupaciones sobre aquellos espacios.
    Es así como las obras de arte dentro de los espacios públicos vinculan a la comunidad directamente con el espacio físico generando interés en el dominio de dichos espacios y ampliándolos como fuentes de información verídica y constituida, al mismo tiempo, realidades cercanas y representativas.

  11. Si bien el acto de embellecer la ciudad, implica intrínsecamente un sentido de falta de belleza, considero que los actos que involucran la comunidad en un acto en torno a la ciudad siempre es positivo. Por otro lado, efectivamente la apropiación, al igual que el embellecimiento, implica una falta de vinculación de la comunidad con el espacio, por tanto, este simple acto de intervención artística le da un carácter distinto a espacios que suelen ser espacios de nadie, o que cuentan con una apropiación indebida. El arte como un acto de integración y de vinculación es un elemento que genera un impacto mucho más positivo en la ciudad que la publicidad y los basurales, lo que por ningún motivo representan un elemento identitario digno de rescatar. Muy por el contrario, este tipo de intervenciones tiene por objetivo poner en valor el espacio público, sobre todo en lugares con una mayor degradación.

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