Lo singular v/s lo común: El rol de los arquitectos en la modelación de la ciudad

Manola OgaldePor Manola Ogalde.

En los últimos meses, los medios nacionales han insistido en recalcar la explosión internacional que la arquitectura de nuestro país está protagonizando, hecho que ha sido igualmente consignado por diarios internacionales como Financial Times, The Guardian y The New York Times.

Algunos podrán señalar que considerar éste como un momento particularmente potente en la arquitectura chilena es tal vez injusto. Después de todo, nuestra arquitectura viene situándose en la escena internacional desde hace ya varias décadas. El Financial Times señaló que, pesar de los altos niveles de urbanización de nuestras ciudades, durante los últimos 20 años los arquitectos chilenos han sido más conocidos por diseñar impresionantes segundas viviendas fuera de ellas.

Sin embargo, varios medios señalan que el aumento del interés mundial actual refleja una cierta madurez en el desarrollo de la disciplina. El Financial Times, por cierto, anunció que “por primera vez en una generación, el foco ahora se vuelve hacia los espacios urbanos de Chile”.

A mi juicio, este tipo de afirmaciones no hacen más que sembrar ciertas dudas respecto al alcance real de nuestra gran afamada arquitectura chilena. Me pregunto entonces, ¿existe el riesgo de que este gran momento de nuestra arquitectura termine por actuar como cortina de humo sobre otros problemas, subyacentes pero fundamentales, de nuestra realidad construida? ¿Cómo es posible que ante esta tan auspiciosa escena arquitectónica existan en Chile ciudades con tan serios problemas urbanos? ¿Es que acaso el alcance real de nuestra labor como arquitectos tiene en realidad un impacto despreciable sobre el desarrollo y transformación de nuestras ciudades?

Podemos coincidir en el hecho de en los últimos años, ha surgido un creciente interés sobre los problemas de nuestras ciudades. El boom de los medios de comunicación y las redes sociales, ha permitido la difusión de una importante masa de información crítica al respecto. Nuestras ciudades han sido foco de constantes diagnósticos, que se acumulan y superponen persistentemente. Sin embargo, los diagnósticos sobran, ya que lo que en realidad hace falta son propuestas. Las propuestas novedosas e interesantes han quedado relegadas al plano de la arquitectura singular, mientras que en lo que respecta a la gran escala, parecemos habernos quedado en la parálisis del diagnóstico.

Por múltiples razones, la arquitectura ha parecido quedar fuera del campo de acción de la modelación de ciudad. Los procesos de transformación del entorno construido se han instalado en el seno de otras disciplinas, tales como la ingeniería de transporte o las propias actividades de desarrollo económico. Esta situación nos ha puesto a los arquitectos en una posición que hace varios años tiene mucha voz en términos críticos, pero muy poca propuesta que permita revertir estas dinámicas.

¿Qué es, entonces, lo que sigue? Queda claro que esta lógica no se puede seguir soslayando. Lo que sigue es poner en la palestra de nuestra disciplina los problemas de la gran escala. Hablo de desafíos que tienen relación con el entorno construido en términos globales y no sólo a partir de proyectos particulares y singulares. La repetición extensiva de viviendas, el crecimiento y transformación de las ciudades intermedias, la segregación social, etc.. Éste es el gran desafío para nuestra disciplina: ser capaces de desarrollar una visión no sólo crítica sino también propositiva sobre los distintos procesos de modelación y transformación en las grandes escalas .

La arquitectura debe asumir el rol que le corresponde en la modelación de la ciudad .Para ello, es imprescindible entender la idea de arquitectura “común”. En primer lugar, desde su acepción respecto al rol que cumple la arquitectura en la construcción del bien común para nuestra sociedad. En segundo lugar, entendiendo la arquitectura “común” como aquel grano de arquitectura “normal” u “ordinaria”, que es el que construye formalmente la gran escala de manera cotidiana y sobre el cual el trabajo de los arquitectos sí tiene un alcance real.

Si se continúa suponiendo que el campo de acción de un arquitecto exitoso es la obra singular, deberemos asumir que su ámbito de influencia será siempre muy limitado. Pero si entendemos los procesos de transformación urbana como un campo abierto sobre el cual el ejercicio de la arquitectura tiene múltiples alcances, desde la oficina de arquitectura hasta la inspección de obras o cargos públicos, el escenario probablemente sería distinto. Resulta fundamental, por tanto, recalcar que la arquitectura como disciplina tiene muchísimo que aportar a la sociedad en su búsqueda del bien común y que esto sólo será posible de alcanzar si entendemos la arquitectura mucho más allá que desde la pieza excepcional, sino desde ámbitos profesionales cotidianos capaces de contribuir a la concreción de un proyecto de ciudad.

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6 respuestas a Lo singular v/s lo común: El rol de los arquitectos en la modelación de la ciudad

  1. Macarena Aspillaga dijo:

    La labor del arquitecto chileno parece ser aún demasiado elitista, una disciplina desconocida para gran parte de la población. Por alguna razón, la arquitectura se ha quedado rondando únicamente dentro de los segmentos de mayores ingresos. No cabe duda que el porcentaje de estudiantes de arquitectura que provienen de colegios privados debe ser abismante, todos sabemos eso, por lo que la tendencia a enfocarse en el diseño de segundas viviendas no debiera sorprender.

    Hay algo de culpabilidad en el sistema de enseñanza de nuestra disciplina. Si existiera una consciencia real de los alcances de ésta en el diseño de la ciudad, habrían de existir muchas más discusiones sobre temas sociales, de infraestructura, de transportes y temas económicos. La ciudad requiere sobretodo de entidades con conocimientos globales, capaces de interactuar con profesionales de diversas áreas. La complejidad del diseño urbano radica en eso principalmente; alcanzar un encuentro armónico entre la dimensión física (la única que dominamos como arquitectos), el aspecto social, la economía y la política.

  2. Rafael Urcelay dijo:

    El arquitecto en Chile sigue aspirando a ese muy cotizado estrellato que algunos pocos arquitectos han logrado, poniendo a nuestro país en el mapa. Aún pensamos que esta es la mejor manera posible de ejercer la arquitectura, mediante un planteamiento muchas veces tan formal como superficial. En la ignorancia se deja de lado la calidad.

    Sin embargo creo que este es un pensamiento en decadencia. Cada día avanzamos en el desarrollo de una profesión multidisciplinar y entendemos la necesidad de la arquitectura común, de lo “ordinario”.

  3. Manola Ogalde dijo:

    Respecto a los comentarios anteriores, me parece importante destacar que la relativa indeferencia de los arquitectos respecto a la ciudad o esta supuesta “condición elitista” que menciona Macarena, no es algo que se venga arrastrando desde siempre en Chile.
    Francisco Díaz, en la publicación “Who cares for chilean cities?” (2013) , señala que en los años ochenta en Chile los arquitectos sí estuvieron preocupados por la ciudad. Criticaron los efectos urbanos de la arquitectura moderna y presentaron propuestas románticas para recuperar una imagen más tradicional de ciudad. Sin embargo, este romanticismo de los 80 frenó la voluntad proyectual y convirtió a la ciudad en una preocupación obsoleta. En tanto, en los 90 los suburbios y los increíbles paisajes se volvieron los principales campos de acción de los arquitectos a través de la obra singular, y fue desde ella que la arquitectura chilena obtuvo reconocimiento internacional.
    Sin embargo, creo importante recalcar que este enfoque parece haber cambiado radicalmente desde el 2000. Si bien, como menciona Macarena, el diseño de segundas viviendas continúa siendo un volumen importante de lo publicado en revistas de arquitectura, proyectos como el Centro GAM, el Parque Cultural Valparaíso o los actuales proyectos para el Estadio Nacional y el Teatro Regional del Bío-Bío, dan cuenta de un aparente cambio de enfoque, que busca la integración del proyecto de arquitectura en la realidad de la ciudad. No obstante, lo que me parece en realidad discutible es que al parecer el problema aún continúa limitándose a la obra singular. De algún modo se nos parece enseñar que el único camino para lograr impactos positivos en la ciudad es a través de megaproyectos notables que actúan como piezas excepcionales de arquitectura. Y probablemente pocos de nosotros en nuestra vida profesional podremos enfrentarnos a proyectos con oportunidades de esta envergadura.

  4. Felipe Faura dijo:

    Desde la misma perspectiva que Macarena, la inserción de la arquitectura chilena en el panorama mundial ha sido a partir de obras “taquilla“ como se le dice comúnmente. Si uno se mete al cualquier página web de arquitectura, por ejemplo plataforma arquitectura siempre van a aparecer proyectos singulares, sean casas, colegios, restaurantes etc. Para llegar a ver alguno de intervención urbana propiamente tal, sería la postulación o premiación de algún proyecto urbano. Hay que buscar en lugares especializados en el urbanismo para ver el desarrollo de estos en el contexto chileno. Lamentablemente aparecen en alguno que otro artículo del diario pero siempre va en función política económica, que está bien y no se pueden dejar de lado, pero si uno revisa las revistas del sábado, vivienda y decoración, ED que son las de más agrado de leer, no hay chances de que aparezca un proyecto urbano. Al parecer se necesita tener algo tangible algún objeto para que cause interés en los lectores cotidiano y no solo los arquitectos. Los proyectos urbanos son los que se sienten más de lo que se ve, y lamentablemente para el ojo común un proyecto urbano bueno pasa desapercibido por que es un espacio que funciona de manera correcta y es mucho más reconocible uno erróneo. Incluso en las bienales no se ve mucho proyecto urbano. Ahora a raíz de un problema de contingencia nacional, el incendio de Valparaíso se demostró mucho más interés en la temática urbana. Al igual que después del terremoto. Y respecto al ámbito internacional se ve que han premiado a varias obras chilenas pero ninguna de tema urbano, de hecho recién hubo dos que quedaron entre las 10 primeras del premio Mies Van der Rohe (Mestizo y Capilla del retiro) dentro de más de 4000 proyectos, y ninguna de las 10 primeras fue un proyecto urbano, todas edificaciones. Hay que hacer un switch y llegar al interés común y cotidiano en lo que se refiere al urbanismo.

  5. Joaquin Cordua dijo:

    Es necesario precisar que aunque la “arquitectura de segunda vivienda” y sus arquitectos se lucen actualmente en Chile, sus pares urbanistas son parte del mismo apogeo pero duramente opacados por la burocracia y la manipulación política. Son estos los mismos arquitectos que brillan por su arquitectura a pequeña escala que abogan por solucionar los problemas de la gran ciudad por medio de políticas públicas o planes de desarrollo.

    Es el caso de la Política Nacional de Desarrollo Urbano para las ciudades de Chile. En esta política, arquitectos, urbanistas, ingenieros y políticos se unen para idear una linea de planificación para las ciudades chilenas. El principal objetivo es estudiar la mejor manera de planificar el desarrollo de manera integral y sustentable.

    Evidentemente los procesos se extienden a la hora de hablar de ciudades; construir una ciudad no es lo mismo que construir una segunda vivienda. Es probable que pasen muchos años para que podamos ver resultados pero debemos reconocer que también hay un trabajo por nuestra ciudades, los resultados tardan un poco mas.

    Comparto el link donde podrán revisar el detalle de la PNDU.

    http://politicaurbana.minvu.cl/wp-content/uploads/2012/11/L4-Politica-Nacional-Urbana2.pdf

  6. La fama como meta a alcanzar.
    Es importante que como arquitectos nos preguntemos todos los días ¿cuál es la labor del arquitecto? Considero que a los arquitectos de hoy nos hace falta volver sobre esta pegunta y encontrar en ella el trazado guía para ejercer la profesión. No hace falta ser experto para mirar a nuestro alrededor y encontrarnos con proyectos que en vez de intentar solucionar un problema, hacen de su existencia uno más. Buscan responder a una forma determinada, a un tipo conceptual preestablecido e ignoran su contenido, aspecto que debería ser clave en la formulación de un proyecto. Aún después de esto, no estoy en contra de la preocupación formal de una obra, como dice Aldo Rossi en “Arquitectura para los museos” haciendo referencia a la arquitectura: “Sus caracteres estables son la creación de un ambiente más propicio a la vida y la intencionalidad estética… el problema de la forma. Diré sencillamente que considero la forma como un signo preciso que se coloca en la realidad y que da la medida de un proceso de transformación. Así la forma arquitectónica es un proceso cerrado y completo, una vez más vinculado estrechamente a un enunciado lógico”. La forma es algo de lo que nos tenemos que hacer cargo definitivamente, pero cuestiono qué va antes: si la búsqueda de una forma que genere farándula o la preocupación lógica de hacer funcionar el espacio interior que se cubre con la envolvente. En definitiva la arquitectura es crear un ambiente más propicio para la vida como explica Aldo Rossi y es de eso de lo que nos tenemos que preocupar, más allá de si nuestras obras son reconocidas o no. ¿Nos sirve realmente eso? De ninguna manera, creo que nos deberíamos sentir más orgullosos de que nuestros espacios interiores funcionen a la perfección que ver nuestra foto en un artículo de revista.
    Aldo Rossi continúa el debate de la forma en “La arquitectura de la ciudad” y le da una gran importancia al “rol de los arquitectos en la modelación de la ciudad” como se titula en esta columna. Aldo Rossi afirma ” ¿Quién en última instancia elige la imagen de una ciudad? La ciudad misma, pero siempre y solamente a través de sus instituciones políticas” A instituciones políticas considero necesario incorporar a todos los agentes necesarios que harán de la ciudad un modelo que responda a las necesidades locales. “No hay transformación urbana que no signifique también transformación de la vida de sus habitantes”. Aquí queda explícito también la necesidad de individualizar las ciudades a través de hechos urbanos que de alguna manera hablan de la historia y de los hechos de la ciudad. Función y forma son dos aspectos de la arquitectura que deben estar en constante diálogo, esto no quiere decir que sus caminos deban ser completamente paralelos, es más, por ejemplo, una tipología de comercio no debe por qué ser igual en el norte que en el sur, aunque respondan a una misma función que es vender un producto. Lo importante es que nunca una sobrepase a la otra, volviéndose más importante y negando sus relaciones.

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