De vida de Barrio a mall

Isidora MujicaPor Isidora Mujica.

Caminar por las calles de Providencia, considero que es un privilegio. Avanzar junto a la multitud, observando a la gente, deteniéndose a mirar cada cosa que se vende en los bordes de las veredas, entrando en los negocios próximo a la calle, ocupando un espacio público entre veredas y plátanos orientales, digno, en donde el comercio a baja escala abunda. Cada tienda es diferente a la otra y existe una variedad de productos que no se ven en los comercios a gran escala. Sigo caminando, pero de un minuto a otro me encuentro con una enorme masa desmesurada que interrumpe mi recorrido, es el mall Costanera Center.

La escala y la calidad de ciudad cambian repentinamente. Es un enorme bloque sólido, que irrumpe en la ciudad, y que explotó al máximo, hasta el último metro cuadrado construible, produciendo un enorme conflicto urbano. Es claramente una construcción de un espacio abstracto, en donde no considera una sensibilidad y apropiación de la riqueza sociocultural del contexto. Un negocio inmobiliario desmesurado que expresa las grandes estructuras de producción y que privilegia la cantidad por sobre la calidad, dejando de lado el contexto social y político. Se aniquila el lugar, generando un espacio totalmente nuevo.

Es así como, ese caminar por las calles arboladas tomando aire fresco, se convierte en un deambular por pasillos interminables, con la mirada perdida, acarreando compras innecesarias.

En vez de crear lugares que sean capaces de reproducir la calidad de vida de una ciudad, donde la gente se conoce, se saluda, prefiere las plazas y los almacenes, se construyen centros comerciales que finalmente acaban con la vida de barrio. Se terminan produciendo atmósferas impersonales, en donde cada uno va por su lado sin tener contacto entre ellos. El habitar de las personas se ve totalmente irrumpido con este enorme bloque desmesurado que lo único que genera es contaminación ambiental, acústica y problemas urbanos.

El comercio típico a baja escala que existe en ese sector de providencia, se ve gravemente afectado con este centro comercial masivo, en donde los pequeños almacenes no pueden competir con los precios y la competencia de este comercio masivo, dejando finalmente un público no menor, sin trabajo. Posiblemente esos mismos dueños de pequeños almacenes o tiendas de producción a baja escala, terminen sometiéndose a trabajar dentro de este mall, en donde todo es masificado e industrializado, y como hormigas sometidas a la producción en masa. La gente finalmente prefiere ir al mall en donde están todas las tiendas en un solo lugar, en vez de caminar por las calles de una tienda en otra, lo que es más demoroso.

Si queremos una sociedad más digna para las personas debemos crear Arquitectura y no simplemente construcciones, en donde nos debemos hacer cargo del habitar. Para lograr esto, debemos tener una conciencia profunda de la historia y un análisis social y político para reestablecer un vínculo beneficioso entre lugar y producción, que considera el contexto y que es legitimado por la participación social.

Fuente imagen: http://www.dconstruccion.cl/?p=37382

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12 respuestas a De vida de Barrio a mall

  1. Carolina Briones dijo:

    Un proyecto inmobiliario que no sólo aspiró a ser el más alto edificio de Latinoamérica sino que a ser la cara visible de nuestra capital. Una especie de hito de Chile para el mundo, pero que sin embargo, nadie lo alaba ni se siente identificado. Y que no ha hecho más, como afirma Isidora, que interrumpir recorridos, poner fin a la vida de barrio de Providencia e incentivar un consumismo muchas veces innecesario.

    Como todo problema, más allá de buscar culpables, debemos buscar soluciones. Soluciones que impliquen empezar a generar conciencia e interés colectivo por el crear una ciudad que “viva” y “respire”, es decir, incentivando la vida al aire libre, la existencia del peatón y del ciclista, del barrio a una escala humana y de la ciudad a una abarcable. Dejemos de creer que el símbolo de modernidad y progreso son las autopistas y los centros comerciales y empecemos por mejorar lo ya existente en pos de una mejor calidad de vida para aquellos que hoy habitan Santiago y en fin, una verdadera vida de barrio.

  2. Manola Ogalde dijo:

    Me parece que la dura crítica hacia el concepto de “mall” se ha vuelto ya un lugar demasiado común en boca de los arquitectos. Lamentarnos y abogar por la supresión de los malls en pos del regreso del comercio a pequeña escala, es dar la espalda a un fenómeno social y cultural real: a los chilenos les gustan los malls. Y mucho.
    En este sentido, afirmar que un mall jamás será sinónimo de espacio público de calidad me parece sumamente discutible. Si bien es cierto que los malls fueron inicialmente ideados como lugares de consumo y pensados para fomentarlo, a lo largo de las últimas décadas los malls han evolucionado rápidamente de acuerdo a las necesidades de sus usuarios y han diversificado sus usos, incorporando espacios de encuentro y recreación, e incluso generando espacios públicos integrados. Existen casos internacionales bastante destacables, como el Nampa Park en Japón, centro comercial conjuga espacios comerciales con extensas áreas verdes de uso público. Si bien los malls chilenos dejan bastante que desear, existen también algunos ejemplos que otorgan luces sobre las potencialidades del mall como problema arquitectónico. El boulevard del Parque Arauco, por ejemplo, es un espacio que busca asociar la oferta gastronómica con un conjunto de espacios de encuentro y permanencia al aire libre. El mall Plaza Vespucio, por su parte, conecta con una estación de metro y con la vereda de la calle que enfrenta, permitiendo que convivan espacios públicos y privados de manera armónica y enriqueciendo las relaciones entre usos y actividades.
    En este contexto, resulta claro que el problema en torno a los malls no es el “qué”, sino el “cómo”. Teniendo en consideración la altísima afluencia de gente que reciben y la gran riqueza de usos que concentran, es posible que el mall sea una tipología con inimaginables potencialidades, capaz de constituir nuevas relaciones con la ciudad y configurar espacios públicos de calidad.

  3. Isidora Mujica dijo:

    Muchas gracias por los comentarios. Respondiendo al comentario de Manola, es un hecho que a los chilenos les gustan los malls. Eso explica la gran cantidad que se está construyendo hoy en día a lo largo de todo el país. Pero, no por eso vamos a incentivar su uso, si es que estamos en contra de ellos.
    Personalmente, me impacta ver que mucha gente de escasos recursos no sabe organizar bien su dinero, y sin darse cuenta compra incontroladamente con tarjetas de multitiendas, endeudándose enormemente, con intereses inmensos. Eso es algo que claramente debemos tratar de impedir, en vez de incentivar a que pase.
    Por otro lado, estoy de acuerdo con que los mall han estado evolucionando a través del tiempo. Yo me refiero específicamente el mall Costanera Center, el cual considero que genera un conflicto urbano preocupante. Probablemente si este mall se integrara al contexto urbano en donde se encuentra, o lo combinara con espacios al aire libre de áreas verdes, integrándose a la riqueza socio cultural que lo rodea, no estaría en contra de este centro comercial. Pero en vez, es una construcción hermética, que aniquila el lugar que había antes, generando conflictos viales y consumiendo una enorme cantidad de energía. Debemos tratar de mejorar la calidad de vida de las personas, no de empeorarla.

  4. Constanza Domínguez dijo:

    Es verdad que la discusión acerca de los Malls, el impacto negativo que estos pueden tener desde diferentes puntos de vista, ya sean sociales, urbanos, económicos o incluso estéticos, es un tema sobre la mesa que se presenta todos los días, y como dicen, es resultado de la nueva sociedad en la que vivimos, nos guste o no.

    Comprendo perfectamente lo que le molesta Isidora, no se puede hacer vista gorda y evitar la construcción de nuevos malls a toda costa. Si nos sacamos de la cabeza la imagen de mall como un bloque hermético que interrumpe en la ciudad, aparece una gran fuente de empleos y servicios para los ciudadanos. Pero eso no quita, que sí se puede intervenir y discutir en la FORMA en que se conciben estas nuevas manifestaciones y “necesidades” de nuestra sociedad.

    Un claro de ejemplo del problema de la FORMA, es el emblemático proyecto del mall de Castro, en Chiloé, donde la mole de hormigón se emplaza entre viviendas familiares de madera de dos pisos, frente a una carnicería, una pequeña farmacia y un callejón de tierra, con una arquitectura totalmente ajena al sur de Chile.

    El problema común en casi todos los malls de nuestro país es su diseño y emplazamiento, principalmente porque cada proyecto es una copia, con variaciones, de la misma tipología de mole ciega de materiales ligeros.

    ¿Qué pasaría si estos malls tuvieran un buen diseño aplicado en cada caso, acorde con la escala y el lugar donde se emplazan? ¿Es la construcción y diseño de malls un tema que se trabaje en las universidades?

  5. Bárbara Wellmann dijo:

    Lo que se refiere Isidora del barrio de Providencia se parece al nuevo concepto de “slow city”. Este consiste en ciudades que disfrutan del silencio, preservan las tradiciones, el patrimonio y el ambiente, y privilegian el placer y la calma. La ciudad intenta tomar forma de vida más tranquila que rechaza a la velocidad como noción de progreso. Además intenta resistir la homogenización y globalización de los pueblos en todo el planeta, promueve la diversidad culturar y la singularidad de cada una de las ciudades.
    Todos estos objetivos claro parecen bastante atractivos para los habitantes de las ciudades, pero ¿Es esto posible en una metrópolis como Santiago donde habita más del 50% de la población del país? Santiago es una ciudad que se desarrolla en una velocidad rápida como signo de progreso, nos guste o no.
    Providencia, barrio que cumple mucho de los objetivos de la “slow city” tiene la desventaja de encontrarse en uno de los sectores económicamente más rentable de Santiago por su estratégica y central localización. Por esta razón es difícil que siga manteniendo estas cualidades de barrio que viva con escala de almacenes, panaderías, casas con jardines y edificios de máximo 6 pisos de altura. Si Santiago se desarrollara a la misma escala de barrio de providencia, su extensión hacia la periferia sería quizás el doble, lo que también comienza a ser una gran desventaja para la ciudad.
    Concuerdo con Isidora y Constanza respecto a su opinión de la forma del Costanera Center y las repercusiones negativas que traer al barrio por ser un espacio que se enfoca en sacar ventajas económicas pero no barriales, viales, culturales entre otras, pero si me parece que es parte del ciclo de la ciudad densificar áreas centrales. Esto significa dejar atrás la escala del almacén en sectores estratégicos para la ciudad.

  6. Antonia Sánchez dijo:

    Concuerdo con Manola y con Bárbara en que la situación actual de nuestra sociedad, que crece y se desarrolla cada vez a mayor velocidad y escala y junto a eso los malls toman cada vez más protagonismo como íconos de espacios públicos, oferta de servicios y espacios prácticos que ayudan a cubrir gran parte de las “necesidades” (quizás cuestionables pero necesidades al fin) de consumo de los ciudadanos, es una realidad que no puede ignorarse pero si mejorar y planificarse de una manera más responsable y cuidada. Muy interesante me parece el concepto de “slow city” pero difiero en la opinión en que se niega su implementación en virtud de avalar y asumir tan resignadamente el ritmo vertiginoso de la vida que llevan los ciudadanos de una ciudad como Santiago por ejemplo. Se ha demostrado a lo largo de la historia que todo proceso “va y vuelve” basado en la teoría del péndulo se comprueba por ejemplo en la historia de la arquitectura, del arte, de los cambios sociales e históricos etc. ¿Realmente nos significará beneficioso el ceder nuestras ciudades al modo de vida rápido e inmediato que se estila hoy en día? Sin duda el construir es definitivamente más fácil que destruir. ¿Son ciudades como Miami, transformadas para la vida moderna y el consumismo, en las que queremos vivir ó nos parece un mejor modelo una ciudad como París llena de pequeños comercios, paseos y bulevares dispersos por la ciudad que se traducen en una rica vida urbana lo que queremos? No me parece que el intento de implementar y fomentar el concepto de “slow city” sea algo evidentemente descartable por oponerse a la tendencia que estamos llevando ya que según la teoría antes mencionada del péndulo las tendencias son solo temporales y eventualmente se querrá retroceder a disminuir la escala urbana, a la vida de barrio, comercios locales, etc. como actualmente se ve en muchísimas ciudades europeas. Por el contrario el lograr masificar este ideal y ojalá implementarlo significaría un notable avance en la vida urbana de nuestra ciudad y sobre todo en la calidad de vida de sus ciudadanos, en la generación de empleos, la seguridad, etc.

  7. Vicente Ebner dijo:

    Como dice Manola, la crítica al mall se ha vuelto quizá un lugar demasiado común en boca de los arquitectos. Y cómo no, si concentra todos los males con los que un arquitecto debe tener especial cuidado –al menos mientras estudia-, mal uso de la escala, nula referencia al entorno inmediato, cuestionable diseño, etc…

    Cabe entonces la pregunta ¿Porqué tienen tanto éxito? El mall es sinónimo de equipamiento, muchas veces en lugares donde no existe. Es la respuesta del privado a lo que el Estado no ha sabido otorgar en algunos sectores. El mall es el nuevo lugar de encuentro, el nuevo espacio público.

    El mall es quizás una vía de escape a una realidad distinta. Una realidad donde todo es seguro, ordenado y se encuentra en buen estado. Por algo tiene éxito, porque ofrece algo que la persona necesita. Entonces no resulta extraño el fenómeno que dice Isidora más arriba: “personalmente, me impacta ver que mucha gente de escasos recursos no sabe organizar bien su dinero” al gastarlos en malls, si al final lo que está haciendo con su dinero es no sólo disfrutar de la compra, sino que también de una vida idílica creada en su interior.

    El arquitecto no se debe poner en la vereda contraria del mall como espacio urbano, sino que asumirlo como un espacio necesario pero con grandes deficiencias. Extraer los aspectos positivos del mall puede resultar beneficioso a la hora de proyectar espacios públicos con servicios. Las cualidades positivas del mall conjugadas con el correcto diseño pueden llevar a crear notables espacios públicos que sepan suplir necesidades y no sean meros adornos.

  8. Mercedes Patthey dijo:

    No hay que olvidar que la principal diferencia entre un barrio y un mall es que el primero es un espacio público y el segundo es uno privado. Esto implica que el mall, antes que todo, representa una inversión privada con fines de lucro, que se basa en una oferta de comercio y entretención. Puede ser que, actualmente, la tendencia formal de estos centros sea la de abrirse al estilo “boulevard” o la de ofrecer áreas verdes, pero no hay que confundir esta estrategia comercial con lo que es la voluntad de generar una mejor ciudad. El criterio de la rentabilidad, en este caso, prima por sobre la arquitectura y el urbanismo, y asimismo, prima por sobre los ideales como la “vida de barrio”.

    A pesar de que, en el mall, todo parece haber estado cuidadosamente diseñado para complacernos, su carácter privado significa que es un espacio en donde no tenemos nada que decir, nada que hacer. No tenemos ni voz ni voto en cuanto a las decisiones que se toman en su interior.

    No quiero decir que el mall sea “malo”, pero creo que el mall tampoco es “bueno” y no tiene porqué serlo. No podemos esperar de él una garantía de calidad de los espacios públicos, ni de los servicios y menos aún de calidad de vida. Me parece triste que el mall represente hoy el principal espacio de ocio y de recreación de la sociedad chilena. Me parece triste que no se invierta tal esfuerzo en mejorar lo que realmente es nuestro, el espacio público de la ciudad.

  9. Hans Besser dijo:

    Cada vez que he ido al Mall Costanera Center me encuentro con una imponente hilera de enormes puertas acristalas. Es un gran acceso, para un gran lugar, donde podrían suceder muchas cosas. Sin embargo a poco aproximarme me doy cuenta que de las 12 puertas 10 se encuentran brutalmente bloqueadas. Solo hay una puerta para ingresar y una para salir. Por goteo la gente entra sola o pobremente acompañada hacia un enorme atrio que no está hecho ni para sociabilizar ni para reflexionar ni para encontrarse con situaciones inesperadas. El funcionamiento de este gran espacio se asemeja en su función y carácter a un hangar industrial más que a ningún otro espacio. Las reglas de uso están rígidamente establecidas y cualquier posibilidad de interpretación del espacio puede ser con todo derecho censurada por la administración del edificio. Por suerte hay gente con buen humor como los ciclistas furiosos que entraron alguna vez a desordenar un poco la cosa. Si la sociedad demuestra interés por este tipo de estructuras quizás es correcto que existan, pero a mi parecer debiera calificar como una infraestructura industrial e irse correspondientemente a la periferia.

  10. Pedro Barros dijo:

    “La escala y la calidad de la ciudad cambian repentinamente. Es un enorme bloque sólido, que irrumpe en la ciudad, y que explotó al máximo, hasta el último metro cuadrado construible, produciendo un enorme conflicto urbano.”
    El conflito de escalas en las ciudades es algo aterrador pero al mismo tiempo es un resultado directo de una economia capitalista. Los espacios de reunión y debate, de convivencia y de saludo son mínimos en las nuevas ciudades, corriendo el riesgo de que al final tenemos una ciudad de atmósferas impersonales, donde los lugares de destaque no son más las plazas, los parques y las alamedas sino que las grandes superfícies comerciales y los gigantescos edificios de escritorios.
    El retrato de las ciudades cada vez más se acerca a los escenarios propuestos por películas como “Metrópolis” o “North by northwest” escenarios que rompen claramente con el comercio de pequeña escala, con los pequeños comerciantes que nada más pueden hacer sino cerrar sus tiendas. ¡El factor del tiempo que necesitamos cuenta mucho, es un facto fundamental! La rutina diaria de las personas ha cambiado muchísimo en los últimos años, sentimos que tenemos más tiempo para hacer tareas y así hacemos la mayor cantidad posible, y no queremos perder tiempo con nada. Vivimos tan absorbidos por este hecho que la gente prefiere ir al mall donde están reunidas todas las tiendas en un solo lugar que ir a la calle donde tienen que caminar de una tienda a otra y que con eso pierden tiempo, la gente opta por ir solamente al mall.

    No creo que haya solución para este problema sin hablar de política, sin hablar de los valores capitalistas de nuestra sociedad y de sus impactos en la economia de pequeña escala. Si Santiago sigue perdiendo sus pequeños comerciantes, si sigue perdiendo el movimiento que llena la calle de vida, llegará a un estadio similar al de algunas ciudades europeas aunque en esas ciudades ya existen espacios de convivio muy antiguos que hacen con que esa perdida no sea tan notória, en el caso de Santiago eso no ocurre.

    “Para lograr esto, debemos tener una conciencia profunda de la historia y un análisis social y político para reestablecer un vínculo beneficioso entre lugar y producción, que considera el contexto y que es legitimado por la participación social.” Hago tus palabras mias, es necesario una nueva consciencia socio-política sobre los efectos del capitalismo y de la monopolización de escala y ofertas en la ciudad.

  11. Joaquin Cordua dijo:

    La columna hace una crítica acertada a algunos aspectos negativos de los mall, pero cae en una crítica excesiva al demonizarlos sin encontrarles nada positivo. Los mall cumplen un objetivo claro de reunir muchos locales de compras, de entretención y de comida, en un único lugar cómodo, climatizado y de acceso fácil, con estacionamientos controlados y bajo techo. La enorme afluencia de público que acude a los mall, es una demostración clara que son una solución que satisface a muchísimas personas. No hay que menospreciar la libertad de la gente a elegir donde quiere comprar, reunirse, entretenerse y convivir con los demás. Por supuesto es atractivo que existan locales de barrio, a los que uno pueda acceder caminando por las calles a la sombra de los árboles y que esta actividad se transforme en un paseo al aire libre. Pero no se puede imponer una forma de ver el mundo, una única postura, a los demás. La libertad de elección ha llevado a que en el último tiempo se vaya privilegiando una preferencia hacia la compra en los mall por sobre los locales de barrio, y estos últimos vayan decayendo y se vayan perdiendo.
    La solución no es criticar a los mall. La solución pasa porque los arquitectos y urbanistas logremos desarrollar proyectos que combinen las ventajas y beneficios de ambos tipos de comercio. Los mall que son gigantescos bloques cerrados, aislados y que dan la espalda a los barrios, tienen obviamente aspectos muy negativos que futuros proyectos debieran corregir. Pero en lugar de criticar los mall a secas, se debe buscar diseñar centros comerciales más abiertos, que consideren el clima, el entorno, el barrio, la vecindad, las personas, su idiosincrasia, gustos y costumbres. Ese es el desafío que debemos asumir y enfrentar.

  12. En general al momento de criticar a los mall se conflagran dos problemas distintos: uno es un juicio personal sobre las implicancias socioeconómicas que tiene, que evidentemente está orientada hacia el consumo y refleja la importancia del modelo capitalista al momento de planificar la ciudad y su equipamiento. A fin de cuentas, el mall es el equipamiento capitalista perfecto: una burbuja de concreto que te hace olvidar tu entorno para motivarte a comprar. Como tipología, en su encarnación original que se construía en suburbios sin equipamiento, es una solución bastante perfecta y elegante frente a un problema que se presentó por primera vez el siglo pasado: es por esta razón que es esencialmente la única tipología constructiva propia del S. XX.
    El otro problema es el conflicto formal que nace de instalar esta caja de concreto en un lugar para el que no fue pensada: el centro de la ciudad, envés de un terreno suburbano sin ningúna densidad pre existente. La razón por la que se sigue utilizando el mismo mall cerrado dentro de la ciudad a pesar de que evidentemente no es la forma idónea, y la razón por la que proyectos tan espantosos para nosotros como lo es el Mall Costanera, es que el mall sigue funcionando. Como profesión tenemos una tarea pendiente que es la de encontrar una nueva tipología de centro comercial que si funcione a nivel de calle, de manera de no interrumpir el grano de la ciudad, y que además siga funcionando siguiendo la misma lógica capitalista de los malls tradicionales, de manera que efectivamente se vea construido y utilizado.

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