Santiago, ciudad segregada

Bárbara S

Por Bárbara Schoepke.

La ciudad de Santiago se encuentra ante un interesante desafío, ser considerada una ciudad de clase mundial y motivo de orgullo para sus habitantes. Sabemos que es un reto importante ya que la ciudad aún debe hacerse cargo de grandes obstáculos que la mantienen aferrada al pasado. Temas como congestión, contaminación y segregación residencial que no se resuelven simplemente con un Mapocho pedaleable o arreglando plazas y fachadas en zonas de mayor pobreza.

La ciudad se encuentra bajo la presión de un explosivo crecimiento poblacional durante el siglo pasado. En 1920 tenía 507.000 habitantes. En los años 40 se acercaba al millón y en los 60 se duplicó, alcanzando dos millones. Hoy, Gran Santiago alberga 6.7 millones de personas. El problema está en que esta extensión de la capital por el aumento de la población, no va de la mano con un desarrollo de la calidad de vida y aumento de servicios ciudadanos para sus habitantes. El año 2013 un informe  elaborado por la OCDE revelo que Santiago es la ciudad más segregada de las 30 capitales de la muestra. La alta concentración de viviendas sociales en los anillos periféricos de la ciudad con falta de servicios públicos como calles, plazas, parques, hospitales, farmacias, tiendas incluso cuarteles policiales o de Bomberos, termina catalogando a las comunas de menos recursos de Santiago, como sectores considerados guetos urbanos donde no es posible abastecer de necesidades básicas a un grupo humano. Esto termina ubicando a Santiago en el centro de las críticas.

Para el investigador del Centro de Estudios Públicos (CEP), Slaven Razmilic, la segregación de Santiago tiene relación directa con el nivel de distribución del ingreso altamente desigual. Claramente se podría decir que aquí está el problema, el acceso o la falta de viviendas de menos recursos ubicadas al centro de la capital o sus alrededores por el alto precio del suelo, pero más bien la solución no está en acercar a toda esta gente a un único centro, sino de dotar de servicios básicos a estas comunas periféricas, generando nuevos centros de la misma calidad que los presentes en sectores de mayores ingresos. Todo esto debe ir acompañado de un desarrollo sostenible de la red de transportes, ya que el acceso a estos lugares más vulnerables debe ser promovido para conectar la periferia al centro y a su vez dotar a estas comunas más alejadas de programas atractivos para el resto de la capital. Como dice la investigadora del Centro de Políticas Públicas de la UC Mariana Fulgueiras, es necesario homologar la calidad de servicios en todo Santiago, y para ello se debe abordar el tema desde una mirada intergubernamental.

Lo que se busca es que estos sub-centros logren diversificarse a través de la inclusión de oficinas, viviendas en altura y servicios públicos. Permitirían acortar viajes al trabajo u otros servicios y al mismo tiempo ofrecer nuevos espacios públicos o semipúblicos donde se reunirían personas de diferente estrato social.

La ciudad es un inevitable, quienes vivimos en los centros urbanos podemos abstraernos de participar en una serie de actividades, pero no eludir la relación con nuestro entorno, ni evadir la responsabilidad de vivir en un Santiago más equitativo. Como aclara Mariana Fulguerias, soluciones para terminar con la segregación urbana actual hay varias: subsidios para el arriendo en zonas céntricas, instaurar una autoridad global que coordine las políticas públicas en toda la urbe, densificar los ejes cercanos a redes del metro y resolver el financiamiento a las comunas con menores ingresos.

El hecho no está en evitar la expansión de la urbe, sino en contar con una real panificación urbana que se apoye en buscar soluciones para esta expansión. Se producirán cambios que inevitablemente generaran conflictos ciudadanos, el punto está en saber conducirlos, está claro que el desarrollo no pasa por obras de infraestructura o por gestión de autoridades; pasa fundamentalmente por la acción de sus ciudadanos.

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9 respuestas a Santiago, ciudad segregada

  1. Carolina Briones dijo:

    Hoy, no sólo existe una segregación en cuanto a desigualdad socioeconómica de los habitantes sino que, una física. Una observable y tangible en cuanto a infraestructura y, que se resume en que todo el sector periférico de nuestra capital – a excepción del noreste- está compuestos por comunas de bajos ingresos y por lo tanto, desprovistas de “subcentros” equipados, necesarios dentro de la vida cotidiana de barrio. Además de las necesidades básicas que Bárbara menciona como son “calles, plazas, parques, hospitales, farmacias, tiendas incluso cuarteles policiales o de Bomberos”, me gustaría poner cierto énfasis en las áreas verdes de estas comunas (parques y plazas)

    Se han privilegiado, por lo tanto, altas tasas de urbanización que se resumen en grandes proyectos inmobiliarios y de vivienda social pero que no incluyen parques o áreas verdes de recreación. En comunas en dónde las cifras de metros cuadrados de áreas verdes por habitante son abismantes, la implementación de áreas verdes debería ser un imperativo. Es el caso, por ejemplo al comparar las áreas verdes de comunas en el sector sur de Santiago (La Pintana, Puente Alto, La Florida, El Bosque, San Ramón, La Cisterna y la Granja) con aquellas del noreste (Providencia, Vitacura, Las Condes, La Reina y Lo Barnechea) en dónde las diferencias son desmesuradas: 2.3 m2/hab frente a 20.3 m2/hab.

    Y, por lo tanto, además de lograr una buena conectividad en cuanto al sistema de transporte, se debería partir por mejorar la calidad de vida que se desarrolla en estos barrios. Es por eso, que la implementación de áreas verdes podría ser una de las tantas medidas que contribuiría al término de estos procesos de ghettificación de una vez por todas.

  2. Constanza Domínguez dijo:

    Para comprender el problema de la segregación social – urbana de la ciudad de Santiago es bueno remontarnos al pasado, en los conceptos que emplearon los colonos españoles a la hora de fundar nuestra ciudad capital.

    El concepto de ciudad fundacional empleada en todas las colonial españolas estaba basada en una visión religiosa y teórica, en donde se buscaba Re-ligar la relación del hombre con Dios, por medio de una ciudad basada en el orden, donde su punto central debía acercarse lo más posible a este “Dios supremo”. Sus razones de fundar, habitar, permanecer, evangelizar, defender, comercializar e ingresar a un nuevo territorio fueron dando forma a sus nuevos asentamientos planificados, guiados por normas coloniales ( Como las Leyes de Indias por ejemplo).
    La ciudad fue fundada hace 473 años, como Santiago de la Nueva Extremadura por el conquistador Español Pedro de Valdivia, el 12 de febrero de 1541. Desde esa fecha, la primera ciudad fundada en Chile sería, casi ininterrumpidamente hasta el día de hoy, la capital y principal del país.

    Siguiendo estas normas coloniales, Valdivia encomendó el trazado de la nueva ciudad al alarife Pedro de Gamboa el cual diseñaría la ciudad en forma de damero. Al centro de la ciudad diseñó una Plaza Mayor, alrededor de la cual se destinaron solares para la Catedral, la cárcel y la casa del gobernador. En total se construyeron ocho cuadras de norte a sur y diez de oriente a poniente, y cada solar (un cuarto de cuadra) fue entregado a los colonizadores, que construyeron casas de barro y paja.

    Durante el transcurso de los años, Santiago a sido víctima de una serie de trágicos sucesos (Invasiones indígenas, terremotos, pestes, incendios, inundaciones y muchas otras) de los cuales se a podido recuperar y no han afectado a su crecimiento rápido y constante, principalmente en la urbanización de los sectores rurales de las comunas aledañas al centro, donde se establecieron las familias de clase media y clase baja con viviendas estables. Aunque la mayoría de las comunas seguían creciendo, pasado mediados de siglo el crecimiento fue explosivo en las comunas más periféricas.

    El problema es que este corazón fundacional español, llamado Plaza de Armas, concentraba y sigue concentrando todo el poder de la ciudad, (Santiago centro y comunas más ricas) haciendo de ésta una ciudad con un solo núcleo funcional, (Un principal centro económico) el cual debe hacerse cargo de toda la nueva ciudad en crecimiento. Es ahí donde nace el problema y es lo que se ha estado hablando en la columna y comentarios anteriores. A pesar de que el problema nace de una concepción fundacional, debemos intentar crear las nuevas “normas de fundación de ciudades en expansión”.

  3. Macarena Aspillaga dijo:

    Con respecto a la última frase que enunciaba Bárbara, quisiera aclarar que la economía actual ha transformado a nuestra ciudad en un producto más del mercado, y su construcción se rige más que nada por las lógicas de oferta y demanda, dejando el suelo en manos de la especulación. Como consecuencia de ello es que podemos distinguir fácilmente los diferentes “estratos sociales” que la conforman por sectores bastante marcados.

    Estas diferencias en cuanto al acceso a un lugar dentro de la ciudad son aún más críticas cuando consideramos casos geográficos extremos, como ocurre en las favelas brasileras, en los asentamientos informales en Medellín, Colombia, o inclusive en los cerros de Valparaíso. En aquellos casos se hace palpable cómo los estratos más vulnerables de la sociedad se ven obligados a instalarse, muchas veces ilegalmente, en aquellos sectores que el mercado inmobiliario rechaza, debido a su bajo valor especulativo y, más aún, por el alto riesgo que suponen.

    “Las distintas formas de hábitat informal se localizan en el espacio urbano de manera diferencial. Para la ocupación directa, la población en extrema pobreza no tiene muchas opciones, sino localizarse en las tierras que no poseen interés para ser desarrolladas por el mercado formal.” (1)

    Lo cierto es que, en estas ciudades, la segregación se produce a consecuencia de la diferencia de oportunidades, por razones muy ajenas a la voluntad de los ciudadanos, que de hecho buscan equidad instalándose, al menos, cerca de las oportunidades. Aquí no existe una auto marginación, aquí se hace evidente el esfuerzo por integrarse a la sociedad. Por eso escoger lugares de riesgo que, sin embargo, los mantenga dentro, donde todo sucede, donde existen los equipamientos y el empleo. Entendiéndolo así, ¿Qué tanto pueden hacer los ciudadanos para combatir la desigualdad? En todo caso, quienes sí rechazan voluntariamente la posibilidad de un Santiago inclusivo, son los estratos más empoderados, quienes por décadas se han ido alejando del centro en busca de lugares libres de la delincuencia y otras causas propias de los asentamientos irregulares o vulnerables de la sociedad.

    (1) CLICHEVSKY, Nora. “Informalidad y segregación urbana en América Latina. Una aproximación.” Serie medioambiente y desarrollo, Cuadernos de la CEPAL, Santiago de Chile, octubre 2000.

  4. Manola Ogalde dijo:

    Creo que la columna de Bárbara pone un especial énfasis en la segregación urbana residencial, lo cual es físicamente lo más evidente. Sin embargo, creo que la segregación social es en realidad un fenómeno mucho más complejo en el cual actúan diversos tipos de segregación que se relacionan y potencian entre sí.

    Por ejemplo, es evidente la existencia de una cierta segregación laboral. La elevación de los umbrales de calificación y educación necesarios para participar en el mercado formal de trabajo, ha aumentando las diferencias de ingreso entre trabajadores de alta y baja calificación. Por lo tanto, no existe heterogeneidad en los lugares de trabajo y los más desfavorecidos no pueden construir redes de contactos y acceder a nuevas oportunidades.

    Por otro lado, la segregación educacional cumple también un rol fundamental. Un establecimiento educacional con estudiantes de origen heterogéneo puede contribuir a la integración social, creando redes de amistad y empatía que potencian el desarrollo de un sentimiento común de ciudadanía.

    Resulta lógico que la concentración espacial de un mismo grupo social desfavorecido refuerza la precariedad de ese grupo, porque la interacción está limitada a personas similares que también carecen de contactos y no constituyen modelos de rol exitosos, incitando a los más jóvenes a explorar fuentes ilegítimas de ingreso como la delincuencia.

    Por lo tanto, creo que son imprescindibles medidas que permitan aumentar el grado de interacción social entre distintos grupos socioeconómicos, no sólo a nivel residencial, sino también a través de otros ámbitos, como el laboral y educacional.

    Finalmente, concuerdo en el hecho de que las clases más aventajadas tienen también una responsabilidad moral respecto a esta situación. Culturalmente, la aversión a la desigualdad y la posibilidad de revertirla recae también en la capacidad de empatía de los más aventajados con respecto a los que tienen menos. Estos sentimientos serán obviamente más fuertes cuanto más intensa y frecuente sea la interacción entre ellos. Sin embargo, hoy vemos una evidente deserción de las clases medias y altas de los espacios públicos y con ello un rechazo a la idea de compartir de igual a igual con gente de estratos sociales diferentes.

  5. Antonia Sánchez dijo:

    El problema de inequidad social claramente depende de múltiples factores pero el mencionado respecto a la sectorización en las ciudades y la concentración de ciertas clases sociales en relación a los ingresos económicos está fuertemente relacionado a la existencia de un límite urbano que condiciona la expansión de la ciudad y acaba determinando los lugares donde podrán vivir las personas de acuerdo a su poder económico dentro del mercado. La definición de un límite urbano automáticamente provoca un aumento en el valor de los suelos y en la densidad y estas dos alzas causan a su vez grandes impactos que disminuyen la eficiencia económica. Significa un aumento del costo de vida y el costo laboral ya que al ser mas caros los terrenos cercanos al centro o dentro del límite urbano encarece el valor de las propiedades, los arriendos, el comercio etc. El aumento del costo de vida deriva a un aumento en la inequidad social ya que se le niega a la gente de menores ingresos la posibilidad de instalarse en “buenos” sectores de la ciudad condenándolos inmediatamente o a vivir en guetos agrupados en las periferias o en grandes conjuntos de viviendas multifamiliares dentro de la ciudad pero que niegan toda opción de privacidad, espacio y/o independencia. Es claramente el mercado y sus variables, si es que no el más incidente, un factor muy determinante en la desigualdad social y de oportunidades. Los barrios periféricos presentan peor calidad de vida, acceso a servicios, áreas verdes etc. Todo inversionista o dueño de algún negocio o servicio busca rentabilidad y al presentarse ante estos sectores de la ciudad donde se agrupan personas con poco poder adquisitivo claramente no serán una oferta muy tentadora para instalarse. Claro está que la inequidad social no depende sólo de la definición de un límite urbano ni en los sectores donde se vive pero al menos en cuanto a la poca relación e integración entre los diferentes niveles socio económicos de nuestro país y a la desigualdad de acceso a servicios y oportunidades si creo que sea una de las principales causas.

  6. Pedro Coutinho dijo:

    La mirada en torno a una ciudad que se desarrolla a partir de su centro, por la secuencia de anillos concéntricos, permite apreciar ciertos hechos a priori: la existencia de zonas mas cercanas al centro y otras mas lejanas a ello, la necesidad de conectar el centro con las zonas periféricas y la formación de anillos compuestos por lugares a la misma distancia del centro, que se distinguen en comunas, administrativamente, y que desarrollan determinadas características propias.

    Como Santiago se tornó en una ciudad con una grande concentración de personas en su área metropolitana, como Bárbar Schoepke declara en su columna, existen comunas que se tornan verdaderamente distantes de su centro, impidiendo un sentimiento de pertenencia a la ciudad, considerando su núcleo fuerte. Como esa distancia se declara un obstáculo al entendimiento de la ciudad como un todo, con igualdad de oportunidades y condiciones, se torna verdaderamente necesario idealizar un sistema que garantice la inclusión de esas comunas en la política común. Al final, se trata de reconocer que el centro quizá no tiene fuerza suficiente, tanto en su dimensión física como institucional, para que las zonas más periféricas se sientan parte de él. Y la respuesta a eso puede pasar, como refiere la autora de la columna, por idealizar pequeños centros que ejerzan una fuerza de agregación de las comunidades locales y que, al mismo tiempo, se conviertan en los puntos de reunión que conectan esas comunas al centro de la ciudad.

    De hecho, ese sistema de pequeños centros seria en todo benéfico a las comunidades periféricas, que lograrían la creación de una identidad propia que los juntase. ¿Pero será benéfico para la región metropolitana de Santiago incentivar la creación de pequeños núcleos periféricos, cuyos poderes de desarrollo se pueden tornar propios y descontrolados a la escala regional?

  7. Bárbara Wellmann dijo:

    Me parece muy acertado el comentario de Manola acerca de la segregación de la ciudad más allá del sector residencial, sino que también la segregación laboral y educacional son problemas existentes. Es por esta razón que me detuve a pensar en ¿Qué sectores de Santiago la segregación es un poco menos evidente? Una de mis respuestas fue los Malls. Este espacio conocido prácticamente como un “pecado” para los arquitectos tiene un aspecto positivo que es la unión de las clases sociales. Lamentablemente la forma en que estos edificios están construidos no ha permitido ser un impacto positivo para la ciudad, pero ¿Qué pasaría si estos espacios tuvieran un mejor diseño? Si este espacio de interacción tuviera una mejor calidad, podría ser un paso para combatir la desigualdad. No es la única medida, ni tampoco la esencial, pero si puede ser un paso para generar parte de la ciudad con mayor integración de las clases sociales con las legislaciones existentes.

  8. Pedro Barros dijo:

    Las grandes ciudades que se han desarrollado en Sudamérica afrontan problemas comunes: congestión y contaminación. Fruto de los desplazamientos necesarios ante las grandes distancias dentro de la ciudad. Requieren más que intervenciones puntuales estos problemas latentes no resueltos. Los problemas no se resuelven con un Mapocho pedaleable o arreglando plazas y fachadas en zonas de mayor pobreza.

    El crecimiento de la población ha sido explosivo y expansivo, pasando en menos de un siglo del medio millón a los 6,5 millones de habitantes. Como se señala en el artículo este crecimiento de población y por lo tanto este crecimiento de residencias se ha desarrollado de forma que nos ha dejado una ciudad segregada. Una ciudad estratificada por anillos desigualitarios sin equipamientos públicos. Una ciudad de bolsas que agrupan entes sociales diversos. Un escenario perfecto para el desarrollo de guetos urbanos. La gran desigualdad salarial se apunta como causa principal en el momento de acceder a la vivienda y por tanto factor determinante en la ubicación de esa família dentro de la ciudad. La calidad del espacio público en las intervenciones de vivienda social nos dejan esta falta de estructura pública que permitiria reconnectar la ciudad y dotarla de valor.

    Nuevos elementos públicos de calidad deberían ser capaces de transformar estas áreas de la ciudad, a la vez que crean nuevos centros dando por lo tanto también nuevas periferias. Podríamos ver como el centro histórico de hoy, donde el precio del suelo es muy alto, se convierte en la periferia respecto al nuevo centro público que se desarrolla en el suburbio oeste. Estos nuevos nodos en la ciudad los veo capaces de generar nuevas dinámicas de movimiento y intereses. Este tema nos lleva al transporte otra vez y a las distancias que adquiere la ciudad en nuestro día a día. Como se apunta en el texto la cualidad del servicio público es esencial para cohesionar la comunidad urbana y dar entidad e identidad a estos sectores de la ciudad que muchas veces han sido menospreciados y olvidados. Creo que la continuidad es clave y el trabajo con el transporte público esencial. En quanto la posibilidad del desplazamiento esté ligada al transporte privado la ciudad siempre resultará en una desigualdad ante la imposibilidad de algunos de tener vehículo privado.

    Serán capaces de trabajar ciudadanos e instituciones para que los anillos dejen de segregar y sean anillos de compromiso con la ciudad?

  9. La segregación es un tópico frecuente al momento de discutir la sociedad chilena, y por extensión también lo es al momento de discutir la ciudad de Santiago; a fin de cuentas las ciudades terminan siendo un reflejo formal de los principios socioeconómicos que rigen a una sociedad en determinado momento.
    Existen muchas soluciones que aparentemente ayudarían a poner fin a la segregación urbana en Santiago: un sistema de transporte más inclusivo, aparición de nuevos centros urbanos con equipamiento en zonas que carecen de ellos para hacer desaparecer las llamadas “comunas dormitorio”, etc. Pero una pregunta que vale la pena hacerse es, ¿realmente cuánto ayudarían estas soluciones?, sobre todo teniendo en cuenta lo que menciona Manola Ogalde: la segregación urbana es solo una de las caras que esta adquiere. Yo personalmente creo que cualquier cambio a gran escala realizado en la ciudad debería ser la consolidación formal de un cambio social: es ingenuo pretender mejorar la calidad de vida del segmento de la población que se encuentra segregado solo por medio de una integración física, esta integración debe ser holística.
    Es cierto que los cambios urbanos ofrecen un buen punto de partida, al forzar la interacción entre clases. Existen un par de lugares en la ciudad que ofrecen este encuentre de clase sin grandes conflictos, como la población Colon en Las Condes, y que vale la pena estudiar. Pero para llevar a cabo estos grandes cambios urbanos, es necesario que dejemos de considerar una tal “responsabilidad moral” de las clases altas, que no sigue ni en absoluto la lógica socioeconómica que rige a las ciudades. En cambio, es importante que todos los usuarios de las ciudades, de todos los estratos sociales, entendamos que una ciudad menos segregada siempre va a ser mejor para todos, en aspectos que van desde la unidad estética a a la diversidad de panoramas, y desde el ámbito económico a la seguridad social.

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