Presos ocultos

Virginia MaizaPor Virginia Maiza.

Calama, Copiapó, Talca y Chillán fueron las ciudades elegidas para acoger las nuevas cárceles de Chile y así aliviar el hacinamiento de las ya existentes. Curiosamente, en las tres primeras ciudades, las cárceles se ubicarán al menos diez kilómetros fuera del límite urbano. Este interés particular de informar acerca de los kilómetros de distancia a los que se encuentran de la ciudad, es quizás una manera de no inquietar a los citadinos respectivos. La cárcel de Chillán aún no tiene ubicación, debido a que la comunidad se ha opuesto a su construcción en cada lugar que se les ha propuesto, por lo tanto, la decisión del ministerio se le transfiere despectivamente a la comunidad: “Que ahora elijan ellos y nos digan dónde construir”. En una ciudad son varios los componentes que nos hablan de cómo es su idiosincrasia y cómo ésta se presenta en su morfología, como lo es la conformación de barrios, las formas de transporte y el tratamiento de sus elementos geográficos. Pero, en el caso de las cárceles se presentan incoherencias, lo que a lo largo del tiempo los obliga a realizar diversos estudios urbanos antes de su edificación. La preocupación del Ministerio de Justicia está en el cómo se construirán estas cárceles; con qué tipo de fondos, si estatales o de tipo concesión; costos de suelo; la ubicación de los reos y su subdivisión en la estructura según peligrosidad. Si bien, todos estos son factores importantes a tomar en cuenta a la hora de su construcción, nunca se preguntan por el fin último de construir cárceles y su reiterado emplazamiento.

Es probable que en nuestra percepción como habitantes de la ciudad, demos por obvio que una cárcel mientras más alejada de nuestro centro, acarreara menos problemas. Esto se debe a la carga social negativa que tiene este tipo de construcción en Chile. No obstante, este pensamiento trae consecuencias, al exponer una problemática social y urbana desde una concepción equivocada. La conformación de nuevas cárceles no debiera ser pensada únicamente para modificar el espacio físico y aumentar su capacidad, sino también para potenciar el esfuerzo positivo de los prisioneros y no centrarse en las carencias y la represión. Al enfocarse en ello se abre una ventana hacia la reinserción. Cuando pasamos de una Prisión a un Centro Penitenciario con vistas a la reincorporación de los reclusos a la vida de la ciudad, nos encontramos con un cambio de pensamiento que nos puede llevar incluso a un cambio de ubicación geográfica. En ciudades con un nivel de desarrollo mayor, como Barcelona, París o Rotterdam se ha puesto en duda este emplazamiento a lo largo del tiempo y han optado hoy por un sistema más humano, poniendo en jaque el concepto de castigo y su transformación en el tiempo. Quizás el ejemplo más excepcional es Suecia, que cierra sus cárceles por falta de presos y las transforma en hoteles de lujo. Lo que me lleva a una pregunta: ¿Son realmente necesarias estas nuevas cárceles o es necesario un cambio mentalidad y de políticas públicas penitenciarias?, ¿Acaso queremos llenar nuestro país de cárceles como lo ha hecho Norteamérica? Es bastante paradójico, que en el ranking de las cárceles más aterradoras de mundo se enfatiza en la lejanía y desconexión que tienen con las ciudades, donde las posibilidades de reinserción se vuelven casi nulas debido a su aislamiento con quienes los pueden ayudar a transformar sus vidas. Por esta razón, sólo van sumando prisioneros a sus cárceles, favoreciendo una mayor cantidad de violencia, enfermedades y hacinamiento.

Los malls, bares, discoteques, aeropuertos, bomberos, fábricas y cementerios forman parte de un gran grupo de edificios difíciles de emplazar dentro de la cuidad, ya que nadie quiere ser su vecino debido al impacto urbano que conllevan. Pero, las cárceles son aún más complicadas, tanto así, que ni siquiera queremos verlas ni saber que puedan estar cerca. Mi voluntad es poner este tema en manos de nuestra sociedad, poniendo en duda esta imagen estereotipada que tenemos de la cárcel y reflexionar en que quizás nos hemos cegado, que hay una negación del problema antes que una confrontación, que optamos por la reclusión en vez de la integración.

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11 respuestas a Presos ocultos

  1. Carolina Briones dijo:

    Hoy, en nuestro país, la solución para los reclusos no está en la construcción de cárceles sino que, como sugiere Virginia, ” en cambios de mentalidad y de políticas públicas penitenciarias”. Poco se sabe de esto y cada día son más y más los proyectos carcelarios que se inician. Sin embargo, durante al año 2010, el ministro de Justicia de la época (Felipe Bulnes) fue el encargado de traer la asesoría a Chile una de las empresas carcelarias “más populares y exitosas del mundo”: Altegrity Risk International. La idea de esta no era sólo que definiera nuevas políticas públicas para la infraestructura carcelaria en cuanto a diseño y organización interna de estas sino que, analizara el perfil de la Justicia chilena y como esta funcionaba. Es por eso, que luego de realizar una gran cantidad de estudios al sistema de gendarmería chileno, se definieron alrededor de 108 nuevas políticas públicas que incluían no sólo nuevos sistemas de clasificación y segregación para los reclusos sino que estandarización de organizaciones para los gendarmes y la administración interna general de las cárceles. Además criticó fuertemente el perfil “castigador” del sistema judicial chileno, que no hace más que apresar en una especie de “puerta giratoria” a miles de personas al año, pero que en pocos meses ya están fuera.

    Todo esto, desde el punto de vista de la arquitectura, no hace más que seguir saturando desmesuradamente edificios diseñados para una menor cantidad de reclusos, alterando completamente las condiciones mínimas que cualquier ser humano merece. Es por eso, que la resolución de las cárceles en Chile no está en construir y construir más de ellas con el mismo perfil de las que existen, sino que, que nuevas medidas sean implementadas en cuanto a organización y administración de estas; para más tarde, decidir si se construyen o no más recintos penitenciarios.

  2. Constanza Domínguez dijo:

    Chile, Panamá y El Salvador son los tres países de América Latina con más presos por cada 100.000 habitantes, según un informe presentado por el Instituto Latinoamericano de las Naciones Unidas para la Prevención del Delito y el Tratamiento del Delincuente (Ilanud).
    Con 266 presos por cada 100.000 habitantes, Chile es el país latinoamericano con una tasa más alta de encarcelados. (1)

    El incendio de la cárcel de San Miguel en el año 2010 dejó en evidencia la mala condición en las cuáles se encontraban los reclusos y el drama de todo un sistema penitenciario. Problema de hacinamiento, mala alimentación, deficientes condiciones sanitarias, la aplicación de castigos y muerte de reos en los penales es el lamentable escenario que viven estas personas. Frente a estas condiciones los delincuentes en vez de mejorar su condición empeoran entrando en un circulo vicioso muy difícil de salir.

    ¿Cómo superar este problema? Es un tema contradictorio, por que por un lado la cifra de presos crece cada día y demandas de espacios donde reclutarlos. Es un hecho que las actuales instalaciones tienen muchas deficiencias y necesitan mejoras. Pero por otro lado, el enfoque no debería estar puesto en construir más y más cárceles segregadas de la sociedad en diferentes ciudades de Chile como explicaba Virginia, si no que se deben aplicar cambios profundos, que logren finalmente un cambio en el individuo que entró y posteriormente salió de la cárcel para volver a reinsertarse en la sociedad.

    La última polémica aparecida en la prensa en cuanto al tema carcelario (aunque se escapa un poco del tema en cuestión) fue la petición del Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, para que Chile (y otros países) reciba prisioneros de “baja peligrosidad” de la cuestionada cárcel de alta seguridad de Guantánamo, en Cuba, el cual busca concretar de manera definitiva su promesa realizada en la campaña presidencial de 2008 de cerrar la prisión en que se mantiene a 149 prisioneros de países como Pakistán, Siria, Túnez, Palestina y Afganistán -entre otros- que han sido vinculados con actos u organizaciones terroristas. (2)

    A modo de metáfora, si Chile recibiera a los presos de la cárcel de Guantánamo, ¿necesitaría construir cárceles nuevas o cambiar de raíz el sistema con el que operan?

    (1) http://www.13.cl/t13/nacional/estudio-revela-que-chile-el-segundo-pais-con-mas-presos-entre-miembros-de-la-ocde
    (2) http://www.lasegunda.com/Noticias/Economia/2014/09/960788/bachelet-evalua-recibir-a-presos-de-carcel-de-guantanamo

  3. Las cárceles, su diseño y emplazamiento ha sido un tema altamente cuestionado a lo largo de los años y en las diferente culturas. Hay opiniones divididas respecto al trato de los prisioneros y sus condiciones de vida. Muchos consideran que si hicieron un mal deben pagar y las comodidades no caben en este proceso. Considero que el punto está, como bien se plantea en la columna, en preguntarnos que hacer para rehabilitar a esta parte de la población que de algún modo no está conviviendo bien dentro de la ciudad. Las cárceles deben ser algo más que simples casas de condena, deben, necesariamente, incluir sistemas de rehabilitación emocional, psicológica, física. Las cárceles debería ser más bien un equipamiento reformador que castigador. Sino es así, el destino de los reclusos al momento de salir de la cárcel es seguramente volver a ella. Se necesita un cambio en el sistema de cárceles y para ellos es necesario pensar su diseño y su funcionamiento interno. Es cierto que el emplazamiento es complicado porque a modo de seguridad las cárceles tienden a ser recintos amurallados con poca o nula relación con el contexto cercano, bueno eso es algo que también se debería debatir. Pero creo que todo cambio verdadero parte por el interior y este no es la excepción. Michel Foucault platea el panóptico como nueva forma de mirar la disciplina y el orden. Básicamente el panóptico es una torre central con un vigilantes y celdas a su alrededor que por efecto de la contraluz se puede mirar desde la torre pero no ser mirado. “En suma, se invierte en principio del calabozo (encerrar, privar de luz y ocultar), no se conserva más que la primera y se suprimen las otras dos. La plena luz y la mirada de un vigilante captan mejor que la sombra, que en último término protegía. La visibilidad es una trampa”(1). Es interesante leer más detalles acerca de este sistema, que por lo demás, ha sido sumamente cuestionado, sin embargo, es rescatable la intención de intentar plantear una solución al orden de la ciudad. Debemos jugar a ser Foucault y atrevernos a plantear formas de resolver el problemas de las cárceles en Chile que evidentemente son un problema desde el lado en las que se les mire. Como idea, considero que las cárceles deberían ser lugares que a modo de pequeñas ciudades fueran un espacio de transición a la gran ciudad. Los presos deberían en ellas usar su tiempo para realizar labores que les permitieran satisfacer sus necesidades básicas. Pequeños huertos, ganado y otras actividades llevarían a desarrollar en los reclusos el sentido de la responsabilidad y el orden. Esta es una idea como muchas otras se podrían plantear respecto a este tema. Pero algo es claro, debe existir un cambio de mentalidad frente al tema de la prisión, porque el castigo por el simple hecho de castigar no ha dado hasta hoy buenos resultados, es tiempo de replantearse.

    (1) FOUCAULT, Michel. El Panóptico, pp.199-230. En su “Vigilia y Castigar: Nacimiento de la prisión”. Siglo XXI, México D.F. 2009. En “Debates de la Arquitectura Contemporánea”, Escuela de rquitectura Pontificia Universidad Católica de Chile, Andros Ltda, Santiago, Chile, 2014.

  4. Antonia Sánchez dijo:

    Me parece que lo que se discute como temática de donde poner las cárceles no es el problema de fondo. Si bien es evidente que nadie quiere tener en el vecindario o como vecino un recinto penitenciario hay que emplazar en algún sitio dichas instalaciones porque guste o no cumplen un rol muy importante para la mantencion del bien común y el orden ciudadano. Creo que el problema de fondo es que las leyes y penalizaciones asociadas a ellas en Chile son demasiado flexibles y poco castigadoras al delito. Según la fundacion de Paz Ciudadana, la mayor cantidad de delitos en Chile corresponden a lesiones, homicidios, delitos sexuales y contra la libertad e intimidad de las personas. El segundo grupo de delitos que siguen en las cifras y muy cercano al primero son robos, hurtos y otros delitos contra la propiedad privada. Si las leyes fueran más estrictas y efectivamente se logrará una política efectiva de “mano dura a la delincuencia” se reducirían las tasas de criminalidad y por ende la necesidad de recintos penitenciarios y carceles disminuiría también. A lo que voy con este punto es que los delitos menores o menos graves que los que atentan contra la integridad física, psicológica y moral de las personas, entiéndase robos, hurtos, etc si tuviesen penas más duras, creo que tal vez los delincuentes se arriesgarían menos a duras condenas por ese tipo de actividades, por lo que la delincuencia disminuiría como fenómeno en sí.
    A lo mejor no sería una mala idea en Chile localizar una carcel como lo fue en su época Alcatraz en California, Estados Unidos. Chile cuenta con bastante sitios aislados para la construcción de un Alcatraz local como algún sector de la cordillera, la Patagonia, la Pampa nortina, o cualquier otro lugar alejado de las urbes pero con conexiones adecuadas para recibir visitas y atenciones a sus necesidades de manera digna y adecuada.

  5. Pedro Coutinho dijo:

    Interesante como el tema de la ubicación de una cárcel se puede relacionar tan directamente con la idea o intención que se tiene frente a una realidad de todos los países, la reclusión. En mi opinión, se convocan dos dimensiones en este tema: la dimensión física y funcional de un cárcel, es decir, de un edificio que tiene determinadas dimensiones y establece una cierta relación con su entorno, y la dimensión psicológica que ese edificio detiene.

    En respecto a su dimensión física, el cárcel es una estructura considerada cerrada y que no instaura cualquier relación con la ciudad. Además, por termos de seguridad sigue siendo un tipo de edificio aislado para su mejor controlo y vigilancia. Sus dimensiones concretas también tienden a ser superiores a la escala de los edificios residenciales o comerciales del centro de las ciudades. Por su esencia física, una prisión no conforma las características ideales para se ubicar en el corazón de una ciudad.

    Su dimensión psicológica sigue asociada a una carga social negativa, como declara Virginia Maiza en su columna, que en mucho colabora con la ubicación periférica de esas estructuras. De hecho, el prejuicio asociado a una prisión aún es un obstáculo al cambio de pensamiento acerca de la condición de los reclusos. La reincorporación de los presos en la vida de la ciudad será la condición más deseable en ese proceso, pero implicaría un cambio de paradigma y, de hecho, una mayor cercanía física de la ciudad.

    Al final, se descubre el cárcel como una estructura arquitectónica que no ofrecería mucho à la ciudad pero valorizaría mucho las condiciones sociales de los reclusos. ¿Que medio punto se logra alcanzar entre dimensión física y psicológica que permita una mejor cualidad de vida para la mayoría de los ciudadanos, reclusos o no?

  6. juan pablo aguirre dijo:

    Tal como explica Carolina, en 2013, la consultora estadounidense Altegrity fue contratada por el gobierno de Sebastian Piñera para realizar una reforma radical al sistema penitenciario chileno, trabajo que desarrolló entre noviembre de 2010 y mayo de 2013. El Ministerio de Justicia pagó US$3,8 millones a dicha empresa para que ejecutara una completa reingeniería al obsoleto sistema penitenciario. El trabajo incluía diseñar y poner en marcha cuatro nuevos penales, pero no se concretó porque el ministerio no fue capaz de construir las cárceles en el plazo acordado. Aún así, Altegrity realizó un crudo diagnóstico de las fallas de Gendarmería las cuales incluían críticas a los malos procedimientos y desprolijidad en el sistema, traducidos en el despilfarro de recursos públicos.
    “Altegrity recomendó tomar con extrema urgencia medidas correctivas drásticas, pues de lo contrario estimó que Chile estará condenado a seguir reproduciendo un panorama desolador: gasto fiscal excesivo en la construcción de cárceles que no responden al perfil promedio de los reclusos, porque se edifican con altos estándares de seguridad cuando cerca del 80% de los reos son de peligrosidad media o baja; escaso mantenimiento de la infraestructura de las unidades; mal sistema de clasificación y segregación de los presos; altos niveles de hacinamiento; casi nula rehabilitación; sistemas operativos de Gendarmería no estandarizados y formación inadecuada del personal de prisiones.”
    En suma, si todos los recursos gastados en Altegrity no sirvieron para solucionar el problema porque quedó inconcluso, pero sí para destapar este desastre en las cárceles, cabe preguntarse entonces, de qué manera se hará cargo el Estado de ahora en adelante, porque según el presidente de la Asociación de Oficiales Penitenciaros, coronel José Maldonado, los problemas de los reclusos se deben a un “abandono histórico del Estado”, quien no asume las necesidades básicas de la población penal.

    http://www.24horas.cl/programas/viapublica/via-publica-analisis-de-la-situacion-carcelaria-en-chile-1169490

    http://ciperchile.cl/2013/08/26/altegrity-la-millonaria-asesoria-para-modernizar-las-carceles-que-quedo-incompleta/

    http://business-humanrights.org/es/chile-auditor%C3%ADa-abre-cuestionamientos-sobre-la-eficacia-y-transparencia-de-c%C3%A1rceles-concesionadas#c104570

    http://ciperchile.cl/2013/08/29/el-ambicioso-plan-para-reformar-las-carceles-que-el-gobierno-ya-puso-en-marcha/

  7. Pedro Barros dijo:

    “En una ciudad son varios los componentes que nos hablan de cómo es su idiosincrasia y cómo ésta se presenta en su morfología, como lo es la conformación de barrios, las formas de transporte y el tratamiento de sus elementos geográficos.”
    En primer lugar te felicito porque no esperaba encontrar este tema por acá, es un buenísimo tema, y que sin duda merece un debate. Bien, en primer lugar tal como refieres tu el grande problema está en la mentalidad y en la idea que la sociedad tiene de lo que es una cárcel, el tipo de personas que allá están y las probabilidades que tienen de escapar. El ser humano tiene una necesidad básica de sobrevivir, de protección, entonces admitimos las cárceles como focos de peligro, los ciudadanos intentaran al máximo proteger sus familias etc, oponiéndose al planeamiento de esos equipamentos en el centro de la ciudad. ¿Y si ocurriera un cambio en la mentalidad de las personas?
    Es necesario entender ahora la cuestión de otro punto de vista, si se enclausurara un preso lejos de la ciudad, lejos de cualquier señal de sociedad, algo a que este pueda almejar, y se lo juntamos a un grupo de otros presos algunos con crímenes hediondos, el hombre no va a aprender a mejorar, desde que nascemos que somos seres mímicos, aprendemos a andar y a hablar por mímica a nuestros padres, en nuestras vidas adultas aprendemos acciones diarias utilizando la mímica. Los casos sociales más problemáticos muchas veces ocurren porque no hay buenos ejemplos de personas cercanas, lo mismo pasa en las cárceles, si los presos son alejados de la idea de sociedad, si dejan de tener aquella proximidad psicológica (una vez que la física está bloqueada) a la sociedada, ellos van a empezar a imitar lo que miran más, ¡violencia! pero la cárcel es un proceso, y algunos años después el preso sale para la sociedad, pero esta vez sale aún más violento. Por otro lado la ubicación de una cárcel en la ciudad puede ser un beneficio, si la sociedad entendiera su función y comprienda que no hay riesgos extra, y si los hay son mínimos.

    “La preocupación del Ministerio de Justicia está en el cómo se construirán estas cárceles; con qué tipo de fondos, si estatales o de tipo concesión; costos de suelo; la ubicación de los reos y su subdivisión en la estructura según peligrosidad. Si bien, todos estos son factores importantes a tomar en cuenta a la hora de su construcción, nunca se preguntan por el fin último de construir cárceles y su reiterado emplazamiento.”

    Esa es la triste realidad, porque el gobierno, siempre intenta mirar para estas cuestiones de la misma forma que mira para la vivienda social, o sea, es un problema que tienen y que desearian no ser ellos los que deben resolverlo, cuando miran a estas problemáticas solo entienden o solo ven la cantidad de dinero que van a perder: entonces buscan los suelos más baratos, siempre fuera de las ciudades. Es un esquema económico simple, quitar un buen porcentaje para los equipos creativos que dibujaran eses equipamientos, quitar un buen porcentaje para los constructores, porque así toda la gente se va a beneficiar, y al final, el pequeño porcentaje que falta es para comprar un mísero suelo fuera de la sociedad, lejos de la ciudad, eliminando casi de raíz las hipótesis de “potenciar el esfuerzo positivo de los prisioneros y no centrarse en las carencias y la represión. Al enfocarse en ello se abre una ventana hacia la reinserción.”

    Tiene que haber un cambio drástico en nuestro pensamiento colectivo de lo que es una cárcel, de lo que és un encarcelado, porque aunque este preso sea un preso modelo y salga por bueno comportamiento, su mayor problema será la reinserción en la ciudad una vez que la sociedad no a aprendido a convivir con ellos.

  8. Que las cárceles son difíciles de ubicar en el territorio, es un hecho.
    Al igual que los vertederos, corresponden a lugares que nadie quiere tener cerca, puesto que conllevan una desvalorización del entorno debido a su condición de elemento amurallado que poco se vincula con su contexto inmediato. Creo que cuestionar el sistema mismo, es parte de una discusión mucho más amplia, sin embargo, la problemática en cuanto a la forma y el cómo hacer que éstas se integren al tejido de la ciudad sin perjudicar a su entorno es aquello sobre lo que debiese discutirse a nivel más global. Si se pensara en una estructura que pudiese convertirse en un hito dentro de la ciudad a través de un diseño innovador, a fin de que no le reste valor al lugar de emplazamiento, quizás no tendríamos que construirlas en lugares recónditos y escondidos.

  9. En cierta medida los problemas presentados en esta columna van más allá de los que son atingentes a las disciplinas de arquitectura y urbanismo; por supuesto que sería positivo para la sociedad chilena fomentar el rol de las cárceles y prisiones como lugares de rehabilitación y capacitación envés de castigo y aislación, pero siendo realistas falta mucho para que esto suceda. A todos nos queda claro que la opinión pública tiende a despreciar instantáneamente a cualquier individuo caracterizado como “delincuente”, y por lo tanto es evidente que la mayor parte de la gente va a ser reacia a aceptar una cárcel cerca de lugares como su vivienda, el colegio de sus hijos o su lugar de trabajo. ¿Qué efecto positivo tiene para la ciudad ubicar dentro de ella una construcción que por definición debe estar completamente cerrada a su exterior, y de la que no se puede entrar o salir? Incluso si nuestro modelo pretendiese rehabilitar en gran medida a los prisioneros ¿Por qué una ubicación privilegiada dentro de la ciudad habría de ayudarlos, si no pueden salir? Asumiendo que la distancia entre la cárcel y la ciudad sea razonable (y 10 kilómetros me parece bastante razonable), y que existe algún sistema de transporte público para facilitar las visitas de familiares en los días adecuados, no veo porque una cárcel merece un espacio dentro de la ciudad.
    Yo creo que el problema que las cárceles presentan a nuestra profesión va por otro lado. Nos guste o no, los arquitectos pasamos a formar parte del sistema carcelario en el momento en que diseñamos una. Tenemos la responsabilidad de pensar no solo en cómo se va a ver el edificio, sino como van a ser las vidas de las personas que deben pasar meses o años viviendo en ellos de manera confinada, hasta el último detalle. Independientemente de cual sea la visión gubernamental o la opinión pública del momento respecto a ellas, tenemos el imperativo moral de diseñar celdas y recintos comunales lo mas dignos posibles dentro de lo que permiten las especificaciones de seguridad.

  10. Hans Besser dijo:

    Como todo problema marginal, el problema de las prisiones tiene dos tipos de soluciones. Una solución supresora y una solución provechosa. En ese sentido estoy de acuerdo con la columna en que creo que las prisiones debiesen repensarse como espacios en continuidad con la ciudad. Es innegable que la cárcel por definición no es parte de la ciudad, en la medida en que los reos carecen de las libertades de un ciudadano. Sin embargo esta restricción de libertad solo significaría un costo para la sociedad si el fin último fuese aislar al individuo como problema. En ese caso tendría más sentido apelar al exilio. Y eso es lo que se hace en cierta medida cuando se aleja a los reos de la ciudad. Creo que esta es una opción recurrente porque como sociedad no hemos desarrollado la inteligencia para lidiar con quienes son considerados “inadaptados” como para lograr incorporarlos al sistema urbano. Desde la arquitectura bien podrían levantarse ideas que indaguen sobre como ejercer una presión psicológica positiva sobre el individuo, ayudándolo a percibir la ciudad de una manera que no entre en conflicto con la moral pública. En este aspecto el Panóptico fue un grave paso en falso, por lo menos desde un punto de vista ético. Es necesario ahondar en los aspectos de la percepción urbana y las afectaciones que esta tiene sobre la psicología del individuo. Son temas que aplican para cárceles, institutos psiquiátricos, hospitales, colegios y en general para todo los espacios normados por la cultura humana.

  11. Mercedes Patthey dijo:

    ¿Por qué alejar las cárceles de la ciudad? En el caso de los hospitales y de los cementerios, existe una razón de higiene y de salud. En el caso de los malls, se trata de costos de suelo y de accesibilidad. Las industrias son contaminantes. Las discotheques hacen ruido. ¿…y las cárceles? Las cárceles dan miedo.

    Recuerdo que mi recorrido diario al colegio en auto incluía la espera frente a un semáforo al costado de la cárcel de La Serena. Nunca vi a un preso, ni logré distinguir una celda. Aunque lo intentara, jamás logré mirar hacia el interior del lugar. Sólo era posible observar, a veces, en lo más alto del muro, la silueta de un guardia que caminaba por las almenas. Estaba armado. La escena era quieta y silenciosa, pero violenta.

    La cárcel es una caja donde se encierra a las personas que han entrado en una situación tan marginal, que su convivencia en la sociedad se ha vuelto intolerable. La cárcel no es una solución, es un asunto pendiente, un paréntesis en el espacio y en el tiempo; en concreto, es un perímetro de muros ciegos.

    No creo que el problema de las cárceles esté en su emplazamiento. Personalmente, no sé si están mejor dentro o fuera de las ciudades. Creo que el problema está en lo difícil que es tolerar la existencia misma de las cárceles. El problema está, por lo tanto, en su simple presencia. Sin embargo, creo que el muro hermético que lo articula debe justificarse por su propósito original, el de contener, y no el de esconder. Me parece que si el objetivo de llevar las cárceles fuera de la ciudad es el de hacernos olvidar el problema, entonces ésta práctica no es válida.

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