Cerro, isla bonita

Macarena Aspillaga

Por Macarena Aspillaga.

Habitamos una ciudad que, como todo nuestro territorio nacional, está fuertemente determinada por su geografía. Santiago de Chile podría graficarse, en resumidas cuentas, como un valle contenido por un anillo montañoso. Lo cierto es que estas montañas no pueden ser consideradas como simples “bordes geográficos”, como se les suele llamar, puesto que, por una parte, el crecimiento acelerado de nuestra capital las ha ido incorporando poco a poco al valle, y porque además, no debemos olvidar que en medio de la ciudad existen 26 cerros menores esparcidos que han ido quedando aislados a medida que ésta se ha ido desarrollando.

Históricamente, las autoridades metropolitanas se han enfrentado al desafío de construir ciudad sobre este valle salpicado de cerros. Emblemáticos son los casos del Santa Lucía y el San Cristóbal, que en la primera mitad del siglo veinte fueron nombrados como “Plaza aérea” y “Parque Metropolitano” respectivamente, quedando protegidos y destinados al uso recreativo de la comunidad.

Tanto creció nuestra capital, que otros veinticuatro cerros isla han quedado enmarcados dentro de la mancha urbana, y a partir del PRIS de 1960 se les considera como “áreas verdes”. Esta etiqueta genérica que los equipara con plazas y parques, no parece haberles hecho ningún favor, ya que actualmente seguimos escuchando los mismos dos ejemplos ilustres de principios del siglo pasado, y poco sabemos como santiaguinos del Cerro Los Piques o del Chequén.

Puede ser por falta de normativa o de recursos que la mayoría de los cerros isla de Santiago se han transformado en cualquier cosa menos áreas verdes disponibles para la ciudadanía. Mientras en algunos se ha construido vivienda, otros se mantienen cerrados como recintos privados, o en fin, se han convertido en lugares de segundo orden sin un mayor protagonismo dentro de la trama urbana, y que son incluso un problema para los municipios, por temas de seguridad y conexión dentro de sus comunas.

Lo interesante de esta problemática es que existen, actualmente, más de 5.200 hectáreas aún sin construir en cerros insertos en medio de la ciudad y cuyo potencial no ha sido explotado. Estas manchas verdes suponen una oportunidad única para revertir el déficit de áreas verdes, sobretodo de las comunas más pobladas o de las más periféricas, las cuales podrían aumentar considerablemente la calidad de vida de sus habitantes con intervenciones sin grandes costos sobre sus cerros.

Mucho se oye decir sobre la gran oportunidad que supone vivir en una metrópolis a tan escasas distancias del mar y la cordillera, donde santiaguinos y turistas pueden gozar de los más variados paisajes y realizar diferentes actividades productivas y de recreación, y sin embargo, hemos ignorado el paisaje inmediato que tenemos a nuestro alrededor, perdiendo la posibilidad de incorporarlo a la trama urbana como los elementos visibles e icónicos que podrían ser.

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11 respuestas a Cerro, isla bonita

  1. Rafael Urcelay dijo:

    Me parece especialmente ilustrativo el ”plano socioeconómico + 26 cerros islas” de Santiago por OCUC el 2002 que acompaña esta columna. Delata un tema bastante preocupante; este es el enorme contraste que existe en relación a los metros cuadrados de áreas verdes por persona existente en comunas de Santiago oriente versus el resto de Santiago.

    Vitacura posee un promedio de 21,8 m2 de áreas verdes por habitante mientras que Puente Alto destaca con un bajo 2,2 m2/hab., siendo el promedio total de Santiago 13,7 m2/hab. Lo que considero realmente penoso de estas cifras no es únicamente la gran diferencia sino también el hecho de que Puente Alto posee dos cerros (cerro La Ballena y cerro Las Cabras); accidentes topográficos que representan una gran oportunidad para la generación de áreas verdes que lamentablemente se mantienen en desuso.

    Ya es bastante inquietante como las políticas habitacionales y la economía empujan a los sectores de bajos ingresos de la población a las periferias. Diversas áreas verdes bien planificadas y realizadas podrían contribuir a revertir en parte la situación.

  2. Carolina Briones dijo:

    No es sólo que existan inquietantes diferencias en cuánto a áreas verdes entre las comunas con más ingresos versus las con menos sino que, tomando en cuenta desde un perspectiva y un contexto más global, nuestra capital posee alrededor de 3,5 m2 de áreas verdes por habitante. Y, lo que también se podría clasificar como una cifra “penosa” siendo que los estándares internacionales recomiendan 9 m2 por habitante.
    Al analizar estas cifras, por lo tanto, se hace latente e indispensable el rol de estos potenciales 26 (o 24) cerros islas. Verdaderos pulmones verdes en altura que permitirían no sólo que Santiago respire sino que, específicamente barrios vulnerables y de menor infraestructura, puedan contar con territorios verdes de recreación. Y, como afirma Macarena, 5200 hectáreas por lo tanto, que equilibrarían la cifra que actualmente se aprecia con respecto a las áreas verdes.
    Y, por último, es necesario mencionar que aunque la mayoría de estos cerros no hayan sido preservados o hayan sido construidos en proporciones desconsideradas, organizaciones como Santiago Cerro Isla han puesto los ojos en ellos y han logrado que estos territorios sean objeto de interés. Esperemos que estas sigan iniciativas sigan adelante y logren los resultados esperados.

  3. Es evidente que casi en la totalidad de los cerros de Santiago no existe un correcto tratamiento como potenciales áreas de uso público. El hecho de carecer de un programa definido como senderos, accesos con o sin control, servicios u otros, los deja sólo como un tesoro impalpable.

    Sin embargo, hoy existen entidades que intentan ocuparse de ello. La fundación Santiago Cerros Isla tiene como objetivo integrar los distintos cerros para lograr una red de parques urbanos en la capital. Pero, hay que tener en cuenta que estos cerros, en su mayoría, se encuentran en lugares vulnerables de la ciudad. Por lo tanto, los temas monetarios tienen bastante peso al llevar a cabo proyectos de esta envergadura, pensando además en las mantenciones que quizá tendrían que asumir municipalidades de escasos recursos para mantener activos y en buenas condiciones estos nuevos parques. Es que se elige en primer lugar aquellos cerros que tengan mayor conectividad, oportunidades en el turismo y que además tengan un valor patrimonial, particularidades que en lo común no tienen los cerros en las comunas más pobres.

    Estas transformaciones de cerros a parques conllevan un gran impacto a la ciudad, favoreciendo la recreación y la calidad de vida de sus habitantes. Lo importante aquí es no perder la voluntad de cambiarlos y llevar los proyectos a término para que, por ejemplo, no ocurra lo sucedido en el Cerro Blanco donde se han propuesto distintos proyectos a lo largo del tiempo pero ninguno de ellos ha sido concluido.

  4. Vicente Ebner dijo:

    Hace algún tiempo la oficina de arquitectura Elemental elaboró una propuesta (se puede ver en plataforma arquitectura), donde además de ser un área verde para la ciudad, el cerro San Cristóbal se transforma en un eje que interconecta distintos puntos y comunas de Santiago. Hace mucho sentido tu crítica, estos cerros que no observamos en nuestro panorama inmediato, pueden ser fundamentales en la trama urbana y no sólo un pulmón verde. Por otro lado y como bien señalaba el comentario de Virginia arriba, existe un gran problema con los proyectos de esta envergadura en Santiago, donde cada comuna debe velar por su mantención, por lo que hacer una inversión de esta magnitud no es sostenible para una comuna que no sea del sector oriente de Santiago, lo que nos hace cuestionar si es realmente conveniente que cada comuna se haga cargo de sí misma y no exista una redistribución en las comunas que contribuya a equiparar un poco el mapa.

  5. Constanza Domínguez dijo:

    Cerros en 360º, ¡Qué característica más particular de la ciudad de Santiago! Y ¡cerros al interior también! Otra característica que, salvo por un par de ejemplos, nos damos cuenta de su real “presencia física y emocional”.

    Vivimos en el “Mar Santiago” el cual tiene 26 “Islas – tierra” en las cuales podemos anclar nuestro bote, bajarnos y tomar “aire”. ¡Cuánto ganaría este mar si estuvieran activas sus islas!

    “Cuando una niebla espesa recubre como una capa todas las partes inferiores del país, los blancos vapores que ruedan por los barrancos representan, hasta causar asombro, otra tantas bahías y abras pequeñas, mientras que aquí y allá una solitaria colina que surge de la niebla semeja a una antigua Isla. El contraste de esos valles y hoyas llanas con las irregulares montañas que les rodean da al paisaje un carácter que no he visto hasta ahora en otra parte y que me interesa en gran manera”.
    Charles Darwin , “Viaje de un naturalista alrededor del mundo”

    “La ciudad no debe ser comprendida como un territorio construido y sus elementos naturales como espacios residuales. Los principios de la ecología del paisaje dan luces sobre la compleja relación entre los distintos sistemas que componen el tejido de nuestras ciudades. Es así que entendemos la ciudad a escala territorial y a modo de mosaico ecológico, en la que los cerros isla conforman un archipiélago que entrelaza lo natural y lo edificado”. (1)

    Ahora bien surge la pregunta ¿Cómo darles vidas a estas islas? Considerando que cada una está situada en comunas con diferentes necesidades, recursos y valorización de estos espacios verdes disponibles y ¡necesarios!.

    (1) http://www.santiagocerrosisla.cl/#!fundamento/c98d

  6. Felipe Faura dijo:

    Respecto a la problemática de los barrios de escasos recursos y áreas verdes, estoy de acuerdo que se planteen políticas para abrir estos cerros al barrio y además a proyectar un posible parque que le entregue un pulmón y una nueva dimensión pública al sector mismo, evidenciando mayor interés por parte del gobierno a estas comunas.
    Pero me viene a la cabeza también que se puede hacer respecto a los cerros islas en las comunas más ricas, que también tienen la problemática de ser un límite en vez de ser parte de esta o también de la forma que se han utilizado los cerros que no son privados. Y existe una comparativa entre los cerros hermanos, Calán y Apoquindo, un contraste entre uno y otro de la forma que se han intervenido que ninguno está mejor que el otro con relación al barrio contiguo. El Calán por su parte es propiedad de la Universidad de Chile y es conocido por ser un observatorio. Al ser de propiedad privada no hay mucho que plantearse, pero este observatorio fue fundado en 1852, por lo que las condiciones lumínicas que requería este observatorio ya no son las óptimas en esta época que la ciudad rodeó el cerro y prácticamente ya no se ven las estrellas, el observatorio va a quedar obsoleto. No es menor decir que la altura de la cumbre del cerro Calán es un poco menor que la del cerro San Cristobal, 867 msnm y 880 msnm respectivamente, en la que el cerro San Cristobal es conocido por tener una visión 360° de la ciudad en su cumbre, por que el Cerro Calán no puede ser lo mismo e integrarse al barrio y darle otro punto de visión 360° con distinta perspectiva de la ciudad. Y en el caso del cerro Apoquindo, se olvidaron de que era un cerro y la gestión inmobilaria se está “comiendo“ el cerro y está privilegiando solo a unos pocos que residen además en lo que es un condominio privado, prácticamente haciendo desaparecer el cerro.

  7. Macarena Aspillaga dijo:

    Se agradecen los aportes de los comentarios anteriores a esta discusión, lo que hacen es sobretodo confirmar la relevancia de ésta misma. Tanto las cifras como las citas y los nuevos datos enriquecen la conversación en torno a esta problemática. Me parece que la disyuntiva que sigue a todo lo comentado hasta ahora es quién debe hacerse cargo de estas 5.200 hectáreas y cómo debe hacerse.

    Es interesante y al mismo tiempo un tanto preocupante que sea una entidad particular como la Organización Santiago Cerros Isla la única que incite a actuar al respecto. Tal como mencionaba Virginia, se trata de una agrupación que convoca a las Municipalidades a concursar por recursos, sin embargo “se elige en primer lugar aquellos cerros que tengan mayor conectividad, oportunidades en el turismo y que además tengan un valor patrimonial […]”. (1) Por tanto, las comunas más vulnerables tendrían pocas posibilidades de consolidar y activar sus cerros, por lo demás, me parece que se trata de una preocupación que debiera ser de orden público, y sus soluciones de un nivel más bien metropolitano, no puntual.

    Discusiones como ésta catapultan la necesidad urgente de una entidad metropolitana de planificación, que distribuya los recursos según las necesidades reales de cada comuna y ponga en equilibrio las posibilidades de las diferentes Municipalidades. Un planificador metropolitano hubiese evitado el caos del Transantiago y haría mucho más fáciles los proyectos intercomunales de parques urbanos y sistemas de transportes como las ciclovías o el metro. Una entidad de esta naturaleza tendría la capacidad de disminuir la segregación y poner sobre la mesa cuestiones como las que se plantean en esta columna y dar soluciones rápidas y efectivas a las mismas.

    (1) Extracto comentario por virginiamaiza.

  8. Hans Besser dijo:

    La escala geográfica que poseen estos cerros definitivamente amerita que deban pensarse en la escala metropolitana y no solamente comunal. En ese sentido estoy totalmente de acuerdo en que hace falta una entidad metropolitana de planificación. Sin embargo, creo que para no quedarse de brazos cruzados en el corto plazo, las comunas debieran abordar formas alternativas de vitalizar estos cerros. Personalmente siempre me ha parecido que la estrategia con que se ha manejado el cerro San Cristóbal es tremendamente ineficiente y costosa. Por doquier se plantan árboles que no corresponden a la flora silvestre de la región y que trabajosamente van colonizando las laderas. No parece haber un plan de forestación sensato al largo plazo ni adecuado para la situación geográfica. Constantemente se talan árboles y se hacen movimientos de tierra para dar paso a nuevos equipamientos y el parque está constantemente en construcción. No comparto en este sentido la noción de área verde que se tiene del parque metropolitano; es decir la noción de un parque altamente urbanizado. Entiendo la necesidad dada la falta de áreas recreativas en la ciudad. Sin embargo este no debiese ser necesariamente el camino para los otros cerros isla. Creo que a partir de proyectos que integren un buen uso de la vegetación xerófita y una eficiencia de mínimos recursos fácilmente se podrían habilitar los cerros hasta ahora inaccesibles. Un buen ejemplo de proyectos que abordan estrategias de bajo coste es el Anillo Verde de la ciudad de Vitoria-Gasteiz, donde si bien se contempla un gran proyecto al largo plazo, lo primero que se hace es instalar señaléticas para que la gente comience a utilizar las áreas verdes. A fin de cuentas lo que constituye las áreas verdes no son los faroles, las veredas y los negocios sino simplemente el espacio abierto y asilvestrado.

  9. Pedro Coutinho dijo:

    Cuando un crecimiento de una ciudad se demuestra tan fuerte como lo de Santiago, cuya población a partir de los años 40 aumentó cerca de 5 millones de habitantes hacia al momento (1), es esencial poner en práctica una estrategia que garantice los espacios verdes y los espacios recreativos que complementen el natural crecimiento de la construcción residencial. Los planos urbanísticos intentan rápidamente plantear esas zonas libres de construcciones, pero es recurrente que lo hagan por una mera necesidad, convirtiendo eses espacios en anexos desconectados con el sistema publico de la ciudad.

    El caso de Santiago es interesante en la medida que la propia topografía fija la ubicación de eses puntos, haciendo con que la expansión de las construcciones los incluyan en su grilla. Se demuestra un proceso inverso, considerando las ciudades totalmente planas, en que esas áreas ya están definidas y el desafío es integrarlas en la ordenanza de la ciudad. De verdad, falta únicamente concederles la cualidad de una autentica área verde y abrirlos a la ciudad de Santiago, haciendo de ellos espacios públicos que se desean visitar.

    Aún en respecto a los elementos salientes de la topografía de la ciudad, destaco la experiencia personal de la subida a eses cerros. En mi opinión, se trata de una natural experiencia de conocimiento de la topografía presente en el territorio de Santiago y que es capaz de crear sensaciones tan distintas en tan angostos espacio y tiempo. De hecho, la proximidad de estos espacios verdes, como son los cerros de San Cristóbal y de Santa Lucia, permiten un disfrute y contacto con la naturaleza que escasean en la cota principal de la ciudad, creando momentos en que casi nos olvidamos que estamos en ella. Esa experiencia se torna muy distinta de un mero parque o plaza, pues implica un cambio de cota y un sentimiento quizá de retiro que conceden una fuerte identidad a eses elementos verdes en la ciudad. De hecho, apenas es triste que ni todos puedan ofrecer ese tipo de experiencia.

    (1) http://www.revistaurbanismo.uchile.cl/index.php/RU/article/viewFile/249/211

  10. Pedro Barros dijo:

    “Mucho se oye decir sobre la gran oportunidad que supone vivir en una metrópolis a tan escasas distancias del mar y la cordillera, donde santiaguinos y turistas pueden gozar de los más variados paisajes y realizar diferentes actividades productivas y de recreación, y sin embargo, hemos ignorado el paisaje inmediato que tenemos a nuestro alrededor, perdiendo la posibilidad de incorporarlo a la trama urbana como los elementos visibles e icónicos que podrían ser.”
    Santiago es fuertemente caracterizada por sus limites geográficos, ya sean la cordillera o los cerros que tu los piensas como islas. Es imposible ignorar el hecho de que la condición geográfica de Santiago le proporciona potencialidades urbanas distintas de otras ciudades. Los cerros, por presentarse como un terreno que dificultaba la implantación de edificios funcionaban como barreras que mantnian lejos las construcciones manteniendo espacios verdes. La problemática que tu destacas, de que los cerros fueron potenciadores urbanos y que funcionaban como corredores ecológicos pero no lo son más, ¡hace de tu discurso un discurso extremamente pertinente!
    ”Puede ser por falta de normativa o de recursos que la mayoría de los cerros isla de Santiago se han transformado en cualquier cosa menos en áreas verdes disponibles para la ciudadanía. “
    Lo que seria de esperar no aconteció, las expectativas de que los cerros fuesen la solución para los problemas del crecimiento de población creando así zonas verdes públicas, ¡no sucedió! Esos cerros tal como tu refieres pertenecen a privados o tienen viviendas construidas en ellos y hace falta en Santiago un plan que sea inflexible, y respetable que asegure que los cerros serán zonas verdes públicas y protegidas. Sino, con el índice de crecimiento de Santiago y su falta de zonas verdes los índices de segregación van a empezar a aumentar drásticamente. ¿Que hacer ante eso? Crear un buen plan ordenador del territorio que anticipe los cerros como zonas donde se imposibilita la construcción, que prevea más zonas verdes en el centro de Santiago, pues esos mismos cerros están cerca de algunas de las zonas más problemáticas de Santiago, ¿porqué no aprovechar las cualidades de los cerros como potenciadores urbanos para dar la vuelta mientras se da la oportunidad a algunos de los niveles de segregación en las comunas más al sur de Santiago?
    Los cerros funcionan como pequeñas islas como dices tu muy bien, y como tal tienen la capacidad de alterar las realidades que tienen ese mismo cerro como epicentro.

  11. Isidora Mujica dijo:

    Solo algunos datos más, publicados en El Mercurio el domingo recién pasado y basados en un estudio de la Fundación Mi Parque:
    – Para cumplir con el estándar de la Organización Mundial de la Salud, se requerirían 27 millones de m2 nuevos de áreas verdes en Santiago,
    – Solo en Puente Alto se necesitarían 4 millones de m2.
    – Un metro cuadrado de área verde cuesta $ 37.000 en promedio y mantenerlo ronda los $1.800 al mes. (1)

    Esta columna, como pocas, demuestra un gran consenso en cuanto a las opiniones y a lo relevante del tema en sí. Todos coinciden en que los cerros insertos en este “mar de Santiago” como decía Constanza, son una gran oportunidad para aportar áreas verdes y espacios recreativos tan necesarios en nuestra ciudad. Pero se topa inevitablemente en los recursos limitados de los municipios y en que cada uno tiene sus prioridades y voluntades políticas distintas sin una visión de ciudad en su conjunto.

    ¿No sería interesante invitar a la empresa privada a participar en alguno de estos proyectos? ¿No podría una empresa minera o pesquera u otra interesarse, a cambio de algún otro beneficio, en implementar un área verde destinada a la comunidad e integrar a esta misma en el proyecto?

    Por otro lado, considero que los cerros aportan visión y perspectiva desde su cima, por pequeña que esta sea. Perspectiva necesaria para ver el conjunto, el contexto y el entorno en el que nos encontramos, no solo es un lugar cualquiera para hacer deporte o caminar, sino que invita más a la reflexión y a la visión desde la altura, ampliando el horizonte y el cielo circundante. De ahí parte de su importancia para todos los ciudadanos, en especial aquellos con pocas posibilidades de moverse o alejarse un poco de su entorno cotidiano.

    (1) Diario El Mercurio. Disponible en: http://impresa.elmercurio.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-11-16&dtB=18-11-2014%200:00:00&PaginaId=1&bodyid=3

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