Cartagena olvidada

Carolina Briones

Por Carolina Briones.

El balneario de Cartagena, actualmente, es concebido como una localidad caótica pero a su vez atrayente. Un balneario reconocido en nuestro país, no sólo por su masividad de visitantes en los meses de primavera y verano sino que por una mezcla de arquitectura única y de gran valor patrimonial, pero que sin embargo, hoy está en estado deplorable y de abandono.

A pesar de ser declarada zona típica el año 2009 y que en él existan significativos monumentos y patrimonios nacionales, Cartagena sigue siendo un destino de veraneo en el que poco se aprecia lo que hay y se tiene. De las 18 edificaciones en estado de abandono y deterioro que se encuentran en el borde costero1; 11 son patrimonios culturales. Especies de piezas urbanas que logran ser la única fuente de representación visible de la arquitectura de la época y que hoy, se encuentran sumergidas y desahuciadas dentro del entorno.

Un Cartagena olvidado, un Cartagena patrimonial del que poco se habla. En dónde no existe emergencia ya que parece haber sido omitido. ¿Qué hacer para que estas construcciones sean revitalizadas, revaloradas y reutilizadas? ¿Quién se hace cargo de esto? ¿O el nombre “monumento”, “patrimonio” o “zona típica” es solo una etiqueta que el Gobierno otorga sin más?

Para entender la importancia de estas construcciones, necesariamente nos debemos remitir al pasado. Esa especie de pasado glorioso que algunos llaman y que permitió que hoy exista como tal. Cartagena, al igual que la mayoría de los balnearios del sector, fue construido en torno al mar, no solamente orientado al paisaje natural existente sino que a la nueva práctica que surgiría en los inicios del siglo XX: los baños de mar. La localidad fue poblada muchos siglos antes, sin embargo comienza a consolidarse y estructurarse como tal con la llegada de numerosas familias aristocráticas al sector a principios del siglo XX. Estas lo renuevan completamente con el objetivo de­­­ convertirlo en un balneario elitista. Grandes chalets y construcciones de primera clase traídas desde Europa son las que comienzan a conquistar el escenario de la época y que hoy perduran al paso del tiempo. Posteriormente, su condición de destino se modifica. Nuevas transformaciones en el ámbito social como la ley de descanso a la clase obrera2, la construcción del ferrocarril al balneario y una serie de medidas impuestas por el gobierno de Pedro Aguirre Cerda, permitirían que este se transformara en una localidad accesible a todo público y que por lo tanto, expandiera sus horizontes.

Es por lo tanto, a mediados de los 1950` en dónde las antiguas construcciones comienzan a sufrir los primeros reajustes en pos de los nuevos visitantes. La arquitectura, una vez más se adecúa y sobrevive el paso del tiempo, ya que, la mayoría de esta es convertida en residenciales u hostales, y permiten, en consecuencia, una estirada y casi forzada prolongación del tiempo de vida de estas magníficas construcciones. Para más tarde, por razones que desconozco, quedar prácticamente abandonadas.

Hoy, de acuerdo al censo del 2002, en Cartagena habitan permanentemente cerca de 17.000 habitantes. Sin embargo, durante los meses de primavera y verano, este balneario recibe “una población flotante que puede alcanzar 600 mil habitantes”3. Y, por eso mismo, se ha conformado y dispuesto para ese objetivo. El veraneante, por lo tanto habita y se desenvuelve, durante un corto período de tiempo, en residencias y construcciones antiguas, pintorescas edificaciones de veraneo y una infraestructura completamente estacional que funciona prácticamente durante los meses de verano y primavera y que convive a su vez, con aquellas construcciones abandonadas y olvidadas que ya no son más que parte del entorno. Elementos arquitectónicos que si algún día se revitalizan constituirán una verdadera fuente de representación visible del ayer memorable de Cartagena.

 

Es por eso, que en casos como este, se observa la necesidad de generar conciencia de nuestra identidad urbana y cultural que será el primer paso de un esperado proceso de reciclaje urbano para el balneario. No sólo para aquellos que lo visitan sino que también para sus habitantes. Vivimos en un Chile en el que poco se aprecia y valora el patrimonio y es hora de dar vuelta las cosas. Menos palabras y más acción.

 

[1] Indagación hecha por el autor en base a la Ruta Patrimonial Cartagena: Arquitectura, Mar y poesía. Nº45, obtenida en el Ministerio de Bienes Nacionales. Gobierno de Chile. Oct. 2013. De 19 atractivos en la ruta, 16 se encuentran en Estado de Abandono. Disponible en <http://old.bienes.cl/sitioweb2009/recursos/nuevas_rutas/guias/045-CARTAGENA/pages/pdf/045CARTAGENA.pdf&gt;

2 Medidas del gobierno radical de Pedro Aguirre Cerda como la tarifa de lo excursionistas, rebaja en los costos del turismo, mejoras en pavimentación y ensache de calles, crecimiento del balneario hacia playa grande, entre otras.

3 Ruta Patrimonial Cartagena: Arquitectura, Mar y poesía. Nº45. Ministerio de Bienes Nacionales, Gobierno de

Chile. Oct. 2013 <http://old.bienes.cl/sitioweb2009/recursos/nuevas_rutas/guias/045-

 

 

BIBLIOGRAFÍA

  • Villamandos C., Rodrigo. El Patrimonio arquitectónico y urbano de Cartagena, Chile.

<http://www.redalyc.org/pdf/198/19871015.pdf>

  • Barrientos, Natalia. Cuando el patrimonio es olvidado. Marzo, 2011.

Plataforma Urbana. Agosto, 2014.

< http://www.plataformaurbana.cl/archive/2011/03/02/cartagena-cuando-elpatrimonio-es-olvidado/>

  • Briones, Carolina. Cartagena abandonada : piezas de un pasado en el borde costero Playa Chica 1900-1970. 2013. En: Cortés Macarena ; Vergara Luz María. Construyendo destinos : el nacimiento del turismo en Chile 1930/1962. Santiago, Chile. Pontificia Universidad Católica, Escuela de Arquitectura.

IMÁGENES

Balneario de Cartagena. 8,7 x 14 cms. Archivo Cenfoto, UDP.

Fotografía del autor, oct. 2013

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5 respuestas a Cartagena olvidada

  1. El caso de Cartagena es bastante delicado, no sólo por el hecho de que sus casas patrimoniales estén en peligro, sino también por la falta de información que hay por parte de los habitantes, llevando a pensar que prácticamente los únicos interesados en mantener el patrimonio son arquitectos o intelectuales que no viven ahí. Es curioso que algunos dueños de propiedades en Cartagena celebren el no estar dentro de la llamada Zona Típica. No quieren que el Consejo de Monumentos Nacionales proteja sus barrios. Pero este tema no resulta nada nuevo, en Santiago, el sector del Club Hípico y del Parque O’Higgins ya se habían opuesto a la denominación de Zona Típica por las mismas razones por las que creen los habitantes de Cartagena que es mejor no tenerla, piensan que el haber sido nombrada Zona Típica sólo les trae problemas. Lo que se dice es que al convertirlo en Zona Típica, los dueños de los inmuebles no pueden ampliarse, hacer cambios a las fachadas, ni cambiar puertas o ventanas, ni pintar sus casas cuando quieran.
    Si bien, esta condición, tiene ciertas restricciones y no se entregan fondos para su conservación, si hace la lucha contra el mercado inmobiliario, evitando que se destruyan casas típicas en favor de edificios en altura o que estén fuera del carácter de la ciudad. Lo anterior, es bastante relevante si nos proyectamos al futuro de Cartagena. De todos modos, pienso que es lamentable que no existan fondos ni asesoramiento para los habitantes en relación al qué y cómo se puede hacer, ya que, sin proceso educativo que coopere con la identidad local se verá siempre cómo un obstáculo para el desarrollo. Sumado a esto, es patente el déficit de incentivos para mantener las construcciones patrimoniales o cambiar su uso en pos de una conservación que enriquezca la cultura y de cuenta de la historia del lugar. Pero, hoy en día, parece más rentable construir fuera de la zona patrimonial y abandonar su arquitectura que recuperar aquella historia.

  2. Vicente Ebner dijo:

    El deterioro que sufre Cartagena, patrimonio cultural de la arquitectura del s. XX, tiene mucho que ver con el fenómeno social que también se presenta en Santiago. Es característico de la clase acomodada chilena el priorizar la privacidad e intimidad por sobre ubicación. Pasa en La Dehesa, donde se observa que las personas deben subir a sus autos más de una hora para llegar a sus trabajos, con tal de mantener la privacidad antes mencionada. No es extraño entonces, que en una sociedad donde los que tienen más optan por apartarse buscando intimidad y los que tienen menos se ven marginados a los extremos, que cuando un lugar se hace accesible para personas de bajos recursos, la clase acomodada chilena opte por recluirse en otro reducto. Al contrario de otras ciudades grandes en el mundo, donde la ubicación lo es todo, en Chile las prioridades son otras, por lo que la manutención de esas notables obras de arquitectura en Cartagena (con extraordinarias cualidades de balneario), tienen como única solución que el Estado participe y las restaure como bienes públicos. Se ve muy difícil la restauración del balneario por privados, porque esto implicaría mixtura social y el chileno no está dispuesto a eso.

  3. Bárbara Wellmann dijo:

    El caso de Cartagena olvidada me parece similar al caso de la ciudad de Valparaíso. Ambas son ciudades pintorescas que para muchos intelectuales y arquitectos pareciera ser una ciudad muy atractiva por su valor patrimonial, antiguas construcciones que hacen que la ciudad sea muy pintoresca. Pero para quienes viven allí, especialmente en Cartagena para los meses de verano, es una ciudad saturada, con mala infraestructura y servicios y un playa con prácticamente sin espacios para descansar. A mi parecer esta ciudad requiere más allá de la conservación y restauración de las antiguas edificaciones, requiere de grande proyectos urbanos, con viviendas y sectores comerciales que permitan reactivar la vida urbana y de playa con mejores condiciones. De esta forma, la reactivación podría traer fondos para la restauración de los edificios patrimoniales.

  4. juan pablo aguirre dijo:

    A diferencia de Vicente, creo que sí es viable la reactivación de la zona histórica de Cartagena a través de privados. El Estado podría incentivar la restauración de las antiguas construcciones patrimoniales mediante donaciones o subsidios por parte de entidades privadas. Sería tarea del Estado diseñar un sistema de incentivos y de subsidios directos e indirectos que estimulen y faciliten la restauración patrimonial y que puedan ser canalizados a través de una entidad especial de conservación y restauración patrimonial, sin perjuicio de otras entidades y particulares que puedan optar a ellos según corresponda. Tales incentivos y subsidios deben estar coordinados con los existentes para las viviendas nuevas, de tal manera de integrarse y no competir entre sí, perjudicando al patrimonio arquitectónico que queremos conservar y desarrollar. Tales medidas deben estar especialmente dirigidas a los propietarios privados cuyos inmuebles sean tanto de vivienda o produzcan renta, de tal manera de dinamizar la gestión del patrimonio y su sustentabilidad.

  5. Joaquin Cordua dijo:

    El estado ya ha hecho suficiente para combatir la decadencia de Cartagena, ha declarado muchas de sus construcciones monumentos nacionales, incorporó varios sectores de la ciudad en las rutas patrimoniales, con el fin de potenciarla turísticamente, con el mismo objetivo fue nombrada zona típica de nuestro país, y así muchos otros reconocimientos que hasta ahora no han cambiado la situación actual de decadencia.

    El problema radica en que al no existir ningún tipo de compensación para los propietarios de estos inmuebles se hace evidente que, la decisión económica lógica para el propietario sería probablemente botar el edificio y hacer uno nuevo con más metros cuadrados disponibles y cuyo costo de mantención sea inferior, dado que los costos de mantención de los edificios antiguos son muy superiores al de los nuevos. El edificio antiguo está en una desventaja y le será difícil albergar una actividad económica que pueda financiar esta mantención. Es por esto que, de no mediar ningún instrumento para compensar al propietario por esto, el destino de este patrimonio es desaparecer, siendo reemplazado por construcciones nuevas.
    Para lograr un avance en la conservación de edificios patrimoniales, la inversión que se debe realizar para lograr este desarrollo turístico debe ser apoyada por el Estado y es fundamental que el Estado apoye a las áreas protegidas con parte de los costos de conservación asociados a las mismas, ya que esto es una inversión del Estado para un desarrollo sustentable del país.

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