La dos caras de Honolulu.

Honolulu_imagenPor María Paz Laso.

Honolulu es la capital de Hawaii, el estado incorporado más recientemente  a Estados de Estados Unidos (se incorporó a la Unión en 1959).

El Estado de Hawaii está formado por un archipiélago de islas ubicadas en la mitad del Océano Pacífico, al suroeste de Estados Unidos.  De todas estas islas, Honolulu se encuentra en Oahu, que nace del encuentro de dos volcanes, el Waianae y el Koolau, con un amplio valle entre ambos. Al igual que el resto de las islas, Oahu cuenta con variados escenarios naturales y playas en todo su perímetro.

Honolulu, que en hawaiano significa “bahía resguardada”, se ubica al suroeste de Oahu y es la ciudad más densa de todo el archipiélago.  De acuerdo al censo del año 2010, cuenta con 390.738 habitantes de variadas razas, de los cuales el 8,4% de los habitantes son hawaianos nativos o procedentes de otras islas del Pacífico; un 36,8% son de varias razas (blancos, afroamericanos, indios americanos, etc) y un 54,8% son  asiáticos.  De estas cifras llama la atención la escasa población autóctona y la gran cantidad de razas inmigrantes, especialmente asiáticos, que hoy conforman la mayoría de la población.

Debido a la posición estratégica de la isla entre el este y el oeste del mundo, Hunolulu se transformó, desde el momento en que se estableció el primer contacto con la cultura occidental, en un escenario único, diverso, de intercambio y de convulsión.

Este contacto con la cultura occidental, si bien trajo variedad y riqueza, puso fin a la autonomía de los hawaianos.  Hoy en día Honolulu depende completamente del resto del mundo, no sólo porque casi la totalidad de los bienes de consumo (80%), alimentos (85%) y fuentes de energía (95%) son importados, sino también porque la base de su economía es el turismo.  En efecto, cerca de 7 millones de turistas visitan la ciudad cada año y no es de extrañar, dada esta realidad, que el verdadero centro de Honolulu sea Waikiki, barrio en el que se ubican todas las cadenas de resorts, hoteles y restaurantes que acogen a estos millones de visitantes y constituyen la principal fuente de trabajo de los habitantes de la isla.

Sin embargo, esto no siempre fue así. Previo al auge del turismo, la economía de Honolulu dependía totalmente del comercio, lo que explica que el centro histórico de la ciudad, o el Downtown, surge desde sus inicios como la prolongación del puerto.  Hoy en día, el Downtown se compone del puerto de Honolulu, a partir del cual la ciudad comenzó a desarrollarse y urbanizarse; por el centro cívico o histórico, en donde se encuentran todos los edificios gubernamentales y donde surgió el primer trazado de la ciudad; por el barrio de los negocios, hacia el norte, donde se levantan los edificios y rascacielos de la mayoría de las empresas en Honolulu, y más al norte, por el barrio chino o Chinatown.  Hacia el sur, el centro histórico limita con Ala Moana, un barrio residencial y comercial donde se ubica el Ala Moana Center, uno de los centros comerciales al aire libre más grande del mundo.  Finalmente, bajo el Ala Moana hacia el sur, se encuentra Waikiki.

La estrecha dependencia de Honolulu del resto mundo explica en parte que Honolulu sea la segunda ciudad más cara para vivir en Estados Unidos, después de Nueva York.  Una expresión de esto es que el impuesto de los servicios y de la comida (85% importada) es altísimo, en promedio tres veces más alto que el de los estados continentales.  A esto se suma el problema de la escases y el altísimo valor del suelo, precisamente porque es un isla, es decir, una porción acotada de tierra, que además tiene varias zonas de reserva natural y otras tantas que le pertenecen al ejército de los Estados Unidos.  Producto de esta escases muchos habitantes locales, especialmente los hawaianos nativos, no pueden acceder a una vivienda cerca de su lugar de trabajo (Waikiki) y tienen que vivir en barrios periféricos, lo que, como en muchas metrópolis, genera largos desplazamientos y mucho tráfico, siendo la congestión uno de los principales problemas de la isla.  Sumado a lo anterior, el número de personas que no tienen una vivienda, aproximadamente 15.000 personas, también representa un problema, ya que un tercio de ellas son hawaianos nativos.  Aún cuando la mayoría de los indicadores sociales sostienen que la calidad de vida en Honolulu es buena y que el índice de pobreza (8%) es el tercero más bajo de Estados Unidos, existe una gran desigualdad en la distribución de la riqueza.  Mientras un gran número de habitantes ricos son dueños de magníficas fincas y casas de veraneo en los barrios altos de Honolulu (Diamond Head, Kaimuki, Kahala, Hawaii Kai), existe un gran número de locales, en su mayoría hawaianos nativos, que luchan con la pobreza y con los problemas sociales asociados a ella.

La fuerte importancia del turismo y por ende de la industria hotelera, y todo lo que deriva de ella, hace que el legado multiétnico desaparezca en un todo homogéneo.  En este sentido, Honolulu se nos presenta como una maqueta de playas, hoteles, resorts, canchas de golf, centros comerciales y rascacielos con la vegetación tropical de fondo.  Aparentemente, todo lo que queda de la cultura polinésica de los primeros habitantes de la isla, no es más que una versión apropiada por la industria y comercializada para adornar románticamente esta fantasía de los turistas occidentales que buscan un lugar de vacaciones.

Para poder entender la ciudad actual de Honolulu y develar los rastros y herencias que hay bajo el escenario que percibimos en una primera impresión, es necesario repasar su historia desde los inicios.

Se estima que entre el 300 y el 600 DC, una primera oleada de Polinésicos llegaron a las Islas Hawaianas.  Aunque se sabe poco y nada de estos primeros habitantes, que probablemente venían de las Islas Marquesas, existe evidencia arqueológica de su existencia.  Una segunda oleada de Polinésicos comenzaron a llegar a las islas alrededor del 1000 DC, conquistando a los primeros habitantes y borrando casi todos los rastros de su historia y cultura.  Por 300 años ocurrieron constantes viajes de intercambio entre la Polinesia y Hawaii, trayendo a la isla sus creencias religiosas, estructuras sociales, plantas y animales domésticos.  Esta población, a pesar de sus destrezas como navegantes, eran bastante primitivas.  No usaban metales, no tenían alfabeto ni lenguaje escrito, no conocían la rueda y tampoco hacían utensilios cerámicos con arcilla.  Cuando cesaron estos viajes, cerca del 1300 DC, los habitantes de Polinésicos de Hawaii comenzaron a desarrollar una cultura diferente.

La sociedad Hawaiana, al igual que otras culturas Polinésicas, era altamente estratificada.  En este caso, la clase social superior eran los ali i, cuyo poder se heredaba y se creía que descendían de los dioses.  Varios linajes de ali i gobernaban cada isla y entre ellos se disputaban contantemente por el poder. La sociedad Hawaiana era una sociedad feudal – agrícola. La mayor división geopolítica era la mokopuni (isla) presidido por un miembro del ali i nui (clase real). Cada isla estaba dividida en moku, terrenos en forma de cuña que iban desde la cima de las montañas hasta el mar. Cada moku estaba compuesto por pequeños paños de tierra en forma de cuña llamados ahupua a. Los ahupua a, en su mayoría, se autosustentaban y tenían su propio jefe local que los gobernaba. Esta división geopolítica estaba basada en la geografía del lugar. Muchos de los barrios residenciales actuales de Honolulu, que se introducen en estas quebradas en forma de cuña, remiten formalmente a esta organización básica utilizada por sus primeros habitantes. Incluso muchos barrios reciben los nombres de los ahuapa a que antes habitaban esos paños.

El primer contacto con la cultura occidental ocurrió en enero de 1778, cuando el capitán James Cook, gran explorador británico, descubrió por accidente las islas Hawaianas y llegó a las costas de Oahu. En los años que siguieron, un número estable de barcos comerciantes usaron las costas de Hawaii como lugar de anclaje, y en 1794, gracias al descubrimiento de aguas profundas de anclaje, el Puerto de Honolulu se transformó en el puerto estrella para todos los comerciantes del trans- Pacífico, sobretodo para los principales comerciantes de pieles: China, Nueva Inglaterra y el Pacífico Noroccidental. El principal producto de las islas por ese entonces era la sal, producto muy valioso para conservar las pieles. Los jefes de los indígenas intercambiaban la sal por armas.

En 1790 Kamehameha, jefe de Kohala de la isla de Hawai i, provisto de mosquetas y cañones, comenzó una campaña para conquistar todas las islas Hawaianas. Después de 5 años, en la batalla de Nu uanu en Oahu, logró su objetivo y se estableció en Waikiki (Honolulu). Para ese entonces Honolulu no era más que una aldea de chozas cerca del agua. Kamehameha configuró un gobierno para todas las islas silenciando las competencias entre los ali i y absorbió todas las influencias de los inmigrantes al mismo tiempo que conservaba y defendía las creencias y costumbres de su pueblo. En 1809 trasladó su residencia al puerto de Honolulu para reforzar su control sobre el comercio y así comenzó lentamente a formarse lo que hoy conocemos como el centro histórico de la ciudad.

Los reyes posteriores a Kamehameha lucharon por mantener las tradiciones hawaianas mientras desarrollaban un sistema político que se ajustara a los inmigrantes. La monarquía absoluta hawaiana de entonces no reconocía el derecho de poseer tierras. Por tradición los Hawaianos jamás habían poseído tierras, los ali i  se limitaban a manejarlas pero no eran propietarios. En 1848, luego de las presiones de los inmigrantes, el rey Kauikeaouli hizo una revolucionaria reforma llamada la gran Mahele (La Gran División). Esta acta dividía las tierras de tres maneras: las tierras de la corona (de los reyes y sus herederos), las tierras de los ali i o jefes (corresponde a los ahupua a que manejaba cada ali i) y las tierras del gobierno (mantenidos para el público en general).

La gran Mahele fue seguida, en 1850, por el acta de Kuleana, que entregaba 30.000 acres a campesinos Hawaianos y dio el derecho a los extranjeros de comprar tierras. Esta acta fue un desastre para los Hawaianos, quienes no estaban acostumbrados al concepto de propiedad privada. Muchos de ellos no podían pagar los impuestos e incluso en algunos casos fueron incapaces de hacer el papeleo para reclamar los títulos. Este escenario fue ideal para los ansiosos extranjeros quienes rápidamente se ofrecieron a comprarle estas tierras a los campesinos. Los extranjeros comenzaros a instalarse y a formar los primeros pueblos de Honolulu. Así, en 30 o 40 años los extranjeros poseían ¾ de Hawaii y los Hawaianos, quienes ya habían renunciado a la mayoría de sus tradiciones, perdieron además su conexión sagrada con la tierra.

En 1848 se despertó una fuerte demanda del azúcar en Estados Unidos, producto de la fiebre del oro en California y de una guerra civil en el norte. Antes de estos eventos la industria del azúcar ya había comenzado su marcha en Honolulu y gracias a ellos se transformó en el oro blanco de los Hawaianos. La mano de obra barata era muy importante para la rentabilidad de las plantaciones de azúcar y la población Hawaiana en esos años era escasa. Debido a las enfermedades que trajeron los occidentales, la población Hawaiana había descendido desde 800.000 (que eran antes de el contacto con el mundo occidental) a 70.000. Por ello, en 1850, los dueños de las plantaciones impulsaron una gran oleada de inmigrantes entre ellos principalmente chinos y japoneses, y también filipinos y portugueses. Este inmigración hizo de Honolulu una ciudad multiétnica. Muchos de los chinos que llegaron a trabajar en las plantaciones de azúcar, luego de que sus contratos expiaran, se convirtieron en comerciantes y se instalaron en una zona de la ciudad cercana al centro y al puerto, formando el Chinatown.

Uno de los edificios más emblemáticos del centro de Honolulu es el Palacio de Iolani, construido en 1879 por el rey Kalakua. Este monarca realizó grandes esfuerzos en lograr que su monarquía fuera igual a cualquiera del mundo, sin embargo no se preocupó de aplacar el creciente poder que estaban ganando los dueños de las plantaciones de azúcar.

En 1893, con el apoyo del ministro de Estados Unidos John Stevens y 150 marinos, un grupo antimonárquico llamado Liga Hawaiana, formado en su mayoría por empresarios y abogados americanos, derrocaron la monarquía Hawaiana y formaron la nueva República de Hawaii.

En 1898, impulsado por el nuevo presidente de los Estados Unidos William McKinley la Republica de Hawaii fue anexada como territorio de los Estados Unidos. Este acto de imperialismo fue justificado por motivos militares ya que las islas representaban un punto estratégico para dominar el pacífico. Se construyeron grandes instalaciones, incluyendo la famosa base naval de Pearl Harbor. A través de la década de 1900, la presencia militar creció constantemente.

Aunque en los años que siguieron a la incorporación de las islas al territorio Norteamericano fueron un período en que aumentó el comercio de azúcar, el verdadero fenómeno que hizo florecer la economía y impulsó el crecimiento de la ciudad de Honolulu fue el turismo. Los dueños de los primeros hoteles de Honolulu hicieron viajes promocionales a San Francisco en 1901, construyeron imágenes estereotípicas de playas con palmeras e indígenas sonrientes para atraer a los turistas, estereotipo que se mantiene hasta nuestros días. El resultado fue asombroso, para el año 1903 2000 turistas visitaban la isla al año haciendo un viaje en barco de 5 días. La industria hotelera proliferó y se instaló en Waikiki, que hasta el momento eran humedales en los que los ali i se retiraban a relajarse. Los humedales se secaron y tras la larga franja de la playa de Waikiki se construyeron los primeros hoteles. Honolulu se transformó en el principal destino de ricos, famosos y surfistas. La cultura Hawaiana se reelaboró para venderla entre los turistas. Las comodidades del mundo hotelero, la naturaleza exuberante de Oahu y esta nueva cultura indígena asociada frutas tropicales y mujeres que bailan el Hula Hula generaron una imagen muy potente y atractiva. En 1941 más de 30.000 extranjeros viajaban a Honolulu cada año.

En pleno auge del turismo, en 1941, los japoneses atacaron sorpresivamente todas las instalaciones militares de Honolulu, siendo el objetivo principal Pearl Harbor, la base Naval del Pacifico más importante de Estados Unidos. Este devastador ataque impulsó a Estados Unidos a participar de la II Guerra Mundial.

En 1960, casi una década después de terminada la guerra, el comercio de azúcar cayó enormemente. Afortunadamente justo se inventaron los Jet (aviones) y el turismo se convirtió en el principal “cultivo” de Honolulu y de las islas Hawaianas. El turismo explotó y así también la construcción. En el año 1970 cerca de 1.2 millones de personas visitaban cada año Honolulu y la industria del turismo estaba ganando al año 4 veces lo que anteriormente ganaba la agricultura.

Gran Parte de la ciudad de Honolulu que conocemos hoy en día fue construido a partir de la década de 1960 y desde entonces el turismo ha sido el motor de su economía. Por lo tanto, la ciudad se levantó a merced del turismo y en función de él. Esta imagen estereotípica que construyeron los dueños de los primeros hoteles de Honolulu a principios del siglo XX saltó del papel a la realidad. Honolulu se trasformó en la construcción de una imagen publicitaria con el fin de atraer y recibir a los millones de turistas que la visitan cada año.

Sin embargo, como se pudo ver en el relato histórico de la ciudad, bajo esta máscara artificial se esconde un legado multiétnico rico y variado. Partiendo por los primeros habitantes polinésicos que reconocieron la geografía y se organizaron de acuerdo a ella. Luego, los primeros inmigrantes y sus influencias. La unificación del reino bajo el dominio de Kamehameha, quien se estableció en el Puerto de Honolulu, transformándola en la capital y centro del archipiélago. Las oleadas de trabajadores asiáticos que llegaron a trabajar en las plantaciones de azúcar, quienes posteriormente formaron el Chinatown. La anexación de Hawaii como territorio de Estados Unidos por motivos militares. La construcción de Pearl Harbor y de múltiples instalaciones militares. En fin, múltiples capas de información que se fueron acumulando con el tiempo y que hoy son difíciles de leer.

La actual ciudad de Honolulu, si bien figura dentro de las ciudades con mejor calidad de vida, aún tiene problemas que resolver. La falta de autonomía económica, la inequidad entre los nativos hawaianos y las clases sociales altas, la congestión vehicular, la escases de suelo y el número de personas que no tienen vivienda, son algunos de ellos. Honolulu es una excelente ciudad para los turistas pero tiene una deuda pendiente con sus habitantes, quienes son finalmente los que viven en ella todo el año.

Bibliografía:

Web:

www.census.gov (Datos y estadísticas)

www.censusfinder.com (Mapas de Honolulu: 1881, 1902, 1915, 1945)

www.city-data.com (Información sobre la historia de Honolulu)

www.honolulu.gov (Información sobre la ciudad actual)

http://www.prudentiallocations.com (Información sobre los barrios de Honolulu)

 

Libro:

Lonely Planet Hawaii travel guide 2011. (Barrios, historia y estadísticas de Honolulu)

 

Imagen:

Elaboración propia con imágenes de:

www.allposters.com (Primeros afiches publicitarios promocionando Waikiki)

www.censusfinder.com (Mapa Honolulu 1902)

www.yalea.com (Imagen aérea Honolulu)

 

 

 

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3 respuestas a La dos caras de Honolulu.

  1. Fernando Guerrero dijo:

    Me parece demasiado interesante el punto de vista bajo el cual se desarrolla este artículo. Es interesante destacar que si bien todas las ciudades de la lista, vendrían a ser un ejemplo a seguir para lo que acontece en el resto del mundo, lo que plantea este artículo es que reflejar el éxito de una ciudad, en su calidad de vida, por medio de cifras no es ejemplo del éxito de ésta.
    Nombrar Honolulu, me recuerda a los ejemplos de ciudades balnearios de gran parte del mundo. Una ciudad turística con calidad de vida envidiable, y que se convierten en postales de “como hacer ciudad” pero en que si uno ve detrás de ésto, no es más que una “maqueta” de lo que proyecta la ciudad.
    Gran cantidad de ciudades balnearios del mundo posee esta cualidad, y aunque Honolulu solo posea 400,000 habitantes la hace muy similar a ciudades de una misma escala, como por ejemplo Viña del Mar, Mar del Plata, Acapulco, ciudades con una historia similar de indígenas e inmigrantes que al final se convierten en ejemplos de ciudades para vivir, pero que no son más que la cara que se lleva el turista de regreso a casa.
    Considerar este éxito en calidad de vida, en una ciudad, debe ser trascendental y no solo medirse y acotarse a los barrios que presenten estas características, tal como se nombra en Waikiki, sería el malecón de Acapulco, o La Rambla de Mar del Plata o sin ir más lejos Reñaca en Viña.
    Es importante constatar esta característica que se da en la mayoría de las localidades veraniegas o que son pensadas y desarrolladas para aquel que la visita, algo muy similar a los que ocurre en los balnearios chilenos, en donde se puede disfrutar de excelentes servicios y el desarrollo de áreas y barrios turísticos, pero que detrás de estas ciudades o localidades se esconde un lado B, que no es precisamente el que refleja los indicadores de calidad de vida.
    Algo similar ocurriría claro con la misma incidencia de desigualdad en Chile, en donde ciudades como Iquique, La Serena, Viña del Mar, Pucón o Puerto Varas son ciudades reconocidas por su calidad de vida, acotando esta realidad al área “que se ve”, pero que desconoce o niega un sector de la urbe que es la que aqueja los problemas bajo los cuales los “rankings” dicen que la ciudad destaca.

  2. Carmen Luz Belmar dijo:

    Hace muy poco tuve el PRIVILEGIO de visitar el estado de Hawaii y en especial la ciudad de Honolulu. Si bien es cierto la columna describe bien la historia y las principales características de la ciudad, sus orígenes y características, me parece que se minimiza o relativiza la característica que hace tan distinta a esta ciudad y a todo el archipiélago : para la cultura hawaiana es un hecho concreto el que ellos viven en el paraíso sobre la tierra y que su legado para el mundo es transmitirles el espíritu de amor por la tierra y la naturaleza (lo que conocemos como aloha).

    Este pequeño-gran detalle es el que hace toda la diferencia, y que permite tener una mirada indulgente con el gran problema de la ciudad y que es el tráfico vehicular. Si bien es cierto existen los problemas a los que se hace referencia en la nota, estos son más bien comunes a la mayoría de las sociedades del mundo y no son exclusivos de la realidad de Honolulu por lo que no considero que sean un factor diferenciador negativo, en especial si se considera que uno de los elementos diferenciadores de la actual monarquía hawaiana es el libre acceso a educación y salud de calidad para todos los descendientes de esta etnia.

    Por otro lado el tránsito si es un problema concreto y de difícil solución dada la realidad geográfica de la ciudad, encerrada entre montañas y volcanes y el mar.

    No obstante lo anterior, el entorno de la ciudad es majestuoso, incluida la “montaña de plata”; el clima estable durante el año y exento de grandes variaciones de temperatura es un elemento positivo; la belleza y profunda incidencia de la cultura, tradiciones e historia hawaianas en los principales edificios públicos es un elemento a considerar; el sobrecogedor impacto de los memoriales de Pearl Harbor y del cementerio militar de Punchbowl en el cráter del volcán que domina el puerto; la diversidad y cercanía de los servicios públicos; la gran oferta gastronómica y de servicios; la cercanía de lugares para la práctica de deportes y contacto con la naturaleza más pura; y la majestuosa pero a la vez simple belleza de Waikiki hacen de esta ciudad algo único.

    Si a esto se agrega el espíritu “aloha” que perfunde a todos los habitantes de la isla, sean estos parte de sus pueblos originarios o no, hacen de esta ciudad sin lugar a dudas una de las mejores para vivir en el mundo.

  3. Paula Andrade dijo:

    Es increíble pensar cómo Honolulu, a pesar de estar compuesta mayoritariamente por habitantes de distintas razas siendo la minoría hawaianos autóctonos, la imagen de la ciudad siga siendo el clásico poster de hawaianos con ropas originarias bailando el hula hula y el paisaje playero que invita a tanta gente a relacionarlo como un lugar perfecto para ir de vacaciones. ¿Quién hubiera pensado que el contacto con el mundo exterior sería el fin de la autonomía hawaiana? ¿No es paradójico pensar que lo que hoy en día reactiva y da sustento a Honolulu es lo que le dio fin a lo que era originariamente? El hecho de haber estado posicionada en un punto estratégico entre las dos partes del mundo, fue lo que primero transformó a la isla en un perfecto lugar de intercambio comercial y luego la imagen de ésta como un lugar paradisíaco. Ambos factores influyeron enormemente a la ciudad y la convirtió en lo que es hoy en día: una ciudad dedicada al turismo en donde los pocos hawaianos que quedan son los más perjudicados, viviendo fuera del centro de la ciudad y sin ningún tipo de beneficio. Si no queremos que una cultura tan rica se pierda a través de los años, deberíamos respetar y tener más consideración por estos lugareños ya que finalmente son ellos junto con su cultura lo que hicieron de Honolulu la imagen turística que tenemos hoy en día.

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