¿Apreciamos el patrimonio?

Veronica Sepulveda_portadaPor Verónica Sepúlveda.

Ya todos sabemos que Grecia  pasa por una profunda crisis económica, por lo que no debería causar gran sorpresa que el ministro de finanzas alemán Wolfgang Schäuble, reconociera que será necesario  un tercer programa de apoyo financiero para el 2014. La inquietud está en que el año 2012 hubo una condonación de la deuda por  107.000 millones de euros.  Por lo que algunos acreedores internacionales están preocupados por este tercer préstamo, temen a otra quita de deuda.  Frente a este posible préstamo, Ulrich Grillo (presidente de la Federación de la Industria Alemana) plantea como alternativa a la hipotética condonación de deuda que Atenas entregue parte de su patrimonio nacional al Fondo de Rescate Europeo y  que este lo venda y así Grecia podría saldar sus deudas. Frente a esta propuesta, la opinión pública se manifestó de inmediato, algunos escandalizados y otros creyendo que era lo más sensato frente a la situación económica.

Si la privatización del patrimonio es o no la vía para que un país termine con sus deudas es un debate extenso y amplio. Pero son las reacciones frente al tema las que abren otra discusión, que debiera preocuparnos a todos. ¿Por qué hay tanto asombro al proponer vender patrimonio (inmueble) de una ciudad pero casi no hay reacciones cuando se comercializa diariamente otro tipo de patrimonio? ¿Nos asusta perder algo de forma inmediata pero nos es indiferente si no nos damos cuenta cómo lo perdemos?

Es verdad que hay productos que se fabrican siguiendo ciertos estándares y tradiciones que aseguran que sea considerado “auténtico”,  y que de esta manera pertenezca a nuestro patrimonio. Por lo tanto su comercialización es aceptada.

Por otro lado, en ciertas ocasiones el comercio de productos que representan el patrimonio se vuelve necesario para que este no desaparezca ni se olvide. En este caso el mercado es el protector del patrimonio. Pero qué pasa cuando, en este supuesto afán de protección,  la máxima se vuelve “vender por vender” o “vender para enriquecerse”?

Se pierde rápidamente el objetivo y hay una degradación del patrimonio, se olvida su esencia y valor original. Así es como llegamos a encontrar productos que forman parte de nuestro patrimonio cultural, que son producidos en otro país y por máquinas. Esto se hace realmente evidente en fechas cercanas a fiestas patrias, cuando no es difícil encontrar en supermercados, barrios comerciales y hasta en el comercio ambulante objetos como  “Chupallas made in china”.

Pero la pérdida del sentido del patrimonio puede ir más allá todavía. En general el consumidor no está acostumbrado a pagar el precio del “hecho a mano”, por lo que le resulta más cómodo comprar el “mismo” producto pero al menor precio posible. De esta forma el artesano no puede competir con una fábrica que es capaz de abaratar los costos. Entonces para hacer más atractivo su producto y llamar la atención del consumidor, el artesano se ve en la obligación de agregar algún elemento “de moda”. Esto se puede verificar, por ejemplo,  en Pomaire cuando encontramos el típico chancho de greda, en todos los colores y hasta decorado con escarcha y la imagen de “Hello Kitty”, o algún personaje de moda. Es verdad que también esto ocurre por una falta de capacitación en conocimiento del mercado, pero llegaremos al punto en que se hará lo que sea con tal de vender?

Hasta qué punto la banalización del producto hace que la técnica ya no represente el valor patrimonial que tenía en un principio?

A largo plazo se podría pensar que estas son maneras de perder el sentido y por lo tanto el patrimonio. No es la misma consecuencia que vender un inmueble patrimonial?  En los dos casos hay pérdida en todo ámbito. Las dos son vías para llegar al mismo objetivo, una rápida y eficaz, y la otra lenta y degenerativa.

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6 respuestas a ¿Apreciamos el patrimonio?

  1. Andrea Urbina dijo:

    La venta de un inmueble patrimonial creo que radica mucho más allá del cambio de dueño. Un inmueble con valor patrimonial está vinculado no solo a un lugar físico sino que a la identidad de un lugar. Es por esto que vale recalcar que no solo hay un patrimonio tangible como vendrían siento los edificios, sino que también existe un patrimonio intangible vinculado principalmente a costumbres, relaciones de un lugar, la vida que la gente tiene en un determinado lugar y tiempo. La pérdida de un inmueble patrimonial no es solo la comercialización de él, sino que también se pierde una identidad vinculada a este, ya que un patrimonio tangible siempre está vinculado al intangible.

    La lógica del mercado que ha llegado a la degradación muchas veces de nuestros principios hoy está dispuesto a vender y comprarlo todo, haciendo que perdamos nuestra identidad. Tal vez algunos estén dispuestos el día de mañana a vender la cordillera, un patrimonio natural con un valor indeterminable.

    Un inmueble patrimonial nos habla de un tiempo y una tradición vinculada a ella, venderla es vender también esa cultura y sus tradiciones, olvidándonos de una historia vinculada a este. Probablemente la evolución del patrimonio arquitectónico no va en su venta, sino que en la conservación y en el trabajo que se deposite para valorarla a nivel cultural y social, entendiéndola como parte de una identidad que proviene de ese lugar.
    Hoy en día en el mundo están en juego miles de inmuebles patrimoniales que no se protegen y que por el rol que hoy juega el mercado, muchas veces se impone el valor monetario al valor intrínseco que este tiene. Es fundamental que valoremos y cuidemos nuestro patrimonio.

  2. Max Villaseca dijo:

    Si bien la posición de la columna es clara al plantear que ambos fenómenos son una forma de perder el patrimonio, creo que es pertinente señalar que ni el “patrimonio vendido” deja de ser patrimonio griego, ni la “chupaya made in China” es patrimonio chileno. Con esto quiero decir que la condición de patrimonio no se pierda o se gana al venderse o reproducirse con menor calidad, el patrimonio es único y tiene intrínseca su condición de perpetuidad. No sé si el ejemplo es el mejor, pero es sabido en la historia que Napoleón en su guerras extrajo gran cantidad del edificio y monumentos griegos y egipcios para fortaleces su tesoro. Estos tesoros actualmente exhibidos principalmente en Francia, lejos de su lugar de procedencia, no han perdido su condición natural de pertenencia a Grecia o Egipto sino que básicamente por intereses de políticos estos monumentos no han sido de vueltos a su lugar de origen; y muy lejos están de ser patrimonio francés. La fría manera en que Ulrich Grillo plantea la solución sobre el patrimonio griego simplemente esta visto desde una mirada política y económica donde lo que se pretende es que Grecia aporte con lo que más tiene (patrimonio) para financiar la crisis en la que están. Dudo que con esta propuesta el presidente de la Federación de la Industria Alemana pretenda demoler o incluso trasladar, como el mismo Napoleón, el patrimonio griego. Insisto, el patrimonio no es cuantificable, menos en euros.

  3. Rosario Tocornal dijo:

    El patrimonio de un lugar, ciudad o país tiene directa relación con las costumbres que ahí se desarrollaron, con la tradición local. Creo que en ambos casos hay una degeneración y disminución del verdadero sentido e importancia del patrimonio, sin embargo, una es mucho más radical que la otra.

    Creo que el que un objeto sea hecho en otro lugar, perdiendo sus características técnicas y que es, básicamente, lo que lo hace ser considerado patrimonio, ya que son esas características las que hablan del pasado y las costumbres que se desarrollaban en el lugar, generan una pérdida de sentido y de valor. Sin embargo, el mecanismo de “mandar a hacer” los objetos es parte del sistema de mercado actual, donde ya no importa tanto la factura y calidad de las cosas, los materiales o la particularidad de cada uno de los objetos, mientras el costo de este sea menor, no importa tanto de donde venga.

    Sin embargo, creo que vender un patrimonio, como son los que tiene Grecia, que tienen una relevancia histórica mundial, no tiene sentido, creo que significa quitarle identidad al país, son sus orígenes, sus formas de organización primarias y que otros saquen provecho de estos. Me parece la expresión máxima del mercado y el comercio, la mayor degradación del patrimonio con fines económicos.

  4. En la columna se habla sobre el patrimonio cultural tangible inmueble, es decir aquellos sitios o edificaciones que le otorgan una historia e identidad a nuestro país. Y es cierto que no se puede solo mirar su valor económico ya que su gran peso está en su riqueza cultural, pero sí hay que tener en cuenta el dinero que se requiere para mantenerlo en buen estado.

    En los últimos tiempos hemos podido observar cómo se ha ido destruyendo parte de nuestro patrimonio cultural, no solo por cosas de la naturaleza como el último terremoto, sino que también debido a la destrucción de nosotros mismos.

    Un ejemplo de destrucción de patrimonio fue el incendio de Abril del 2013 que afectó al Palacio Íñiguez ubicado en calle Dieciocho con Alameda. Este incendio pudo ser evitado según afirmó la alcaldesa de Santiago, Carolina Tohá, ya que en muchas oportunidades el municipio alertó a los propietarios del edificio sobre el riesgo en el que se encontraba el edificio patrimonial.

    El Estado según lo establecido en la constitución tiene el deber de proteger y conservar el patrimonio cultural del país. Pero según se observa, el Estado no proporciona el dinero suficiente para conservarlos. Por otro lado existe una escasa ayuda del Consejo de Monumentos Nacionales y es todo esto lo que trae como consecuencia una despreocupación del propietario del inmueble.

    Se debe invertir en la protección del patrimonio cultural porque no es algo que se crea de un día para otro y por lo tanto debemos cuidarlo y mantenerlo en la historia.

  5. Juan Pablo De la Maza dijo:

    No creo que vender un inmueble patrimonial haga que pierda su valor original, ya que lo único que pasa es que cambia su dueño. El problema radica en cómo se administra este valor, en cómo se puede controlar sus intervenciones y en cómo se puede hacer perdurar en el tiempo.
    En varias comunas de Chile, principalmente en la de Santiago, se han producido varios incendios de casonas patrimoniales y sospechosamente la mayoría son en esquinas, las zonas más requeridas por las inmobiliarias.

    Yo creo que estas situaciones son consecuencia de las rígidas restricciones que impone el Consejo de Monumentos Nacionales, que no dejan evolucionar y adaptarse a las necesidades actuales a estos edificios, lo que hace que queden abandonados y obligan a que se tomen medidas desesperadas e ilegales.

    La opción no es hacer proyectos que mantengan las fachadas de los edificios y que sean cualquier cosa por dentro, eso sí que haría que los edificios patrimoniales perdieran su sentido y valor. Lo que planteo es que con una adecuada gestión del patrimonio se podría llegar a permitir modificaciones de los edificios que son atractivos para el mercado, pero que al mismo tiempo se haga un aporte cultural y atractivo para el país.

  6. Isidora Bauerle dijo:

    Durante la era moderna, toma importancia la idea de recopilación, registro y difusión de conocimientos en varias disciplinas. En este período se establecieron modelos de representacion de los monumentos romanos que luego con las tecnologias de reproducción de imágenes impresas y moldeado de objetos se difundieron hasta dar nacimiento al “souvenir”.
    Esto coincide con la evolución de Roma como destino cultural y los souvenir aportan a un proceso de generacion de conocimientos: influye en qué monumentos conocemos, cómo los vivimos y estudiamos.
    Pero como queda claro con los ejemplos expuestos en la columna, las caraterísticas generales del suvenir actual son las mismas, desde el siglo XIX se convirtió en un objeto de ocio no científico, sin tener un papel en la reunión y comunicación de datos sobre su lugar de origen.
    Creo que este es el gran problema, se pierde la idea original del producto de comunicar algo de una cultura; ya no responde a los problemas que lo vieron nacer, se compran objetos transferibles, los monumentos pueden meterse en un bolsillo, desplazarse de su contexto y convertirse en un recuerdo incluso para quienes nunca han estado ahí.

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