COLUMNA: Respeto por nosotros mismos

Por Julio Poblete, en La Tercera, 2 de Septiembre 2013

No conozco un gremio profesional que se tenga menos respeto a sí mismo que nosotros los arquitectos. No me tocó conocer la sociedad donde ser arquitecto estaba a la altura de ser abogado y ser apreciado por la sociedad como una profesión liberal con profundo sentido social, estético y cultural.

Nuestra profesión se ha banalizado a tal nivel, que la frase que escuchamos frecuentemente y que reza más o menos así: “¿Por qué no me haces un monito?”, es hoy el sino de quien egresa de una escuela de arquitectura y que recién salido de la universidad aspira a un sueldo no muy superior al de alguien sin formación universitaria que realiza labores administrativas básicas. No se trata de una queja sin fondo; se trata antes que todo que la caridad empieza por casa y que el respeto a la profesión parte desde nosotros mismos.

Frente a un mundo globalizado, y donde la mayoría de las profesiones, tanto científicas como liberales, se han adaptado a la nueva complejidad de las cosas, siendo frecuente y necesaria la especialización profesional, en los arquitectos aún abunda la facilidad de opinión sin fundamento, ignorando que el saber general de un muy buen arquitecto no lo capacita, necesariamente, para opinar de todo. El arquitecto no puede pretender convertirse en experto en temas de integración social, planificación territorial, diseño urbano, etc., apoyado en la mera locuacidad y sentido común. Esta liviandad de opiniones nos afecta a todos los arquitectos sin distinción de nuestra área de experticia, y debilita nuestra credibilidad profesional y respeto social. ¿Han visto a un cardiólogo opinando de una operación a la rodilla?

Hay un segundo punto que creo más profundo. Es común y mayoritario en el medio de la arquitectura, que los arquitectos que trabajan en consultoría o en diseño no cuenten con un contrato de trabajo. Me toca entrevistar a arquitectos postulantes a un puesto de trabajo y más del 80% de ellos nunca ha tenido un contrato en los trabajos anteriores. Todos ellos han tenido que emitir boletas de honorarios, sin contar con previsión ni salud, y menos aún con cierta estabilidad laboral. No son extraños los casos de gente que lleva 10 y hasta 20 años “boleteando”. Esta práctica está en el centro de la pérdida del respeto por nuestra profesión y la dignidad de nuestro trabajo; más aún cuando entre los mismos arquitectos no somos capaces de entregar esa dignidad mínima mediante un contrato de trabajo. El incentivo a cambiar el modelo es escaso, ya que el mercado profesional está sobreofertado.

Un buen amigo arquitecto, con el cual nos une un respeto mutuo, encontrándonos en las antípodas del pensamiento político, me comentaba una vez de su teoría del “proletariado de los profesionales independientes”. Yo estaba recién egresado y no presté gran atención a su afirmación. Hoy, con más experiencia y perspectiva, veo la validez de sus dichos. No me preocupa tanto que la profesión no sea de las más rentables, ya que nuestro “pago” va por otro lado; sin embargo, sí me preocupa nuestra dignidad y respecto profesional. Llamo a los arquitectos a iniciar una campaña decidida por la dignificación del propio oficio.

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5 respuestas a COLUMNA: Respeto por nosotros mismos

  1. Carmen Luz Belmar dijo:

    He tenido la oportunidad de conocer a una economista que ejerce como profesora de arte en un colegio, una ingeniera civil que ejerce como banquetera, un odontólogo que ejerce como columnista para un diario, una abogada que es dueña de casa y a un médico que una vez terminada su carrera, decidió que quería ser publicista y volvió al estudio. Con esto se puede pensar que efectivamente hay una sobreoferta laboral en nuestro país y que lo que realmente “importa” al momento de buscar un trabajo, es que uno se haga notar, trabaje duro y “se las juegue” por lo que quieren.
    Es verdad que a los arquitectos nos asocian con conceptos como “diseñadores con un plus extra”, “carrera con poca oferta laboral”, etc. Pero tal como lo señala Julio Poblete en su columna, los arquitectos hemos permitido que nuestra profesión se haya estandarizado, a tal punto que nuestra labor pueda ser reemplazada por un equipo de diseñadores, dibujantes técnicos e ingenieros (sin desprestigiar a las carreras mencionadas). Ya no queda claro cuál es nuestra labor en los distintos campos laborales a los que aspiramos, producto de una creciente inseguridad de nuestras capacidades u objetivos.
    Creo que, más que la cifra que estamos aceptando como sueldo, debemos reforzar nuestra imagen profesional y volver a re-encantar a la gente con nuestro trabajo y visión. Debemos trabajar bien entre colegas, pero siempre aspirando a crecer y aprender, conceptos básicos de los cuales nos hemos alejado tal vez por soberbia, pero que podemos recuperar para ganarnos su respeto y el respeto por nosotros mismos.

  2. Catalina Alcalde dijo:

    Al igual que un músico, un artista, un actor, o un diseñador, el arquitecto tiene una libertad creativa en lo que hace, a diferencia de otras profesiones. A pesar de que esta libertad es en menor grado que el resto de los artistas porque al arquitecto no le son indiferentes las materias sociales, es la obra construida con esa libertad, la que nos hacer sentir retribuidos y pagados. Sin embargo, el oficio del arquitecto también permite trabajar en inmobiliarias o grandes empresas que ofrecen beneficios laborales (contrato, previsión y salud) como cualquier otra profesión, pero donde el mandante es el mercado y la libertad creativa es cada vez menor. En mi opinión, no es que no no se nos respete socialmente, o que no tengamos respeto por nuestro oficio, la verdad es que queremos ser artistas y no “agentes del mercado”.

  3. msolari1 dijo:

    Claro está que hace bastante años que la profesión del arquitecto viene desprestigiándose, desde que el enfoque en la belleza fue quitándole importancia a la utilidad de las construcciones.

    Más que un tema de respeto propio, a mi parecer, está relacionado con la necesidad de una pequeña dosis de realidad. existe un concepto un poco etéreo de cual es nuestro trabajo, basado en la construcción de magnificas y bellas obras, sí bien esta es un área de la arquitectura que desde luego es importante, no es todo lo que ha de generar la profesión.

    Hacen falta arquitectos que se preocupen de los problemas reales que aquejan a nuestra época, la falta de viviendas dignas y segregación en sectores más vulnerables, el crecimiento desmedido de las ciudades sin ningún orden, etc.

    Las soluciones arquitectónicas no han solo de ser bellas, también deben ser útiles y satisfacer las necesidades de nuestros tiempos, solo así la carrera volverá a ser valorada como debiese ser.

  4. Lorena Fernández dijo:

    Creo que el segundo punto que se trata en la columna es sumamente importante. Los arquitectos, al igual que cualquier otra profesión, realizamos un trabajo. ¿Por qué entonces no exigir condiciones laborales como cualquier otro trabajador? ¿Acaso nos avergonzamos de la actividad que realizamos, dado que tiene un sello más personal que otros trabajos? Si tenemos tanta responsabilidad y se nos cobra tanto cuando se evidencian los problemas de diseño o por falta de él, ¿por qué no podemos ser capaces de exigir unas mínimas condiciones laborales como un contrato, previsión de salud, vacaciones, etc? Si realmente somos tan responsables de la ciudad en nuestra sociedad, dados los aciertos o desaciertos en nuestro quehacer, comparto absolutamente el llamado a que dignifiquemos nuestro trabajo, no solo a través de la publicación de una revista de arquitectura, sino en el día a día, o más claramente, en el mes a mes.

  5. Vicente Ebner dijo:

    El trabajo del arquitecto cada vez se mira con menos respeto. Va de la mano con que cada vez posee menos responsabilidades. Cabe la pregunta de si los arquitectos que se forman hoy son dignos del oficio. No son ingenieros, no saben calcular, no tienen independencia a la hora de proyectar, como en la antigüedad. Por otro lado, el arquitecto tiene cada vez menos influencia en su rol social, como modificador de la sociedad. No participa en política, no sabe tampoco. Como pretende el arquitecto no ser menospreciado si sus proyectos no conllevan los paradigmas sociales de estos tiempos, como en su tiempo lo proponía el Movimiento Moderno, por ejemplo. Nosotros mismos nos presentamos a la sociedad como meros dibujantes de “monitos”, sin influencia técnica, política ni social. Y es que nosotros mismos nos vemos así, no siendo extraño que el arquitecto que entra a una oficina a trabajar pase sus días traspasando dibujos y nada más.

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