ARTÍCULO: Vivir encerrados: La metamorfosis de los condominios en Los Trapenses y Chicureo

Por Lucía Adriasola, en El Mercurio, el 19 de Agosto del 2013.

“La preocupación de los residentes de estos barrios de Lo Barnechea y Colina está focalizada en encontrar la manera de enfrentar robos.”

Eligieron construir sus casas en condominios para vivir sin rejas. Querían que sus hijos compartieran con los de sus vecinos y decidieron renunciar a los servicios que ofrece la ciudad.

Habían encontrado la tranquilidad que buscaban, pero hoy la perdieron. Con un cerco eléctrico sobre sus cabezas y tras una reja que antes no había en sus casas, vecinos del sector de Los Trapenses, en Lo Barnechea, y de Los Ingleses, en Chicureo, comuna de Colina, quieren volver a su antigua vida de barrio.

Todos los días Daniella Balin (24) abre la puerta de su casa y se sube a su auto. Apenas lo enciende busca en su cartera el control del portón. Cuando lo encuentra, se abre una reja que no da a la calle. Tras un kilómetro llega a la portería. El guardia la saluda y levanta la barrera para que recién acceda a la avenida Los Trapenses.

Esta acción no es una realidad aislada. Desde hace un año que se volvió una rutina entre los vecinos del condominio El Golf de Manquehue, en Los Trapenses. Alegan vivir inseguros, inmersos en “una ola de asaltos”.

El último informe del Sistema Táctico de Análisis Delictual (STAD) de Carabineros corrobora esa sensación. Hasta el jueves 4 de agosto hubo un alza del 19% en los robos con intimidación en ese cuadrante, en comparación al año pasado. Hubo 88 robos con intimidación en Las Tranqueras, 14 más que en 2012.

“El aumento de robos no es un misterio. Con los vecinos nos hemos organizado para incrementar las medidas de seguridad, porque hemos sabido que hay una banda especializada en el robo a condominios y por eso hemos solicitado más presencia policial”, dice María Elena Alvear, encargada de seguridad de la junta vecinal Las Tranqueras.

“Estamos inseguros, encerrados. Todas las casas han puesto más protección”, dice Marcela Arévalo, quien vive en el condominio Santuario del Valle, en Lo Barnechea, donde un vecino tomó una decisión extrema e instaló una caseta de guardia en el antejardín de su casa.

Una realidad similar se vive en Chicureo, donde, según el último STAD, se ha registrado un 28% más de robos con intimidación en relación a 2012.

En Colina el informe da cuenta de 313 robos con intimidación, 69 más que el año pasado.

“Decidimos venirnos para acá porque era como vivir en el campo, pero ahora estamos todos con cercos eléctricos, igual que en Santiago”, dice Gabriela Domínguez, quien vive hace más de 18 años en el barrio.

“Antes uno tenía que ir para la ciudad, pero ahora es ella la que viene hacia nosotros”, agrega, mientras pasea por el local comercial Los Ingleses, al lado de donde hoy se construye un mall.

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9 respuestas a ARTÍCULO: Vivir encerrados: La metamorfosis de los condominios en Los Trapenses y Chicureo

  1. Andrés Ortiz dijo:

    ¿ Y quien no se encerraría? si hasta el ladrón tiene rejas en su casa! esa idea de ir a vivir en condominios a los suburbios para evitar las rejas, creyendo que mientras mas lejos se está de la ciudad y con el argumento de que “es como vivir en el campo” se sienten mas seguros, pero se equivocan, la realidad chilena es que hasta en el campo mas campo se toman medidas de seguridad.

    En Santiago muchas veces no nos damos cuenta que nuestros vecinos están siendo robados o asaltados, incluso al vecino al cual lo separa un muro en el caso de departamentos, la densidad propia de la ciudad nos obliga a vivir mas “apretados”, pero no somos capaces de percibir que pasa en nuestro alrededor. si los delincuentes son capaces de robar en un edificio, será mas fácil robar en condominios en donde las casas están separadas por grandes jardines y a kilómetros de la portería.

    Siempre escuchamos sobre planes de seguridad, combatir el delito con prevención, protección, sanciones y rehabilitación. pero poco sabemos sobre estrategias de diseño urbano para complementar estos planes.
    se han construido muros mas altos y casas mas herméticas que ya le dieron forma a nuestra ciudad y amenazan con revertir la idea de vivir sin rejas de las personas que optaron por los suburbios que ven como su entorno se transforma en la “ciudad de muros” a la que los santiaguinos nos hemos acostumbrado.

    Como arquitectos debemos dar una solución con estrategias de diseño de barrios, condominios y viviendas que nos permitan vivir tranquilos pero en contacto con los vecinos, casas con buena relación visual entre calle y fachada, fluidez espacial entre vereda, jardín y vivienda, reforzar la vida en comunidad en la cual existe un solo portón, viviendo, no encerrado en mi patio, sino que conviviendo con el resto y protegiéndonos. atentos a los problemas que puedan existir mas allá de mis limites y que arquitectura, diseño y planificación den cuenta de estos.
    Como arquitectos, el desafío es fomentar la idea de vida en comunidad y lo que esta significa, pero al mismo tiempo dar intimidad a cada familia.

  2. Carmen Luz Belmar dijo:

    En mi opinión, el problema no está en que estos conjuntos de casas presenten fallas en su diseño o ubicación, sino en que simplemente, estos organismos independientes no están funcionando como debiesen, o sea como “conjunto” y esto se debe a su mala calidad de seguridad en los accesos y por la no-convivencia o interacción continua de los vecinos que dicen querer seguridad.
    Por ejemplo, cuando se va a Santuario del Valle en Lo Barnechea, los guardias que se ubican en la única vía de entrada al condominio (Boulevard Jardín de los Pájaros Norte), no preguntan o se fijan en quien está ingresando al recinto sino que dejan que la barrera esté abierta todo el día. En Las Lomas de la Dehesa el control del que entra o sale del condominio es completamente aleatorio, o sea que los guardias que se ubican en las únicas 2 vías de acceso (Av. La Dehesa y Parque Golf) salen a pedir datos según su criterio.
    En el caso de Chicureo, la decisión de construir grandes casas en terrenos que nos alejan de la congestión y contaminación de la ciudad, trae consigo todo lo que implica el estar distanciados de importantes servicios públicos: poco acceso, inseguridad y aislamiento.
    Es por esto que debemos estar conscientes de que si vamos a construir lejos, o en grandes cantidades y aspiramos a un confort de vida básico, se debe generar un sistema acorde al diseño propuesto: sistema de seguridad de buena calidad en los accesos al complejo e incentivar un estilo de vida activo de buena relación entre vecinos, para que realmente conozcamos dónde estamos viviendo y con quien estamos conviviendo, humanizando así la habitabilidad de estos barrios.

  3. María Paz Quinteros Pomar dijo:

    A la hora de pensar en mejorar la seguridad del hogar lo más común es poner alarmas, muros más altos, cercos eléctricos, u otros; todas soluciones que implican un costo económico extra y que por lo general no funcionan.

    Tal como plantea Andrés la solución no está en encerrarse, si no que la clave está en cómo son diseñados estos lugares o condominios de manera que sean “más vivos”. Por ejemplo la teórica del urbanismo Jane Jacobs, en los años 60 ya había puesto este tema en discusión, para ella no se podía garantizar la seguridad solo con la policía, si no que la respuesta estaba en animar las calles, veredas y espacios públicos de manera de crear una red de controles; su principio era que había que tener “ojos que miran a la calle”.

    El pensamiento de Jane Jacobs resume porque estos condominios cerrados y alejados son tan inseguros; las personas se retraen de la “ciudad” para vivir más tranquilos pero la realidad es que se alejan de todos y ni siquiera se conocen entre ellos. Para tener un entorno más seguro, en vez de pensar en armarnos con protecciones, la respuesta está en tener en cuenta el campo visual, o sea cómo influyen las alturas de los árboles, la curvatura o cruce de calles, etc; estos elementos si se tienen en cuenta pueden mejorar la sensación de inseguridad de un lugar. Otro punto importante es el control visual, es fundamental que existan personas circulando ya que son potenciales vigilantes de la comunidad, también tener cerramientos permeables ayuda. Es así como tener muros ciegos hacia la calle es muy perjudicial, ya que no se sabe que ocurre en el exterior; una mayor visibilidad por ejemplo con ventanas aumentaría el control del espacio.

    Éstas parecen cuestiones obvias, pero raramente se llevan a la práctica, se prefiere gastar más dinero para reforzar las viviendas, manteniéndose encerrados. Sin embargo, de a poco nos hemos ido dando cuenta de que la solución está en activar los barrios, en conocer al vecino, en crear redes que permitan tener un entorno más seguro; que complementado con la “seguridad policial” puedan mejorar nuestra calidad de vida.

  4. Los condominios cerrados son presentados en los anuncios y publicidades de las inmobiliarias como respuesta a los altos niveles de delincuencia que caracterizan a nuestra capital. Simulan así un microcosmos fortificado en el cual podemos vivir con tranquilidad, confort, seguridad y armonía con la naturaleza. Pero lo cierto es que, como bien expreso María a través de Jane Jacobs, estos condominios son tan inseguros como la ciudad de la cual decidieron escapar.

    En este sentido, concuerdo con la idea de que aislarse y encerrarse no es la solución. Por el contrario, esto suele ser aún más perjudicial, dado a que se pierde noción del “otro”, y de lo que ocurre a nuestro alrededor. Es por ello necesario entender el problema de la inseguridad desde el diseño mismo, aplicando conceptos básicos como el de control y alcance visual (tanto del barrio en cuestión, como de lo externo a él), medidas pertinentes, etc. La vida de barrio es también fundamental. Entablar relaciones con el vecino, no solo nos permite tener una vida de barrio más rica, sino que también asegurar un entorno más seguro y confiable.

    Pero dicho esto, me gustaría señalar un problema aún mayor que se desprende de la propagación de estos condominios burbujas, y que afectan tanto a la organización, como a la fisonomía de la ciudad. La conformación de estos “granos residenciales”, acaban por romper y fragmentar al territorio urbano, generando espacios polarizados, segregados, fortificados y aislados, que afectan directamente la calidad de la vida urbana en la ciudad.

    A través de un buen diseño, podremos ser capaces de enfrentar el problema de la seguridad en la escala de barrio, pero entendiendo que estos condominios forman parte de una escala mayor, la de la ciudad, con la cual deben interactuar y relacionarse tanto en un nivel físico, como social (consideración que complementa a los posibles criterios de diseño mencionados anteriormente).

  5. Concuerdo con los comentarios anteriores. Seguridad no es sinónimo de alarma, rejas, cerco eléctrico. La solución es crear vínculos entre los residentes de manera que como comunidad se protejan unos a otros.

    Me pregunto cuál es la definición de barrio o vida comunitaria que tienen las personas que optan por la vida en condominio, algunos señalan que es para que sus niños tengan vida de barrio. Pero la vida de barrio es más que un montón de casas con un guardia y gran reja en común. En mi opinión gran parte de los condominios generan un aislamiento en vez de una integración ciudadana ya que muchas veces a pesar compartir una plaza, los residentes adultos viven su vida puertas adentro y no existe una preocupación por el que vive al lado
    .
    Creo que la vida de barrio va más allá de conocer la cara de tu vecino, y a pesar de que los condominios son una alternativa para que esto se genere, creo que existen mejores formas de lograrlo.

    Tuve la oportunidad de vivir en un barrio donde había una plaza que frecuentaba varias veces por semana. Ahí conocí muchos niños que vivían a mí alrededor, con el tiempo se fueron conociendo los padres que nos acompañaban. Finalmente éramos una comunidad en la que nos conocíamos casi todos por lo que unos cuidaban de otros y así la gente se “hizo parte del lugar” de tal forma que la plaza pasó a ser un lugar seguro. Con esto quiero dar a entender que la vida en comunidad y la vida de barrio es clave para la seguridad de un lugar.

  6. Antonia Medina dijo:

    En mi opinión, el problema que están causando los condominios hoy en día ocurre por la definición de condominio, tanto de parte de sus habitantes (como señaló Trinidad) como de las inmobiliarias que ofrecen y desarrollan estos proyectos. Por ejemplo, el Mirador San Damián se presenta como condominio, pero al final es solo una red de calles y casas que no tienen nada en común entre sí, no se comunican, los vecinos inmediatos (o sea, los que viven literalmente uno junto a otro) no se conocen y los niños no juegan afuera. Lo más rescatable de este lugar es su cancha de fútbol, pero ni siquiera esta logra que se armen juegos entre los vecinos del sector.

    En vez de generar más movimiento y los “ojos a la calle” que rescató María Paz sobre las teorías de Jane Jacobsen, estos lugares se vuelven una doble capa de rejas dentro de la trama urbana, en la que sus dueños creen que la seguridad se logra solo con alarmas, guardias y cercos eléctricos. Esta realidad resulta más crítica aun cuando se compara con otro tipo de condominios existentes en Santiago, como las múltiples comunidades de Fernando Castillo. La diferencia principal radica en el estilo de vida que estos presentan, ya que condominios como el Mirador San Damián proponen múltiples unidades esparcidas de manera independiente, mientras que la comunidad El Espino, por ejemplo, tiene un patio interior que comunica todos los jardines de los vecinos, con una piscina común (el proyecto tiene la forma de un total y sus partes). Esto, junto con las reglas de la comunidad (en la que todos son responsables de la mantención del jardín), hace que los vecinos se conozcan, lo que los alerta a todos sobre la posible presencia de extraños. Otra diferencia importante es la escala de cada proyecto. El Mirador San Damián propone lotes para más de 100 casas, mientras que El Espino tiene solo 26. En esta comunidad es posible conocer a cada vecino, mientras que en San Damián se vuelve una tarea imposible.

  7. Maria de los Angeles Silva dijo:

    Frente a los cuentos y a los números es inevitable la reacción de buscar alternativas para sentirse más seguros en la propia casa, un robo puede ocurrir en cualquier lugar.
    Ahora, es un desafío para los arquitectos encontrar una distribución adecuada para que entre vecinos y el sistema de seguridad del grupo de casas queden protegidos, se podría diseñar y proyectar “el condominio seguro”, pero realmente seguro y no con el mismo desenlace que están teniendo los condominios.
    Hay que tener en cuenta que para lograr algo así es muy importante la escala, las inmobiliarias se empeñan en construir la mayor cantidad de casas en un terreno, y ese es el negocio, pero esta distribución no ofrece una diferencia en el tema de seguridad, ya que es imposible controlarlo todo.

  8. Veronica Sepulveda dijo:

    Creo que el problema va mas allá de cómo diseñamos las casas o los condominios. En la ciudad siempre va a haber gente que quiera vivir en ella, cerca de todo lo bueno que ésta ofrece, pero no tan cerca de todo lo malo que ésta implica, y así sentirse como en el campo o en la montaña. Con este comportamiento lo que logramos es seguir expandiendo los límites de la ciudad a los que nuevamente llegará la delincuencia, y donde las casas y condominios van a parecer cada vez más una cárcel. Creo que debemos controlar este crecimiento horizontal de la ciudad y dejar de construir y destruir tanto terrenos agrícolas como cerros en la ciudad. Debemos potenciar la densificación en los centros ya establecidos, donde existe una red de transporte público, servicios y seguridad para la comunidad. Puede que éstos no sean de la calidad que cada uno quisiera, pero creo que siempre es más eficaz concentrar el esfuerzo por mejorar algo que ya existe que estar constantemente agregando nuevos desafíos.
    Por otro lado creo que al vivir en una ciudad uno debe aprender a conocerla, y saber qué es lo que ofrece y que no, playa, campo, montaña, desierto, lago etc. y de alguna manera vivir con eso. Creo que no es justo ni para la ciudad ni sus habitantes cambiar sus características o tratar de insertar en ella pedazos de ciudad ideal. Alguien siempre va a querer vivir un poco más arriba en el cerro y tener un poco mejor vista, pero por eso tenemos que destruir algo que le pertenece a la ciudad? ¿Quién debe adaptarse, nosotros a la ciudad o ella a las demandas de cada uno de nosotros?

  9. María Paz Laso dijo:

    Me parece que el tema del aumento de la delincuencia en este tipo de complejos habitacionales no depende directamente de un tema de arquitectura.

    Si bien un buen diseño puede ayudar a aumentar la seguridad en un condominio, creo que hay otros problemas en la ciudad que contribuyen directamente a que esta situación empeore, como la segregación por ejemplo. Y si hilamos más fino, la mala calidad de vida en algunas comunas por falta de normativa y regularización. Lugares que llegan a condiciones de hacinamiento e insalubridad, verdaderos focos de delincuencia para nuestra ciudad.

    Nada sacamos con construir condominios con muros infranqueables. Si nuestra ciudad carga con los problemas antes mencionados, los delincuentes seguirán existiendo y encontrarán la manera de cruzar cualquier barrera.

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