Madrid, la ciudad del contraste

Por Carlos Rodriguez

Cuando se piensa en España existen dos ciudades que saltan cuasi inmediatamente; Barcelona y Madrid. Y es que Madrid siempre ha estado en una constante lucha no sólo con Barcelona, sino consigo misma. Madrid es la ciudad del contraste; fue capital de uno de los imperios más grandes de la historia pero que a su vez sufría de una desorganización y empobrecimiento alarmante . Fue el centro de la Corte Española pero no la ciudad más rica ni la más vanguardista de la península ibérica. Es la capital de España pero no la ciudad más cosmopolita ni la más industrializada del país. Sin embargo es la cuarta ciudad más visitada de Europa y la puerta de Europa hacía Latinoamérica. Dada esta constante tensión cabe entrar a cuestionarse sus implicancias ¿Este contraste sociocultural español tiene implicancias en la morfología urbana de Madrid durante su desarrollo histórico?. Si así fuese, ¿Cuáles fueron las formas de urbanización que entran en contraste? ¿Y esos tipos de urbanización coexisten o simplemente se tensionan producto de la historia?

Madrid se encuentra en el centro geográfico de la península Ibérica, en un valle rodeado por los ríos Manzanares, Jarama, Henares y Guadarrama. Hablar de Madrid es hablar de la historia no sólo de España, sino también de la península Ibérica. No obstante su sincronía con la historia española sólo se dio a partir del siglo IX. La Península ibérica tuvo asentamientos prehistóricos y fue conquistada por los romanos en el siglo I a.C , quienes establecieron ciudades como Toletum (Toledo) y Terraco (Tarragona). Sin embargo en el actual territorio sólo existían terrenos agrícolas y no fue hasta la dominación musulmana en el sur de la península que se estableció una fortaleza a orillas del río Manzanares a manos de Muhammad I en el siglo IX. Durante ese periodo la ciudad más importante del centro de la península era Toledo y el territorio pertenecía a su jurisdicción siendo una villa con algunos habitantes. La reconquista española del siglo XI permitió que la población de cristianos aumentara, no obstante el poblado carecía de importancia debido a su cercanía a centros más significativos como Toledo, Segovia y Alcalá de Henares.

Para 1492 toda la península ibérica había sido unificada bajo el dominio cristiano. El poder ostentado por la religión durante la Edad Media no sólo se mantuvo, sino que aumentó, calando hondo en la sociedad española del siglo XVI. El descubrimiento accidental de América puso a una España al mando de la conquista, administración y explotación de un territorio que superaba bastamente el de la península. La España debilitada por siglos de guerra religiosa se encontró con territorios de una enorme riqueza de la noche a la mañana y el aparato burocrático no daba a vasto para organizar las colonias por lo que la corona se apoyó en las instituciones eclesiásticas. Fue la Iglesia uno de los principales actores de la sociedad, controlándola y dominándola de manera férrea con instituciones como la Santa Inquisición. Europa dejaba atrás la Edad Media, sin embargo España mantenía el modelo feudal y aborrecía el comercio y los prestamistas por considerarse una actividad que la Iglesia Católica no aprobaba. No obstante los cambios en la situación española en el mundo motivaron a Felipe II a trasladar la corte del “Imperio donde nunca se pone el sol” desde Toledo a Madrid en 1561 .

El traslado de la Corte a Madrid significó el cambio más profundo para el poblado, el cual debió acoger a una gran cantidad de funcionarios de la corona. No obstante el reinado de Felipe II en Madrid no significó grandes transformaciones en la ciudad a excepción de la construcción de algunos edificios públicos y la Plaza Mayor. El concepto de la Plaza Mayor se encontraba en la mayoría de las ciudades medievales españoles, tratándose de un espacio público en el corazón de las ciudades. En las Plazas Mayores se celebraban espectáculos como corridas de toros, festividades religiosas y actividades cívicas . Madrid carecía de una Plaza Mayor, por lo que Felipe II de Habsburgo ordenó su construcción cuyo terminó fue en 1619 . El deseo de la construcción de la Plaza Mayor tuvo como necesidad la generación de un espacio público para las diferentes actividades ceremoniales de la Corona Española. No se trató de un plan de embellecimiento urbano, a pesar de la gran cantidad de riquezas en las nuevas colonias, sino más bien de una adaptación para la vida cortesana y la burocracia.

Madrid mantuvo su trazado medieval, con edificaciones que evolucionaron hacia una arquitectura barroca. La contrarreforma permitió que se hicieran cambios en la ciudad, pero no tan potentes como el caso de la Roma papal. Mucho de los elementos tradicionales de la España Medieval Cristiana se mantuvieron como las Iglesias, monasterios y conventos, así como la noción de la Calle Mayor. Se trataba de una vía pública fundamental en las ciudades españolas del medioevo, la cual concentraba el comercio y los edificios más importantes . Madrid mantuvo su principal artería comercial, la cual unía la Catedral de la Almudena con uno de los espacios públicos más importantes, la Puerta del Sol. Sin embargo la Calle Mayor nunca fue un vía barroca, sino más bien una calle medieval que coincidentemente conectaba dos de los puntos más importantes de la ciudad y de la idiosincrasia española. A pesar de que España era quizás el país más devoto de toda Europa y más cercano al Papado, el barroco se hizo presente sólo en la construcción de iglesias, edificios gubernamentales y ciertas plazas y no en la transformación del casco medieval.

La transformación de Madrid vino de la mano con el cambio de la dinastía de la corona en el siglo XVIII. La llegada de los dinastía francesa de los Borbones a España significó la reestructuración del aparato burocrático de la Corte, así como un cambio en la mentalidad de los monarcas en relación a la capital del reino. Se comenzaron las obras más reconocidas actualmente; durante el siglo XVIII Madrid vivió un embellecimiento de mano de una arquitectura neoclasicista que buscaba dotar a la ciudad de la belleza de otras capitales de Europa. Durante este periodo no se hicieron transformaciones urbanas a gran escala, sino más bien obras emblemáticas en ciertos puntos de la ciudad. El rey Carlos III de Borbón, también conocido como “El Mejor Alcalde de Madrid” , se encargó de ejercer todo su poder para transformar a la ciudad con una mezcla de edificios y espacio público. Se diseñó el Museo del Prado, el actual edificio del Museo de Arte Reina Sofía, el Jardín Botánico, el Parque del Buen Retiro, La Puerta de Alcalá, La plaza de Cibeles y el Paseo del Prado. El resultado fue la expansión de la ciudad al oriente basada en el modelo francés ilustrado, con espacio publico recreativo que el Madrid medieval carecía. Se comenzó a construir otra ciudad, contrapuesta a la medieval-barroca que había existido por siglos y no sobre ésta, sino coexistiendo con ella, agregándose a ella y creciendo gracias a ella.

La invasión Napoleónica, la independencia de las colonias americanas y los conflictos internos de una España que comenzó lentamente a industrializarse detuvieron muchos de los planes ilustrados de expansión futura de la capital. La Revolución Industrial tocó tarde a España y cuando llegó no fue Madrid la más beneficiada; Barcelona y el norte de la península ibérica recibieron no sólo la industrialización, sino también a una burguesía hambrienta y dispuesta a pagar por ciudades con mejor espacio público y mayores comodidades. No es de extrañar que fuese Barcelona la pionera en los llamados programas de “Ensanche”, el cual consistía en urbanizar más allá de los limites tradicionales mediante una grilla hipodamica. Idelfonso Cerdá se propuso transformar Barcelona con un plan de Ensanche que coincidió con el desarrollo de uno en Madrid mucho menos ambicioso.

Para 1860 el proyecto de Carlos. M. de Castro de urbanizar el norte de la ciudad y parte de la zona sur-oriente había sido aprobado . El proyecto constaba de una trazado hipodámico que se veía interrumpido por elementos preexistentes como el Parque del Retiro, a la vez que se yuxtaponía sobre al casco antiguo sin intervenir en su interior. No obstante el plan se deterioró debido a los cambios que el Ayuntamiento de Madrid hizo al proyecto original para satisfacer las necesidades los especuladores inmobiliarios. La ciudad terminó con un ensanche mezquino y muy diferente al proyectado originalmente. No obstante significó un una apertura a los cambios que la revolución industrial estaba suscitando. Madrid se abría a las nuevas infraestructuras urbanas como el ferrocarril, aceptando, acogiendo y adaptándose a los cambios que la propia revolución traía. No obstante, así como durante el barroco no se hicieron grandes transformaciones urbanas en el casco medieval, en plena revolución industrial los planes de transformaciones no se llevaron a cabo en su totalidad. Madrid de nuevo vivió una contradicción urbana puesto que a pesar de todos los esfuerzos por extender la ciudad de manera racional, fue la misma racionalidad económica del Ayuntamiento la que no permitió seguir totalmente con dichos planes.

En Madrid coexisten no sólo dos periodos históricos diferentes, sino también dos tipos de urbanismo opuestos. Se trata de las formas de urbanizar de una España que intentó adaptarse a los cambios sin hacer un esfuerzos dogmático por ellos. A diferencia de Paris, donde existía la voluntad política y la burguesía dispuesta, Madrid no fue capaz de llevar cambios tan radicales en cuatro siglos porque la sociedad carecía de una idiosincrasia y una ambición política para hacerlo. Gracias a esto, Madrid vivió el limbo de los cambios, de las intervenciones menores, de los planes de coexistencia urbana que terminaron por contrastar a la capital española con barrios de calles medievales y edificios barrocos que están separados de grandes avenidas arboladas y edificios Neoclásicos tan sólo por una calle. Son estos contrastes urbanos que dan a Madrid la identidad de una ciudad Europea; una ciudad donde la arquitectura y la historia se mantiene y se mezclan, donde el turismo se nutre dicha relación y donde la sociedad acepta la arquitectura y ciudad nueva y vieja sin necesariamente desmerecer ninguna de las dos.

 

 

 

 

Fuentes:

Madrid, Cuarta ciudad europea más visitada. http://www.madridiario.es/2007/Diciembre/anuario2007/enero/50489/turistas-madrid-visitas-record.html [citado el 22 de oct. de 12]

Etapas de la conquista de la Península Ibérica por Roma, http://www.historiasiglo20.org/HE/1d.htm [citado el 21 de oct. de 12]

Motivos de la designación de Madrid como capital del reino. http://www.eldiariomontanes.es/20080625/opinion/articulos/motivos-para-designacion-madrid-20080625.html [citado el 21 de oct. de 12]

Bonet Correa, Antonio: El Urbanismo en España e Hispanoamérica. Ensayos del Arte. Ediciones Cátedra, Madrid 1991

Carlos III, El mejor alcalde de Madrid. http://www.laguia2000.com/espana/carlos-iii-el-mejor-alcalde-de-madrid [citado el 22 de oct. 12]

De Teran, Fernando. Historia del Urbanismo en España III, Ediciones Cátedra, 1999, Madrid

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Una respuesta a Madrid, la ciudad del contraste

  1. María José Arellano Vargas dijo:

    “El resultado fue la expansión de la ciudad al oriente basada en el modelo francés ilustrado, con espacio publico recreativo que el Madrid medieval carecía.” notable que imiten a los franceses…. lo siento, tenía que comentártelo!

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