Bilbao; desde la comarca a la ciudad Guggenheim

Por Fernando Fernandez

Situada al norte de la península Ibérica, Bilbao la capital del país Vasco, es hoy una de las ciudades más emblemáticas y reconocidas por su nueva estética. Edificios “estrellas” han logrado cambiar el imaginario colectivo de una urbe industrial y han logrado poner a Bilbao en el tapete de las ciudades más emblemáticas de los últimos tiempos. Basta “googlear” Bilbao para encontrarse, en su mayoría, con imágenes de las obras más vanguardistas y rupturistas de la época. Durante la última década ha surgido una nueva tendencia arquitectónica (e incluso política) y de una nueva estética urbana que sigue la pauta de lo que los economistas eufemísticamente denominan “marketing urbano” .

Arquitectos internacionales llamados los Starquitects como Frank Gerry, Santiago Calatrava, César Azcárate han sido los responsables del diseñado de edificios que en conjunto con importantes obras de ingeniería y transporte han cambiado el carácter de la ciudad, intentando cumplir con funciones extra culturales que nacen de una iniciativa política para “estetizar una ciudad brusca, feísta y en crisis” y así, posicionar a la ciudad en la esfera internacional.

Pero ¿Qué ha pasado con la ciudad histórica? los más de siete siglos anteriores de la ciudad. ¿Dónde han quedado los rasgos de la villa de Bilbao, de la ciudad industrial, de los movimientos sociales? ¿Cuál es el costo social, cultural y morfológico que se debe pagar por una ciudad que intenta ser una imagen-marca? ¿Se logra poner en valor la integración de la ciudadanía y la cultura local en esta nueva ciudad de ocio y de servicios?

Existen dos posturas muy claras al respecto. Por una parte se rinde homenaje al nuevo desarrollo de una ciudad de servicios, seducida por una arquitectura monumentalita, donde el “efecto Guggenheim” ha logrado demostrar su potencial simbólico capaz de producir una nueva identidad ciudadana.

Por otra parte, Larrea y Gamarra postulan que se ha logrado producir un efecto de censura de gran parte del carácter de Bilbao, de la ciudadanía y de la ciudad histórica, donde la política y la propaganda superficial del capitalismo internacional acosan al desarrollo de la ciudad.

Para intentar responder algunas de estas inquietudes es fundamental poder conocer el desarrollo histórico de la ciudad y cómo y porqué se llego al Bilbao de hoy.

La fundación de la ciudad se remonta al siglo XIV, plena Edad Media . Fue una de las primeras villas bajo el incentivo fundacional de la Corona de Castilla. La Villa de Bilbao se fundada a través de la Carta-Puebla, la cual suponía la asignación territorial y una posibilidad de desarrollo comarcal e industrial que su condición geográfica, como puerto interior, le permitía.

La morfología primitiva de la villa responde a una organización regular de una ciudad medieval. Establecida al norte del rio Nervión, desplegándose de forma concéntrica envolviendo y protegiendo su núcleo. Esto se traduce en una parcelación uniforme generada por el trazado de las tres calles paralelas iniciales; Somera, Artecalle y Tendería y a la cabecera la iglesia dedicada al apóstol Santiago. Todo este asentamiento protegido por una muralla.

En 1310 se concede una nueva carta de poblamiento que amplia los privilegios comerciales, convirtiéndola en paso obligatorio de la ruta comercial más importante del señorío, conectando Castilla con el mar. De esta manera el poderío comercial de Bilbao se vio fuertemente beneficiado, convirtiéndose en uno de los polo comercial más importantes de la península ibérica, conectándose con los puertos de Flandes, Gran Bretaña, Francia y Portugal.

En el siglo siguiente, se establecieron las restantes cuatro calles para que en 1442 se conformaran las populares “siete calles”, densificando prácticamente todo el recinto amurallado.

En 1571 después de varias inundaciones y un gran incendio la ciudad se redujo a escombros. El desastre obligó a una reconstrucción importante. Se derribaron las murallas para permitir la expansión de la ciudad y se redactaron las primeras ordenanzas de edificación. Las cuales mantienen el antiguo sistema parcelario pero con edificaciones de mayor altura, así como también varían los sistemas constructivos, utilizando piedra en vez de madera como material básico de construcción. La ciudad tuvo su primer ensanche, el cual expandió la ciudad hacia el norte construyéndose nuevas edificaciones, generando nuevos espacios públicos, como la Plaza Viega o el mercado en la Ribera. De esta manera se logra definir las configuración del Casco Viejo.

Durante el siglo XIX se generó un gran cambio en la urbanización de la ciudad, el “salto” sobre el Rio Nervión expandiendo la ciudad hacia el este. Luego de muchos conflictos territoriales entre la Villa de Bilbao y la antiglesia, la ciudad se logra apropiar del sector de la vega de Abando. Este ensanche proyectado hacia el este del Casco Antiguo responde a los problemas demográficos, especulación inmobiliaria, nuevos espacios para la industria, etc. De esta manera surge la necesidad de ampliar la ciudad, la cual fue extendiéndose paulatinamente a través de un proceso de urbanización con un fuerte interés en el diseño. En el cual se desarrolla la formalización de la Gran Via, el emplazamiento de plazas y paseos las cuales incluso reconocían y mantenían accidentes topográficos.

Durante este periodo la ciudad había logrado afianzarse como centro económico del País Vasco. En 1850 llega la Revolución Industrial con la creación del primer alto horno, dando un punta pie a la creación de nuevas empresas siderúrgicas y fábricas, las cuales a partir de este momento se convirtieron una de las actividades económicas más fuertes de la ciudad. Luego en 1857 llego el ferrocarril, se fundo el Banco de Bilbao, la Bolsa de Bilbao, hospitales y hasta un teatro. La población experimento un fuerte crecimiento demográfico. Los movimientos sociales también tuvieron lugar en esta época, destacando el nacionalismo vasco, los movimientos obreros, el republicanismo y el liberalismo monárquico.

Durante la Guerra Civil, España sufrió un estancamiento económico del cual Bilbao no se quedo al margen. Pero luego terminada la guerra, retomo su proceso de desarrollo industrial y económico, acompañado de un fuerte crecimiento demográfico, atrayendo una masiva inmigración de trabajadores de todas las regiones del país. Estos causaron un crecimiento desordenado de la ciudad, ocasionando el auge de los asentamientos informales en las laderas de los montes. Por otra parte se destaca la intervención de la zona de San Ignacio, con viviendas de una calidad espacial muy alta a los bordes del rio Nervión.

En 1983 el rio se desborda causando grandes perdidas económicas y de vida humana. Como consecuencia se decide encauzar el rio con el fin de evitar futuros desbordamientos.

Durante los años 1980`s Bilbao se ve fuertemente afectada por la crisis industrial, casi un 30% de la población sin trabajo, dada la situación, los gestores de la ciudad buscaron nuevas maneras de reactivar la economía, replanteándose las bases de su futuro desarrollo. De esta manera comienza la transformación hacia una ciudad de servicios. Mejorando su infraestructura y regenerando el tejido urbano, rehabilitando el Casco Viejo, desmantelando antiguos paños industriales activando espacios libres en las márgenes del rio. Esta nueva estrategia comienza con la inauguración del Museo Guggenheim, luego el palacio Euskalduna, el metro, tranvía, etc. (Manuel Basas Fernández ,El crecimiento de Bilbao y su comarca, Bilbao 1969)

Utilizando al Museo Guggenheim como uno de los proyectos detonantes en el fenómeno de renovación urbana para Bilbao y entendiendo su rol en la ciudad como un objeto de ornamento y no como un museo propiamente tal. Iñaki Esteban, explica el efecto Guggenheim , no cómo una infraestructura necesaria para el funcionamiento de la ciudad. Pero sí que al implantarse con éxito, se logra cumplir con funciones extra culturales. La ciudad se desarrolla, crece y se enriquece. El edificio debe dotar de visibilidad e identidad a la ciudad, transformándose en algo funcional y productivo.

A nivel urbano la regeneración y su énfasis estético y sensorial sirven para crear una imagen de ciudad abierta y novedosa, al lujo y a la moda. Económicamente el edificio aporta competitividad internacional, insertándose en una sociedad donde la comunicación y los escenarios importan más que los contenidos: atrayendo turistas y fomentando el desarrollo de actividades relacionadas. El ornamento se transforma en una maquina de relaciones públicas, que en la confluencia de los intereses económicos y políticos, actúa como pantalla para la imagen y los mensajes interesados de partidos políticos, instituciones y empresas.

Otras posturas más radicales y nacionalistas hablan de cómo mediante la renovación urbana se ha perdido la identidad de la ciudad de Bilbao, privando del recuerdo de acontecimientos históricos que han conformado su identidad en las últimas décadas. Hacer de la ciudad un espacio sin historia, en un intento ridículo de lograr una mala “armonía” social y de cómo se han afectado incluso piezas geográficas, como por ejemplo las identidades de ambos márgenes del rio, al compás de los cambios acelerados del capitalismo global.

La actual hiper-estetización del espacio urbano y el recurso de la arquitectura monumental producen un efecto de invisibilizar gran parte de la ciudad, llegando a la desaparición de espacios urbanos destinados al olvido.

Bilbao se ha convertido en una ciudad souvenir donde se muestra una ciudad de la utopía narcisista y absoluta de quienes han imaginado y construido el presente de la morfología urbana a través de las maquetas blancas y esterilizadas que han precedido siempre los proyectos de regeneración urbana.

La complejidad de decisiones detrás de cualquier renovación urbana siempre están presentes. El caso de Bilbao no se quedo fuera de contexto. Existe una idea general por parte de los ciudadanos de que la ciudad sí obtuvo un beneficio luego del cambio de dirección que tomo Bilbao. La nueva ciudad de servicio, ocio y espectáculo trajo consigo positivos avances para una gran parte de la población, como también algunas injusticias.

Ahora la pregunta que nos tenemos que hacer es cómo se logra integrar a la ciudadanía y la cultura local al momento de diseñar y tomar decisiones sobre el futuro de una ciudad. La ciudad la construyen todos sus habitantes y la complejidad esta en darle respuesta al espacio a todos los integrantes. Mantener el valor del patrimonio y la historia así como también no quedar en una ciudad obsoleta, gris y en mal estado. La renovación es parte de cualquier proceso de una ciudad en desarrollo. Lo importante es lograr poner en valor todas las piezas dentro del juego y no olvidar que todos son parte importante en la sostenibilidad de la ciudad.

 

Bibliografía

-El crecimiento de Bilbao y su comarca, Manuel Basas Fernández. Bilbao 1969

-Desarrollo Urbano de Bilbao.

http://es.scribd.com/doc/27405404/Desarrollo-Urbano-de-Bilbao

-http://es.wikipedia.org/wiki/Bilbao

-Revista Eure, Vol. XXXV, N. 105, pp. 143-147, agosto 2009

-Andeka Larrea,Garikoitz Gamarra, Bilbao y su doble;¿Regeneración urbana o destruccion de la vida pública?

http://es.scribd.com/doc/89493334/Bilbao-y-Su-Doble-¿Regeneracion-urbana-o-destruccion-de-la-vida-publica-G-Gamarra-y-A-Larrea

 

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3 respuestas a Bilbao; desde la comarca a la ciudad Guggenheim

  1. María José Arellano Vargas dijo:

    Sin duda lo que ocurrió en Bilbao hace menos de 40 años, hace que ella sea un ejemplo patente de como se puede operar urbanamente en prácticamente todas las ciudades del mundo, incluyendo nuestro Santiago. El hecho de construir un hito urbano, que le da un nuevo rostro y genera un atractivo, no sólo hacia los turistas ávidos de experiencias, sino también a los inversionistas que hacen crecer económicamente una ciudad; marca el desarrollo urbano de la misma. Deberíamos preguntarnos, entonces por nuestro Guggenheim. Difícil es no caer en la comparación con el Costanera Center, pero quizás muchos dirán que un Gehry no se puede comprar con aquel monumento al consumo. Sinceramente, yo creo que en Santiago estamos todavía esperando nuestro Guggenheim. Un edificio cultural conglomerante, reconocible y aceptado por la disciplina arquitectónica, que le de un nuevo rostro a la ciudad. Actualmente, el Costanera es nuestra carta de presentación y quizás lo seguirá siendo por muchos años. No es por buscar culpables, pero creo que los arquitectos, durante mucho tiempo hemos permitido que otros (el mercado, los inversionistas, el Estado) tomen decisiones que pasan antes que nada por nuestra disciplina. Bilbao eligió a Gehry, nosotros debemos buscarnos nuestro Guggenheim, pero más que nada, debemos construirlo.
    Sin embargo, no creo que el desarrollo y crecimiento de una ciudad, solamente pase por un edificio “alocado”, pero sí creo que pasa, por generar construcciones que nos sirvan de carta de presentación para el resto del mundo. La única manera que tiene el mundo de ver Santiago, es a través de nuestras construcciones. Lamentablemente ahora el mundo nos ve por medio del Costanera, es de esperar que en algún otro momento nos vean con otro edificio, uno que sea más amigable con la ciudad misma y no se convierta en gran edificio que se mira a sí mismo y al consumo que produce.

  2. Rafael Bordachar R. dijo:

    Bilbao al igual que Barcelona, han logrado figurar dentro del mapa de ciudades atractivas europeas debido a la autonomía que poseen en comparación con las demás capitales de las comunidades españolas. El País Vasco administra sus propios recursos y puede decidir de que forma manejar sus inversiones, al comparar el IDH del País Vasco con los demás países Europeos, el “país” sería el tercero en el mundo y creo que es este nivel de desarrollo más que la construcción de un sólo edificio el que ha cambiado la cara a la ciudad. Si bien la construcción del Guggenheim es la imagen internacional de la ciudad, el museo sólo es parte de un plan de inversiones y transformaciones que el gobierno de la comunidad ha venido llevando a cabo durante las últimas décadas. Me gustaría saber que pasaría en el caso que la región de Antofagasta retuviera los ingresos del cobre y cómo la ciudad de Antofagasta se posesionaría dentro de las ciudades latinoamericanas.

  3. Katica Puga Ramírez dijo:

    Personalmente considero muy interesante la analogía que hace María José entre el Guggenheim de Bilbao y nuestro Costanera Center. Ello se liga a cómo queremos que nos vean como ciudad, y cómo somos vistos. Si antes en las postales de Santiago habían fotos de la catedral, el cerro Santa Lucía y del Cerro San Cristóbal, no nos asustemos cuando nos encontremos con imágenes de este nuevo gigante de la ciudad. Triste, pero más triste aún es que todavía (y falta mucho tiempo aún) no se haya hecho nada para revertir (o por lo menos intentar revertir la situación. Lo que ocurre es que sabemos lo que no queremos para nuestra ciudad, pero no sabemos lo que queremos, y en tanta pasividad, alguien nos tomó ventaja.

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