¿Qué pasa con la ribera norte?

Por Magdalena Ulloa 

Los bordes del río Mapocho han sido un tema a tratar desde la construcción de Santiago como ciudad. Su ribera presenta un potencial ineludible de espacios públicos transversales y democráticos al pasar de oriente a poniente por 11 comunas : Lo Barnechea, Vitacura, Las Condes, Recoleta, Independencia, Providencia, Santiago, Renca, Pudahuel, Cerro Navia y Quinta Normal; pero la situación actual del borde más que consolidar al río como un hecho geográfico proveedor de espacios públicos, es un claro reflejo de las desigualdades socioeconómicas presentes en nuestra ciudad.

El cómo nos enfrentamos al borde del río mapocho ha sido visto desde diversas perspectivas. En los comienzos de nuestra ciudad; este representaba un hecho fundacional, divisor de la chimba (actualmente recoleta, patronato) de la ciudad consolida; los tajamares eran un paseo de la elite y la ciudad entera celebraba su existencia. Con el crecimiento de Santiago, el río pasó a ser la cloaca de la ciudad, un foco de contaminación que significaba un problema a solucionar, por lo que se implementaron una serie de medidas de saneamiento y áreas verdes vinculadas a los parques de ribera que hoy conocemos en las comunas de Santiago y Providencia.

Ya en los años 60, surgieron nuevas posturas sobre cómo enfrentarse al río mapocho, como la idea de potenciarlo como un corredor ecológico en el PRIS, y posteriormente la idea de vincular su paisaje a la ciudad a través de un sistema de parques integrados. Actualmente, esta última propuesta, ha sido materializada en el “Mapocho 42k” , proyecto que mediante el acondicionamiento de la ribera sur del río tiene como objetivo unificar los parques existentes, espacios residuales y potenciales mediante un ciclo-paseo de uso público y esparcimiento.

De todo el tramo que abarca el 42k, el más problemático, es la zona emplazada en las comunas de Quinta Normal y Cerro Navia, pero ¿que es lo que diferencia esta zona de las otras comunas de la ribera sur?

La existencia en superficie de la Costanera sur. No es coincidencia que en estas comunas los espacios del borde del río sean tomas, basurales, estaciones de micro, etc. El tratamiento de los límites y bordes del espacio público es de suma importancia, ¿de que nos sirve un parque si no podemos llegar a él?

El caso de los espacios públicos del borde del río Mapocho en Santiago debieran responder principalmente a dos temas: Primero, a su relación con el paisaje, con el río como hecho geográfico constructor de la identidad cultural de los santiaguinos ya que es imprescindible para construir o potenciar estos espacios entender que la relación entre ciudad, habitantes y paisaje es íntima e inseparable. Segundo, a su calidad de espacio público, entendido como espacios democráticos insertos en el tejido urbano donde la ciudad manifiesta su mixtura.

Richard Sennet, en su ensayo “Open City”, plantea la idea de que la ciudad debe funcionar como un sistema abierto, incorporar los principios de porosidad en el territorio, propone dejar las formas incompletas para que los límites se vuelvan porosos e indefinidos. De este modo afirma que las ciudades se volverán democráticas, no en términos legales, sino en experiencia física.

El término “espacio público democrático” debe incorporar el factor de accesibilidad. Como lo plantean Richard Sennett y William H.Whyte, los límites deben ser permeables para incorporar los espacios vacíos en el tejido urbano y de este modo hacerlos asequibles para los ciudadanos.

Si la costanera sur toma en consideración algunos puntos de acceso, semáforos y una velocidad de avenida más que autopista, la existencia en superficie de la costanera norte ha bloqueado el acceso a posibles espacios públicos o los ha eliminado por completo.

Esta cicatriz además atenta contra la noción del río como un hecho geográfico de importancia en la ciudad. El término “costanera” , que significa “paseo de borde costero” ha sido reemplazado en Santiago por “autopista de gran velocidad”, y cumple la misión de consolidar al río como un hecho insignificante y molesto, por lo menos en casi la totalidad de la zona norte de la ciudad.

Por promover una conexión expedita en automóvil, se ha generado una división absoluta con el río, a diferencia de la zona sur, en la cual se emplaza el 42k, los problemas de desconexión y espacio público casi inexistente de la zona norte no serán fácilmente solucionados.

No podemos seguir construyendo proyectos que beneficien al automovilista y al privado, proyectos como el 42k representan excelentes iniciativas y sientan el pie para dar un vuelco en la forma en la que construimos nuestras ciudades.

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12 respuestas a ¿Qué pasa con la ribera norte?

  1. Josefina Feuerhake dijo:

    Concuerdo con Magdalena; es gratificante ver que iniciativas como 42k estén empezando a surgir en nuestra ciudad, y que sean una oportunidad real de recuperar parte del río Mapocho como hito estructurador de la ciudad. Sin embargo, es sorprendente y preocupante que sigan surgiendo iniciativas que van en sentido completamente opuesto, como la Costanera Sur. No contentos con eliminar la ribera norte del Mapocho, ahora permitimos que la ribera sur también desaparezca, convirtiendo al río en un mero curso de agua apenas visible en medio de dos autopistas.
    En algunos años, aparecerán proyectos que intentarán recuperar las fajas de tierra que hoy ocupan las autopistas, y así nos la pasaremos en una ciudad que debe echar a perder para luego enmendar.
    Es de esperarse que llegue el día en que empecemos a construir nuestra ciudad dando valor a sus atributos, y con proyección hacia el futuro. Ese día no debería estar muy lejos; es nuestra generación la que tiene esta tarea en sus manos.

  2. Juan Cristóbal Donoso dijo:

    Es importante destacar en este tema el labor de los vecino. Como sabemos y bien dices Magdalena, el proyecto “Costanera Norte” se ha transformado en una verdadera barrera entre la ciudad y el río en su rivera norte, pero el actuar de los ciudadanos muchas veces puede ser más potente que cualquier inversionista privado. Es así como ocurrió en el sector de Pedro de Valdivia Norte que tanto conocemos, en donde se logró desviar el recorrido original que iba por el borde del cerro, y fijarlo en un túnel subterráneo, dejando en sus superficie la continuación del parque existente. Esto, permitió disminuir los impactos en la comuna, logrando vincular al peatón con el borde del río.
    Con esto, quiero dar incapié en que muchas veces los intereses de los privados pasan por sobre los habitantes del sector, cuando debieran ser ellos los verdaderos protagonistas. Hoy en día, se debe trabajar en conjunto para que no pase lo que ocurre hoy con Quinta Normal y Cerro Navia, en donde el articular el proyecto “42k” con el interior de su comuna es un problema, cuando un parque siempre debiera ser recibido con los brazos abiertos.

    El trabajo en conjunto del privado-municipalidad-ciudadanos logra resultados más gratificantes y permite una ciudad mejor urbanizada, en donde la “vida de barrio” y áreas verdes sean un detonante de actividades sanas al aire libre.

  3. Olivia Benoit dijo:

    Es realmente frustrante ver como nuestra ciudad le da la espalda al río. Hoy por hoy desde el único lugar desde donde lo veo es la costanera norte. Tengo recuerdos de mi infancia de ver el río desde más lugares, siempre sucio y no con mucha agua, pero al menos de saber que estaba ahí.

    Me parece que en un país cualificado por el curso de sus ríos, donde se ve reflejada su geografía montañosa que desemboca en el océano, es una aberración lo que se hizo con nuestra ciudad. El río debería ser el elemento principal. Sus primeros fundadores buscaron este curso de agua para su sobrevivencia y por su belleza, y hemos deshonrado su elección.

    Pobre Santiago. Contaminamos hasta no poder ver la cordillera, escondimos el rio, construimos edificios más altos que sus cerros, creo que no queda nada mas que echar a perder, y si existe esta contando sus días.

  4. Josefina Anguita dijo:

    Desgraciadamente el proyecto 42k ha sido interferido por la construcción de la costanera sur. Que lamentable que un proyecto que buscaba resaltar, y volver a incluir en el paisaje ciudad un hito geográfico construyendo en su borde áreas verdes en 11 comunas, generando así un gran pulmón verde, sea opacado por infraestructuras de vialidad.

    Pero creo que no debemos dar la batalla por perdida. En el caso de Vitacura, el Parque Bicentenario estaba ya construido cuando se comenzaron las obras para la costanera sur. Lo que se hizo es que las calles pasaran entre el río y el parque, y como el parque toma una altura mayor en el borde del río, no se interfiere la relación visual que se tiene con la cuenca. No es la mejor solución, pero esto nos da esperanza de que aún se puede rescatar la geografía de nuestras ciudades, intentando combinar las infraestructuras viales, y los parques. Otra solución notable es hundir la carretera, como se hace en el Parque de las esculturas con la costanera norte. Son inversiones mayores, pero que son necesarias, ya que no podemos cambiar nuestro territorio y parques por un transporte más expedito.

  5. Olivia Benoit dijo:

    Estoy en desacuerdo con uno de los puntos de Josefina, creo que el parque bicentenario definitivamente le da la espalda al río. Si uno va hacia el borde alto del parque (sector menos transitado ya que esta diseñado mayoritariamente como lugar de paso que de estar) puede efectivamente ver el río. Pero a mi parecer el río fue algo totalmente desechado a la hora de diseñar el parque ya que este se vuelve a si mismo y las vistas están enfocadas mayoritariamente entre sectores del parque o hacia el poniente desde donde hoy se puede ver el Costanera Center como actor principal.

    Los parques que verdaderamente interactúan con el rio abundan en las ciudades del mundo, desde parques inundables que verdaderamente están en el rio, hasta parques que se mezclan con este y conviven con infraestructura hidráulica.

    • Catalina Funes dijo:

      Concuerdo con Olivia, desafortunadamente muchos de los proyectos diseñados entorno al rio Mapocho, buscan esconderlo y no resaltarlo, así es como el Parque Bicentenario de Vitacura, le da la espalda, creando lagunas artificiales que ninguna relación tienen con el flujo del rio Mapocho.
      Hay que pensar que el rio ya no es lo mismo que era antes, no se trata de un rio contaminado, pues se ha invertido para llevar los desechos por viaductos laterales al rio, que han logrado descontaminar en un 100% las aguas del Mapocho, según la planta la Farfana.
      Entonces qué es lo que queremos? Debemos reconocer los hitos naturales de la ciudad y construir acorde a éstos, no ocuparlos como límites, sino más bien como una herramienta para hacer ciudad. Encuentra que el proyecto 42k es una excelente oportunidad de volver a ver el rio. Dejemos que el término costanera vuelva a sus orígenes, y que no se deforme por la realidad actual del excesivo uso del automóvil. El proyecto 42k permitiría transformar este límite físico, convirtiéndose en un paso más poroso e indefinido, como mencionó Magdalena citando a Richard Sennet

  6. El caso de la ribera del Río Mapocho, es un ejemplo muy gráfico de lo que está pasando en muchas partes de Santiago, en que la prioridad está puesta en hacer circulaciones más eficientes, nuevas conexiones y mejores accesos para los automóviles, olvidándose del impacto vial sobre las áreas verdes, y del usuario más importante, el peatón. Estamos haciéndole una reverencia constante al automóvil.
    Experiencias como la del Rio Mapocho, ocurrieron en ciudades extranjeras, como el Río Sena en París, donde se busca recuperar las riberas del río para devolvérselas al peatón. Ahí es cuando uno se pregunta por qué las autoridades no han mirado estos ejemplos al planificar Santiago, ciudades que en el pasado le han dado sus espaldas a los ríos, hoy todas buscan cambiar esa relación. Se entiende que son historias muy distintas, pero en vez de extraer lecciones de estas ciudades más “maduras” en materia urbana, volvemos a tropezar con la misma piedra. ¿Será que para aprender es necesario cometer los mismos errores aquí también? ¿o simplemente es un problema de administración, y se está priorizando el bien individual sobre el bien común?

  7. María Jesús Alamos dijo:

    Tenemos la ventaja, como país subdesarrollado, de no ser quienes innovan en materias urbanas. Las grandes autopistas se construyeron, sobre todo en EEUU, durante los años 60, hace más de 40 años atrás. Muchas ciudades fueron inundadas de autopistas urbanas en aquellos años y han optado por derivarlas y emplazarlas en otras zonas o simplemente enterrarlas. Muchas de esas decisiones y proyectos se hicieron años antes de incluso licitar la costanera norte. Ejemplo claro de ello, por ejemplo, es el Embarcadero Freeway de San Francisco que terminó derivada, creando en su lugar un enorme espacio público que recibe miles de turistas diarios.¿Cómo somos tan tontos de no aprender de los errores de los otros? ¿Conocemos el costo que han tenido esos errores? Claramente hemos sido ciegos y no tomamos decisiones con proyecciones a futuro y considerando los errores del vecino.
    Proyectos tan buenos como el 42k seguirán apareciendo en los próximos años, ojalá sea así. Pero el costo de su construcción es mucho más alta al que tendrían si se hubiese hecho una buena planificación antes de construir esas carreteras que hoy nos dividen la ciudad.
    Ojalá los futuros proyectos para nuestra ciudad se hagan con buena planificación, aprendiendo de los errores ya hechos y pensando en el futuro de la ciudad, no el el gasto económico que generará para el gobierno en tránsito.

  8. Carlos Rodríguez Palleres dijo:

    El tema de los bordes fluviales parece ser uno de los mas importantes en términos de limites urbanos. Sin embargo en Santiago el río Mapocho a tenido un tratamiento desigual, construido por una serie de proyectos que unidos le dan características al borde. Santiago le da la espalda al río que lo cruza, al río que fue piedra angular de su propia fundación. Los sectores donde esto no ocurre son limitados; desde la rotonda Perez Zucovic hasta el Parque de los Reyes. Concuerdo con Olivia al exponer que el Parque Bicentenario le da la espalda al río; el proyecto esta diseñado de tal forma que desde la calle no se visualice el río. Verlo significa subir a uno de estos montículos artificiales de descanso toparse con la sorpresa de la Costanera Norte. Lo mismo ocurre al otro extremo de la ciudad, donde la Costanera Norte simplemente corta cualquier conexión de la comuna con el río.

    Por otro lado, la pregunta entra en cómo hacerse cargo de éste límite sin incurrir en la idea de proyectos que son insostenibles en el tiempo por un tema de costos. A todos les gustaría tener la ribera del río Mapocho intervenida (aunque sea minimamente) para que las personas de todo Santiago, y no algunos ubicados en ciertos sectores, tengan acceso. Es una idea interesante proponer una serie de espacio publico que utilice todo el río, en especial considerando que es un espacio fisico disponible y que Santiago carece de espacio publico y en especial de arboles. No obstante tambien es cierto que la Costanera está ubicada donde está porque el río es el unico espacio fisico por el cual todavía se puede cruzar todo Santiago. ¿Autopista vs Espacio Público?. María Jesus Alamo habló con certeza sobre no cometer los errores que otros han hecho en el pasado porque nuestra condición de subdesarrollo hace que todo nos llegue más tarde. Es cierto bajo esa mirada y estoy totalmente de acuerdo. No obstante, considerando que sí somos un país subdesarrollado, ¿cómo podemos conciliar la necesidad de una autopista a bajos costos con el espacio público? Porque está claro que sería una locura fiscal pensar en soterrar toda la Costanera Norte y dejar un espacio libre para su uso público; al menos en el Chile actual. Se necesita una autopista, se necesita recuperar la ribera. ¿Cómo hacerlo para que exista un equilibro entre costos y beneficio no sólo economico, sino tambien social?

  9. Rafael Bordachar R. dijo:

    Creo que el proyecto 42k y la Costanera Sur son proyectos que se deberían llevar a cabo en conjunto. Por un lado encuentro excelente iniciativa que por un medio de transporte como la bicicleta se logre generar una continuidad y un paseo a lo largo de todo Santiago a través de la implementación de nuevos parque en áreas donde antes no existían, pero también creo que el proyecto 42k al pasar por comunas como Cerro Navia y Quinta Normal las cuales no tienen una ribera consolidada, no aportarían en su máximo. En el futuro, me imagino la ribera sur del río Mapocho en las comunas antes citadas como la actual Avenida Andrés Bello, una avenida limitada por un lado por edificios que en el caso de estas comunas pueden servir para viviendas de calidad y servicios que hoy carecen y por el otro, con un parque que de hacia el río (y no que le de la espalda como el Parque Bicentenario) y la ciclovía que el proyecto 42k propone. De esta forma ambos proyectos se potenciarían entre si. Lástima que el panorama hacia la ribera norte quede jerarquizado por la Autopista Costanera Norte. Creo que la iniciativa de la Costenara Sur es una buena alternativa para descongestionar la Alameda hacia el poniente generando un acceso expedito para estas dos comunas a Santiago Centro y el fomento a la renovación urbana en comunas como Quinta Normal y Cerro Navia.

  10. Considero que al igual que la mayoría de los proyectos de arquitectura la problemática no es el ¿qué? O en este caso ¿Cuáles son los elementos que corresponden a las distintas costaneras del río, sino el ¿cómo? Son las mismas. Encuentro completamente posible la creación de una vía expresa que aligere el tránsito capitalino y que al mismo tiempo considere una relación el río por medio de espacios público y que a sus vez consolide una ciclovía, tal como se propone en proyectos como Madrid-Río.
    La cuestión está en la regulación por parte del gobierno a las concesionarias. En un país donde gran parte de las obras viales es realizada por el privado el Estado puede permitirse en ese sentido la disminución de costos para la creación de dichos espacios públicos si delega la construcción de estos a quienes construyen el subsuelo.
    En un momento de la historia de Chile donde el crecimiento económico está en auge es necesario mantener la inversión del privado pero con regulación, favoreciendo no sólo los intereses de unos pocos sino satisfaciendo las necesidades de todos los ciudadanos. Aprendiendo de los casos anteriores (costanera Norte) y teniendo en cuenta referentes exitosos.

  11. Nano Fernández dijo:

    El tema que saca a discusión Magdalena en su columna de opinión es para mí uno de las temáticas más relevantes de la historia, las transformaciones y operaciones en el desarrollo de Santiago. El rol que ha tenido el rio y la cuenca del Mapocho durante la historia de la ciudad ha dejado mucho que desear, pero nunca ha quedado en el olvido.

    Dada las características fluviales y el uso indebido que se le dio al rio durante décadas, hizo que nunca se valorara ni se considerara como un atractivo y una posibilidad de apertura de la ciudad hacia él. Fue en ese contexto cuando las infraestructuras de movilidad aprovecharon las condiciones físicas de continuidad que deja el cauce del rio y consolidaron arterias de movilidad en la ciudad sin poner el valor en las riberas del rio.

    Hoy, como explica Magdalena, el escenario no es el mismo. El valor y la potencia del rio para consolidar espacios de recreación y movilidad alternativas (ciclo vías, tren del rio) están tomando forma.
    Es un proceso lento donde muchas veces el daño de imagen física y conceptual sobre el Mapocho es difícil de cambiar. La rivera norte en la zona poniente de la ciudad ya fue ganada por las autopistas donde poco y nada queda por hacer para reintegrar la zona a la trama de la ciudad.

    Pero una de las más importantes conclusiones que se deben sacar del proceso del Mapocho es el de aprender y valorar nuestros recursos hídricos y utilizar este ejemplo para no volver a caer en los mismo errores en otras ciudades del país.
    Ríos como el Calle-Calle, el Bio Bio, el Loa, y muchos otros más que atraviesan por miles de ciudades y pueblos de nuestro país deben ser considerados como elementos claves y atractivos y públicos para dar valor a nuestras ciudades.

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