La pesadilla de los blocks

Por M.Olivia Benoit

Los blocks o condominios sociales son un dolor de cabezas para todos. Para las familias que viven en ellos, y para el MINVU, que ha tenido que invertir para revertir el efecto que éstos han tenido en el país. Se han demolidos conjuntos, se han desdensificado, se ha invertido en espacio público, luminaria, mejoras de acceso; todo esto sin un buen resultado.

Uno de cada diez chilenos vive en uno de éstos departamentos que van desde los 36m2 hasta los 56 m2 aprox., diseñados para familias pequeñas, de 3 a 4 integrantes. Esta no es la realidad de las familias; no de la mayoría. El grupo familiar puede llegar hasta 8 – 9 personas por departamento (allegados, familiares) por lo que se necesita más espacio para vivir. Este es el primer problema al que se enfrentan las familias, ¿Cómo ampliar una vivienda que NO se puede ampliar? Imposible dirán algunos, pero la respuesta es otra: PELIGROSO e ILEGAL. Debilitamiento estructural del edificio completo, ampliaciones que no cumplen con los requisitos sísmicos, empeoramiento de las condiciones lumínicas y de ventilación de los demás vecinos; y todo esto es necesario para tener una vivienda que supere los 36m2. Parece justo, esta es la vivienda DEFINITIVA de estas familias ya que probablemente por el sector en que éstas están ubicadas, las posibilidades de surgir económica y socialmente sean muy pocas.

La situación es complicada, grandes territorios invadidos por condominios sociales, de clase social homogénea, con malos accesos, carencia de servicios y poca inversión. Con el tiempo, han ido apareciendo al crecer la ciudad mejores servicios para estas familias, pero que aun son bajos en calidad, ya que los barrios están estigmatizados como malos y es difícil revertir eso. Debe ser especificado que el “con el tiempo” que acaban de leer, se refiere a nada menos que 20 años. Entre los años 80 y finales de los 90 la construcción de condominios sociales fue explosiva. Se preguntarán lo mismo que yo… ¿Cómo pasaron 20 años cometiéndose los mismos errores? Aunque no hay una respuesta porque los gobiernos de este país se culpan unos a otros y nadie asume responsabilidad por nada, está claro que tiene que ver con un tema de cifras, y es que el estado cree que por hacer mayor cantidad de vivienda y disminuir los porcentajes de personas sin techo, cumple. Pero se equivoca, porque lo que ahora tenemos es a más de 1.6 millones de chilenos, con bajos ingresos económicos que viven en una casa que detestan, en un barrio malo, donde no pueden surgir. Los gobiernos llevan años con soluciones parche a los sectores más críticos. Durante el año pasado y este año, el pasado mes, el gobierno ha anunciado diferentes programas de mejoramiento que apuntan a mejoras del barrio, que incluyen áreas verdes y desdensificación (lo que favorecerá a familias que recibirán un subsidio para acceder a una vivienda mejor) que ayudan a medio y largo plazo, pero no atacan el problema de raíz.

Y es que el problema recae en el block como tipo, ya que la mayoría de las familias que vive en una casa, vive más contenta y con menos problemas, a pesar de que su barrio no sea bueno. Además de los grandes problemas de diseño que presentan los blocks como distribuciones y accesos, ubicación en el terreno en que se emplazan y ubicación en la ciudad, existe un gran problema administrativo. Condominio: propiedad privada + COPROPIEDAD. La gran mayoría de las personas que vive en un block, no sabe que en realidad vive en un condominio, por lo que comparte parte de su propiedad, debe tomar decisiones en conjunto, y a mayor organización – mejor calidad de vida. Y no saben irónicamente, porque nadie se los dijo. La señora Alejandra vive en un departamento en la Villa Santo Tomás en La Pintana, hace 18 años. Conversando acerca de la ampliación que quiere hacer a su departamento de 36m2 donde viven 7 personas, salió el tema de cómo hacerlo legal. Llegamos a que según la Ley de Propiedad Horizontal que rige a su departamento (es anterior a 1997 cuando aparece la Ley de Copropiedad), no existe un reglamento previo de normas a seguir entregado por el Serviu, por lo tanto los mismos vecinos deben organizarse en asamblea o consejo y votar si permiten a Alejandra ampliar su departamento. Necesita un 75% de aprobación. Y aquí viene la peor parte; Alejandra no sabía que vivía en un condominio, menos sus límites administrativos y jamás ha preguntado nada a un vecino, ni un vecino a ella porque al parecer la relación entre los vecinos de su block no es de amabilidad. Dice que prefiere volver a donde vivía antes, un sitio donde vivían 5 familias y compartían un baño para todos, su casa era una mediagua con algunas ampliaciones y tenía que pagar arriendo. Dice que el barrio (comuna de la La Granja) era más amable, y que se quedaba tranquila cuando los niños iban al colegio. Mientras tenemos esta conversación se escucha la música de un vecino lejano, como si estuviera sonando en la radio de su casa, ¿Ir a pedir que bajen el volumen? Se imaginarán la respuesta. Cada uno con lo suyo.

Soluciones tendrán que inventar hasta que ojalá nadie tenga que vivir ahí. Como la cultura de condominio ya no está y el tema de la administración es muy difícil, ojalá se ingenien nuevas maneras de hacer ampliaciones dignas y seguras, de la mano de subsidios o bonos con éste fin. Pero considerando que el precio del suelo sube y el déficit de viviendas aun es alto, el desafío está en el diseño de buenos conjuntos y en ayudar a vivir en comunidad prestableciendo normas para una mejor conviviencia.

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11 respuestas a La pesadilla de los blocks

  1. María Jesús Alamos dijo:

    Efectivamente la entrega de blocks ha sido uno de los mayores engaños que se le ha hecho a la población santiaguina.
    La entrega de vivienda propia se convirtió en pequeños espacios, aislados de los lugares de trabajo, con mala conectividad y muy pocos servicios, con alto nivel de delincuencia y con practicamente ninguna posibilidad de mejorar el valor del inmueble.
    Sin embargo, debemos valorar el gran esfuerzo que el gobierno está haciendo por revertir este mal causado. Proyectos se han aprobado para mejorar las áreas verdes de los alrededores, de mejorar la conectividad con vias y transporte públicos e incluso, hace unas semanas, se planteó demoler 4.000 blocks en los próximos 4 años.
    Nuestro rol ahora, como arquitectos, es PLANIFICAR Y DISEÑAR una ciudad y viviendas que integren a estos habitantes y les entregue condiciones dignas para vivir.

  2. Josefina Feuerhake dijo:

    Tal como plantea Olivia con el título “La Pesadilla de los Blocks”, para los habitantes de estos conjuntos habitacionales el día a día se transforma en un infierno, y lamentablemente recae en nosotros, los arquitectos, buena parte de la responsabilidad de que ello ocurra.
    Tenemos mucho que aportar en materia de vivienda social a través de buenos diseños tanto de viviendas, como de espacios públicos, de esparcimiento. ¿Por qué entonces todavía hay gente que vive hacinada, con miedo, sin áreas verdes y con un vecino que prácticamente vive en el mismo departamento? Sin duda la respuesta está en la ausencia de los arquitectos en el desarrollo de las viviendas sociales. Surge entonces una segunda pregunta: ¿Por qué?
    Espero que, independientemente de cuál sea la razón, la situación se revierta, y los arquitectos comencemos a participar más activamente en esta área.

  3. Paula Mulatti dijo:

    No hay que olvidar que la comuna de La Pintana se constituye por población erradicada de campamentos. Esta forma de habitar supone condiciones muy precarias, como mediaguas de escasos metros cuadrados, cerramientos de cartón y materiales encontrados, techos de fonola, falta de servicios básicos, etc. Esto supone consecuentemente un modo de vida colectivo; donde la presencia y relación con el vecino resulta fundamental como ayuda mutua y seguridad al interior del campamento.

    El caso de Alejandra, entonces, insinúa que se ha dado un paso forzoso entre el campamento y el block; sobretodo en cuanto a la vida colectiva que se pierde: el block constituye una serie de viviendas separadas solamente por un muro o una losa, pero todo queda resuelto de manera independiente al interior de cada una, por cada familia, sin necesidad de establecer relaciones con el vecino.

    Creo que se hace necesario revisar el pasado de estos habitantes para proponer soluciones que mejoren las condiciones de vida y al mismo tiempo mantengan las virtudes forjadas anteriormente.

  4. El principal problema de todo esto es que cuando se erradicó a la gente de los campamentos de hizo tratando de abarcar la mayor cantidad, pero no con la mejor calidad.
    Esto debido a que no se pensó en la familia chilena ni en sus necesidades, si no en darle un techo a cada familia que lo necesitara, sin pensar en que habían diferentes tipos de familia y que la gente que vivía en campamentos lo hacía con la gente que conocía y quería, y al ser trasladados, fueron separados.

    Creo que actualmente hay que arreglar lo que se hizo, porque la gente no cabe en sus viviendas, viven con un nivel de hacinamiento que destroza a cualquiera. El caso de Alejandra es uno entre millones de vecinos que lo único que quieren es salir de ahí.

    Pero esto es por la mala calidad del espacio público, pero sobre todo de las viviendas, por esto creo que se debería normar el tema de las ampliaciones, si es un problema real, y que ocurre a diario, porque no tomar cartas en el asunto y arreglarlo, darles una mano a sus pobladores, sería la mejor opción para terminar con los problemas de los “palafitos”.

    Quizás esta no sea la mejor solución desde el punto de vista urbano, pero es una necesidad real de un millón de familias que necesitan una solución ahora y no en 10 años más. Porque finalmente lo que proponen los gobiernos, son demoliciones y nuevas construcciones que tardan años en llegar y lo único que terminan siendo es una imagen de marketing para el partido político de turno.

  5. Constanza Cabezas dijo:

    Es cierto que como mencionan en el articulo un espacio de 36 m2 habitado por 8 personas es de una falta de dignidad intolerable. Me parece que el punto que toca Paula es fundamental en este problema y nos puede dar pistas a nosotros como arquitectos, para hacernos cargo de una realidad que viven a diario 1.6 millones de chilenos.

    Cuando a un arquitecto le encargan proyectar una vivienda ¿Cual es uno de los factores preponderantes a la hora de diseñar? La respuesta es “quien la va a habitar, cómo la va a habitar, cuales son sus necesidades y gustos”. Si bien se entiende que cuando hay un buen presupuesto se puede dar rienda suelta al proyecto, en casos como el de la vivienda social, que el presupuesto es extremadamente limitado queda en evidencia que el usuario es reducido hasta el punto de no tomarlo en cuenta, simplemente se transforma en un numero más, una familia que “felizmente” pasa del campamento, al “sueño de la casa propia”.
    El caso de Elemental – por muy citado que sea siempre- es un claro ejemplo de cómo, por el sólo hecho de tener en cuenta cual es la historia detrás de los habitantes, se puede diseñar una vivienda con futuro.

    Talento en Chile existe, y ya es hora que los arquitectos empiecen a tomar un rol determinante en lo social, poniendo todos sus conocimientos al servicios de los que más lo necesitan.

  6. Katica Puga dijo:

    Concuerdo con las posturas anteriores y también tengo una opinión crítica acerca de esta solución habitacional que se llevó a cabo hace unas décadas y que hoy vemos sus falencias.
    Sin embargo cabe destacar que estas soluciones al déficit habitacional intentaban entregar una vivienda con techo, agua y resguardo del clima a millones de familias. Es cierto que tuvo muchas falencias y vacíos su implementación que para nosotros hoy podemos considerar como descuidos necios, pero que en su momento no parecieron tan obvios como lo es hoy.
    Por ello este problema nos da luces de los otros aspectos humanos a considerar al momento de diseñar un hogar, que nos respecta como arquitectos: los lazos familiares, el sentido de pertenencia con un lugar, identidad con una comunidad, las distancias y tiempos de traslado, la privacidad, el sentido de seguridad, entre tantos más.

  7. Con este artículo se me viene a la cabeza la Comunidad Andalucía, un condominio cerrado de vivienda progresiva en altura, parte de un programa de renovación urbana de los años 90. El proyecto entregó viviendas de 30m2, algunas ampliables hasta 80m2, en blocks. Claro está que no estamos hablando del mismo tipo de blocks de La Pintana, pero es un caso en el que resultó la tipología de condominio.
    ¿Cuáles fueron los aciertos? Primero, la ubicación, a cuatro cuadras de la Autopista Central y del Parque O´Higgins, tiene acceso a múltiples servicios, incluyendo el transporte público, y está cerca de las fuentes de trabajo. Segundo, la comunidad, el grupo humano que lo habita mantiene lazos desde antes del proyecto, porque eran vecinos de un cité ubicado en el mismo lugar, es decir, la relación entre los vecinos ya existía. Tercero, la buena calidad de la construcción, se construyeron cáscaras de albañilería que cubrieran dos o tres plantas para posibles ampliaciones, y los recintos húmedos se entregaron terminados. Cuarto, el espacio público, en el interior del condominio existen jardineras, pérgolas y juegos, pero además los vecinos se han ido apropiando del lugar e instalando muebles de terraza y plantas en el área común, incluso en las pasarelas de los pisos superiores.
    Estas propiedades han aumentado su valor enormemente por su ubicación y por la calidad de vida que ofrecen. Además su posibilidad de ampliarse, ha permitido que hasta tres generaciones vivan en cada vivienda.
    Pero por algo se me vino a la mente, es una excepción, que contó con un alto presupuesto y un sitio estratégico que hoy sería imposible de conseguir. De estas experiencias notables se deben sacar lecciones, como que la buena calidad en la construcción proyecta un mejor futuro para la vivienda; que la identidad y la apropiación del lugar son muy importantes para la formación de una comunidad; y que la posibilidad de ampliar las viviendas debería estar considerarse siempre, porque en casi todos los casos, el grupo familiar es mucho más que padres e hijos.

  8. Nano Fernández dijo:

    A pesar que estoy de acuerdo con lo que plantea Olivia al decir que actualmente los blocks están siendo un problema para las autoridades y para quienes los habitan. No concuerdo plenamente que el problema venga desde el diseño arquitectónico.
    Tenemos como caso a analizar uno de los proyectos más emblemáticos e innovadores del movimiento moderno en nuestro país; la Unidad Vecinal Portales. Proyecto diseñado y construido durante los años 60 y 70 a cargo de los arquitectos Carlos Bresciani, Héctor Valdés, Fernando Castillo y Carlos García Huidobro.
    Este conjunto habitacional revoluciono la manera de hacer vivienda social en Chile. Se intenta dar respuesta a las problemáticas sociales de la época, discutiendo fuertemente el concepto de barrio y proyectando una vida comunitaria de amplias áreas verdes y espacio para el encuentro.
    Es así como podemos ver en las fotografías de la época, la excelente calidad de los espacios comunes y el interior de las viviendas.
    Durante sus primeros años la unidad habitacional fue un éxito, tanto para sus habitantes como para sus gestores, todos estaban muy conformes con los resultados y la manera de vivir en comunidad.

    Hoy en día el escenario no es el mismo, la falta de mantenimiento de sus áreas públicas, de los departamentos, la inexistencia del equipamiento inicialmente proyectado, sumado a los graves daños dejados por el terremoto del pasado 27 de Febrero, han provocado que el Patrimonio de la UVP se encuentre en un fuerte proceso de deterioro y vulnerabilidad.
    El proyecto esta en crisis, pero una crisis que no nace de la calidad especial, de su arquitectura ni de sus fundamentos iniciales del proyecto, la crisis nace de la sociedad, de la incapacidad de vivir en comunidad y de la falta de arraigo de la gran mayoría de sus habitantes.

    Ahora la pregunta que nos tenemos que hacer es por que ha ocurrido esto. ¿Qué se necesita para poder generar la vida en comunidad que se planteo en un inicio? ¿Sera un problema cultural?¿Seremos incapaces de vivir en comunidad?

  9. Olivia Benoit dijo:

    Creo que plantee el punto de la comunidad explícitamente, en el tema del condominio. Creo que los problemas de los blocks tienen sus culpables en gobiernos, arquitectos y carencia de reglas. Como bien explicaba el mayor problema de vivir hoy en block pasa por no existir una reglamentación previa que respeten los vecinos. A estas millones de familias se les entrego un departamento inserto en un block generalmente compuesto por dos naves de 18 departamentos cada una con un espacio COMUN perteneciente a todos y no se les dijo nada. Creo que existe la capacidad de vivir en comunidad, y de hecho funciona muy bien en la mayoría de los condominios que no pertenecen a vivienda social, como son condominios de clase media o alta. En ellos mas allá de la cultura o educación del habitante (que a mi juicio no siempre tiene que ver con los ingresos económicos) existen reglas que se entregan desde el primer día y son respetadas por todos, porque desde un principio existe esta idea de espacios comunes.

    Hoy en día el techo para Chile se empeña en trabajar en estos condominios sociales y su principal herramienta es conseguir que las diferentes comunidades vayan adoptando ciertas reglas mínimas de convivencia para ir rescatando algo de lo bueno que tienen estas viviendas, que es lo común cuando es bien utilizado. Un condominio que cumple sus reglas permitiría un mayor uso de las áreas comunes permitiendo al menos aliviar el hacinamiento dentro del departamento durante el día. Además lograr comunicación entre los vecinos aumentando la seguridad. Existen blocks muy bien organizados donde se ha logrado normar ciertas cosas y estas personas viven mucho mejor. Esto evidentemente tiene que ver con el tema que planteaban anteriormente de que los blocks no están conformados por personas que se conocen entre ellas. Por lo tanto creo que en aquellos blocks donde si existe organización también existía alguna red de contactos previa.

  10. No podemos continuar maquillando un rostro destruido. Con esto me refiero en que no soy partidario de crear ordenanzas para las ampliaciones o de buscar mejorar el aspecto de los bloques. El problema de los bloques de viviendas sociales es que están ya estigmatizados, difícilmente su valor aumentara y más dificultosamente sus usuarios se sentirán felices de vivir allí.
    El problema pasa de ser de carácter arquitectónico. Estos barrios ya están condenados por la sociedad y son la cara de la periferia pobre de los ciudadanos. Esto, sumado a la condición periférica, al hacinamiento y el imaginario social de relacionar bloques con pobreza, causan que un habitante de uno de los mencionados bloques se sienta y se sentirá inconforme con su vivienda.
    Demoler es la solución y buscar crear nuevos conjuntos que aunque carezcan de gran espacio interior ofrezcan al menos un espacio público que compense a la comunidad y los haga relacionarse entre ellos. Y apuntar en dirección a la revalorización de los terrenos con estrategias impuestas por la ya mencionada oficina ELEMENTAL o creando polos comerciales o centros interesantes en sus adyacencias. La cuestión no es sólo diseñar un edificio de vivienda social sino crear ciudad.

  11. Magdalena Ulloa dijo:

    Los bloks han sido un problema de nuestra ciudad desde su creación, en los años 80 la expansión del límite urbano de Santiago trajo varias consecuencias negativas para nuestra ciudad, sobre todo bajo el punto de vista de la vivienda social, que debido a los altos costos de terrenos cercanos al centro, se localizó en sectores periféricos con mala calidad de suelo, llegando incluso a localizarse en terrenos contaminados debido a la existencia de vertederos.
    Una de las últimas grandes controversias generadas por la mala calidad de vida en estos bloks o “condominios” de vivienda social, fue el incendio que mató a una madre y sus hijos ocurrido en Bajos de Mena, en la comuna de Puente Alto.
    En este barrio/ conjunto de blocks viven más de 120000 habitantes, 2/3 de la ciudad de Curicó, en condiciones deplorables, sin farmacias, sin tiendas, sin cuartel policial ni de bomberos.
    El problema de este barrio no radica simplemente en la mala arquitectura de sus edificios, ni por la carencia de espacios públicos. el gran problema, el que genera que estos barrios terminen por ser ghetos desconectados de la ciudad, es su mala ubicación y poca relación con el entorno.
    Bajos de Mena se conecta a Puente Alto por una sola calle, y se encuentra separado del resto de la comuna debido a la existencia de la autopista Acceso Sur. Similar es el caso de la población la Legua, famosa por el nivel de delincuencia y narcotráfico. Ésta población que tampoco cuenta con ningñun tipo de servicio básico, está conformada por una serie de pasajes que terminan en una Avenida llena de Industrias, la cual genera un verdadero muro que cobija a los narcotraficantes.
    Para mí, la mejor solución sería demoler, pero esta no puede ser la única solución.
    Actualmente existen proyectos dentro del programa de recuperación de barrios del MINVU que buscan mediante proyectos de acupuntura urbana mejorar la situación de estos condominios.
    La escala de estos conjuntos dá para que mediante proyectos urbanos la situación mejore, la solución no está solamente en la demolición ni mejora de la arquitectura o construcciones, creo fielmente que desde lo público lo privado puede mejorar.

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