La Calle, ¿realmente un bien de uso público o sólo de unos pocos?

Por Ana Sarai Romero

A lo largo de la cultura occidental, la calle ha actuado como principal lugar de encuentro, conexión, intercambio comercial y de servicios, así como de expresión cívica y cultural. Es el soporte de los medios de transportes que nos permiten circular por la ciudad, es el paseo por donde los peatones vitrineamos, es el lugar que nos reunimos para manifestar nuestros puntos de vistas y los problemas que nos atañen; en fin, es un lugar público del que nos sentimos dueños como sociedad.

Entonces, ¿cómo es posible, que en ciertos sectores de la ciudad, aparezcan rejas que nos impida el paso por la calle? ¿La calle es verdaderamente una infraestructura de todos los chilenos o quienes viven en sus alrededores tienen la facultad de apropiársela?

El enrejamiento de la calle por un grupo de vecinos se realiza en los llamados “barrios de facto”. Estos surgen en Chile en la década de los 90’s, debido a varias razones, entre ellas: el crecimiento urbano -que hace que las clases acomodadas busquen nuevos lugares, más alejados y más espaciosos, para vivir- y el incremento del individualismo -que va de la mano del sistema económico neoliberal, propio del país-. En su búsqueda por nuevas áreas donde establecerse, la clase alta migra a sectores periféricos los cuales ya poseían una población de bajo nivel socioeconómico, lo que le da una sensación de insegurida, por lo que se recurre a la reja.

Esta apropiación de la calle genera, en primer lugar, la interrupción de vías de circulación, lo que provoca impactos negativos en la vialidad del sector; en segundo, el fomento de la desigualdad, desintegración y segregación social; y por último, en algunos casos, la privatización de áreas verdes que quedan al interior de los barrios de facto.

Este medio de autosegregación no tuvo bases legales en una primera instancia, pero las Municipalidades lo permitieron ya que era la forma más fácil de bajar en un grado la inseguridad que estos vecinos sentían respecto a los de una clase social diferente. Es importante en este punto diferenciar a los barrios de facto de los condominios, quienes también cuentan con rejas, pero que a diferencia de los primeros, cada uno de los vecinos del condominio es dueño de la calle (según la Ley de Copropiedad Inmobiliaria). Además, el diseño de la calle sólo apunta a ser el lugar de acceso a las viviendas, lo que lo hace inapropiado para el uso de aquellos que no vivan en los condominios (son calles ciegas que no se conectan a la red vial mayor de la ciudad).

Volviendo a los barrios de facto, si bien fue un modelo que nació de los sectores de clase alta, también se dio en sectores residenciales vecinos de clases bajas, quienes también se sentían desprotegidos de los guetos de los alrededores. Si bien el tema nace por un problema concreto de robos y asaltos en estas zonas, en algunos casos, la reja se convierte en una arma de doble filo, pues al tener un gran paño de terreno cercado se generan espacios que quedan exentos de vigilancias y que son vulnerable a los robos. Por otro lado, hay ocasiones en que la inseguridad no está fundada en hechos concretos (como la delincuencia en un barrio), sino en el miedo a “lo distinto”. Esto se refleja en la encuesta del mes pasado de Amidark, la cual observó que comunas periféricas que cuentan con este tipo de barrios- como Peñalolén, Puente Alto, Macul y San Miguel- tienen un alto índice de inseguridad y no así de victimización.

Respondiendo a la pregunta de que si la calle es de todos, al menos en el plano teórico la respuesta es sí, ya que es un Bien Nacional de Uso Público. Es por esto que el año pasado, se promulgó una ley que sólo permite el cierre de pasajes ciegos, es decir, pasajes que funcionan sólo como acceso a residencias (algo parecido a lo que ocurre con los condominios). Sin embargo, hoy en día aún hay zonas en la ciudad que cuentan con calle cerradas. Esto nos muestra una despreocupación por parte de las municipalidades, quienes prefieren dejar las rejas y hacer que los vecinos se las “arreglen por su cuenta”, en vez de trabajar en soluciones en conjunto que permitan que éstos se sientan más seguros, sin tener que recurrir al cerramiento de barrios. Por ejemplo, se podrían hacer planes de vigilancia policial en coordinación con los propios vecinos, poner “lomas de toros” y letreros que hagan disminuir la velocidad de vehículos por el sector, lo que permita dar a estas casa una condición más residencial. También se pueden crear algunas medidas innovadoras, que ya se han implementado en algunas comunas, como el “botón de pánico”, que son alarmas que los vecinos deben activar cuando ven algo inusual o sospechoso en el sector, y lo que promueve además el atacar el problema en comunidad.

En conclusión, este tema es bien complejo, porque al poner las rejas estamos poniendo la propiedad privada por sobre el bien común, que se permite el uso público de la infraestructura “calle”; pero además, no se puede dejar de lado las demanda del vecino que vive con temor a sufrir un robo en cualquier momento. Sin embargo, no creo que lo segundo sea incompatible con el primero. Es decir, -pese a que estas comunidades no tienen la facultad para cerrar las calles- hay soluciones que pueden lograr, al mismo tiempo el su de la calle como Bien Nacional de Uso Público y garantizar la seguridad de quienes viven ahí. Pero para lograrlo es importante el diálogo constante entre la municipalidad, los afectados y carabineros. Esta forma de actuar en conjunto se hace más necesaria hoy en día, ya que muchos de condominios de facto que quedan fuera de la ley se exponen perder sus rejas, y con ello su símbolo de protección.

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9 respuestas a La Calle, ¿realmente un bien de uso público o sólo de unos pocos?

  1. Juan Cristóbal Donoso dijo:

    Me parece que estamos frente a un cambio en el modo de hacer ciudad. Concuerdo con el hecho de que la calle corresponde a un espacio público en donde el ciudadano se expresa, recorre y recrea, pero al mismo tiempo hay un ambiente de inseguridad que es la preocupación de todos. Los sectores residenciales, netamente residenciales, se están formando de puros condominios independientes, los cuales se conectan a una red vial troncal que alimenta a una estructurante. Esto se repite hacia la periferia, en donde justamente cada comuna se va segregando y creando áreas para grupos específicos en donde conviven unos pocos. No creo que eso sea la manera de hacer ciudad, pero sí creo que es lo que la población está demandando. ¿Porqué?¿Qué se busca? justamente que sus familias puedan estar en un espacio controlado y no estar todo el día encima de los niños viendo por donde andan.
    Por el minuto, creo que debemos idear una forma de conjugar ambas partes, en donde justamente se acepten estos guetos independientes pero que no afecten de gran manera la articulación total de la ciudad, es decir, que no sean paños tan significantes capaces de intervenir el plan maestro de la comuna. Esto, sólo en sectores netamente residenciales, ya que cada comuna debe ser capaz de interactuar con todos los servicios para así nutrir la vida dentro de la ciudad y no terminar formando núcleos separados que no sean capaces de formar íntegramente parte de una red global llamada ciudad.

  2. Paula Mulatti dijo:

    Creo que la seguridad es un tema muy importante a la hora de vivir en casa. Es cada vez más frecuente ver fachadas cerradas completamente hacia la calle, con protecciones que ya no son solamente una reja, sino a esto se suma cerco eléctrico, cámaras de seguridad, perros y cuanto sistema esté disponible. La relación con la calle es nula y las viviendas se vuelcan hacia el interior, independientes unas de otras. En otros casos, se opta de manera colectiva por cerrar la calle creando una suerte de condominio.

    Estas estrategias sólo terminan por segregar la ciudad, privatizando espacios públicos y cortando una red vial pensada de manera contínua. Como señala Cristóbal, lo peor es que el modelo ha sido copiado por el mercado inmobiliario, creando condominios satélite. Estos lugares ya no son sólo un conjunto de casas protegidas por una reja, sino que incluso incorporan servicios como supermercados y comercio básico, eliminando cualquier contacto con la ciudad en el exterior.

  3. María Jesús Alamos dijo:

    Creo que hay un punto a considerar que hacen injusto que las municipalidades permitan el cierre de calles a pesar de que no interrumpan la circulación por la ciudad.Estas calles de uso público, que son cerradas para que pocos puedan utilizarlas, tienen una iluminación y requieren de mantención. ¿quien paga por ello? Aquellos que viven en condominios deben pagar gastos comunes para mantener sus calles iluminadas y limpias. ¿Hacen lo mismo aquellos que viven en estas calles? Probablemente no ¿Es justo que el estado invierta en espacios que sólo pocos pueden disfrutar?
    Además quisiera que se cuestionen por el aumento del inmueble cuando ésta asegura mayor seguridad. Cuando el gobierno permite cerrar una calle le está entregando, de forma gratis, un valor extra a todas esas casas que viven en el pasaje. Toda casa con calle privada es más atractiva, sobre todo en sociedades asustadas por los asaltos y robos constantes. ¿Esos privados que se ven beneficiados al cerrar su calle pagan algo por el aumento que recibe su inmueble?
    Creo que el gobierno está permitiendo injusticias para así tener menos preocupaciones. Si se permiten cerrar pasajes está bien, pero conviértanlos en condominios. Los propietarios pagarán para ser dueños de esas calles, las mantendrán y, al mismo tiempo, tendrán una vivienda que claramente vale más que la que da a la calle por el beneficio de entregar mayor seguridad.

  4. Constanza Cabezas dijo:

    La verdad es un tema bastante complejo, ya que la delincuencia es algo que desgraciadamente va en aumento y para muchos vivimos en la ciudad del miedo, donde somos prácticamente prisioneros de nuestras propias casas (rejas en las ventanas, alambres púa, alarmas, sensores, puertas blindadas,etc) es por esto que se toman estas medidas extremas, que si bien coartan un espacio de uso público, como es la calle, es una solución parche que han permitido estas comunas.

    Claramente sería ideal poder erradicar estas situaciones poniendo más seguridad, más señaleticas y sobre todo más comunicación de los afectados con las comunas, pero si nos ponemos, por ejemplo, en el caso especifico de Peñalolén, la seguridad, lomos de toro y señaleticas en algunas de las áreas con problemas a aumentado, pero no ha sido suficiente, los robos continúan y la desesperación de la gente van en aumento, sin contar que ésta comuna no tiene muchos recursos como para seguir con estas mejoras.
    Sin duda esto es un tema difícil de solucionar, esperemos que con el tiempo esto vaya mejorando y logren corregir este problema para no generar más discriminación sino todo lo contrario, más libertad.

  5. teresitaechaurren dijo:

    ¿En el fondo estas proponiendo que se abran todas los barrios de facto?
    Es interesante proponer el dilema, pero muy cierto que es mucho más complejo el panorama como para una solución. 

    La apropiación de la calle pública no sólo genera la interrupción de vías de circulación y la segregación e individualización de los sectores más acomodados. En Chile, es un modelo que está repitiéndose tal vez desde antes que la cité, y en todas las regiones del país. Desde la manera de hacer Vivienda Social, individuales o en blocks, las poblaciones obreras de los 60, e incluso las renombradas villas de Castillo Velasco; de ahí a la migración de las ‘clases altas’ a la periferia, de la misma manera, o incluso las segundas viviendas.

    Tal vez el problema que propones viene desde un Plan Regulador (1960) que tuvo que favorecer el enorme déficit  de viviendas dada la rapidez del crecimiento de nuestras ciudades, tal vez en especial, la de Santiago. Creando enormes barrios residenciales sin diversidad de uso o inclusión de servicios, comercio, escuelas, sino un crecimiento residencial periférico de la ciudad, que como bien propones, correspondería también a las comunas de Peñalolén, Puente Alto, Macul y San Miguel, como otras, que viven con un sentimiento de inseguridad a pesar de que no corresponda con los índices de victimización.

    Tal vez esto es un llamado a las autoridades, a la hora de hacer ciudad, de planear y trazar la manera en que sigue creciendo la mancha urbana, más que esperar “sacar las rejas” de aquellos ghettos que existen por todo el gran Santiago, sin el poder de asegurar mayor seguridad (valga la redundancia) de sus habitantes.

  6. Carlos Rodríguez Palleres dijo:

    Concuerdo con Teresita en el sentido que es necesario implementar una estrategia que vaya más allá de “sacar la reja”. Me parece por otro lado que la calle es un bien de uso público, que no se puede enrejar porque estamos coartando su uso a todos los que no viven en el sector. Se mencionó que lo terrible es que el mercado inmobiliario esta siguiendo el patron en la periferia. ¿Por qué? por que de alguna forma parece funcionar para lo que está hecho; seguridad. Todos queremos inclusión social, pero suena utopico a veces porque esta sociedad y la del mundo entero está acostumbrada a segregarse socioeconómicamente. No me parece correcto, pero tampoco sacar la reja va a solucionar el problema. Dejarla es hacer nada.

    Por eso se entiende que el problema es macro, la reja es una manifestación del miedo a la inseguridad de las personas. Una sociedad que se encierra entre cuatro paredes no tiene cultura civica, no participa, no hace ciudad en el día a día. Y eso es lo que está pasando en la periferia. Los gated Comunities son eso; barrios cerrados, resguardados, donde se juega y se conversa hacia adentro, pero cuya relación con la calle es nula.

  7. Catalina Funes dijo:

    Lo peor del asunto es que a pesar de que se vea el tema de la reja como “solución” ya sea parche, definitiva o irrisorios cercados eléctricos, éstos no están funcionando, ladrones burlan cámaras de seguridad, o se las ingenian, para saltar cercos de tres metros no importando si haya o no habitantes al interior del inmueble

    El desarrollo de éstos condominios cerrados (hayan o no sido planificados así desde un principio) es la respuesta a la inseguridad que el sistema judicial brinda hoy al país. Esto es lo que ha ido cambiando la percepción del espacio público, hoy la calle, no es más que una calzado por la que pasan vehículos.

    En muchos barrios del estilo “Gated Comunities” es posible apreciar incluso la desaparición de una vereda, pues se ven más autos estacionados sobre ésta, que gente paseando o circulando por aquí. Entonces qué es lo que se quiere? Sacar la reja implica un cambio en la naturaleza de los habitantes de estas comunidades, y una constante lucha del cómo se debe y como se quiere vivir, para no perder la vida de barrio.

  8. Dentro del artículo, una frase me llamó la atención por lo poco acertada y que espero que no sea la base de la discusión: “Esta apropiación de la calle genera, en primer lugar, la interrupción de vías de circulación, lo que provoca impactos negativos en la vialidad del sector; en segundo, el fomento de la desigualdad, desintegración y segregación social…”
    Personalmente no estoy de acuerdo. En cuanto a la interrupción de la circulación, los pasajes o calles que generalmente se enrejan no constituyen parte de arterias principales de un barrio, por el contrario, suelen ser pasajes sin salida o calles cortas y pequeñas, de no más de una cuadra y con cabezales o bocacalles. Estas, lejos de ser un bloqueo fundamental de la movilidad de un barrio, constituyen espacios públicos que corresponden a otra escala, generalmente muy pequeña y cuya influencia (en la mayoría de los casos) repercute sólamente en los residentes de estas calles.
    En cuanto a la desintegración social, hay que entender que en algunos casos (no digo en todos, par nada), esta especie de “privatización” de la calle permite que los mismos residentes, a falta de áreas verdes cercanas, las usen para actividades recreativas (como la “pichanga de barrio”), que no serían posibles sin una especie de filtro o control dada la delincuencia de esos barrios en la noche.
    No estoy diciendo que esta sea la solución óptima, sólo que la solución es mucho más compleja de lo que parece y que siempre hay que considerar ambos lados de la balanza, sin desmerecer una visión u otra.

  9. Aníbal Fuentes Palacios dijo:

    Recuerdo que hace varios años, visitando departamentos, uno de ellos me ofrecía la posibilidad de subir en el ascensor directamente hasta mi departamento sin tener la necesidad de ver a mi vecino. Creo que este ejemplo no es más que otra forma de un modo de habitar la ciudad que hemos venido construyendo en las últimas décadas, basado en la desconfianza, el temor y la apatía.

    Es cierto, el enrejado es una solución inmediata y directa en contra de un problema que en algunos casos puede ser tremendo, pero también es cierto que esta necesidad es reflejo de problemas socioculturales profundos, como la inequidad, que no se solucionan con rejas, y para el que existen otras formas, más a largo plazo, de ser revertidos, en donde precisamente la solución pasa por hacer el ejercicio contrario: dejar de encerrarnos para establecer y fortalecer los lazos de cooperación comunitaria, los que son fundamentales en la percepción de seguridad y en la apropiación del espacio habitable.

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