Intervenciones religiosas en el espacio público, ¿riqueza o deterioro?

Por Juan Cristobal Donoso

El espacio público puede entenderse como un lugar de libre acceso, al que todos nos sentimos invitados a asistir para realizar distintas actividades autorizadas de acuerdo al lugar en donde se emplazan. Podemos ver en nuestra ciudad una serie de espacios públicos insertos en nuestra vida urbana, los cuales pasan a formar parte de nuestra rutina sin necesariamente darnos cuenta. Así, una vereda, una plaza, un paseo peatonal y un parque, entre otros lugares, invitan a ser utilizados por los habitantes y visitantes que forman parte y nutren la ciudad.

El tema está en qué ocurre cuando estos espacios, que se realizan en un principio para todos los habitantes, comienzan a ser intervenidos con una serie de edificaciones que usan un área específico y se transforman en elementos sólidos insertos en el espacio publico, ya sea de manera correcta o no. Es aquí en donde quiero detenerme, enfocado en lo ocurrido en el Parque Bicentenario de Vitacura. 

Un parque urbano que se regala a la ciudad, al que frecuentan principalmente en los fines de semana familias completas, repletando toda su extensión. Ahí, en Marzo del año 2011, se inauguró un memorial por el cuál se accede en la parte más angosta del parque por medio de una rampa a un espacio hundido abierto cenitalmente en el centro. Un espacio de recogimiento y reflexión que se aísla del entorno para dar lugar a lo íntimo. Hasta ahora, todo resulta positivo, pero la discusión está en el enfoque católico que tiene este memorial, debido a que tiene una estatua de la Virgen María como imagen de contemplación.

El tema está en que independientemente del valor formal que pudiese tener la obra muchos consideran un error poner símbolos, memoriales y todo aquello que sea propio de una sola religión en el espacio publico, lo cuál puede considerarse como una falta de respeto a la universalidad y diferentes creencias, esto argumentado en que es el espacio público el que se ve alterado.

Sumado a esto, se habla de respetar y potenciar lo heterogéneo y democrático de estos espacios que, por sí, son muy pocos en ciudades como Santiago. Si se busca la reflexión, entonces se puede evitar la imagen sagrada específica de alguna religión que polarice la visión en el espacio diseñado y que impida que otros usuarios disfruten el lugar, para que quien visite la obra sienta ese ambiente de forma personal independiente de en qué o quién se cree.

¿No es sano para las ciudades y el espacio público ver la diversidad? Es la pregunta que establezco como base para la opinión, ya que considero que la democracia se basa justamente en saber tolerar las diferentes posturas que convergen en una misma sociedad. Si no se permiten diferentes posturas, ¿Que objetivo tiene hablar de democracia?

Esta de mas decir que lo notable de la ciudad es la variedad de actividades que ocurren en un mismo territorio, sin “marginar” obras que puedan ser un aporte complementario a lo que pueda suceder en el espacio público. El caso del memorial en el Parque Bicentenario corresponde a una obra pública, que logra un grado de intimidad sin afectar al entorno en el parque, es así como pasa a ser desapercibida por ubicarse bajo el nivel del suelo para justamente no afectar las actividades que se desarrollan en él y ser un volumen aparte.

Una obra que no discrimina el acceso y que regala al espacio público un nuevo ambiente es algo totalmente valorable y aplaudible. Creo que el crimen está en lo opuesto, la libertad de creencia, así como la no imposición de ninguna forma de culto pasa en primer lugar por saber convivir, interactuar y respetar la diversidad.

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15 respuestas a Intervenciones religiosas en el espacio público, ¿riqueza o deterioro?

  1. Josefina Feuerhake dijo:

    Concuerdo con lo que planteas sobre no teñir de ninguna creencia específica aquellos espacios que están pensados para la colectividad, pero como bien mencionas hacia el final de la columna, la Virgen María en el Parque Bicentenario no invade el parque. Por lo tanto, me parece que no es el mejor ejemplo, o al menos, no el más evidente.
    Si de respetar las creencias de todos, manteniendo los espacios públicos neutrales, de manera que todos puedan disfrutar de ellos sin excepción, un mejor ejemplo de lugares en donde eso no ocurre, sería el del Cerro San Cristóbal. Este cerro recibe cientos de personas todos los días, que van a realizar actividades deportivas, al Zoológico Metropolitano, a pasear el el teleférico, entre otras. Y sin embargo, en su cumbre se alza una gran figura de la Virgen María, que se ha convertido en un hito dentro de la ciudad, y su foto, en postal de la ciudad de Santiago. De hecho, cuando pensamos en el Cerro San Cristóbal la mayoría de nosotros, o al menos muchos de nosotros, pensamos inmediatamente en la Virgen. A pesar de esto, el cerro no deja de funcionar como espacio público, atrayendo visitantes independientemente de su religión.
    Algo similar ocurre con el Cristo Redentor en Río de Janeiro. Es curioso… ¿Será que las imágenes religiosas en estos dos casos Católicas, pero podrían ser de cualquier religión- no influyen mayormente en la utilización de los espacios públicos? ¿Será que les dan un valor agregado? ¿O tal vez si se reemplazaran por cualquier estatua, imagen o escultura de cualquier otra naturaleza seguirían siendo hitos urbanos?

    • María José Arellano Vargas dijo:

      Interesante tu pregunta. Yo creo que la solución radica en la diferencia de los procesos Interesante tu pregunta. Yo creo que la solución radica en la diferencia de los procesos históricos que distancian a cada una de las obras. Evidentemente la Virgen del San Cristóbal, se construyó en un periodo histórico totalmente distinto que el actual. Hace 100 años, no había el nivel de ateísmo, anti-religiosidad e individualismo; y tampoco, existía el poder ciudadano que poseemos hoy en día. Ahora podemos poner el grito en el cielo, si consideramos que las obras atacan nuestra integridad o religiosidad; hace 100 años no. Quizás si hoy se decidiera construir una Virgen en el San Cristóbal, sería tan escandaloso como la escultura gigante de Juan Pablo II en Bellavista.
      Esto habla de un proceso de participación ciudadana que se empieza a cuestionar que están haciendo con sus impuestos. Evidentemente, el memorial fue construido en territorio público y puede que algunas personas lo consideren invasivo y estén dispuestas a reclamar por ello.
      Lo cierto es que el modo como hoy se hace política, está sometida a un escrutinio ciudadano mucho mayor que antes. Por ello, cada uno de nosotros puede opinar y criticar lo que quiera. No es que yo esté a favor de la total participación ciudadana, pero al final nosotros somos lo que elegimos a quienes nos administran y lo hacemos mediante el voto. Por ello encuentro grave lo sucedido en estas elecciones, porque es incoherente que una sociedad tan dispuesta a criticar cada decisión de los políticos en el día a día; en el día que en verdad ellos no tienen otra opción que escuchar, la mayoría se queda callada.

    • Constanza Cabezas dijo:

      Me parecen muy pertinentes los casos que menciona Josefina, en ellos la carga religiosa no determina que el espacio sea un usado sólo por un credo en particular, ya que antes que ser espacios para el ejercicio de la religión, son espacios públicos, por lo tanto estos símbolos no son excluyentes y a esto se suma también un tema cultural, ya que si bien en Chile el 70% se declara católico, somos un país que profesa, pero no práctica (En 2009 solo 26,9% de los católicos declaró asistir a los oficios religiosos en forma frecuente y actualmente esa cifra ha caído en 10 puntos), por lo tanto el grado de compromiso y en consecuencia afección o rechazo a estos símbolos pasa a segundo plano – no existe ese nivel casi de fanatismo del Medio Oriente por ejemplo-, cuando el espacio público se hace cargo de una necesidad que hoy en día los ciudadanos exigen cada vez más, como lo son, las área verdes, de esparcimiento, lugares de reunión, para hacer deporte, etc. Lo mismo pasa en el Parque Bicentenario, la clave creo que está en la escala. Al ser un aporte a nivel urbano, el hecho que en ellos exista una intervención religiosa puntual, no alcanza a desvirtuar el fin principal del espacio público.

      Por otra parte, como bien dice Juan Cristóbal, la ciudad y sus habitantes deben acoger sin discriminación los distintos credos y posiciones, y ese argumento basta para fundamentar y posibilitar la existencia de espacios como el del Parque Bicentenario, Creo que sería un error que la ciudad fuera un papel en blanco en el que no hay espacios para un público específico, sólo para que nadie se sienta ofendido, afectado o que se está invadiendo un espacio público que también le pertenece. NO, la ciudad debe intentar articular las distintas posiciones sociales, económicas, de vivienda, religiosas, etc. El respeto radica precisamente, en permitir que existan estas intervenciones, de manera que aprendamos a convivir de manera tolerante con el vecino. No porque yo profese una religión distinta , le voy a negar la libertad de culto al de al lado.

      Si la pregunta es: Intervenciones religiosas en el espacio público, ¿riqueza o deterioro?. Apuesto ferreamente que la respuesta es riqueza.

  2. Tengo sentimientos encontrados con respecto a este tema, si bien es cierto que no se debería teñir de ninguna creencia religiosa un espacio público, ya que la connotación de público quiere decir que es abierto a todos. Al mismo tiempo, pienso que poner una imagen de la virgen María, no lo hace “prohibido” para las personas que no creen en ella, ni menos un impedimento para reflexionar. Creo que es importante saber convivir, interactuar y respetar la diversidad, encuentro que si la obra se abre a todo público, no está atentando contra los derechos de nadie, y una persona que no cree en ella, puede ver la imagen como una pieza escultórica y reflexionar de la misma forma que lo hará otra que si cree.

    El punto que toca Josefina, creo que es crucial en la conversación, el parque bicentenario es un detalle comparado con el Cristo Redentor y la Imagen de la Virgen en el Cerro San Cristobal, y finalmente, estas imágenes, más que discriminar o alejar a la gente que no cree en ellos, se han convertido en un ícono de sus respectivas ciudades.

  3. Josefina Anguita dijo:

    No creo que el problema de intervenir espacios públicos sea uno de tolerancia religiosa, sino por un tema de uso de suelos. Los parques son para la recreación, el ocio gratuito, y creo que construir en ellos otros programas no corresponde.

    La construcción del memorial en el Parque Bicentenario es un proyecto que no interfiere con el programa del parque, por lo que es más “perdonable”, pero hay otro casos de intervención en espacios públicos que no se deberían tolerar, como es el caso del Parque Araucano, donde se construyeron proyectos con fines de lucro, como el parque de diversiones Kidzania y el gimnasio Hard Candy, junto con una serie de restaurantes. Se realizaron estas obras para hacer del parque uno más urbano, para que fuera un lugar de destino y no de pasada, y que tuviera más atracciones que sólo vegetación (“Abren nuevo bulevar gastronómico en medio del Parque Araucano”. La Tercera. Sábado 11 de agosto de 2012). La finalidad de algunos programas aquí construidos sólo tiene como interés generar dinero, y no se complementan con el parque, como es el caso del gimnasio. Los espacios públicos verdes son lugares que dan la opción de realizar actividad física al aire libre. El gimnasio no hace del parque uno más urbano, sino que lo convierte en una especie de mall al aire libre, donde se puede encontrar diversidad de programas. El parque hace más atractivo todos éstos programas, cuando debería ser todo lo contrario. Estas pequeñas obras deberían activar más la vida de parque.

  4. Olivia Benoit dijo:

    Me parece que hacer una intervención tan sutil en el parque con fines de generar una instancia de reflexión para los católicos no es grave. En un país donde la gran mayoría se considera católica me hace sentido un lugar de esta índole. Evidentemente podría haberse evitado la imagen para hacer de este lugar más universal, pero dado el bajo perfil y poca invasión del espacio en su totalidad no toma mi atención.

    Respondiendo a la preguntar de Josefina, creo que fue importante en su momento que estas grandes intervenciones fueran religiosas. Tal como señala María José, hace no muchos años atrás nuestro país se veía inmerso en una situación mucho más religiosa. Tan simple como ver la reacción de millones con la venida del papa Juan Pablo II.

    Curiosamente estos grandes hitos en américa latina tienden a coincidir con imágenes religiosas (Virgen del San Cristóbal, Cristo Redentor, Ángel de Quito). En Europa por ejemplo estos hitos tienden a ser obeliscos, avenidas monumentales, grandes iglesias o íconos de progreso tecnológico, creo que esto tiene que ver con la cultura de estos diferentes lugares. Mientras estos hitos mantengan su importancia a nivel de ciudad creo que deja de tener fundamental importancia qué es lo que represente la imagen en sí. La torre Eiffel por ejemplo, es un hito urbano que representa la ciudad de Paris ante el mundo, pero pocos sabrán realmente porqué fue construida, ni que lo habitantes de Paris en un principio no querían que estuviera ahí. Creo que algo similar pasa con las imágenes religiosas. ¿Sabe quién mando a construir la virgen del san Cristóbal y con que fines? El arzobispo Santiago Mariano Casanova con el fin de conmemorar los 50 años de la definición del dogma de la Inmaculada Concepción. Yo tampoco lo sabía, ni menos que antes de existir la virgen había en su lugar una cruz de 10 metros de altura. Finalmente esto no determina la importancia del hito, sino su ubicación espacial y referencia para la ciudad.

  5. Paula Mulatti dijo:

    Creo que el tema no pasa por la religiosidad del asunto. La Virgen María se encuentra ahí porque se inserta en un memorial de 9 niñas accidentadas en un viaje de estudios de colegio católico. En este sentido, la presencia de la Virgen tiene justificación.

    El tema es si este memorial debería estar emplazado en un espacio público, siendo ésta una memoria de algunos. Creo que los memoriales en el espacio público deben responder a temas país, como el Monumento al Holocausto en Berlín, o el de los caídos en la guerra de Vietnam en Washington. Estos si son temas que unifican a todos, como para situarlo en el espacio público.

    Este caso ya tiene su memorial en el lugar del accidente, como símbolo de una tragedia. Creo que ese es el lugar preciso para instalar el memorial, o al interior del colegio, en una comunidad donde a todos les concierne lo sucedido.

  6. Felipe Ruiz-Tagle Cruzat dijo:

    Los símbolos religiosos, políticos, militares y de memoria ya son una costumbre en todo el mundo, las distintas sociedades buscan poner en sus espacios públicos imágenes conmemorativas, algunas más vistosas que otras, que representan un pasado que los une o bien divide en algunos casos, pero que es objeto de la memoria, ya sea reciente o del pasado. Todas estas intervenciones podrían ser objetadas, siempre hay alguna persona que no esta de acuerdo con algo, pero aunque esto es respetable, los espacios públicos acogen a los distintos iconos y se transforman en hitos de las ciudades, iglesias, mezquitas, esculturas, pirámides, pinturas, etc.. son manifestaciones que si no existieran o se vieran reprimidas de los espacios públicos, limitarían el patrimonio histórico de una ciudad. Hoy en día es un memorial, pero uno nunca sabe en lo que se podrían transformar en muchos años más. Los espacios públicos tienen que estar abiertos a realizar este tipo de intervenciones, pero esta intervención debe representar un punto de unión o memoria que si bien puede o no unir a todos los habitantes de un territorio, no debe ser contrario o ofensivo a la otra parte. En este caso particular presentado, La Virgen si bien es una representación que acoge al segmento católico de la sociedad, no se opone al resto, por otro lado, se debería dar el paso para que personas de otras creencias puedan tener su lugar en los espacios públicos, de manera que puedan convivir.

  7. Josefina Feuerhake dijo:

    Retomando lo que menciona Paula, es cierto que lo medular en este asunto no tiene tanto que ver con la religión a la que representa el memorial, sino más bien con el hecho de que se instale en un espacio público un memorial que recuerda un evento que no nos atañe a todos como país.
    En ese sentido, el memorial no debería estar ubicado en el Parque Bicentenario. Pero si de eso se trata, y sólo con el ánimo de entablar la discusión, quisiera plantear una interrogante: ¿Deberíamos entonces eliminar las famosas animitas que se encuentran a lo largo de nuestras carreteras y calles? La calle es el espacio público por excelencia, pero nadie se siente atropellado en sus derechos de utilizar ese espacio por la presencia de estos memoriales, que recuerdan eventos trágicos, pero que atañen única y exclusivamente a los familiares de quienes murieron en el lugar donde se emplazan.
    Cabe destacar que muchas de estas animitas han cobrado relevancia a nivel país, como la famosa animita de Romualdito, ubicada en la calle San Borja, a un costado de la Estación Central. A ella se acercan cientos de personas para pedirle y/o agradecerle por los milagros concedidos. Claro, estas son personas que creen en los milagros, pero el hecho de que durante la remodelación de la Estación Central el muro no fuese removido, nos habla de que su importancia trasciende temas relacionados con la fé.

  8. Alejandra Vásquez dijo:

    Considero que la discusión acerca del ícono no es menor. Si bien, entiendo que este ícono sea comparado con la Virgen del Cerro San Cristóbal, esta comparación puede realizarse de dos maneras.
    La primera corresponde al ícono como tal,y que como ícono visible tiene efectos en la imagen o el fenómeno que quiere transmitirse. Por tanto, lo que dice Josefina sobre la Virgen del San Cristóbal como una figura reconocible de postal de Santiago, dice muchísimo. Dice a través del ícono y su ubicación en altura, que este es un País con devoción en la virgen y afín a una religión que sostenga esta creencia, y este es un mensaje que quizás ya no se quiera transmitir o quizás si, ¿Quién sabe?, pero si sé que el ícono no debe menospreciarse ya que su primer objetivo es comunicar un mensaje que si está saliendo en las postales se presume que es un mensaje país.
    La segunda, y creo que tiene más implicancia en nuestro quehacer, es el hecho de que los ritos de la fé o las iglesias, en su mayoría católicas, han otorgado grandes lugares e hitos de arquitectura, en los que usualmente la obra no termina en lo edificado sino que es acompañada de una explanada que puede acoger tanto la salida de la Iglesia como los actos cívicos de una ciudad. Tal es el caso de la Catedral de Santiago y su explanada en la Plaza de Armas, o la Iglesia Sacramentinos y su explanada dura frente a ella, etc.
    Creo que en este caso específico de lugar de oración en el Parque Bicentenario, independiente del ícono se ha entregado otro gran lugar a Santiago, un lugar de silencio en una ciudad en que el ruido de ha apoderado de sus calles y por tanto, debiésemos valorarlo en su totalidad como un ejemplo de espacio sano más que un lugar absolutamente católico.

  9. Rafael Bordachar R. dijo:

    Los memoriales de por si deben estar en el espacio público ya que sirven como testimonio para la sociedad de un evento puntual sucedido y aunque no necesariamente competa a todos los ciudadanos, su existencia enriquece el espíritu de respeto y conciencia entre los distintos grupos religiosos, étnicos, raciales, etc. que conforman la sociedad. Un parque y el espacio público en general debe acoger instalaciones como los memoriales ya que enriquecen su uso y por otro lado son un aporte a quienes lo visitan. El dilema está en quien auspicia estas instalaciones, creo que en el caso de los memoriales, su construcción y mantención deben provenir por parte de la colectividad que lo desea instalar y no de aportes públicos del Estado, al menos que estos representen a la Republica y la ciudadanía en general.
    Yo no veo problema en que la imagen de la Virgen María esté en el memorial ya que es un símbolo que representa a las personas recordadas en el. E independiente de que la imagen esté o no, la visita del lugar debe ser en son de respeto y recogimiento. Por otra parte creo que la comparación con la Virgen del San Cristóbal no va al caso, son obras construidas en contextos históricos y situacionales totalmente distintos y representan dos cosas diversas.

  10. Josefina Feuerhake dijo:

    Rafael, entiendo que la Virgen del Parque Bicentenario y la del Cerro San Cristóbal son obras construidas en contextos históricos diferentes, y representan cosas diferentes también, pero no estoy de acuerdo con tu afirmación de que el ejemplo de la Virgen del San Cristóbal no va al caso. Si la columna se titula “intervenciones religiosas en espacios públicos: ¿riqueza o deterioro?” no veo en qué sentido pudiera el ejemplo escapar al tema en cuestión.

  11. Súper interesante el tema, en contra de la postura de la mayoría y baso mi opinión en los siguientes argumentos. Primero es que si es una ofensa para algunos ciudadanos un espacio religioso en un espacio público, no porque sólo porque excluye el adecuado uso de esas instalaciones para otras personas ajenas al tipo de culto, sino que desde el momento en que ocurre una elección por cierta doctrina existe la discriminación. Personas ajenas al catolicismo podrían sentirse menospreciados cuando en un espacio que es para todos destaca una religión por sobre otras, es cierto que no se obliga a nadie a profesar un determinado culto y también que la mayoría de la población chilena sea católica. Pero en un mundo contemporáneo donde se aceptan a todas las minorías me parece que dar prioridad a una religión en específico está mal. Soy de los que considera que algo o es para todos o para nadie. La solución en este caso sería construir un espacio ecuménico, es decir, sin religión definida.
    Por otro lado el memorial se construyó con presupuesto público y sin embargo no todo el público puede utilizarlo. ¿Acaso el Estado no debería de ser garantía de la más absoluta imparcialidad en materia de cultos?. El tema no es menor, de hecho en distintos países por Ley está prohibida la construcción de símbolos religiosos en espacios públicos y mucho menos si es con dinero del Estado.
    Me pregunto, ¿Serían las mismas respuesta si hubiese sido un lugar de culto de otra religión? Interesante hacer reflexiones en torno a esta cuestión.

  12. Aníbal Fuentes Palacios dijo:

    La propuesta del autor -de que imagen religiosa puede no ser compatible con espacio público- corresponde a una concepción estrictamente moderna del espacio, que confunde diversidad y tolerancia con homogeinización.

    Pero observemos bien. La figura religiosa no es sino un caso particular de figura simbólica, que tal como lo expresan en algunos comentarios, en este contexto histórico ya aparece como cuestionable. Sin embargo, la dinámica que se encuentra detrás es que de hecho, la ciudad responde a una constante tensión por la instalación de símbolos, no sólo religiosos, que se posicionan como colonizadores del espacio configurando lo que podríamos llamar un territorio simbólico.

    Recordemos el famoso caso del memorial de Jaime Guzmán, que iriginalmente iba a estar ubicado en Plaza Italia, y que luego de los reclamos de los vecinos se tiene que mover hacia un territorio que le corresponde simbólicamente: la portada de Vitacura. Lo mismo ocurrirá con el monumento a los DD.DD. de Emilio Marín, que es desplazado por Joaquín Lavín desde el remate del paseo Bulnes a un rinconcito del sector de Los Héroes, y otro tanto con la ocupación del espacio público por carteles publicitarios y otros espacios privados pero configuradores del paisaje como el edificio Telefónica y Costanera Center que a nivel simbólico manifiestan su primacía en el poder económico.

    Lo que ocurre, me parece, es que hoy en día hemos naturalizado más los símbolos del credo económico y político, al punto de no parecernos una ofensa al espacio público, mientras que en el caso religioso, parece una categoría un tanto extraña para la configuración del espacio.

    Después de todo, si se pudo construir efectivamente ahí ese memorial, es porque Vitacura es probablemente la comuna más conservadora de Santiago.

  13. Magdalena Ulloa dijo:

    Creo que las intervenciones en el espacio público debieran ser para todo todos, pero claramente hay un tema de escala que afecta.
    No podemos negar que hay una gran diferencia entre una pequeña virgen que conmemora la muerte de niñas del colegio cumbres y una estatua gigante del Papa Juan Pablo II.
    A pesar que ambas son católicas, el tamaño afecta. Una resulta amenazante e impositiva, mientras que la otra es humilde y conmemorativa en términos humanos.
    Por otro lado, a modo de defensa de estas intervenciones, la ciudad debe ser un lugar que da cabida, sobre todo en el espacio público. Si comenzamos a limitar todo acto o conmemoración que pueda ser excluyente, terminamos por caer en el mismo juego de la exclusión.
    Todo en su justa medida.

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