Río de Janeiro

Por Diego Ábalos

Son ya más de cincuenta años desde que la capital de Brasil se trasladara de Río de Janeiro a Brasilia. Sin embargo, São Sebastião do Rio de Janeiro, como fue fundada en 1565 por militares portugueses, ha logrado posicionarse como una de las ciudades más importantes del mundo en cuanto a desarrollo urbano e imaginario colectivo. Con más de 6 millones de habitantes, Rio es una ciudad de contrastes. Un lugar heterogéneo y cosmopolita que ostenta ser de las urbes más pujantes en la región en cuanto a inversión y turismo. Pero más allá de las espectaculares playas de Copacabana e Ipanema, del Colorido Carnaval, del imponente Estadio Maracaná y toda la cultura al deporte y la vida al aire libre que éste país ostenta, llama la atención que cuando se habla de Rio de Janeiro no se omitan conceptos como desigualdad, marginalidad o violencia. Todos ellos resumidos en otra pieza característica de Río; las favelas.

Luego de su fundación, Río de Janeiro precipitadamente se convirtió en el principal puerto de Brasil. La traza fundacional portuguesa, que difiere del damero español con cuadras más angostas y alargadas, rápidamente fue sucumbiendo ante la expansión de una ciudad que geográficamente se encuentra ceñida entre el océano, la bahía y un par de cadenas montañosas. La localidad, de forma rectangular, no posee una superficie plana sino que es escarpada y con numerosos morros que hacen de la ciudad un territorio bastante complejo. (1). A pesar de las dificultades que presentaba la posibilidad de urbanización, la ciudad continuó creciendo, primero por su condición de traspaso obligatorio entre América y Europa y luego debido a un gran proceso de industrialización gracias a la exportación de café.

Como las ciudades, según la definición de la RAE, no son sólo el conjunto de edificios y calles que la conforman, cabe destacar el nivel de diversidad racial y cultural que trajo esta condición de puerto próspero a la población de Rio de Janeiro. Durante el periodo de esclavitud (1538 – 1850), el número de europeos que llegó a Brasil fue relativamente similar en cantidad al de los esclavos africanos conformando los dos núcleos demográficos principales (2), posteriormente se suman un grupo considerable de etnias indígenas y una gran comunidad de judíos entre otros.

Es precisamente el vínculo que crea Río con Europa a través del comercio y luego con el auge de la industria, que se forma la metrópolis cosmopolita que es hoy en día Rio de Janeiro. Una ciudad que debido a su geografía y características socio culturales se despliega y se abre al mundo.

Aún antes de que la ciudad se densificara, los esclavos se refugiaban en los cerros aledaños buscando libertad. Estos asentamientos se pueden considerar como el origen de las favelas pero no será hasta inicios de la década de 1930 que un éxodo masivo de inmigración rural copará las favelas producto de una baja en los precios de productos agrícolas. La autoconstrucción que siguió a este proceso generó fragmentos de la ciudad sin ningún tipo de control en su crecimiento. Más importante aún, se transformaron en guetos desprovistos de servicios, infraestructura y oportunidades, lo que con los años arrastrará problemas de drogas y violencia. Tanto el crimen como la creciente desigualdad y el incesante círculo vicioso de los marginados no se ha podido solucionar con los innumerables programas de erradicación de favelas. De hecho en 2009 se contabilizaron 968 favelas, 218 más que en 2004. (3)

 

La heterogeneidad que posee Río, se puede observar en la forma en que conviven las diferentes clases sociales. A diferencia de otras ciudades donde los más pobres son relegados a la periferia, en Rio de Janeiro no siempre es así. Muchas de las favelas que existen en Rio se ubican en los morros ubicados en medio de la ciudad, de esta manera se mezclan con barrios de diferentes estratos socioeconómicos. A pesar de que se pueda entender esto como un beneficio, en el sentido de la cercanía a las oportunidades laborales y del equipamiento urbano fuera de la favela, la verdad es que sin una política real de integración, los habitantes de las favelas parecen estar condenados a un paternalismo que se ofrece a cambio de perpetuar la falta de organización, y que pareciera servirle a ciertos sectores del poder.

Si volvemos atrás y nos detenemos a mirar las estadísticas, Río de Janeiro posee un PIB de 201 mil millones de dólares (el doble de Santiago de Chile) ubicándose en el lugar 31 de las ciudades “más ricas del mundo”, el ingreso per cápita de la ciudad bordea los 15 mil dólares anuales (4), aparte de ser la sede de grandes transnacionales relacionadas con energía y telecomunicaciones. ¿Entonces como se explica una sociedad tan disímil? Rio de Janeiro es el más claro ejemplo de cuando la torta está mal repartida. Un mal que representa el principal problema de América Latina y el Caribe, sector que posee los mayores índices de desigualdad del mundo (5) . En un continente donde las diferencias son abismales, Rio de Janeiro es el ejemplo más notorio de donde una gran riqueza se concentran en unos pocos.

Río posee una belleza especial. Durante décadas ha gastado muchos recursos y esfuerzo en operaciones urbanas que han aportado con parques, vialidad y bordes costeros de primer nivel, sin embargo las favelas no han logrado ser “domesticadas”. Sin duda que la postal de Rio de Janeiro no son solo las favelas, y por cierto no todos sus habitantes se parecen a los personajes de la película de Fernando Meirelles, Ciudad de Dios (basada en un libro del mismo nombre), pero hay que reconocer que Río posee índices de inequidad preocupantes y por muy pintorescas que parezcan las favelas en videoclips de Michael Jackson, es improbable que alguien elija vivir ahí por decisión personal. Esperemos que ad portas de unos juegos Olímpicos y un Mundial de fútbol que moverán enormes cantidades de dinero, la ciudad logre asumir su pata coja ya que se hace evidente que una ciudad heterogénea no debe ser sinónimo de desigual.

 Referencias:

1. SANTA MARÍA, Luz. La Favela como espacio de exclusión social en la ciudad de Río de Janeiro, EURE, 37 (110): 117 – 131, Abril 2011

2. DOS SANTOS, Ney. Race, Class and the Political Mobilization of the Poor: Ghettos in New York and Favelas in Rio de Janeiro. En: Comparative Urban Studies, Washington D.C, Wilson Center, 1997, p.3

3. http://www.ub.edu/geocrit/b3w-828.htm, [Fecha de consulta: 26 de Octubre de 2011]

4. http://www.ibge.gov.br/home/presidencia/noticias/noticia_impressao.php?id_noticia=1288, [Fecha de consulta: 26 de Octubre de 2011]

5. PERRY, Guillermo y STEINER, Roberto. Crecimiento Económico y Desigualdad, Julio de 2011. http://www.iadb.org/intal/intalcdi/PE/2011/08294es.pdf, [Fecha de consulta: 26 de Octubre de 2011]

 

 

 

 

 

 

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