Paris je t’aime…

Por Rosanna Cáceres

“Paris, yo te amo”. Esta expresión puede resumir el sentimiento colectivo hacia la ciudad de Paris: jóvenes y adultos sueñan con conocerla, incluso existe el dicho popular de que “nadie se puede morir sin ver Paris”. Es el primer destino turístico del mundo: 27 millones de personas cada año visitan la “capital del amor”, “la ciudad de la luz”, la ciudad donde el presente y el pasado se funden y confunden en una especie de obra de arte, donde todo pareciera estar en su justo lugar. ¿Qué genera que esta ciudad sea la fuente de inspiración para artistas, poetas, soñadores y bohemios? ¿Son sus monumentos? ¿Sus jardines? ¿O es el hecho de que cada cosa parece pertenecer a un plan mayor, donde el espacio público dialoga con los edificios?

Sin duda, lo que impacta de Paris es ese equilibrio, que la convierte en la capital del urbanismo contemporáneo, objeto de imitaciones por parte de muchas ciudades occidentales. Todos quieren ser como Paris. Sus boulevards, jardines, plazas e incluso sus tipologías constructivas han sido reproducidas y reinventadas una y otra vez en distintas épocas y continentes, pero nadie ha logrado acercarse a esta imagen de perfección que trasciende a los problemas urbanísticos (segregación, congestión, deterioro, áreas residuales, etc.) propios de una metrópolis , haciendo parecer a simple vista que todo funciona como debería. Entonces, ¿Qué hace que sea inigualable?

A primera vista, se podría pensar que es el valor arquitectónico de sus edificaciones y monumentos, pero si ahondamos en el tema podemos observar que la continuidad del espacio es la que lo pone en valor. Esto se hace patente al observar una fotografía aérea de la ciudad: jardines y amplias avenidas saltan a la vista, pareciera que una parte considerable de esta fue planificada desde cero. Cosa que todos sabemos que es imposible: Paris es una ciudad de larga data.

Se estima que fue fundada por los parisios entre el 250 y el 200ac. y refundada por los romanos en el s.I dc. En la edad media creció de forma laberíntica y fue amurallada para su protección. Muros que fueron derribadas por Luis XIV en el s.XVII. Fue el ícono del absolutismo y luego la cuna de la revolución francesa, viendo nacer a una ciudadanía “libre, igual y fraterna”. Fue la capital del imperio de Napoleón Bonaparte y durante el s. XIX albergó varias exposiciones universales, disfrutando de los adelantos tecnológicos de la industrialización y siendo víctima de sus males. Durante el s XX, fue ocupada por los Nazis y fue cuna de la revolución del `68. Y hoy, es influida por la globalización, la sustentabilidad y los nuevos movimientos ciudadanos.

No cabe dudas de que la historia de Paris ha sido vertiginosa y que si no hubiese habido una ambición o un poder superior pensando en la imagen y la vida de la ciudad, hoy sería muy distinta. Y este poder se explica en dos hechos fundamentales: primero, Francia fue una monarquía hasta la revolución francesa en el siglo XVIII, y segundo, en su modelo administrativo existe la figura del Prefecto del Sena, el cual en general, es el encargado de velar por la urbanización de la ciudad y por los edificios públicos. El primero es una forma de gobierno donde el poder del Estado es predominante, y el segundo es un actor administrativo autónomo y único para un basto territorio. De modo, que en ambas el poder está concentrado, lo que permite efectuar medidas directas sobre grandes paños de la ciudad.

Un ejemplo de esto fue el plan orgánico realizado por Luis XIV, el cual ambicionaba que Paris fuera la ciudad más bella. Entre sus obras está el derribo de las murallas y la construcción de una avenida arbolada en los terrenos liberados. También destacan la creación o reconstrucción de plazas, como la Place Vendome donde se regula la características de las edificaciones que la rodean; la apertura de nuevos accesos a la ciudad, y la proyección de la villa y el acceso al nuevo Palacio de Versalles en las afueras de la ciudad, lo que genera que varias instituciones públicas y miembros de la corte se muden hacia allá, liberando sectores en el centro.

Siguiendo el espíritu de este plan, entre 1852 y 1870, el Barón Haussmann, prefecto del Sena, plantea su visión para el Paris moderno en respuesta a la insalubre condición de la ciudad industrial y al miedo a las revoluciones sociales. Este consiste en una red de grandes avenidas y boulevards, que funcionan como trazos radiales desde el arco del triunfo, las cuales interconectan plazas, parques, edificios públicos, monumentos y estaciones de trenes, transformando el Paris de trama medieval en la ciudad que vemos hoy.

La fuerza y el éxito del plan de Haussmann radican en su capacidad de operar intensamente a gran escala, bajo un marco de relaciones económicas propias del liberalismo, donde la burguesía cada vez tiene mayor poder. Ante lo cual él responde tratando a la ciudad como si fuera un gran edificio, haciendo converger en ella verticalmente un gran poder técnico-operativo, donde las regulaciones legales, las expropiaciones y los contratos de compra/venta serán su principal arma frente a la especulación del valor del suelo, que cada vez cobra mayor protagonismo.

Por ejemplo, las regulaciones sobre la relación entre la horizontalidad de las calles y la verticalidad de las edificaciones (norma que persiste hasta hoy en día), junto con directrices arquitectónicas como: la existencia de balcones, el primer piso comercial, la existencia de buhardillas, la posibilidad de uso de la vereda, la tipología de ventanas, pórticos y tejados, etc, son el complemento del funcionalismo de la red vial Haussmaniana, logrando transformar un eje vial en un eje estéticamente valioso por la homogeneidad arquitectónica de los edificios que la bordean y por el ritmo de su arborización.

De modo que, en síntesis, Haussmann planea la avenida, expropia grandes paños de terrenos, regula las características de las edificaciones que bordean las avenidas a través de los contrato de compra/venta de los terrenos expropiados, y luego los vende a los privados, quienes finalmente serán los que concreten y den forma a la ciudad planificada por el prefecto. Este método de operación urbana directa y centralizado, donde se regula lo funcional y lo estético de los proyectos, es la clave del éxito para un plan tan ambicioso que logró transformar el Paris de Los Miserables (Victor Hugo) en una ciudad que se ajusta a las exigencias de la clases dominantes, que se empareja con la dinámica industrial y que se coloca como modelo a seguir por otras ciudades.

Esta transformación radical es la que hace que Paris sea tan especial, más que por las trasformaciones físicas que se hicieron, las que sin duda guiaron el desarrollo de la imagen de la ciudad, sino que por la forma en que fueron hechas: un administrador o un gran alcalde central, un plan a nivel ciudad con acciones directas y firmes y un marco regulatorio que las ampare. Estos 3 puntos son vitales para el desarrollo de la ciudad, ya que a pesar de haber cambiado las condiciones socio-políticas, el valor de la urbe quedó impregnado en los parisinos y escrito en sus normativas urbanas. Lo cual genera que hoy en día, se sigan respetando los valores generales y las directrices del plan de Haussmann y que las normativas sigan defendiendo esa ciudad que es histórica y moderna a la vez.

Eso es lo que no hay en otras ciudades que en pleno siglo XX tratan de imitarla: hacer diagonales, parques o edificios monumentales no las transformará en Paris, porque para eso se requiere una acción mucho más profunda, integradora y directa, en la cual se integren voluntades políticas, normativa y privados. Y eso, es muy difícil de lograr bajo un gobierno no autoritario y en un siglo donde la hiper-conectividad ha generado una sociedad más participativa e individualista, que defiende lo que siente le es propio.

El Paris de hoy goza y usufructúa de las transformaciones del s.xix, y por eso acepta permanecer regulado: sabe que el éxito de su ciudad radica en que sigan siendo lo que el mundo añora: el orden, la belleza, la continuidad, la organización. Cualidades que cuesta encontrar en otras ciudades con tanto esplendor…. Si queremos ser como Paris, no debemos tratar de imitar su fisionomía sino que tenemos que calar mas hondo, tenemos que tratar de imitar su forma de actuar, de hacer ciudad. Pero no la de hace dos siglos, que es claramente impracticable hoy en día: sería muy complejo que la gente aceptara grandes expropiaciones sin emitir opinión. Podemos, por ejemplo, conferirle mayor autonomía a un cargo administrativo que opere sobre toda la ciudad o apelar a tener trazada una visión de ciudad que guíe efectivamente los proyectos urbanos que se están realizando o que genere proyectos estratégicos que detonen cambios importantes en sus áreas cercanas, tal como lo hicieron Cataluña o Medellín, las que, aunque no se transformaron en una ciudad esplendorosa como Paris, sí aumentaron la calidad de sus espacios y más importante aún, la calidad de vida de sus ciudadanos.

Y mientras esto no suceda, Paris, es y seguirá siendo un ícono, seguiremos soñando con conocerla, seguiremos admirando cada uno de sus detalles, seguiremos tildándola como “la capital más bella del mundo”. Haussmann ha de estar orgulloso, su plan funcionó, Paris es, más que nunca, la ciudad bella que él y muchos tanto soñaron.

Referencias:

Imagen: http://www.fondos10.net/fondos-de-pantalla-de-paisajes/paris-nocturno-wallpapers-2183

 -“Planeación Moderno de ciudades” Gerardo G.Sánchez Ruiz

-“Londres-París, Teoría, arte y arquitectura en la ciudad moderna” , Antonio Pizza

-“Historia del Urbanismo, El siglo XVII”, E.Guidoni, A.Marino

-“Historia del Urbanismo, El siglo XIX” Vol. I, Paolo Sica

 

 

 

 

 

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3 respuestas a Paris je t’aime…

  1. Alberto Daniel Alanis Baker dijo:

    Si estoy de acuerdo pero a la vez no, Paris es una ciudad esplendorosa y maravillosa, la ciudad del amor, pero no siempre fue así, antes de que París despertara y se volviera la maravillosa ciudad que hoy en día sale en películas y que como tu dices “todos soñamos con ir”, París era una ciudad obscura y sucia, llena de plagas y enfermedades por todos lados, la cañería se paseaba por las calles… es importante recalcar que cualquier ciudad siempre comienza con lo peor, algunas se estancan como… peor otras como París salen a relucir su gran “pelaje” y a disputar un puesto en la categoría de “las ciudades mas hermosas del mundo”.

  2. Alice Candemil dijo:

    Estoy de acuerdo que Paris es un ejemplo para muchas ciudades del mundo en cuanto a urbanismo, pero creo que no hay que idealizarla y olvidarse de los problemas actuales que tiene esa ciudad, como por ejemplo, la desvinculación que existe entre las zonas de lujo (centrales) completamente planificadas, con las zonas de la periferia, las cuales están aislada del bienestar que hay en las primeras. La Gran Paris, sufre de problemas de integración social, lo que para nosotros nos cuesta entender ya que en America Latina ese problema es más evidente..

    Sin embargo, creo que podemos seguir aprendiendo de ella, basta con mirar las distintas propuestas realizadas por arquitectos y urbanistas que fueron encargadas por el Ministerio de Cultura de Paris.
    http://www.lefigaro.fr/culture/2009/03/12/03004-20090312DIMWWW00505-grand-paris.ph

  3. Hugo Bertolotto dijo:

    Tuve la oportunidad de estar en Paris. Sinceramente antes de ir no me llamaba la atención para nada. Pensaba que era una ciudad mas dentro de las ciudades espectaculares que hay en Europa, la Torre Eiffel para mi era un objeto trillado y casi cursi, el Pompidou (por mas que me gustara su sistema constructivo) encontraba que era una irrupción en la ciudad, fuera de contexto, etc. Pero estando allá todo cambió. Más allá de saber de su historia, monarcas, fundación, urbanismo, arquitectura (que obviamente es importante para entender la conformación de la ciudad), lo que más llama la atención de Paris, para cualquier persona por mas inculta que sea, es su PERSPECTIVA, donde estés la hay, la amplitud de sus espacios, ¡Incluso el Pompidou! De verdad que es increíble, mas al compararla -por ejemplo- con ciudades italianas llenas de “rinconcitos”.

    Si bien Alberto tiene razón en lo que dice, encuentro que ese periodo de Paris también es recalcable. Fruto e inspiración de artistas para inmortalizar su historia a través de la pintura como nos mostro Ricardo Abuauad en “Ciudades del Siglo XX” el semestre pasado.

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