Buenos Aires, el aprendiz urbano del mundo

Por Ana Cristina Valencia

Quien ha ido a Buenos Aires sabe, que adentrarse en sus calles, es sentirse en un emplazamiento considerablemente lejano a Sudamérica; esa atmósfera propia de la ciudad de hoy, es el resultado de años de transformaciones que respondieron a los retos que le han representado en su historia las dinámicas económicas y sociales propias de un territorio que avanzó con rapidez de poblado a metrópoli; lo anterior, gracias a la capitalización económica que le sobrevenía de ser un importante núcleo comercial para Europa a través de los tiempos. Notablemente las respuestas han sido contundentes, tanto, que la mayoría permanecen identificables actualmente en su composición urbana; ¿respuestas buenas o malas?, es difícil ser un juez cuando el cuestionado tiene 430 años, se encuentra entre las 20 ciudades más grandes del mundo y las consecuencias derivan simple y llanamente, de la aplicación de las tendencias urbanas implementadas en lugares de mayor desarrollo en condiciones históricamente paralelas, como herramienta para salvar sus propios retos, ¿Cómo las aplicó y en que se evidencian?, son precisamente esas respuestas las que hacen de Buenos Aires lo que es ahora y lo que la convierte en una aprendiz destacada de la experiencia extranjera.

El primer intento de fundación de buenos aires, data de 1536, cuando con la intención de establecer poderío sobre un lugar estratégico como entrada comercial indiscutiblemente útil para el transito bilateral de mercancía con Europa, se establece el fuerte de Buenos Aires; Este primer intento, fracasó debido a la fuerte resistencia de los nativos y sobre todo, porque el asentamiento se encontraba en un territorio prácticamente inhóspito, lejos de fuentes de alimento y desconocido para los españoles que terminaron pereciendo bajo la fuerza local. Tras 39 años de esa derrota inicial, España buscaría nuevamente la salida al atlántico anteriormente ignorada, se funda así oficialmente en 1776 la ciudad de la santísima trinidad y puerto de Nuestra Señora del Buen Ayre; instaurada en un damero compuesto por 144 manzanas de 140 varas de lado.

La composición de estructura urbana reticular aplicada para entonces bajo los estamentos de las leyes de indias y la ausencia de obstáculos topográficos que la detuvieran, sería el punto de partida para la expansión desmedida en los años futuros; hoy en día, la prueba fehaciente de la expansión desmedida se comprueba en la conformación del área metropolitana de buenos aires, en la cual, los limites dados a la ciudad Bonaerense propiamente dicha, son simples líneas imaginarias, que lejos de dibujarse por claros y evidentes obstáculos naturales o fragmentos de retiro entre una ciudad y la otra, parecen más bien hilos que cosieron un tejido vasto a partir de una conurbación inevitable. Aunque en un principio el proceso fue lento, con el tiempo adquirió velocidad y modelo expansivo a base de la ampliación del damero original por agregación de manzanas, hoy entrega como herencia una aglomeración que suma aproximadamente 2.750 kilómetros cuadrados; para hacerse una idea, El gran Santiago cuenta con alrededor de 642 kilómetros cuadrados, calcule usted la magnitud de desarrollo físico consecuencia del impuesto modelo de crecimiento aplicado desde la fundación y la suerte de un territorio que parece no tener límites.

El crecimiento de la capital argentina estuvo siempre apoyado en el avance económico, el reglamento de comercio libre instaurado en 1776, coadyuvó a que el crecimiento fuera exponencial bajo los parámetros ya mencionados, llevando también, unos años después, a la promulgación de las ordenanzas edilicias en 1784; las intervenciones llevadas a cabo en este periodo, transformaron la ciudad por completo; se emprendió la construcción de edificios de carácter público, universidades, museos y un coliseo; obras de modernización cómo alumbrado público, empedrado y generación de paseos y alamedas se incrementaron en la ciudad, posicionándola como pionera en la inserción del desarrollo, teniendo en cuenta que para entonces, las principales capitales actuales se encontraban en batallas para definir territorios como es el caso de Quito, o salvando infortunios naturales como el caso santiaguino que daba cara en 1775 a un terremoto. Aunque tuvo grandes ventajas respecto a las demás ciudades, Buenos Aires libró múltiples conflictos internos de separación y adhesión de la capital a la república y cambios constantes en el sistema de gobierno y economía; pero salvado todo aquello, en los albores de 1900 comienza a asomarse la transformación bajo parámetros europeos, potenciada en gran medida por la conmemoración del centenario de las revoluciones de mayo de 1810 y gracias al capital aportado por su puerto, que para entonces no representaba menos que la mina de su avance. La aparición del ferrocarril articuló de manera notable el desarrollo de la ciudad, realizó una conexión de gran importancia entre el centro y los asentamientos que se disgregaban perimetralmente atendiendo a la producción agrícola y a la cría del ganado; el proceso de extensión de las líneas férreas dio lugar a los barrios actuales y permitió la conurbación y conformación de la gran buenos aires. Junto al puerto, el tranvía creó un ambiente y cultura agroexportadora que convirtió a la ciudad en uno de los mayores productores para Europa y por tanto, la convirtió a ella misma, en un imán de pobladores. En la exposición organizada con el fin de conmemorar el centenario, se dispusieron pabellones, monumentos y piezas importantes y se establecieron propuestas de intervenciones de acueducto y alcantarillado.

El movimiento renovador se compuso de varios frentes desde los cuales se intentó bombardear la situación dada por la sobrepoblación que sufrió la ciudad con las grandes migraciones provenientes de España e Italia y la incapacidad de la infraestructura para atender a las demandas propias del momento. Primero, se planteó la disposición de parques en la ciudad, como medida de contingencia de la expansión, ya que la disposición de áreas verdes tenía por objeto, interrumpir la apropiación desmedida de territorio y la instalación de asentamientos sin las condiciones de saneamiento y servicios requeridas; en este orden de ideas, tal como se había manejado en Europa, se propuso un “cinturón verde” que hiciera de límite de la ciudad y no permitiera la multiplicación desmedida de los asentamientos; pero la estrategia funcionó al revés y en conjunto con el plan de inserción de diagonales, dieron pie a que la ciudad alimentada por el rio de la plata fluyera libremente como su afluente. Las modificaciones viales constaban de tres medidas básicas, una vía perimetral que circunvalaría la ciudad, una gran avenida en el eje norte sur y diagonales que se insertarían confluyendo hacia el centro cívico, con el fin de romper el aburrido damero español, tal vez como signo evidente de autonomía o como muestra visible de la influencia de las capitales europeas en el desarrollo de Buenos Aires, porque es claro, que silenciosamente se asoma el referente parisino con sus ejes barrocos. Se instaló entonces un perímetro de oportunidades, vías conectadas eficientemente con el centro en tramos directos mediante diagonales y parques que garantizaban el “bienestar” promulgado en la época bajo el amparo del verde, serían los facilitadores de un anillo más de expansión Bonaerense. No sería la primera vez que se comete un error urbano que se termina pagando por años, o que un plan traiciona a su promotor dando como resultado el objetivo contrario, pero la europeización de la ciudad con el fin de promover un ambiente de refinamiento y cultura propio de las poblaciones coetáneas en el viejo continente, además de alivianar la situación ambiental, colaboró con el proceso de consolidación de la metrópoli sudamericana.

El recorrido por la historia de conformación general de la ciudad es intenso, ajetreado y claramente se rastrean en él las influencias de modelos extranjeros. Buenos aires evolucionó a la par de su economía a una velocidad alarmante, tal vez como dicen , las respuestas rápidas no son siempre las más efectivas y viéndolo bien, las soluciones que en algunos lugares fueron excepcionales, no fueron lo suficientemente prácticas en su aplicación porteña, pero no hay a quién culpar, siempre hemos pensado que si a aquellos les funcionó seguro a mí también… ¿o no?. Hoy en día, puede comprobarse la europeización de la ciudad e incluso vestigios de enlaces con norte América; ¿Dónde y cómo se encuentran los lazos?, el eclecticismo que partió de querer buscar la mejor y más practica solución a cada problema y lo que esta condición le imprime a la ciudad en términos de atmosfera, movilidad, articulación y trama, es lo que mueve a decir que Buenos Aires hay que vivirla para juzgarla.

En la ciudad se encuentra una analogía pertinentemente instaurada de los modelos de configuración urbana de la mayoría de ciudades que albergaron transformaciones en el barroco Europeo. Por lo menos con algo de parís se topará al caminar por las diagonales que fluyen hacia la plaza de mayo o recorriendo los boulevard peatonales florida y Lavalle. En su modelo expansivo, existe una relación directa con la retícula sin final barcelonesa y Por otra parte, la presencia constante de parques a lo largo de la ciudad insertos con el fin de romper con la monotonía de manzanas edificadas, da cuenta de referencias en los planteamientos utopistas de las ciudades jardín, e incluso, en la puesta en marcha del Central Park en New York como escape al mar cuadriculado que compone Manhattan. En temas de movilidad, las diagonales que intentan despejar el centro a partir de llegadas directas desde la periferia, tiene su origen conceptual en los planes aplicados en Washington que después también se reflejarían en la propuesta del barón de husman para parís. La conurbación que se presentó con lo que en un principio fueron pequeños asentamientos de la periferia, habla del seguimiento de modelos de ciudad industrial develados en los poblados que se disponían alrededor de una industria específica, que para el caso argentino, tiene que ver con asuntos de agricultura y ganadería.

Buenos Aires, como cualquier urbe mundial, es el resultado de planes y accidentes propios de las demandas específicas con las que contó a lo largo de su historia; las decisiones finales llevadas a cabo, componen a la ciudad de hoy y la proyectan hacia el futuro; es en esos rasgos particulares algunas veces criticados (como por ejemplo el caso del obelisco http://www.emol.com/noticias/magazine/detalle/detallenoticias.asp?idnoticia=483215), que finalmente se instalan los sentimientos patrios y son esas maneras de aplicar lo ajeno, las que la convierten en un destino tan atractivo; porque como en muchos casos, eso que una vez se tachó de locura, utopía o fanatismo, es lo que la hace tan verde, tan grande, tan refinada, tan culturizada, tan exquisita, tan de Buenos Aires.

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