Segregación social: Violencia Urbana

Por Catalina Winter

Hoy, tanto en Chile como en Latino América, podemos ver con certeza una gran segregación social que tiende a generar grupos cerrados enfrentados entre sí, sin promover espacios de acercamiento mutuo. Es algo que se vive en todos los ámbitos de la vida colectiva, social e incluso urbana. Una segregación intrínsecamente violenta, que como círculo vicioso, genera una brecha cada vez más grande entre los distintos grupos sociales.

Remontándonos a los hechos de los últimos meses, este ambiente violento lleno de intransigencias se vive fuertemente hoy en pleno conflicto estudiantil chileno. Intransigencias que cierran mutuamente a los distintos grupos ideológicos o políticos frente a las posturas del otro, transformándose ya no en una relación de emisor – receptor, sino que una relación de rivales o adversarios, lo que genera una polarización extrema en la sociedad, una violencia que se puede sentir en el aire.

Al recorrer Santiago lo anterior se transforma en una realidad física. Grandes sectores de la capital son la evidencia de la violenta intransigencia de nuestra sociedad, materializada en eternos metros lineales de muros que cierran barrios completos y los separan del resto de la ciudad, sumados a miles de metros de rejas que cierran tanto propiedades privadas como áreas verdes municipales. (Fotografía: La Florida) Cierres que exhalan temor, que respiran violencia y que sin duda generan una sensación de vulnerabilidad de parte de los habitantes del lugar.

Lo que llama la atención es que estas formas urbanas de “amurallamiento” como forma de protección no se adjudica solamente a un sector socioeconómico, sino que a todos. Sin importar la clase social a la que se pertenezca, todos se tienen miedo mutuamente, y de esta forma la ciudad se ha introvertido cada vez más, llegando a un modelo de habitar en que la vida se desarrolla puertas adentro.

Intentos para evitar estas situaciones ya han ido tomando fuerza, nuevos planes urbanos con una constante participación ciudadana es lo que todo barrio y municipio busca, y lo que ciertas organizaciones (como ciudad viva) se han encargado de promover en las últimas décadas.

Pero ¿será esto un problema simplemente de planificación urbana? o ¿será que esta brecha social es frecuentemente alimentada por una intransigencia ideológica inherente a todo chileno?.

Si así fuere, una posible solución a esta segregación físico-social sea crear un nuevo modelo de planificación participativa a largo plazo, que incluya dentro de sus lineamientos un sistema de “apoyo o educación” cívica y humana que se imparta a todos los actores involucrados, incluso a los niños desde la infancia en su educación primaria. Una educación a-política en la que se logre generar una aceptación y estima hacia el “otro”. Para que luego surja un verdadero trabajo en equipo, en que ya no sea necesario cercar los barrios, sino que abrirlos para poder cohabitar y compartir con el vecino hasta el punto de llegar a necesitarlo.

¿Será esto una gran utopía?

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7 respuestas a Segregación social: Violencia Urbana

  1. Ana Cristina dijo:

    La segregación no solo es evidente en las murallas de defensa de los barrios y condominios, que se alzan como promesas de bienestar para los que están de la brecha para adentro; en la ciudad, es evidente una linea trazada que divide oriente-poniente, bajo la cual se establecen pautas especiales para los unos o los otros relativas a aspectos sociales y/o económicos determinados; al parecer en santiago, el sol decide quienes tienen más y quienes tienen menos, según quien lo vea primero despuntar cada día. probablemente no haya una linea edificada clara que dibuje el limite, en este caso un eje norte-sur que en definitiva se erigiría como protección para los orientales, pero es claro que “los de arriba” no tiene a que ir donde “los de abajo” y que estos últimos, por mucho, irán a trabajar a donde los otros. Resulta siendo algo bastante extraño que no existan grises en medio de tanto contraste, sobretodo porque es en esos puntos neutros, donde puede apreciarse la variedad cultural de un país que alberga tanto y por encima de todo, porque una ciudad según la historia enseña, levanta murallas exteriores para protegerse del enemigo, nunca divisiones magnánimas al interior para hacer del territorio y su distribución un arma, para hacer de la casa una fortaleza o para hacer del vecino el mas amenazante oponente.

  2. Creo que los muros, de cierta manera pueden ayudar a superar la intransigencia Tal como lo plantea Sabatini, los muros no necesariamente son nocivos para la ciudad.

    Pensemos en el caso de Peñalolén, una zona de la ciudad que hasta no muchos años se caracterizaba por tomas y poblaciones, sin embargo, hoy vemos como estos barrios cerrados encapsulan viviendas de estratos socioeconómicos más altos contiguos a las poblaciones.

    Si bien, por el solo hecho de que en la misma zona convivan dos clases económicas diferentes no harán que se conozcan y se conviertan en grandes amigos, si aumenta el contacto casual, elimina la generación de estereotipos mutuos y falsas imágenes, aumentando al largo plazo la cohesión social.

    Si no fuera por este amurallamiento, no sería posible formar este primer paso de integración en la sociedad.

    Más complicado es cuando existe una segregación, que tiene que ver más bien con distancias geográficas, lo que implica no solo falta de cohesión social (como si eso fuera poco), sino que también falta de equipamiento y la generación de guetos.

  3. José Luis Guerra dijo:

    Creo que siempre y en muchos lugares del mundo, principalmente en las grandes ciudades, existirá este problema que se plantea en la columna: la segregación social.
    Encuentro que, al menos en Santiago, se encuentra muy marcada la pirámide socio-económica que divide a la grande población que habita en la ciudad, pero, unos muros que se levantan a manera de muralla creo que es algo denigrante.
    El hecho de que viviendas “de nivel más alto” se encuentren encerradas entre murallas me parece un fenómeno bastante discriminador hacia “los de nivel bajo” pues si bien son vecinos, comparten muros, y se podría mejorar la convivencia entre ellos al quitar estas barreras que aparta a los de “la baja”.
    Sí me parece que sería una utopía el que “los de la alta” se relacionen con los “de la baja”, pero se puede llevar la fiesta en paz sin tener ningún problema con las personas con quien compartes tierra.

  4. Maria Pia Jardim dijo:

    Creo que es importante saber que Chile se ubica persistentemente en una mala posición en las mediciones que se hacen a nivel mundial o regional sobre la desigualdad social, o sea, las distancias que separan a ricos y pobres. El último índice de desarrollo humano del Pnud – Programa de las Naciones Unidas para el desarrollo, de Julio 2010, que abarca a un mayor número de países, situó a Chile en el lugar 43 (en una lista de menos a más desigualdad) y en quinto lugar en América Latina y el Caribe, región que de acuerdo con este estudio es la más desigual del mundo.
    Probablemente, esa desigualdad, tanto en Chile como en América Latina en general, se debe a la falta de revoluciones, al contrario de Europa, ejemplos como Francia y Alemania. Historiadores creen que el sistema de desigualdades que vemos en América Latina es el que se impuso con la conquista española, que significó la destrucción de las culturas originarias y la extinción casi total de la población. La mayoría de las familias que recibieron tierras, recursos naturales u otros bienes en esos tiempos, los han mantenido a través de los siglos por medio de la herencia. Los dueños de la riqueza se han reproducido y han reclutado a otros sectores de gente con recursos, no habiendo grandes transformaciones.
    Hoy esta desigualdad, como referiste, se verifica físicamente en la ciudad, por “metro lineales de muros que cierran barrios completos y los separan del resto de la ciudad, sumados a miles de metros de rejas que cierran tanto propiedades privadas como áreas verdes municipales”.
    Es, así, una ciudad muy sectorializada.
    Opino que la planificación urbana en gran parte ayuda en la resolución de este problema, que, en total acuerdo, sería mejor resuelto con una promoción de la educación cívica, fundamental para vivir en comunidad.

  5. Cristóbal Hillbrecht dijo:

    Imaginar una ciudad en que todos convivan con todos es fracamente imposible. El territorio no es homogéneo y siempre esté el instinto por ser mejor. Por un lado uno siempre trata de buscar el mejor lugar o terreno dentro de lo que puede según muchos factores (accesibilidad al trabajo, servicios, entorno, etc), persiguiendo el mejor balance en calidad de vida, y obviamente condicionado principalmente por el ingreso económico. Por otro lado uno trata de conseguir el lugar en que se rodea de gente similar, y está claro que es por que uno siente más seguridad en lo que parece conocer y en las realidades sociales y culturales más cercanas a uno.
    Por ende podemos observar segregación de las ciudades en todos los grados, e incluso en las más desarrolladas. Por lo general los polos más productivos se vuelven cada vez más ricos a la inversa de los sectores que permanecen más retirados, los cuales siempre deben combatir o se les debe ayudar frente al deterioro.
    En Santiago la división física de los estratos socioeconómicos, y por ello, de áreas verdes, servicios y comercio, está muy marcada. Y es verdad, la intensificación de las diferencias acentúa delincuecia, inseguridad y temor entre los habitantes, quienes han propuesto una ciudad de las rejas y los muros ciejos, totalmente introvertida. Por ende se hace muy necesario que dentro de la planificación urbana, como herramienta, exista el enfoque a reducir estas diferencias y una estretegia de recuperación urbana de la ciudad en su total.
    Pero no sólo proporcionando espacio verde, restauración de casas y calles, iluminación, etc. También se hace necesario que llegue un fuerte detonador de desarrollo, y que podría entregar perfectamente la gentrificación de grupos socioeconómicos altos, como respuesta a la insuficiencia de suelo con mayores plusvalías, y con otros con cierto potencial urbano por desarrollar, sobre todo aquellos que podrían conectar al metro, o vías principales.
    Alomejor estos cerramientos como las rejas y muros, si bien dan la espalda al vecino, son una herramienta inicial para acercarse más al resto de la población y fomentar relaciones con más diversidad.

  6. Diego Ábalos dijo:

    Efectivamente creo que la segregación social genera nefastas consecuencias en nuestra ciudad, viéndose reflejada en estos guetos antes mencionados, muchas veces los cuales no necesitan de cerramientos, muros o accesos vigilados para entenderse como tales. Por un lado se pueden ver barrios que se segregan por temas de pandillas, drogas o violencia, generando problemas de estigmatización o desesperanza. Por otro lado, barrios residenciales de la clase alta que con el simple hecho de no poseer (y no querer) recorridos del Transantiago, se aíslan del resto de la ciudad. En este contexto creo que es poco acertada la idea que plantea la autora de la columna de fomentar “Una educación a-política…”.
    El tema justamente planteado es netamente un problema político; como instaurar políticas de suelo que busquen integrar barrios de distintos niveles socioeconómicos.
    Existe en Chile una reticencia a politizar los temas que afectan a la sociedad, siendo que ésta es la única forma de lograr cambios reales. Una educación que fomenta una discusión política no tiene por qué no generar formas de aceptación, acuerdo o respeto por el otro. De hecho, y ya que se menciona el tema estudiantil, pienso que la razón por la que se generan intransigencias de posturas y una fuerte polarización es por la poca educación en política que este país posee… y contrario a lo planteado en la columna, pienso que la relación emisor – receptor en una discusión de este tipo debe cambiar por una relación de diálogo y entre las partes.
    El tema de la segregación residencial es algo que puede solucionarse bajo políticas públicas que el gobierno y la comunidad deben acordar. Si bien está relacionado con la segregación social, ésta posee temas de fondo como un modelo económico disfuncional que requiere algo más que voluntad política.

  7. Hugo Bertolotto dijo:

    Respecto a tus preguntas: “¿será esto un problema simplemente de planificación urbana? o ¿será que esta brecha social es frecuentemente alimentada por una intransigencia ideológica inherente a todo chileno?” Yo creo que son las dos afirmativas. En el primer caso hay que recordar el traslado de campamentos que se hizo a mediados de los 70′ hacia la periferia de Santiago, esa fue la génesis de la segregación social y que como vemos hoy en día se ha convertido en tónica de la vivienda social, no existe integración dentro de la ciudad y lo peor es que se ocupa como excusa para planes de expansión urbana. En cuanto a la segunda pregunta, creo que la brecha entre ricos y pobres en este país es anormal, lamentable, lo que a su vez trae grandes consecuencia por falta de oportunidades, puede sonar feo pero casi que son de distintas culturas (o por un lado, prepotentemente, creen serlo), esto no se da en otros países con una cultural igualitaria para todos, donde el hijo del conserje estudia con el hijo del jefe y comparten sus distintas realidades como algo normal, no en una burbuja como pasa por estos lados.

    PS: Tuve la oportunidad de hablar con Orlando Vigouroux, sobre el caso de La Loma y es increíble (no-creíble) que en el siglo XXI algunos piensen que vivimos en una sociedad feudal.

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