La Conservación, otro asunto por el cual manifestarse

Por Ana Cristina Herrera

A la polvareda que se ha levantado con los eventos socioeconómicos a los que se ha enfrentado chile en los últimos meses y a los avatares de la naturaleza a los que le resulta imposible escapar, se le suma la intensión de ampliar la ciudad de manera que se inyecten 10.618 hectáreas a las ya existentes en Santiago; el planteamiento anterior, como toda política urbana, enfrenta a detractores y cuenta con múltiples defensores, teniendo en cuenta que la opinión de quienes lo aprobaron se orienta a que al parecer, el tamaño de la ciudad, no calza con la velocidad de desarrollo de la misma y por encima de todo, que las necesidades de suelo para vivienda, servicios y otros usos, son evidentes y urgentes; pero el mayor argumento de los que van en contraposición con la propuesta, apoyándose en políticas mundiales de conservación natural, es la ampliación considerable de la huella ecológica de la ciudad directamente proporcional a su extensión horizontal, (considerando las necesidades que entonces emergerían en cuestión de transporte, nuevas centralidades, kilómetros de infraestructura y como siempre en la construcción, toneladas de residuos a causa de la edificación).

Viéndolo desde el punto de vista Ecológico, la ampliación del límite de crecimiento resulta una idea escabrosa, pero entonces, ¿Cómo soportar las demandas crecientes de espacio para todo uso?, ¿dónde ubicar las nuevas funciones que asume la ciudad en pro de su avance?, ahí está el punto al que quiero llegar, y es ahí donde se posiciona el eslabón que quiero retomar en este artículo; ¿puede el patrimonio re-asumir otro tipo de uso y destinación, de tal manera que se convierta en suelo efectivo para el crecimiento compacto de la ciudad?. Parece que últimamente, solo a los arquitectos les interesa el patrimonio tangible de la humanidad y por lo tanto, su conservación y adecuada disposición, depende en exclusiva de iniciativas privadas sustentadas económicamente por organizaciones no gubernamentales, fundaciones culturales y otros entes participativos. El gobierno contempla una política de conservación patrimonial, pero debido a las necesidades más inmediatas de vivienda y a proyectos más “interesantes” desde el punto de vista económico, como es la ampliación del plan regulador, el tema de la conservación de las estructuras que han sido testigos del paso de los años y la evolución de todo un país, queda rezagado.

Es deslumbrante que en este momento, Santiago cuente con una cantidad increíble de edificaciones históricas, (hablo desde mi punto de vista, que nací y crecí en Medellín, una ciudad que le dio la espalda a la mayor parte de su historia arquitectónica), aún más si se tiene en cuenta, que estas piezas excepcionales, han enfrentado terremotos múltiples y seguramente, amenazas constantes debido a lo seductor que puede resultar el suelo donde se emplazan. Pero Parece que invertir en su reconstrucción, restauración o reacondicionamiento, resulta más dispendioso que demoler y reedificar. A simple vista podría decirse que la ampliación es un punto a favor de la conservación, porque liberaría la demanda de suelo al interior y por tanto, funcionaría como un amortiguador físico para la conservación patrimonial; pero por otra parte, entendiendo que los factores en juego son tantos y principalmente que es el compromiso con el ambiente lo que está puesto en duda, las políticas de crecimiento urbano y los proyectos integrales para la actuación e intervención física en la ciudad, deberían orientarse a la exaltación de lo existente, mediante el uso de tecnología e innovación, la re-destinación de la infraestructura con la que se cuenta y el compromiso gubernamental con el sustento económico de la riqueza patrimonial. En resumidas cuentas, es en el legado histórico donde podrían encontrarse algunas herramientas para enfrentar los retos del futuro; Una ciudad sostenible requiere indudablemente el mínimo desperdicio posible y el reciclaje arquitectónico es una luz brillante en medio de lo caótico que resulta el tratar de complacer a todos los ojos que juzgan cómo, cuándo y por qué se transforma el tejido urbano y todos sus hilos.

Me ha causado una curiosidad enorme, por qué un país que levanta el pecho y la frente para fiestas patrias, se viste de rojo, blanco y azul y se enorgullece de todas sus riquezas, no se levanta en conjunto por la preservación de aquellos muros, que enmudeciendo, vieron como crecía y avanzaba; Poner en contraposición el desarrollo a la conservación, no puede ser un debate practico en la búsqueda de soluciones, debe ser un reto de conciliación que permita mediante una conservación estratégica un progreso notable. Posiblemente no haya vuelta de hoja en el planteamiento del plan regulador, que el crecimiento no pueda contenerse ni con las más fuertes barricadas, pero es necesario hacer un llamado (sobre todo es estos días en los que parece que está de moda reclamar por derechos económicos sobre el presupuesto nacional), para que la emoción de extenderse y la ambición de nuevos suelos sobre los cuales establecer dominio, no enceguezca a quienes entre todas las responsabilidades que cargan, sostienen también la preocupación latente de una historia, que se cuenta físicamente en sus edificios, se siente culturalmente en el correr de su vida diaria y se evidencia desde lejos en la herencia construida.

Es extraño ver en el patrimonio una salida práctica, porque la normativa para su intervención es complicada, porque las limitaciones que plantea son difíciles de salvar y porque la eliminación de prejuicios respecto a sus destinaciones tradicionales se convierten en huesos difíciles de roer, Los edificios históricos están destinados a ser museos de la misma historia, centros de gobierno y en el mejor de los casos bibliotecas. Pero si la necesidad inmediata es de nuevos contenedores para servicios emergentes ¿Por qué no encontrar la manera de hacer útiles los techos que ya están en pie y los terrenos con los que cuenta la ciudad?, si la idea es crecer como una ciudad contemporánea responsable con los retos actuales de sostenibilidad ¿Por qué expandir más la dimensión de la problemática?, si el sentido patrio es de convicción ¿ por qué no rescatar aquello que fue testigo de esa historia que nos hace ser lo que somos hoy?.

Lo único que queda es esperar y ver cómo crece Santiago, ojala que mientras progresa no se olvide de dónde nació.

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7 respuestas a La Conservación, otro asunto por el cual manifestarse

  1. Sin duda que sería una muy buena medida, repoblar los centros urbanos a partir del patrimonio existente construido, como también ser coherente con la forma y relaciones de estas construcciones con las nuevas construídas contiguamente.

    Sin embargo, hay una serie de trabas que no permiten esto.

    En primer lugar, las leyes a las que se acoge el patrimonio son sumamente estrictas, y limitan a los dueños a hacer cualquier tipo de cambio, lo que les impide por un lado, reconvertir las construcciones, como también dejar de percibir ingresos económicos por la venta de estos predios que en general se encuentra muy bien ubicados, y consecuentemente tienen un alto valor.

    Además de lo dificultoso que significa para una familia media, mantener una de estas construcciones, por lo que finalmente optan por vivir en la periferia.

    Sin duda que sería una propuesta loable, pero que depende de asuntos de gestión, legislativos e incluso de costumbre que se deben cambiar.

  2. Felipe Contreras dijo:

    Efectivamente pienso que sería un gran beneficio para la ciudad repoblar los centros urbanos en desuso, pero es indudable que se hace presente la problemática del factor económico que implica remodelar una construcción antigua, desde los elementos estructurales hasta todo el sistema de cañerías, y además se suma el tema de la legislación.
    Los barrios en que efectivamente se ha producido esta renovación generan además otro problema. Por lo general son sectores que se ponen de moda, como el cerro Alegre en Valparaíso o en Bario Lastarria en Santiago, por lo que los precios del suelo suben, y se produce el efecto de que los antiguos habitantes del lugar se van luego de vender sus propiedades, y son reemplazados por personas de un mayor estrato socio-económico, quienes si bien se hacen cargo de la remodelación de los inmuebles, se podría plantear que eliminan en parte el sustrato cultural que generó los barrios en cuestión.
    En definitiva, es un tema que es indispensable abordar, pero en el que confluyen muchos factores, y sobre el cual lamentablemente parece que no existen soluciones evidentes que permitan aplicarlo en una gran escala en el futuro cercano.

  3. María Garcés Marques dijo:

    La gentrificación es un proceso que se vive en casi todos los centros urbanos de grandes ciudades, y también el centro de Santiago. Lo que se produce es un “intercambio” de sus habitantes por otros nuevos (que no necesariamente tienen mayor poder adquisitivo). Algunos casos son los mencionados anteriormente: barrio Lastarria o también en Bellavista donde las antiguas edificaciones pasan a ser remodeladas tanto su edificio como en su uso.
    En esto me quiero detener: el cambio de uso que se produce en estas antiguas edificaciones que dan paso al comercio, restaurantes y también establecimientos educacionales. El caso más notable en mi opinión es el Barrio Universitario República. Antiguas edificaciones que han sido remodeladas por universidades e institutos para dar cabida a grandes salas y auditorios manteniendo la estética exterior de casonas patrimoniales. Aquí, la imagen se conserva y además se activa un sector que estaba deteriorado llenándose de nuevos servicios (fotocopiadoras, restaurantes, etc) para proveer a esta gran masa de estudiantes y también a sus habitantes.
    Quizás el proceso de remodelación de este tipo de edificaciones es un proceso difícil y con mucha burocracia, pero sí hay ejemplos notables que han logrado conservar la imagen patrimonial de nuestro centro histórico y además incorporar programas que aseguran que los mismos edificios se mantengan y cuiden en el tiempo. El problema no es la conservación, en mí opinión el problema radica en la voluntad que existe, o mejor dicho, no existe ya que es mucho más llamativo hacer un edificio desde cero que remodelar uno existente. He ahí el desafío para los futuros arquitectos…

  4. Felipe Iglesias N. dijo:

    La obsolesencia de los centros urbanos genera impactos muy negativos sobre la ciudad, como ocurrió en el caso de Santiago centro, la caída en desuso de las industrias, el traslado de las vivienda a la periferia, la aparición del comercio informal con el consiguiente traslado del comercio a otros lugares (Providencia), produjeron un abandono y deterioro de lo existente que permitió el aumento de la delincuencia y el deterioro general de la comuna.

    Luego para incentivar el repoblamiento del centro se debilitó la normativa del Plan regulador, lo que generó la construcción desmesurada de edificios de gran altura, derrumbando gran cantidad de patrimoni arquitectónico.

    Encuentro increíble la percepción que tienes del patrimonio arquitectónico, y sobretodo del valor histórico que da el mantener estos edificios que han combatido a la naturaleza. Siento yo que debería incentivarse a la población joven, ya sea profecionales recién titulados el incentivo con subsidios a la repoblación de estos sectores, además de generar servicios que puedan revitalizarlos. Esto sucede en el Barrio Bellavista, en donde se le ha dado cabida a el rubro de los actores y artistas. U otro ejemplo más apreciable es lo que ha sucedido con el Barrio Italia, en el cual el hecho de que existan varios talleres de mueblistas, diseñadores, arquitectos y artistas, revitalizaron el lugar y hoy en día se pelean los galpones de los alrededores.

    Finalmente recomiendo ver este debate entre el Intendente de Santiago, Fernando Echeverría y el Arquitecto Mathias Klotz
    http://www.emol.com/videos/actualidad/indexSub.asp?id_emol=7900

  5. Juan Ignacio Hodali dijo:

    La conservación a través de la gentrificación es algo que con cada vez más fuerza se está dando en Santiago, barrios como el Lastarria, Brasil y Yungay, están teniendo nueva vida, pero aun queda mucho por hacer. La verdad es que pocas veces se piensa en remodelar un edificio histórico para transformarlo a uso residencial y más aun si estos edificios no se encuentran en los lugares ya mencionados.
    ¿Por que no pensar en barrios como Patronato, como futuros lugares de conservación y gentrificación? Estos lugares quizás no tienen las mansiones que tiene el barrio Brasil, pero si poseen una historia y una arquitectura que se está perdiendo. Es deber de nosotros arquitectos, informar a las ciudadanía de estos planteamientos, pues es la ciudadanía la que finalmente debe velar por el bien de su ciudad.

  6. Camila Romero Iriondo dijo:

    Tal como menciona Ignacio, los incentivos para la conservación patrimonial son casi nulos. Si consideramos que además de no poder hacer ningún cambio al edificio en sí, los usuarios que llegaran a hacer un cambio de uso que traiga beneficios económicos (como por ejemplo un restaurant o un hotel), dejan de gozar de los beneficios tributarios, u otros. A esto se suma el escaso y prácticamente nulo interés que existe en los sectores de mayor ingreso económico por la conservación patrimonial.
    No concuerdo sin embargo en que la expansión del límite urbano beneficie de una u otra manera a los edificios patrimoniales, ya que de extenderse el límite, menos uso tendrán y por lo tanto quedarás más descuidados y olvidados.
    Concuerdo en que desarrollo NO debería ser contrario a la valorización patrimonial, de hecho si algo debiera traer el progreso y el desarrollo es cultura, y por ende un nuevo interés y valoración de nuestras raíces y patrimonio.
    Finalmente, creo que se debe tener ojo con caer en operaciones tan comunes y burdas como las de conservar la fachada (o en los peores casos, tratar de imitarla y de mala manera) y construir detrás un edificio tipo Paz Froimovich. Si bien se valora el tratar de repoblar el centro, creo que se debería hacer con bastante más delicadeza de la que se está utilizando hasta el momento. Solo el tiempo nos dirá que pasará finalmente con edificios como el Palacio Pereira y tantos otros.

  7. Alice Candemil dijo:

    Como dijo Ignacio Uliarte, existe una enorme dificultad para intervenir sobre el patrimonio ya las leyes son estrictas y hay un serio problema en cuanto a la mantención de esos edificios por la falta de recursos.

    Pero creo, que cada vez más existe una mayor comprensión del valor del patrimonio para nuestra sociedad. Gracias a la difusión y promoción, este año se superaron la cantidad de ciudadanos que asistieron a la celebración del Día del Patrimonio en relación al año anterior.

    A través de esas acciones y entre otras, creo que cada vez mas esa visión monumentalista, en la cual el monumento es un edificio para ser fotografiado y visitado, puede camibiar, ya que creo firmemente que esos incentivos pueden ayudar con que exista una valoración de estos, de esa manera la sociedad podría entender que tenemos que resguardarlos, protegerlos y de alguna forma establecer medidas que ayuden a una sana trasformación del patrimonio.

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