Arquitectura Sensorial

FALTA IMAGEN

Por José Luis Guerra Olivares

La arquitectura y la psicología son dos disciplinas que, aunque no tienen nada en común, existe un punto en donde se conglomeran para trabajar de la mano. Mientras que la arquitectura es el arte de diseñar y construir acorde a las necesidades de las personas, la psicología también tiene como fin el servir al ser humano, solo que lo aborda desde los diferentes fenómenos del razonamiento cognitivo, emotivo y conativo.

Estas dos disciplinas están sumamente relacionadas entre sí pues ambas sirven a la comunidad; y la arquitectura siempre tendrá un impacto en las sensaciones de la gente a través de los sentidos y siempre busca un apoyo para lograr su objetivo de provocar sensaciones en los habitadores, y su vía para lograrlo es la psicología. Existen diferentes factores que influyen en las emociones que transmiten los espacios, como lo son el color, la textura, la altura, y la iluminación, por mencionar algunos y la psicología es el objetivo de toda arquitectura; busca sacudirla y provocarla, conmoverla.

Es este el momento en que estas dos disciplinas se fusionan para tener un gran impacto en las emociones de los habitadores mediante sus sentidos, creando una arquitectura que garantiza el impacto en las personas.

Diseñar con tacto

El diseño de las edificaciones juega un papel protagónico en el sentir de las personas. Su cuerpo, su piel, sus elementos son los que, en un principio, logran atraer la atención o el rechazo de los usuarios. Mediante el diseño una obra puede hablar: invitar a la gente a recorrerle o gritar para que corran despavoridos, y esto no tiene tanto que ver con la subjetividad de la belleza.

Desde principios del siglo XX estudiosos del tema como Goleman, Hall, Whittaker y Lewin han demostrado que la forma de los edificios se traduce a sensaciones. Argumentan que formas curvas sugieren dinamismo, actividad, energía, movimiento; mientras que las formas horizontales redactan reposo, y las verticales frialdad. Y esto es totalmente cierto. Si analizamos y volteamos a nuestro alrededor en la ciudad, podemos ver que los hospitales son mejores cuando no tienen tantos niveles construidos, que las oficinas son grandes torres con diversos niveles pues no se busca transmitir silencio, sino, acción y que un edificio en forma circular siempre buscará enviar un mensaje de velocidad, movilidad.

Por otra parte, un diseño donde predominan las alturas se encarga de transmitir (aunque indirectamente) una sensación de indiferencia, desinterés. Un ejemplo de lo anterior sería un corporativo donde lo único que invita es ir a trabajar. Las formas curveadas redactan ajetreo, conmoción y pueden ser fácilmente utilizadas en espacios públicos como pueden en aeropuertos o lugares con gran tránsito de personas.

A la altura de los sentidos

Las alturas que manejan las edificaciones pueden jugar un papel importantísimo en las sensaciones de los usuarios. Y digo esto refiriéndome a las alturas tangibles, las que vemos estando dentro de casa, en el cine, en un salón de fiestas, por mencionar algunos sitios. Un espacio de baja altura puede llegar a aplastar tanto a la persona que lo haga sentir atrapado, preso y que éste experimente un sentimiento de desesperación por buscar la salida al espacio abierto. La clave ahí está: ¿Cuándo te sientes atrapado al caminar por un parque? ¡Nunca! pues el parque no tiene una bóveda que marque los límites de tus horizontes visuales y que te haga sentir preso de cierto lugar y desesperado por encontrar una escapatoria.

Esto funciona de igual manera en los espacios cerrados: para espacios muy concurridos, es necesario crear una atmósfera de libertad, independencia, soltura, en donde los que se encuentren dentro no experimenten dicha sensación de la necesidad de encontrar una puerta de salida. Esto ocurre en cines, por ejemplo, donde uno se encuentra rodeado de personas. Adelante, al lado, atrás hay gente, sin embargo, mientras vemos la película no nos sentimos desesperados ni con la necesidad de abandonar la sala, pues existe una altura que nos hace sentir tan pequeños –o tan a gusto- que ni siquiera nos preocupamos porque la capacidad de la sala está a tope.

También el jugar con las alturas puede resultar ser un buen ejercicio para transmitir emociones. Si se está en un espacio con una altura promedio y en el sitio contiguo hay una triple altura, ésta marca una jerarquía e invita a recorrer y conocer el resto del lugar. Llama la atención, genera preguntas y pone al usuario a reflexionar ¿Por qué este espacio es tan alto al lado de uno tan bajo? ¿Qué me quiere decir el Arquitecto? Y cada persona obtiene diferentes respuestas pero, a fin de cuentas, la sensación de categoría del espacio en alto es evidente porque se siente.

El color de tus ojos

Los ojos son las herramientas que por excelencia nos fueron dadas para apreciar todo en la vida. Son los ojos aquellas lentes que se contraen con la luz y se expanden con la inactividad. Dejando de lado los colores, la tarea de los ojos sería nula. No podríamos apreciar absolutamente nada del mundo como es pues, sin color, cada quien imaginaría el color que quisiera al ver cierto elemento. Esto no sucede. Gracias al color los humanos somos capaces de percibir el mundo tal cual es y, siendo así, el mundo nos transmite mensajes mediante los colores.

El arquitecto debe ser un perfecto pintor e intérprete de esto que el mundo nos quiere decir. ¿Por qué el césped es verde? ¿Por qué el cielo es azul? ¿Por qué..? y así nuevamente surgen miles y miles de interrogatorios. Bueno pues todo tiene una razón de ser. El cielo es azul porque eso es lo que debe ser, transmitir. Lo mismo sucede en la arquitectura cuando es bien empleado el color. Los arquitectos tenemos una intención al diseñar cada espacio. Si se nos ha encomendado diseñar una cafetería, definitivamente no va a ser lo mismo que si diseñamos un consultorio médico, un hospital o una capilla. Los elementos varían, por ejemplo el color y la iluminación, que en una cafetería debe ser un ambiente cálido con luces tenues y ambiente relajado que se logra mediante los muros pintados de colores cálidos, que inviten a permanecer; mientras que en una Capilla se busca que la luz penetre en el espacio de cierta manera que se respire un ambiente póstumo y de respeto y que los colores de los muros sean también incentivos de paz y tranquilidad.

Si bien entonces la psicología es el bosquejo de un proyecto arquitectónico. Antes de proyectar, el diseñador debe hacer un estudio psicológico de los habitantes que tendrá el espacio para hacerlos sentir cómodos. Si es un espacio público, estudiar el perfil de los visitantes del lugar para llegar a ellos; si es uno privado, estudiar por separado cada integrante del proyecto para crear espacios concordantes con sus rasgos psicológicos.

Es evidente la relación que existe entre la psicología y la arquitectura, aunque no sea algo tangible, la psicología es el blanco de la arquitectura, es a donde busca llegar. La psicología logra ser una herramienta muy útil para el diseñador pues es quien marca la pauta a seguir para provocar sentimientos deseados con los espacios.

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